
Final.
-Quieta, alfa- se quejó Samira- No seas impaciente.
La pelirroja encontraba sumamente divertido tomar el control de la situación, ya que ver las expresiones enfurruñadas de su alfa y sus insistentes intentos por tomar el control le parecía muy tierno.
-¿Quién es una buena alfa?- Aisha resopló, totalmente indignada.
-Yo soy una buena alfa- gruñó a regañadientes- Y sería una mejor alfa si me dejaras...- intentó posar su manos en la cadera de Samira, pero ésta golpeó sus manos suavemente para que las quitase de allí.
El sonido de la puerta siendo golpeada de forma insistente provocó un fuerte gruñido por parte de Aisha.
-Amor...- comentó Samira, apenada- Será solo un momento, parece importante.
Aisha tenía claro el hecho de que, si su hija no se encontraba para interrumpirlas, entonces alguien más se encargaba de hacerlo.
Se levantó algo enfadada, dirigiéndose con rapidez al baño que tenían en la habitación.
Samira acomodó su ropa, soltando un fuerte suspiro. Cuando abrió la puerta, se encontró con una omega al borde del llanto y sus manos acariciando su abultado vientre de forma protectora.
-Ayúdame, por favor...- suplicó Alaia rompiendo a llorar- Estoy sintiendo algo que nunca antes había sucedido y estoy muy asustada.
Samira la abrazó, intentando calmarla un poco. La omega aceptó el abrazo, aún cuando en otra ocasión hubiese intentado morderla para que la soltase.
-Sshh tranquila, cielo- comentó Samira con dulzura- Cuéntame qué ocurre.
Alaia optó por la opción de mostrarle aquello que la tenía tan mal, ahorrándose las palabras.
Tomó la mano de Samira y la colocó sobre su vientre, dejando que ésta sintiera una patadita casi al instante.
-Es la segunda vez que siento esto- comentó Alaia, sollozando- ¿Mi bebé está bien?
Samira no sabía si sentir ternura por la sobreprotección que había desarrollado por su cachorro o sentir tristeza por lo que los cazadores le habían causado.
Había desarrollado una especie de idea obsesiva sobre algo malo ocurriéndole a su bebé, por lo que a la mínima indicación de malestar, la omega se ponía en la peor situación.
Todavía no había abandonado su punto de vista sobre el amor, el amor te hace daño, pero aún así se dejó marcar por Kasen seis meses atrás.
Dos meses después, la pareja dio a conocer la noticia de un nuevo cachorro en la manada.
Que Alaia accediera a dejarse marcar y que estuviera esperando un bebé no la había hecho cambiar de opinión.
La omega estaba esperando que Kasen, de forma directa o indirecta, le hiciera daño.
Por si fuera poco, Alaia pensaba que su propio amor por su bebé acabaría matándolo.
De ahí que a la mínima señal, Alaia reaccionase de forma fatalista.
-¿Dónde está Kasen, omega?- inquirió Samira con suavidad.
Alaia entró en pánico, suponiendo que si Samira le había preguntado por él, entonces el bebé estaba en verdadero peligro.
-Él está haciendo su turno...- comentó ella desesperada- ¿Mi bebé...- se calló- ¿Necesito un hospital?
Samira definitivamente optó por sentir tristeza.
-No, Alaia- comentó con suavidad- Todo está genial.
-Pero...-
-Lo que estás sintiendo son pataditas de tu bebé, omega- comentó con dulzura- Tu bebé simplemente te está diciendo mami, estoy aquí.
Mami, estoy aquí.
Repitió Alaia en su mente.
La omega comenzó a sollozar con más fuerza, debido a la explosión de sentimientos que la estaba atravesando en ese momento.
Se sentía aliviada porque su bebé estaba bien, aún cuando el miedo no había desaparecido por completo y, además, la felicidad también la embargaba porque su bebé estaba pateando.
-¿Qué le pasa a mi preciosa omega?- inquirió Kasen con ternura.
Alaia se giró rápidamente, saliendo a correr hacia él, refugiándose en sus brazos.
-Tenía tanto miedo por nuestro bebé...- comentó ella entre sollozos- Pero Samira dice que son pataditas, nuestro bebé quiere que sepamos que está ahí, Kasen.
Kasen asintió con una gran sonrisa, depositando suaves besos sobre su marca, logrando tranquilizarla un poco.
-Muchas gracias, Samira- comentó el beta con algo de tristeza en su rostro- Me la llevaré para terminar de tranquilizarla.
-Aquí estamos para lo que necesitéis- respondió ella, restándole importancia- Omega, prepárate porque a partir de ahora no te dejará dormir, suelen tener preferencia por patear de noche cuando consideran que todo está demasiado tranquilo.
Alaia asintió enérgicamente, soltando una pequeña risita. Se dejó cargar por Kasen, despidiéndose de Samira con un gracias por soportar mis inseguridades, Sami.
-Kasen tiene suficiente paciencia como para responder por los dos, no te preocupes, mi amor- comentó Aisha, apareciendo tras ella, abrazándola.
Samira asintió, girándose para poder mirarla.
-Sin embargo, es una pena que tenga que estar pasando por esa situación y no sea capaz de disfrutar su embarazo por el temor a perderlo- comentó apenada.
-Entre todos la ayudaremos, amor- comentó Aisha, besándola con dulzura- Acabará aceptando el hecho de que tanto su hermano como ella forman parte de nuestra familia, y nosotros estamos dispuestos a matar y morir por lo que queremos.
-Eres tan buena, mi alfa...- comentó Samira, juguetona- ¿Retomemos lo que hemos dejado?
Aisha asintió, emitiendo un gruñido juguetón.
...
Samira y Aisha habían ido a recoger a los niños del colegio que disponían en la propia manada.
Daniela iba felizmente con su mano entrelazada a la de su omega, contándole a su padre cómo había golpeado a un niño porque estaba acosando a Thiago en la hora del recreo.
Aunque ambos niños se encontraban separados en las clases debido a la diferencia de cursos, en la hora del recreo ambos eran inseparables.
Noah charlaba animadamente con Samira, preguntándole como estaban su mamá y su hermanita.
A su derecha, mantenía una mano entrelazada con su hermano Abel, y a su izquierda mantenía su mano entrelazada con Louis.
Tanto Abel como Louis se habían adaptado al hecho de que tenían que compartir a Noah.
Aunque hasta que eso sucedió, tanto el omega como el alfa se llevaron un par de castigos por intentar robarse la atención de Noah, provocando que éste se alterase por el hecho de no saber a quién atender.
-¡Hola, mami!- chillaron ambos omegas, saliendo a correr hacia Sean- ¡Hola, hermanita!
-¡Mis bebés!- chilló Sean, comenzando a repartir sonoros besos por sus rostros, provocándoles pequeñas risitas- ¿Qué tal el colegio?
-¡Bien, mami!- chillaron a la vez.
-¿Podemos darle un besito a nuestra hermanita?- inquirió Abel haciendo un puchero.
Sean hizo que la pequeña Michelle se desenganchara de su pecho para poder ponerla a la altura de los gemelos, provocando el llanto de la niña.
-Rápido, bebés- comentó con ternura- Vuestra hermanita tiene hambre.
Ambos le dieron un sonoro beso en la mejilla a su llorona hermana, sintiéndose aliviados cuando dejó de llorar porque había comenzado a alimentarse nuevamente.
¿Qué ellos la querían mucho?
Sí, pero eso no quitaba el hecho de que la llamasen hermanita llorona.
-¿Y para mí no hay nada?- inquirió Abel, indignado apareciendo en el comedor- ¡Muy bien, muy bien...después no vengáis pidiendo abracitos y mi olor!
-¡Papi!- chillaron ambos, saliendo a correr hacia él.
Después de otros tantos besos por parte de su padre, ambos niños fueron a lavarse las manos para comer.
En el baño ya se encontraban Daniela y Thiago casi terminando de enjuagar sus manos.
-Espera, Thiago...- Daniela tomó su toalla, comenzando a así a secar las manos de su omega.
Thiago se dejó mimar, por supuesto.
-Nosotros ya hemos terminado, nos vamos- refunfuñó Daniela, entrelazando sus manos- Mi papá me ha dicho que va a revisar vuestras manos.
Los gemelos solían echar un poquito de jabón y restregarlo brevemente. Con eso daban por finalizado el arduo trabajo de lavar sus manos.
-Está bien, primero te echo jabón a tí y después tú a mí- comentó Noah mientras tomaba el pequeño botecito- Como tía Aisha nos va revisar las manos te echaré mucho.
Abel asintió, preparado para la acción.
Noah comenzó a apretar sin ningún tipo de reparo, cayendo el líquido fuera de las manos de su hermano hasta quedar en el fondo de la cerámica.
-Creo que con eso es suficiente...- refunfuñó el niño, pensativo- Ya puedes empezar.
Abel comenzó a frotar sus manos sin mucho esmero, dándose por vencido
segundos después.
-¡Listo!- chilló Abel- Abre tú el grifo que yo con las manos llenas de jabón no puedo.
Noah asintió, obedeciendo a su hermano. Lo abrió con demasiada fuerza, logrando salpicar agua por todos lados, incluidos ellos mismos.
Ambos niños se apartaron instintivamente, dejando que el agua cayera directamente sobre la cerámica manchada de jabón.
Aquello comenzó a provocar espuma por doquier.
Louis apareció rápidamente al escuchar los gritos de los gemelos, sabiendo que estarían en un buen problema porque eso ya había sucedido tres veces anteriormente.
La primera vez fue divertida para los adultos presenciar tal espectáculo.
La segunda no les pareció tan gracioso tener que limpiar tal estropicio, y la tercera les advirtieron a los gemelos sobre un castigo si aquello volvía a suceder.
Había pasado menos de una semana desde aquello y ya estaba sucediendo nuevamente.
Louis cerró el grifo con rapidez, empapándose en el proceso.
El alfa le tendió una toalla a Abel, decidido a lavar las manos de su omega para que no volviese a suceder tal espectáculo.
-Yo puedo hacerlo solo, Louis- se quejó Noah, dejando que el alfa frotara el jabón sobre sus manos.
-No, no puedes- se quejó Louis- Mira la que habéis liado.
Enjuagó las manos de su omega y su hermano Abel le pasó la toalla que previamente había utilizado.
-¿Ya habéis terminado de..- Cai se quedó callado al observar el estropicio- Mis niños, ¿qué os dije sobre abrir el grifo con demasiada fuerza?
-Lo sentimos- murmuraron los gemelos a la vez.
Cai se encargó de cambiarlos a los tres, debido a sus prendas mojadas mientras Abel limpiaba el estropicio que habían causado sus gemelos.
-Ustedes dos están castigados sin siesta esta tarde- refunfuñó Abel una vez que se hubieron sentado en la mesa, listos para comer.
Lo había hecho con doble sentido, por supuesto. Si los niños no tomaban sus siesta, por la noche caerían rendidos.
O sea, acceso a mimos por parte de su omega Sean, si es que la pequeña Michelle se mantenía dormida las horas suficientes.
-Esta vez he sido yo...- comentó Louis, intentando salir en defensa de su omega.
-Castigado tú también por mentir- refunfuñó Abel- ¿Alguien más?- Daniela y Thiago negaron al instante.
Daniela no se imaginaba un día sin su siesta, en la cual podía aprovechar para mantener a su omega entre sus brazos otro poquito más.
Alaia y Kasen, la última pareja que faltaba para iniciar la tradición familiar, se unieron.
-¡Hermanita!- chilló Thiago- ¿Puedo comer hoy a tu lado?
-Por supuesto que sí, amor- comentó Alaia con ternura.
La omega quedó entre Kasen y Thiago. A Daniela no le pareció buena idea el hecho de comer separada de su omega, por lo que consiguió que Abel acabara abandonando a su pobre omega para que así ella pudiera estar al lado del suyo.
-Lo que me faltaba ya...- refunfuñó Abel con indignación- Mis hijos no me dejan tener intimidad y ahora una niña que no me es nada me separa de mi omega para comer.
-Pues para no tener intimidad bien que tienes a una pequeña omega de tres meses sobre los brazos de tu omega, estúpido- refunfuñó Anibal- ¿Acaso quieres estar como los conejos o qué?
-Tú cállate que bien indignado estoy por el hecho de ser familia- refunfuñó Abel- Fíjate que prefería a Aisha antes que a tí, con eso te lo digo todo y no te digo nada.
Aisha resopló, indignada.
-¿Qué mierda pasa conmigo?- inquirió ella, un tanto dramática- ¡No veo que Thiago se esté quejando por el trato que le doy!
-Dí que sí, mi alfa- comentó Samira con diversión- Lo estás haciendo genial.
Aisha sonrió complacida, sacándole la lengua de una forma infantil a Abel.
-Eso es porque no conoces su lado oscuro, Samira- refunfuñó Anibal- ¡No te haces una idea de las veces que temí por mi vida...- la señaló- por tu culpa!
-Dramático...- refunfuñó Alissa- ¿Qué tiene de malo el carácter de mi hija?- inquirió, indignada- ¡Si te metes con el de ella te metes con el mío porque es una copia exacta de mí!
-Amorcito, tu padre quiere intentar asesinarme otra vez, díle algo- lloriqueó hacia Cai.
-Ya deja a mi pobre alfa, papá- refunfuñó Cai.
Alissa refunfuñó un que alfa tan sensible a regañadientes, dando por finalizado el pequeño drama que se había montado.
Aunque no pasaron ni cinco minutos cuando ya estaban metidos en otro.
...
-Eres una cosita tan tierna...- comentó Samira maravillada por la pequeña bebé que tenía cargada en sus brazos.
Liam emitió una pequeña risita, besando la nariz de su alfa Shania.
-Tan tierno como su mamá, ¿verdad?- inquirió Shania hacia Liam.
Shania decidió mantener las costumbres que le habían inculcado a su omega para que éste se sintiera más cómodo.
Liam sería llamado como mamá y Shania sería llamada como papá.
El omega lloró por veinte minutos seguidos cuando Shania le sugirió la idea, no pudiendo estar más emocionado ante la propuesta.
Para sorpresa de ambos, el cuerpo de Liam comenzó a sufrir los cambios típicos de un embarazo a medida que la gestación de Shania aumentaba.
El médico les comentó que era algo normal, pues los omegas eran altamente sensibles al contacto de ciertas hormonas.
Al pasar tanto tiempo con una embarazada, su propio cuerpo comenzó a creer que él también lo estaba.
La pequeña omega comenzó a llorar, advirtiéndoles a todos que su hora de comer había llegado.
Samira dejó a la bebé en los brazos de Liam con rapidez, quien levantó su camiseta y dejó que la bebé se enganchara a su pecho.
Shania no consiguió producir leche materna a la hora de la verdad, cosa que el omega sí hizo.
Al final Shania acabó entendiendo que ella solo había cumplido la función materna al gestar, función que fue relevada a su omega nada más nacer la pequeña.
Ambos parecían satisfechos con la idea, sobre todo Liam, quien se moría de alegría junto a su omega cuando alimentaban a su cachorro y Shania mantenía un brazo sobre sus hombros, observándolos con adoración.
Por mucho que Shania no quisiera reconocerlo, cumplir el papel de alfa le estaba saliendo de maravilla.
A veces Liam se olvidaba de la verdadera naturaleza de su alfa, dejando salir sus instintos sin reprimirlos tan siquiera un poco, sobre todo relacionados con su cachorro, los cuales Shania sabía interpretar y complacer a la perfección sin necesidad de palabras por medio.
-Hola...- comentó Alaia apareciendo en el salón donde ellos se encontraban- Perdón, no sabía que...-
-Quédate- comentó Samira con rapidez- Estamos charlando y aprovechando un poquito de tranquilidad ahora que los niños están en su hora de la siesta.
Porque sí, Abel no consiguió mantenerlos despiertos por más que lo intentó.
Alaia miró a Shania con duda, pidiéndole de forma silenciosa permiso.
Era bien sabido por ellos que un alfa era terriblemente sobreprotector con su omega.
Esa sobreprotección incrementaba si había un cachorro de por medio, y alcanzaba un nivel terriblemente alto si el omega se encontraba amamantando a su cachorro.
-Puedes quedarte, Alaia- comentó Liam con suavidad- Ella no te hará nada.
Shania asintió, estando completamente de acuerdo con su omega.
-¿Dónde está Kasen?- inquirió Samira con suavidad.
-Con tu alfa, están cambiando los turnos de trabajo porque él ya no trabajará hasta después de que nuestro bebé haya nacido- comentó ella más animada- Ya no me quiere dejar sola después de lo ocurrido.
-No tienes nada de lo que preocuparte, ¿si?- insistió Samira- Estamos aquí para tí, cielo.
La tarde pasó volando entre charlas y consejos para la omega embarazada mientras intentaban calmar a los niños para que hicieran sus tareas sin distraerse constantemente.
-¿Os quedáis a cenar?- inquirió Samira con ilusión.
-Pronto será la hora del baño de la bebé- comentó Liam con emoción- Y mi familia irá a casa a cenar, lo siento Sami- hizo un pequeño puchero.
-¡Otro día!- chilló Samira con diversión- Por favor, graba esa cena para subirla a mi canal.
-Ja Ja Ja qué graciosa- refunfuñó Shania- Pero resulta que la única que me daba problemas me ha aceptado así que...- se encogió de hombros- Vete a la mierda, Sami.
Liam soltó una pequeña risita al recordar las innumerables peleas que su alfa había iniciado con su hermana, también alfa, porque ésta última no creía en la capacidad de cuidar y hacer feliz a su hermanito.
Al final tuvo que tragarse sus propias palabras y pedirle una disculpa.
-Vale, vale...te me tranquilizas, alfa- se burló Samira- No me hagas enseñarte de que pasta está hecha esta omega.
...
-Supongo que el momento de decir adiós ha llegado- comentó Samira, limpiandose varias lágrimas rebeldes que se habían escapado de sus llorosos ojos.
Aisha la abrazó más fuerte, depositando varios besos sobre su marca.
-Últimamente me he dado cuenta de que no soy capaz de compaginar mi vida con la responsabilidad de YouTube- continuó ahora más tranquila- Mi hija está creciendo más rápido de lo que me gustaría admitir, y con ello mis responsabilidades.
Aisha sonrió ampliamente, depositando una mano sobre su vientre de forma protectora.
-Además, hace poco nos hemos enterado de que estamos esperando otro bebé- comentó con alegría- Pronto podremos formar nuestra propia manada junto a los niños de mis seres queridos- bromeó.
Aisha gruñó, complacida.
-Esto no es un para siempre, por supuesto- Samira rompió a llorar- Sólo es un pequeño adiós. Jamás podría abandonar algo tan bonito que me hizo encontrar al amor de vida y formar una familia como la que siempre he soñado.
Intentó limpiar sus lagrimas, pero sólo conseguía llorar más fuerte.
-Gracias por todo el apoyo que me habéis estado ofreciendo, simpre os llevaré en mi corazón- intentó continuar el discurso que el día anterior había escrito, pero acabó rindiéndose por el llanto.
Susurró un adiós y apagó la cámara al instante, dejándose consolar por su alma gemela.
-Te amo, mi sexy pelirroja-
Samira hizo el ruidito que tan enamorada tenía a su alfa.
-Te amo, mi sexy alfa- comentó ella entre sollozos- Nada en este mundo puede describir cuanto lo hago.
Fin.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro