Extra [4]
Sean & Abel.
Abel había tenido un turno de trabajo difícil y su cabeza dolía debido a cierta omega chillona que no había parado de quejarse en cada oportunidad que tenía sobre lo mucho que odiaba a Kasen por cambiarle sus turnos.
Trabajar con Alaia tampoco era algo agradable para Abel, debido precisamente a sus dramas existenciales sobre amar/no amar a cierto beta.
-Cuando tengas hijos entenderás, ahora hazme el favor de callarte y no hables más si no es para confirmarme que estás enamorada de Kasen- refunfuñó el alfa.
La omega pegó un grito que bien podría haberse escuchado en la ciudad humana donde había estado viviendo por un tiempo.
Y entonces el drama comenzó para él, por bocazas. Durante el trayecto a casa, cuyo único deseo era llegar cuanto antes para estar con sus omegas, tuvo que pararse a arreglar determinados asuntos con varios integrantes de la manada.
-Hazme el favor de declarar tu amor por esa omega o váis a matarme un día de estos...- espetó Abel con molestia cuando se encontró con Kasen- ¡Váis a hacer que me explote la cabeza!
Continuó su camino hacia su habitación, ignorando las burlas de Kasen.
Sin embargo, como si el karma estuviese burlándose demasiado ese día del pobre lobo, Alissa apareció con una gran sonrisa frente a él.
-Por favor, avísame cuando vayan a contarte el bonito secretito, no quiero perdérmelo por nada del mundo- comentó risueña, palmeando su espalda.
Quiso preguntarle de qué se trataba ese bonito secretito, pero desapareció tan rápido como llegó, pues su omega lo estaba llamando.
Podría haberse sentido aliviado cuando entró en su habitación y observó a sus tres omegas dormidos, los más pequeños prácticamente encima de su madre, aún cuando había espacio de sobra para los tres en aquella amplia cama.
Sin embargo, su enfado y dolor de cabeza aumentaron casi en la misma proporción, debido a que sus omegas olían a otro alfa.
Salió de la habitación tan rápido como había llegado, intentando no hacer ruido para no despertarlos.
-¡A tí te quería ver, maldita!- gritó, provocándose él mismo una punzada de dolor en su cabeza- ¿Te gustaría que deje mi olor en Samira, eh?- Aisha negó con una sonrisa- ¡Entonces no dejes tu olor en mis omegas!
La sonrisa de Aisha desapareció al instante, sustituyéndola por una mueca.
-Esta vez tiene una explicación, ¿vale?- comentó la loba con suavidad- Pero necesito que no alteres, suficiente drama se ha montado como para que comiences tú ahora.
-¿A quién tengo que matar..?- inquirió, intentando contener un gruñido- ¿Mi omega...-
-Samira recibió una llamada de sus padres- respondió la loba- Esta vez se han pasado, Abel y no satisfechos con hacerla llorar, llamaron a Sean poco después.
La pareja no estaba para nada de acuerdo con la vida que sus hijos habían decidido para ellos mismos.
Les costó un poco acostumbrarse al hecho de que a su hija le gustaran las chicas y, cuando por fin tenían superado ese hecho, Samira les presentó a una loba como pareja oficial.
Aisha fue respetuosa con ellos en todo momento, asegurándose de comportarse como un humano lo haría.
Ellos jamás se habrían dado cuenta de ese hecho si Samira no lo hubiera contado.
Cuando la pareja pareció superar este segundo duro golpe para ellos, su hijo se declaró homosexual, presentándoles a un lobo como pareja.
Además, Samira les visitó con la loba y un gran vientre que anunciaba que estaba embarazada.
Samira había quedado embarazada por Aisha, una mujer. Eso les hizo perder un poco de cordura, la cual se fue completamente al traste cuando Sean les anunció que también estaba esperando un bebé.
Su hijo varón gestando un bebé en su vientre, bebé que más adelante se comprobó que estaba acompañado de un hermanito en la misma bolsa.
La pareja comenzó a gritarles de todo, reprochándoles el error que habían cometido y dejándoles en claro que no les ayudarían cuando esas aberraciones, los bebés de cada uno, acabara matándolos.
Ellos o sus propias parejas.
Ese fue uno de los tantos motivos por el cual tomaron la decisión de regresar a la manada.
Allí ambos estarían a salvo de toda crítica, no solo por parte de sus padres sino también de otras personas.
-Esos malditos...- gruñó Abel, dirigiéndose con rapidez a su habitación.
Zarandeó con suavidad a Sean, provocando que éste comenzara a despertar.
-Amor- susurró el lobo con dulzura.
Sean parpadeó varias veces, intentando ahuyentar el sueño.
Sus ojos comenzaron a inundarse de lágrimas y estiró sus brazos para que Abel lo abrazase.
-Shhh, espera un segundo, amor...- comentó el lobo con suavidad- Los niños están sobre tí.
Sean comenzó a sollozar más fuerte, reprochándose a sí mismo que sus padres tenían razón. Él era un mal padre, ni siquiera se había dado cuenta de que sus hijos estaban abrazados a él.
Abel colocó a los niños en su lado de la cama, provocando que estos soltaran un suspiro, acurrucándose gustosamente entre las mantas con el olor de su padre impregnado en ellas.
-Ahora sí, mi dule omega...- murmuró Abel tomándolo entre sus brazos- ¿Quieres contarme qué ha sucedido, hermoso?
-Ha sido horrible- comentó Sean entre sollozos- Nos han dicho cosas muy feas y...- se abrazó con más fuerza al lobo, sollozando más fuerte.
Sean sintió como pequeños bracitos intentaban rodearlo.
-¡Ya no llores más, mami!- se quejaron ambos niños soltando pequeños quejidos- ¡O nos vamos a poner muy tristes!
Calmar a tres omegas a la misma vez no era una tarea fácil, y si no que se lo preguntaran a Aisha.
La loba casi perdió la cordura cuando el drama comenzó horas atrás. Samira no podía dejar de llorar y por más que intentara consolarla, no lo lograba.
Daniela se puso histérica cuando vio a su madre llorando, lo que aumentó el nivel de estrés de Aisha.
Thiago comenzó a llorar al ver el estado en el que se encontraba Daniela, quien a su vez empeoró porque ahora no solo estaba llorando uno de sus omegas favoritos, sino los dos.
Por si fuera poco intentar consolar a dos omegas y una alfa, Sean apareció con sus móvil entre sus manos, también llorando.
Se veía incluso más afectado que Samira.
Tras él aparecieron dos pequeños omegas, también envueltos en llanto, debido al estado en el que se encontraba su madre.
Y por si todo lo mencionado anteriormente le parecía poco trabajo a Aisha, su sobrino Louis también apareció por allí, comportándose exactamente igual que Daniela.
Si no hubiera sido por la ayuda de sus padres, Aisha habría acabado tirándose por una ventana.
-¡Louis, cariño hazme caso!- Abel escuchó gritar a Cai justo antes de que la puerta de su habitación fuera abierta bruscamente, dejándole ver al pequeño alfa.
-¡Pero Noah está llorando, mamá!- gritó Louis, adentrándose en la habitación- ¡Mira mami, yo lo sabía!- señaló al pequeño omega hecho un mar de lágrimas, intentando consolar a su madre junto a su hermano Abel.
Entonces el alfa recordó las palabras de Alissa y el tono burlón que había utilizado.
Supo entonces a qué se refería con el bonito secretito.
-Cuando pensé que sólo una amistad podía unirme a tí, viene mi hijo y nos convierte oficialmente en familia- comentó Anibal con burla- ¿No es genial, Abel?
-Será más genial para tí cuando Louis venga a pedirme que deje a Noah ir a una cita con él y tengas que consolarlo porque...antes muerto que sencillo- se burló Abel.
…
-¿Qué estás haciendo?- inquirió Sean un tanto confuso- ¿Y por qué nuestros bebés solo tienen una camiseta tuya como pijama?
Los gemelos se encontraban saltando en la cama matrimonial, más que felices debido a que tenían una enorme camiseta, la cual les llegaba a sus tobillos, perteneciente a su padre.
-Los he bañado ya para quitarles el estúpido olor de Aisha, y esta noche dormirán con una de mis camisetas- refunfuñó Abel- ¿Verdad que sí, mis preciosos omegas?
Ambos chillaron un ¡sí, papi! mientras continuaban con sus saltos.
Sean rió por las ocurrencias de su lobo, aunque también debía admitir que le encantaba su lado posesivo.
-No pueden dormir solo con tu camiseta, amor...- comentó Sean con suavidad- Podrían resfriarse.
Abel asintió a regañadientes.
Le quitó la camiseta a sus hijos, escuchando los quejidos por parte de ellos.
-¡Quiero dormir con tu camiseta, papi!- chilló Abel- ¡Porfi!
-¡Sí, yo también quiero dormir con tu camiseta, como mi hermanito!- chilló Noah.
-Váis a dormir con mi camiseta, eso os lo aseguro...- refunfuñó el alfa mientras ayudaba a sus hijos a colocarse sus respectivos pijamas.
Sean rió aún más fuerte al observar como su alfa colocaba sus prendas en los niños, encima de sus pijamas.
-¿Así está mejor?- inquirió Abel como un niño pequeño- ¿Tengo tu permiso?
-Tienes mi permiso, alfa- comentó Sean con dulzura.
Los niños no se enfermerían al tener su pijama protegiéndolos del frío, y tanto su alfa como sus hijos se encontrarían satisfechos.
-Tan posesivo...- comentó Sean con dulzura, depositando un casto beso en la mandíbula de su alfa, quien gruñó complacido por tal acto.
-Espérate a que se duerman los niños y vas a ver cómo dejo mi olor en tu cuerpo...- gruñó, juguetón.
-Estoy deseándolo, mi alfa- respondió él, también juguetón.
Sean aprovechó que los niños ya estaban listos para cenar para meterse en el ducha.
Cuando bajaron al comedor, todos estaban esperándolos. Desayunaban, comían y cenaban todos juntos mientras compartían divertidas conversaciones.
Se había convertido en una especie de tradición familiar desde hacía cuatro años atrás.
-¡Tú a mi lado...y una mierda!- chilló Abel hacia Alaia- ¡Suficiente he tenido de tu drama el día de hoy!
-¡Ay, discúlpame señor no me hables más si no es para confirmarme que estás enamorada de Kasen!- gritó Alaia con indignación.
Abrió sus ojos producto de la sorpresa, llevándose sus manos hacia su boca.
¡Bocazas!
Pensó la omega.
-¡Yo te mato, maldito estúpido!- chilló la omega, horrorizada- ¡Kasen no creas que hablamos de tí ni nada de eso...- hizo una pausa- bueno en realidad sí que hablamos pero es para decir cosas malas sobre tí!
Kasen se encogió de hombros, intentando contener una sonrisa.
-Es algo que ya me temía...- refunfuñó, fingiendo indignación- Mi pobre autoestima comienza a verse resentida.
Jared paró de alimentar a su nieta, quien por capricho suyo había acabado en sus piernas.
Daniela intentó negarse al instante, pero cuando Jared decía algo, se llevaba a cabo sí o sí.
-No digas eso Kasen, eres una bella persona- comentó Jared, preocupado- No le hagas caso a ese par.
Kasen asintió, sonriéndole.
-Gracias, Jared- comentó el beta- Tú eres un amor de persona.
Alissa emitió un gruñido, pasando su brazo por los hombros de su omega, provocando a su vez risas por parte de los demás.
-Sí, Kasen no te cortes ni un poco- refunfuñó Alissa- ¿A parte de un amor qué más es mi omega, eh?
-Pues es muy guapo, simpático, divertido, muy amable, atento, cariñoso, siempre dispuesto a ayudar...- enumeró el beta con diversión- ¿Continúo..?-
-Se te olvidó decir que es mío...- gruñó Alissa- Continúa y te meto el tenedor por el culo y lo saco por esa boquita aduladora que tienes.
Kasen soltó una pequeña risita.
-Me has cortado la parte en la que le pedía una cita, Alissa- se quejó el beta- ¿Quisieras...-
Jared tuvo que quitarle el tenedor a su alfa, quien lo había empuñado con la intención de cumplir la silenciosa promesa que anteriormente le había dejado caer al beta.
-Soy tuyo alfa...- refunfuñó Jared, depositando un beso en los labios de Alissa- Él sólo estaba bromeando.
-Ahora estarás en periodo de prueba, Kasen- se burló Aisha.
Kasen quiso contestarle, pero acabó emitiendo un gruñido al sentir como alguien le mordía en su brazo.
-¿Por qué me muerdes, omega?- inquirió Kasen con fastidio.
-¡Porque eres un imbécil, beta!- gritó Alaia con furia- ¡No puedes pedirle una cita a un omega emparejado!
-Eso, eso...- refunfuñó Alissa, quien intentaba recuperar el tenedor de las manos de su omega- Espérate a que consiga el tenedor y te lo voy a dejar claro de una bonita forma.
-¿Y eso qué tiene que ver para que me muerdas, omega?- insistió Kasen, ignorando a Alissa.
-¡Porque tú eres mío, maldito estúpido!- gritó Alaia con rabia.
-Y está enamorada de tí- declaró Abel, sonriendo satisfecho cuando depositaron frente a él un enorme filete de carne.
-¡Exacto!- chilló la omega- ¡Oye tú, alfa estúpido, no te pases!- le gritó a Abel.
Sin embargo, todos permanecieron en silencio cuando vieron a Sean, quien estaba sentado sobre las piernas de su alfa, cortar con suma tranquilidad un trozo de aquel filete y lo llevaba a su boca.
-¡Oh por dios!- chilló Samira con alegría, olvidándose del drama que se había montado en la mañana.
-Que puntería tiene el tío- refunfuñó Anibal con indignación- ¡Y eso que tus hijos casi no te dejan tener intimidad!
Abel comenzó a reír, colocando una mano de forma protectora sobre el vientre de su omega.
Noah y Abel aprovecharon para acercarse un momento a su madre, pidiendo un poco de aquel delicioso plato.
El alfa aprovechó esa oportunidad, apresando a sus tres omegas entre sus brazos.
Míos.
Pensó el alfa, emitiendo un gruñido de satisfacción.
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