Sarah
—Tu progreso se ve muy bien, Sarah —comenta mi rehabilitador mientras revisa el informe de mi médico y las radiografías de mi rodilla.
—¿Podré volver a patinar? —Es la pregunta que más miedo me da hacer.
Lo medita un momento antes de levantar su vista hacia mí.
—Es un poco pronto para saberlo, si tu mejoría sigue a este ritmo podrás caminar con normalidad e incluso correr, pero con respecto al patinaje es un poco más complicado que eso ya que al momento de dar un salto o aterrizar las rodillas se llevan una gran cantidad del peso multiplicado con la velocidad, esto es una gran carga que considerar.
—Entonces no es seguro que pueda volver a competir.
—No puedo asegurártelo, Sarah. Pero tus avances son positivos y las probabilidades son muy buenas.
Salgo del consultorio con sentimientos encontrados. Miro con un poco de desprecio a mi nuevo compañero de aventura, un bastón que me acompañará por lo menos el próximo mes, pero la verdad es que está mucho mejor que las muletas.
Busco con la mirada a mi papá en la sala de espera y me llama la atención no encontrarlo esperando como siempre. Me siento para esperar por él, seguramente se fue en busca de un café.
Pasan varios minutos hasta que lo veo llegar por el pasillo, lo que me llama la atención es que viene acompañado de Carolina, mi preparadora física de toda la vida. Sin ser capaz de esperar me pongo de pie y voy a su encuentro.
—Muchacha, mira que bien estás.
Me estrecha entre sus brazos tan pronto como estoy a su alcance y lo agradezco tremendamente, la he extrañado tanto en este tiempo y me ha hecho mucha falta. Y aunque nos hemos mantenido en contacto por correo no es lo mismo que tenerla cerca. Tuvo que marcharse porque su hijo tuvo trillizos en Moscu y fue a apoyarlo durante los primeros meses de los niños antes de regresar.
—¿Por qué no me dijiste que regresabas?
—Y perderme la oportunidad de darte la sorpresa, ni en sueños —dice con una gran sonrisa—. Ahora que estoy aquí tenemos que ponernos en forma nuevamente. La temporada está a la vuelta de la esquina y no podemos quedarnos atrás.
—Pero el médico...
—Pero nada —me interrumpe—. En Moscu algunos colegas me recomendaron un especialista en New York y no sé cómo, pero vamos a conseguir que te vea. No nos vamos a dar por vencidos.
La confianza con lo que lo dice hace que crezca en mi nuevamente la esperanza. Asiento sonriendo es bueno tenerla de regreso.
—Bueno, echaré a perder la sorpresa. —Comienza a decir papá con cara de incomodidad.
Carolina y yo lo vemos expectantes a sus palabras.
—Neo de alguna manera consiguió una cita con el mejor terapeuta del país y apuesto lo que sea a que será el mismo que te recomendaron Caro.
No sé quién está más sorprendida si Carolina o yo. No puedo creer que Neo lo haya hecho, es más ni siquiera sé cuando lo hizo, apenas ayer hablamos acerca de eso y está en medio de su gira y definitivamente con cientos de cosas más importantes que buscarme un terapeuta, pero es justo por eso que su detalle vale tanto. Sin importar cuan ocupado esté o cuantos problemas tenga encima siempre encuentra una manera de sorprenderme.
Un par de lágrimas se me escapan porque simplemente no puedo con la emoción, puede que este especialista no pueda hacer nada, pero es la sola esperanza lo que hace que desee tomar el primer vuelo disponible y lo vea, pero antes de eso hay una sola persona que deseo ver en este momento.
Reviso mi armario una y otra vez, no tengo idea de que guardar en la maleta. No es la primera vez que iré a New York, he estado ahí para competir, pero digamos que para ello solo necesitaba mi ropa cómoda para entrenar y el traje para la competencia, no es que me importara mucho cómo me vería ni nada por el estilo, pero dado que ahora estoy en el radar de los medios creo que debo comenzar a fijarme más en ese tipo de cosas.
Llaman a la puerta y Carolina entra antes de que responda, es algo que hace usualmente ya que desde hace muchos años es lo más parecido a una madre que he tenido y nuestra confianza es así de grande.
—Veo que te está tomando más tiempo de lo normal armar tu equipaje —comenta mientras mira con burla mi maleta vacía.
—No es nada gracioso.
—Parece un buen chico, seguro que te verá encantadora con un saco de papas.
Me volteo para seguir eligiendo que llevar mientras respondo:
—Lástima que envié mi saco turquesa a la tintorería —respondo sin dejar de pasear mi mano por encima de la ropa.
—Sabes muy bien a qué me refiero. —La escucho sentarse en mi cama—. Tu padre lo estima bastante y eso ya es decir mucho. Se preocupa por ti y en tu recuperación y creo que eso vale mucho.
—Neo se ha ganado a mi papá desde la primera vez que lo vio, desde que me salvó la primera vez.
Carolina me mira con esa cara que me dice «sabes que estás enamorada hasta las patas», pero no en burla, me mira como una madre a su hija, porque de alguna manera para mi Carolina es lo más cercano que he tenido a una madre toda mi vida y eso ya es decir mucho. Lo primero que siento es una punzada de dolor en el pecho al recordar por un segundo en quien me trajo al mundo, pero no pasa ni un segundo en el que ese dolor se convierte en rabia hacia la mujer que me dio la vida, porque madre... nunca fue.
Sacudo la cabeza con la esperanza de alejar los malos pensamientos que se me vienen a la mente, ahora quiero estar en mi momento feliz y pensar en el viaje de mañana donde podré ver a Neo, visitar al médico y si tengo suerte todo irá muy bien.
***
«Última llamada a los pasajeros del vuelo DL098 con destino a New York, pase a abordar por la puerta 37»
Espero pacientemente mientras la fila para ingresar al avión se va acortando. Aunque Neo fue el de la idea del viaje a NY, mi padre no permitió que nos comprara los pasajes de avión, puede que mi padre le tenga cariño, pero eso sí, su orgullo está primero. Así que tenemos un viaje de 8 horas por delante en clase turista, no será lo más cómodo del mundo, pero vamos soy agradecida con su esfuerzo.
Cuando por fin puedo estar sentada cómodamente en mi asiento, con mi manta encima de las piernas y mi almohada lista, decido que puedo quemar un poco de tiempo hasta que despeguemos. Lo primero que me sorprende al desbloquear mi celular son las más de veinte notificaciones de menciones a los Lux. Notificaciones que no estaban ahí hace quince minutos que vi mi celular por última vez.
Sin perder más el tiempo comienzo a ver los titulares.
Concierto de la banda Lux cancelado por atentado a sus integrantes.
Presunta fan se infiltra en el backstage del concierto de los Lux.
Fan es descubierta dentro de los camerinos de los Lux con una sustancia venenosa.
No pierdo el tiempo leyendo lo que dicen las notas, necesito saber que están bien, que Neo está bien.
Lo llamo de inmediato y el teléfono marca una y otra vez, desesperándome con cada marcación. Cuando estoy a un pelo de enloquecer por fin escucho la voz que me puede hacer perder la cordura.
—¿Hola? —No puedo creer que es lo único que se le ocurre decir.
—Por Dios, dime que estás bien —le pido, no más bien se lo ruego.
—Estoy bien, todos lo estamos de hecho. Estamos en el hotel en este momento, ya han reforzado la seguridad y están investigando lo que pasó.
—Gracias al cielo.
Ni bien quiero agregar algo más una azafata se acerca a mí diciéndome que debo colgar y apagar mi teléfono.
—Te marco en cuanto llegue. Cuídate mucho por favor.
—Lo haré. Ten un buen viaje. Te quiero.
—Y yo a ti.
Cuelgo.
Me acomodo en mi asiento con una sensación extraña en el pecho. Algo en la voz de Neo me dice que algo anda mal. Solo ruego porque no pase nada más hasta que lo vea.
Al aterrizar lo primero que hago es llamarlo tal como le dije anoche, pero no responde. Trato de no entrar en pánico y respiro hondo, pero no es fácil. No pude pegar un ojo en todo el vuelo por la preocupación, pero entiendo que ellos salían esta mañana hacia aquí y es posible que aún se encuentre en vuelo.
Al salir lo primero que veo es una cara conocida. Marco, uno de los manager de la banda nos espera con un cartel que dice nuestro nombre. Solo el verlo me permite respirar con más tranquilidad.
—Bienvenidos. Los acompañaré a la cita con el médico, el chofer se encargará de dejar las cosas en el hotel mientras estamos en ello.
—¿Eh? —digo extrañada—. Pensé que podríamos ir primero al hotel.
Mi padre niega con la cabeza.
—El doctor al que vamos hizo una excepción con nosotros y nos está recibiendo fuera de sus horas de consulta, así que debemos ir directo de aquí para que pueda revisarte.
Me encuentro más ansiosa que la primera vez que competí y pensé que eso no me volvería a pasar nunca. El médico, al final resultó ser una doctora muy simpática, de cabello corto y unos ojazos azules impresionantes, de muy buen carácter y buen sentido del humor, y para mi buena suerte esto ha jugado a mi favor.
Tras revisarme y revisar mi historial médico ahora mira seria las radiografías de mi rodilla que acaban de hacerme.
Está parada mirándolas sin decir una sola palabra, de hecho, creo que ni siquiera parpadea y no sé decir si eso es bueno o no. Finalmente se voltea y se sienta en su sillón mirándome fijamente.
—Sarah, tu recuperación se ve muy bien. Mi colega realizó un extraordinario trabajo. —Hace una pausa en la que su mirada pasa a mi padre—. Como especialista recomiendo hacer unos cambios es su rehabilitación con el fin de que los músculos sean capaces de soportar mayor carga.
—Eso quiere decir que podré volver a patinar —digo sin poder creérmelo.
Ella asiente con una sonrisa.
—No de inmediato, pero sí en un par de semanas si continúas así. —Se pone de pie y señala la radiografía—. Con pequeños cambios en la rutina de rehabilitación podremos hacer a tus piernas mucho más fuertes y capaces de absorber mejor el impacto de los saltos. Con ello tus rodillas no sufrirán tanto. Debes tomar en cuenta que a pesar de que la operación y la recuperación sea exitosa la rodilla no vuelve a ser la misma de antes, pero si podemos hacer varias cosas de manera preventiva para que esto no vuelva a ocurrir.
Me congelo en mi asiento. La escucho y al mismo tiempo mi mente se encuentra completamente en blanco. Es que no puedo creérmelo, hasta hace un par de días estaba segura de que debería retirarme y pensar en algo más que hacer con mi vida, pero ahora la emoción es tan grande dentro de mí, que no puedo salir de mi sorpresa.
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