Prólogo
Asgard, la ciudad dorada, el reino eterno, un lugar mágico. Dicha ciudad era un mito para muchos, una leyenda para otros tantos, una realidad para muy pocos, pero para mí era mi segundo hogar.
Esta historia comienza muchos años atrás, antes de que yo naciera, incluso antes de que los actuales reyes de los nueve mundos existieran. Esta historia comienza con un Jötun, el primer rey de Jötunheim: Külm. Él era mi tátara-abuelo. Los primogénitos de Külm fueron gemelos. El mayor: Leytal, él era como cualquier Jötun, un gigante de hielo más. El segundo de los gemelos se llamaba: Jonna, este fue mi bisabuelo. Él no era nada parecido a los gigantes de hielo, era muy pequeño para ser hijo de gigantes, su piel era blanca y tersa, cabello blanco como la nieve y sus ojos azules cual zafiros. Se podía decir que era lo opuesto a un gigante de hielo, pero mi tátara-abuelo los amó por igual.
Al paso de los años los gemelos fueron crecieron y sus poderes se fueron desarrollando. Mi bisabuelo y mi tío bisabuelo era muy diferentes, como dos copos de nieve, no solo en su físico, sino también en forma de ser y, claro está, en sus poderes. Leytal tenía los poderes comunes de un gigante de hielo, pero Jonna, podía hacer cosas mágicas con el hielo y la nieve, él tenía el poder del invierno en sus manos, el invierno fluía por sus venas, podía controlar el frío a su antojo. Mi bisabuelo Jonna, fue quien creo el cofre de los inviernos pasados, con el creyó que podría ayudar a Jötunheim, no sabía la desgracia que este provocaría después. Mi abuelo, a pesar de siempre ser rechazado y despreciado por su misma especie, fue de un corazón noble. Mi tío abuelo Leytal le tuvo una fuerte envidia por los poderes de mi bisabuelo poseía.
Los años pasaron y Külm tuvo que coronar a uno de sus dos hijos como el rey de Jötunheim. Leytal, por ser el primero en nacer, fue quien ascendió al trono. Mi tátara-abuelo amaba demasiado a sus dos hijos, así que, no quiso que ninguno de los dos se quedara sin un trono. Entonces, él creo un mundo aparte, para que su hijo Jonna gobernara.
—Hijo—le dijo Külm a su hijo Jonna—, este es tu mundo, tú lo gobernaras, créalo como tú quieras.
Mi tátara-abuelo se fue, dejando a mi bisabuelo en ese nuevo mundo para él. Lo primero que Jonna hizo fue crear, con sus poderes, un castillo de hielo tan claro como el cristal. Mi bisabuelo nombró aquella tierra como Glerheim, a la cual también se le llego a conocer como el mundo de cristal.
Las diferencias entre Jötunheim y Glerheim, se hacían notar tanto como en los gemelos. Jötunheim era oscura como la noche con un frio destructor que reinaba sobre aquel lugar. En cambio, Glerheim, era tan clara como la luz del día, el sol irradiaba sobre la ciudad de cristal haciéndola brillar solo un poco menos que la ciudad dorada de Asgard.
Desde entonces se dice que cada cierto tiempo, no se sabe con exactitud cada cuánto, nace una generación diferente de gigantes de hielo, así como le paso a mi tátara-abuelo Külm. Desconocemos si esto ha vuelto a ocurrir, ya que los Gler no han vuelto a tener comunicación con Jötunheim desde hace miles de millones de años. Los Gler habían perdido el contacto con los Jötuns porque su pueblo siempre vivía en conflicto constante con los nueve mundos, mientras que Glerheim era un reino de absoluta paz. Los Gler creían que siempre conservarían dicha paz, pero no fue así.
El tiempo pasó y nació Janjic (mi padre), y su primo Laufey. Laufey, fue la perdición de Jötunheim, este fue igual o incluso peor que las antiguas generaciones de gigantes. La maldad corría por sus venas, tenía sed de poder y nada lo saciaba. Dicha sed de poder fue la que desató la guerra de Jötunheim contra el reino eterno de Asgard. Aquella había sido la guerra más cruel que los nueve mundos hayan presenciado jamás. El día que está término, cuando los asgardianos tomaron el cofre de los inviernos pasados, nací yo. Mis padres me nombraron Jemma. No tengo nada diferente a los de mi especie, mi cabello es de un rubio blanquecino, ojos azules y mis poderes mágicos.
Cuando cumplí cinco años, la paz que conocíamos en Glerheim desapareció. Una especie desconocida atacó, sin razón alguna, a Glerheim. Mi padre, en lo primero que pensó fue en la protección de mi madre y la mía. Él fue con Odín, el padre de todo, para pedir protección para nosotras. El rey de Asgard accedió y además le envió ayuda con una parte de sus ejércitos. Creímos que la guerra duraría solo unos días o pocos meses, pero esto no fue así. Fue la guerra más larga en todos los nueve reinos.
Mi madre y yo viajamos a través del Bifrost para llegar a Asgard. En el puente arcoíris, guardias ya nos esperaban para escoltarnos hasta el palacio. De camino a este, miraba con asombro la ciudad dorada. Era demasiado hermosa, más hermosa de lo que los relatos y las palabras podrían llegar a describir. Al llegar al castillo, fue la reina Frigga quien nos recibió de manera amable. Ella nos mostró nuestras respectivas habitaciones. Mi habitación era enorme, además podía decorarla como yo quisiera.
—Les presentaría a mis hijos ahora—dijo la reina—, pero están en clases. ¿Te gustaría ir, Jemma? —me preguntó ella, volteándome a ver con una dulce mirada.
— ¿Qué dices cariño? —Voltee a ver a mi madre, quien me acariciaba el cabello con ternura.
—No sé—contesté en voz baja. Tenía miedo, todo esto era nuevo para mí.
—Bueno—Frigga se puso a mi altura viéndome a los ojos—, ¿te parece si te llevamos a las clases y al final del día nos cuentas si te gusto o no? — yo solo me limite a asentir—Perfecto—me sonrió con dulzura.
Salimos del castillo y caminamos un poco por las calles de Asgard. La verdad tenía mis dudas de que saliéramos del palacio, este lugar era demasiado enorme y aun no sabía dónde empezaba ni donde terminaba. ¿Podría llegar a acostumbrarme a este enorme lugar?
Llegamos a un pequeño lugar muy cerca del palacio, entramos y seguimos a la reina por un pequeño corredor que tenía unas habitaciones hasta que nos detuvimos frente a una puerta. La reina golpeo suavemente con sus nudillos y de momento salió una joven de la habitación.
—Mi reina—la joven hizo una reverencia—, ¿desea hablar con los príncipes?
—No. Te he traído a una nueva niña. Ella es Jemma, princesa de Glerheim, así que por favor hazla sentar con mis hijos.
—Así será mi reina. Ven cariño—la joven me ofreció su mano y yo la tomé con ligera desconfianza—, te voy a presentar a tus nuevos amigos.
Al entrar a la habitación la puerta se cerró detrás de nosotras. Sentí un nudo en el estómago. Estaba demasiado nerviosa. ¿Sería un buen momento para echarme a correr? En la habitación había niños sentados en pequeñas sillas de madera frente a mesas redondas, y en cada mesa había 5 niños, menos en una mesa que se encontraba en el centro, ahí solo había dos niños. Varios pares de ojos me veían con curiosidad.
—Niños—habló la joven—, ella es Jemma y será su nueva compañera.
— ¿Por qué tiene el cabello blanco? — gritó un niño al fondo.
—Sí, es raro—dijo una niña con asco.
—Parece una viejita—comentó otra niña.
Todos comenzaron a reír, menos los dos niños que estaban solos. Comencé a sentir un calor en mis ojos, veía borroso y mis ojos ardieron. Las lágrimas resbalaron por mis mejillas, nunca antes se habían burlado de mí. De donde yo vengo todos somos iguales y creíamos que no había nada malo en nuestra apariencia.
— ¡Silencio! —Gritó la joven, todos quedaron en absoluto silencio—Ven cariño—ella me guío hasta la mesa donde estaban los dos niños solos—. Siéntate aquí— por la orden que le había la reina, supuse que ellos eran los príncipes de Asgard. Ambos niños se me quedaron viendo. Uno de ellos era un poco más grande que el otro, este tenía el cabello rubio cual rayos de sol, ojos muy azules como los míos. El otro niño era todo lo opuesto al primero, tenía el cabello negro cual noche y unos ojos verdes esmeralda con un brillo travieso que me agradó, era un poco más pequeño y delgado que su hermano, pero a diferencia del rubio, el de cabellos azabaches me estaba mirando con demasiada atención—. Bien niños—la joven llamó la atención de todos—, ¿en qué nos quedamos? —todos los niños le voltearon a ver menos el niño de cabello negro, él seguía mirándome fijamente—. ¡Ah! Ya recordé, la historia de Yggdrasil.
La joven contaba con entusiasmo la historia sobre el árbol de los nueve mundos. Al término de está nos dio hojas en blanco y colores para que dibujáramos a Yggdrasil. Yo estaba muy concentrada en mi dibujo, pero la mirada de aquel niño seguía sobre mí y comenzaba a incomodarme y daba algo de miedo.
— ¿Te estoy molestando? —preguntó el moreno de repente.
— ¿Disculpa? —su pregunta me confundió un poco, parecía como si me hubiera leído la mente.
—Por supuesto que sí—contestó el rubio—. Disculpa a mi hermano—se giró hacia mí—. Mi nombre es Thor, príncipe de Asgard y el pequeño tonto que no ha dejado de verte es...
— ¡Oye! —Alzó la voz con molestia el de ojos verdes—Yo puedo presentarme solo Thor—miró con fastidio a su hermano y después me volteo a ver a mí. Sus labios se curvaron en una dulce sonrisa—. Mi nombre es Loki—tomó mi mano y depositó un pequeño beso en el dorso de está, rápidamente el color rojo subió a mis mejillas—, príncipe de Asgard—me miró fijamente, sus ojos tenían un brillo especial que Thor no tenía.
—Mi nombre es Jemma, princesa de Glerheim—dije con timidez.
—Eso explica todo sobre ti—Thor volvió a su dibujo.
— ¿Tú eres la princesa que se quedara con nosotros en el castillo? —preguntó Loki.
—Si—contesté con una sonrisa.
—Qué suerte que la princesa sea muy bonita—dijo Loki haciendo que mis mejillas adquirieran más rubor. En aquel momento me di cuenta de que aún no me había soltado la mano, nos soltamos y nos pusimos a terminar el dibujo.
La hora de salir a jugar llego y la maestra nos dejó salir a un pequeño jardín. Ahí pude ver a las niñas asgardianas jugar con sus muñecas de trapo, los niños asgardianos jugaban con palos de madera simulando que estas eran espadas y ellos fingían luchar como si fueran guerreros. Entre ellos había una niña que también quería jugar a ser guerrera, pero no la dejaban, solo tres niños la dejaron jugar con ellos. Thor salió corriendo en dirección de los tres niños con la niña. Loki se paró a mi lado y dio un profundo suspiro.
— ¿No te gusta jugar con tu hermano? —le pregunte a Loki.
—Sí—contestó con una pequeña sonrisa, pero esta desapareció con rapidez—, solo que no cuando está con ellos—vi en sus ojos tristeza y no quise preguntar más sobre aquello.
— ¿Qué es lo que haces si no juegas con ellos?
—A veces me pongo a leer un libro de hechizos básicos, pero hoy lo olvide en casa.
— ¿Sabes hacer magia? ¿Qué puedes hacer?
—No mucho, apenas estoy aprendiendo ¿y tú? —me regresó la pregunta.
— ¿Yo? —pregunte confusa.
—Si—me volteo a ver y sonrió— ¿tienes algún poder? He leído que los Gler poseen poderes especiales ¿Qué poder tienes?
—Bueno yo, ammm... puedo crear nieve y congelar cosas.
— ¿En serio? —pregunto con asombro el moreno.
—Sí, mira—tome una rama seca entre mis manos, sentí el frio en mis venas y de pronto la rama se congeló en mis manos.
— ¡Wow! —exclamó Loki.
—Y puedo hacer que caiga nieve, pero mi mamá aun no me deja hacerlo fuera de la casa, no lo sé controlar muy bien.
—Llegando al palacio lo haces—me sonrió con complicidad y sus ojos brillaron por la emoción.
—Claro—me emocioné al ver como él se asombraba ante mis poderes.
—Miren a quien tenemos aquí—dijo un niño alto de cabello café y ojos negros como aceitunas—, los niños más raros de la escuela, juntos.
—Déjanos en paz, Graham. No te estamos molestando—Loki lo miró con molestia.
—No me importa—el niño de ojos negros nos miraba con ira y desprecio—, no me caes bien—Graham le dio un puñetazo a Loki en el rostro y dicho golpe lo tumbó al suelo dejándolo inconsciente.
— ¡Loki! —Corrí hacia él para ver si se encontraba bien. Me arrodille a un lado y vi que solo tenía el labio partido, pero aun no despertada. Los niños se acercaron peligrosamente a nosotros— ¡Largo! ¡Aléjense! —al mismo tiempo que grite esas palabras moví mi brazo y sentí el frio correr por mi brazo, al instante hielo en forma de picos apareció entre nosotros y los niños como una barrera protectora. Ellos corrieron asustados por no saber que pasó. Loki abrió los ojos— ¡Loki! ¿Estás bien?
—S-sí, solo me duele la mejilla.
—Ven, vámonos.
Lo ayude a levantarse y nos fuimos a esconder detrás de unos arbustos, para que los niños ya no nos molestaran.
— ¡Tu labio sangra! —dije apuntándolo con mi dedo índice.
—Oh, sí—puso sus dedos sobre su labio partido, de sus dedos irradió una pequeña luz verde, al quitar su mano ya no tenía la herida.
— ¿Cómo lo hiciste? —pregunté con asombro.
—Bueno, no es la primera vez que me hacen algo así, de hecho me han hecho cosas peores, pero Thor me ha defendido. La primera vez que llegue así al castillo y mi mamá me vio, me empezó a enseñar a cómo defenderme con magia, pero mientras aprendía me enseñó este sencillo hechizo para heridas—nos quedamos en silencio por unos minutos—. Y... ¿qué paso después de que me golpearon?
—Corrí a ayudarte y...
— ¿Y? —pregunto para alentarme a seguir.
—Se iban acercando más para hacernos daño y antes de que se acercaran—suspire con pesar—, hice una franja de hielo en forma de picos, para que no se acercaran.
— ¿De verdad?
—Sí—dije un tanto apenada.
—Me protegiste—susurró Loki, mientras meditaba sobre lo que le había relatado.
—Bueno, más bien...—me interrumpió dándome un abrazo.
—Gracias—murmuró en mi oído.
El rubor se posó sobre mis mejillas, nunca ningún otro niño me había abrazo. Nos soltamos de tan tierno abrazo y al enderezarme una rama traviesa con espinas raspó mi mejilla haciéndola sangrar un poco.
—Auch—me quejé poniendo mi mano sobre mi herida.
—Déjame ver—Loki quitó mi mano—. Es solo una pequeña herida— puso su mano sobre mi mejilla, de reojo mire su mano brillar, otra vez, en ese color verde esmeralda. Sentí un calor en mi mejilla y un pequeño ardor en ella. Cuando el calor y el ardor cesaron Loki quitó su mano—. Listo, ya no tienes nada—toqué mi mejilla y así era.
—Ahora tú me salvaste.
—Bueno... no fue para tanto.
—Gracias—lo abrace y él me correspondió el abrazo.
Después de aquel día Loki y yo nos convertimos en los mejores amigos.
Los días pasaron también me hice amiga de Thor y de sus amigos que eran: Sif, Frandal, Volstagg y Hogun, pero mi mejor amigo siempre fue Loki. Él confiaba en mí y yo confiaba ciegamente en él. En el castillo, solía jugar con Thor y Loki, pero cuando Thor llegaba a salir con sus amigos, y Loki no tenía humor para estar con ellos, yo me quedaba con él. Me encantaba estar con él, a veces yo congelaba mi cuarto o el cuarto de Loki y jugábamos en la nieve, o si no él me enseñaba alguno de los trucos nuevos que aprendía con Frigga.
Un día a ambos se nos ocurrió congelar el salón del trono, queríamos un lugar más amplio para jugar, aprovechamos que Odín tuvo una salida, así que nos escabullimos, cerramos la puerta y la magia comenzó. Estuvimos jugando por un largo rato, las horas se pasaron muy rápido, mientras nos deslizábamos desde el trono por todas las escaleras congelas, como si fuera una resbaladero gigante de hielo. Habíamos perdido la noción del tiempo y no nos percatamos de la llegada del padre de todo. Nos castigaron por un largo tiempo, yo no podía usar mis poderes por un tiempo y no dejaron que Loki y yo nos juntáramos por varios días.
Los años pasaron, la guerra seguía en casa, así que madre y yo no podíamos volver. Mi infancia la pasé en Asgard. Cuando Loki y yo cumplimos 10 años, Odín lo mandó llamar junto con Thor a la cámara de armas. Loki me dijo que lo esperara en el jardín, mientras él y su hermano hablaban con el gobernante de Asgard, me había dicho que no iba a tardar mucho. Después de varios minutos de espera, escuché pasos y una voz que gritaba mi nombre.
— ¡Jemma! —voltee y vi que Loki venía corriendo hacia mí— ¡Ven!
Pasó a un lado mío corriendo y tomó mi mano, con rapidez, me levantó y me llevó corriendo tras él. Nos detuvimos a la mitad del jardín con nuestras respiraciones agitadas.
— ¿Qué-que pasó Loki? ¿Qué te dijo tu pa-padre? —pregunté mientras intentaba recuperar mi aliento.
—Bueno...—tomó aire y se recuperó en un instante—, nos contó la historia de la batalla de Jötunheim contra Asgard, nos habló de la paz de Asgard—sus ojos comenzaron a brillar por la emoción—, y que algún día Thor o yo seremos reyes de Asgard, pero que los dos nacimos para ser reyes.
—Yo sé que tú serás el rey de Asgard.
—Eso espero.
Los días que siguieron a la plática que Odín había tenido con sus hijos, no fueron muy gratos para el pobre Loki. Cada noche él tenía pesadillas sobre los gigantes de hielo. Una noche llego él a mi habitación.
—Jemma—dijo en un susurró el ojiverde moviéndome un poco para que me levantara.
Con una de mis manos me tallé los ojos y volteé a ver a Loki
— ¿Qué te pasa Loki? —mis ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación y pude enfocar al pequeño niño de cabellos negros, en una mano traía su manta favorita de color verde, miré sus ojos y el brillo característico de sus ojos estaba empañado por lágrimas. Loki estuvo llorando.
—Tengo miedo—me susurró.
—Ven sube.
Me moví a un lado para hacerle algo de espacio a Loki en la cama. Él subió y nos abrazamos, podía escuchar pequeños sollozos salir de los labios del moreno, acaricié su mejilla y dicho gesto lo hizo abrir los ojos, miré sus ojos verde esmeralda y limpié las lágrimas traviesas que corrían por sus mejillas.
—Todos me abandonaban—Loki habló de repente—, estaba solo... gritaba tu nombre y el de Thor, nadie me respondía, en eso moría congelado... solo, en Jötunheim—las lágrimas volvieron a brotar, yo continuaba limpiando las lágrimas de su rostro—. Jemma—Loki susurró mi nombre con voz quebrada—, no me dejes solo—acaricie su mejilla, le di una pequeña sonrisa y lo vi directo a los ojos.
—Nunca te dejare solo—murmuré
— ¿Lo prometes?
—Te lo prometo. Anda duerme.
— ¿Y si vuelvo a soñar con los gigantes? —sus ojos se abrieron con miedo y preocupación.
—Yo estaré aquí para ti—para que él se tranquilizara, canté una canción de cuna que mi mamá solía cantarme cuando tenía pesadillas—. Solo cierra tus ojos, el sol se está poniendo, tú estarás bien, nadie puede herirte ahora, ven luz del día, tú y yo estaremos sanos y salvos.
Él se quedó profundamente dormido cuando había terminado de cantar, besé su frente y me dormí con él.
Esa no fue ni la primera, ni la última vez que Loki llego a tener pesadillas como esas. A veces venía conmigo, otras con Frigga y otras veces con Thor. Fue ahí que pude ver que sus lazos de hermandad eran muy fuertes, demasiado fuertes como para romperse... o al menos era lo que yo creía.
Nuestra adolescencia fue muy diferente a nuestra niñez, de no ser tomados en cuenta pasamos a llamar la atención. Habíamos crecido y a mi edad, las chicas en Glerheim, son muy hermosas. Como princesa de los Gler, fui la excepción de la regla. Loki también se puso muy guapo, para no tener un cuerpo fornido y musculoso con el de Thor, Loki era muy guapo y tenía su encanto. Aunque, claro está, el preferido de todos y todas era Thor.
Recuerdo una vez que la chica que más odiaba besó a Loki. El primer beso de Loki fue robado y él no hizo nada para evitarlo. Todo paso frente a mis ojos, tan rápido y la vez tan lento, sentí un dolor en el pecho, algo que me desgarraba por dentro, nunca en mi vida había sentido algo así. Fue en ese momento, que descubrí, que mi amistad con Loki ya no sería igual. Había descubierto que me había enamorado de mi mejor amigo. Desde aquel beso robado me distancié de Loki, pero él rápidamente se dio cuenta de mi extraña actitud.
Él se cansó de aquello y me llevó hasta el centro del jardín, a empujones y jalones.
— ¿Qué rayos te pasa? —Preguntó Loki con demasiada molestia, jamás se había comportado así conmigo— ¿Por qué te estás comportando de esa manera?
— ¿De qué manera? —pregunté en su mismo tono de voz, estaba realmente enojada porque no impidió el beso.
— ¡Así! —Gritó— ¡Estas distanciada, extraña y ahora sales con que no tienes tiempo para nosotros! ¿Cómo era que antes si tenías tiempo?
—Bueno...—tenía miedo que descubriera la verdad sobre mis sentimientos—, es que con los entrenamientos ya no tengo tiempo—me excusé.
—No me mientas Jemma, sabes que eres mala para eso—él tenía razón, Loki era demasiado bueno para mentir, si no era porque yo lo conocía bien, no sabría diferenciar entre sus verdades y sus mentiras.
—Bueno yo...—no sabía que decir, me estaba acorralado.
—Jemma, estoy perdiendo la paciencia y sabes que no es agradable cuando eso pasa. ¿Me vas a decir? —tenía razón, hacerle perder la paciencia no era nada bueno, pero mi miedo a ser descubierta era mayor, así que cometí la estupidez de retarlo.
— ¿Para qué?
—Está bien, me canse. No había querido usar mis poderes en ti. Esperaba que me dijeras que te pasa, pero viendo que no quieres, no me dejas otra alternativa—no sabía que poder iba a usar, sentía que por dentro estaba temblando como una hoja. Loki me miraba de una manera penetrante con sus ojos verdes, y yo simplemente no podía resistirme a su mirada. Lo sentí entrar en mi mente y todos mis sentidos se pusieron alerta. ¡Él iba a leer mis pensamientos! Rápidamente intente ocultar aquella información dentro mi mente. Aquello era como jugar al gato y al ratón, pero al final de cuentas, el gato siempre atrapa al ratón. Loki al saber que era lo que me tenía así de disgustada, me sonrió de manera burlona—. ¿Era eso?
—Por eso no te quería decir—me crucé de brazos, mientras lo fulminaba con la mirada—. Sabía que te burlarías de mí, y no pienso aguantar tu humillación—cuando Loki se proponía humillar a alguien, llegaba a ser muy cruel y yo no quería que él siguiera lastimándome—. Me voy.
Me di media vuelta y antes de dar un paso lejos de él, me tomó por el brazo, me volteo y me pegó a él. Sentía su corazón latir fuertemente en su pecho, nuestras respiraciones chocaban. Yo no tenía el valor para verlo a los ojos, él tomo mi barbilla y me hizo verlo directo a los ojos, esos ojos que tenía una intensidad de mil soles.
— ¿Sabes?—su aliento roso mis labios—Ese fue el beso mas asqueroso que me han dado... y eso que es el único beso que me han dado, imagínate que tan mal tuvo que haber estado—ambos soltamos unas pequeñas risitas, luego él se tornó serio y profundizo su mirada—. Jemma...—mi nombre se oía perfecto en sus labios—, los únicos labios que siempre me he muerto por probar son los tuyos—mis ojos se abrieron en gran tamaño al escuchar esa declaración y mi corazón se detuvo—, pero nunca me había atrevido a besarte, porque no sabía cuál iba a ser tu reacción—su dedo pulgar acaricio mis labios con delicadeza y su mirada se posó sobre ellos—. No sabía si te agradaría o... dejaríamos de ser amigos. Tenía miedo, prefería conservar tu amistad a perderla—su mano que sostenía mi barbilla camino lentamente hasta mi nuca acariciando mi piel, haciendo que los vellos de esta se erizaran—, pero ya no tengo miedo.
Dicho esto me atrajo hacia él, acortando la pequeña distancia que queda entre nuestros labios, sus labios se posaron sobre los míos de una manera tierna. La danza entre nuestros labios comenzó. Al principio nos besamos con la timidez de dos adolescentes, con el miedo de no querer estropear tan bello momento. Él posó una de sus manos en mi cintura pegándome aun más a él. Ambos estábamos perdiendo la timidez. Yo coloqué una mano alrededor de su cuello para atraerlo más hacia mí. Había probado los labios de Loki, eran tan dulces y adictivos, con un beso había tenido para no quererme separarme de él jamás. Mi otra mano, traviesamente, jugaba con sus cabellos negros. Ninguno de los dos se quería separar, ambos habíamos anhelado tanto este momento que no lo queríamos arruinar.
— ¡Vaya, vaya! —una voz familiar para ambos resonó detrás de Loki, abrí mis ojos de la impresión y ambos nos separamos de golpe— Que guardado se lo tenían.
— ¡Thor! —Exclamó molesto Loki— ¿Qué haces aquí? —bajó su voz para no armar escándalo.
—Me mandaron a buscarlos, pero tranquilos—Thor alzó las manos en señal de rendición—, no diré nada—Thor se fue dando la media vuelta dejándonos solos—. Solo no se tarden tortolitos o el siguiente en venir a buscarlos será padre.
Desde aquel momento Loki y yo comenzamos a salir, pero nadie lo sabía, a excepción de Thor.
En mi adolescencia, la reina Frigga hizo que me dieran entrenamientos para ser una guerrera asgardiana. Sif y yo éramos las únicas mujeres en los entrenamientos, pero ambas éramos las más salvajes guerreras de Asgard. Mi madre, al inicio, no estuvo muy de acuerdo con los entrenamientos, ella defendía la idea de que como Glers debíamos ser pacifistas y no buscar la guerra, pero la reina Frigga llegó a convencer a mi madre de que no era para buscar la guerra, era para mi propia defensa personal, que no podía andar congelando a cualquiera que me quisiera hacer daño. Mi madre llegó a aceptar y hasta ella terminó aprendiendo unos cuantos movimientos para defenderse en batallas cuerpo a cuerpo que la reina Frigga le había ensañado.
Nadie se enteró de mi relación con Loki, todos creían que seguimos siendo simplemente amigos, bueno, todos menos Thor. Ocultábamos nuestra relación ya que a mi madre nunca le agradó Loki y nunca me ha querido decir el por qué. La verdad es que, muy a su pesar, he sido amiga de Loki todo este tiempo.
Al crecer un poco más y llegar a una edad más madura, Odín nos mandó a la guerra. Los tres guerreros (Volstagg, Hogun y Frandal), Lady Sif, Thor, Loki y mí, fuimos los mejores guerreros que tuvo y ha tenido el padre de todo. Thor, como aspirante al trono, tuvo que pasar varias pruebas para demostrar que era digno de obtener un martillo llamado Mjölnir. Al final, a Thor se le fue concedido el mágico y poderoso martillo Mjölnir, el cual tenía el poder de invocar rayos, truenos, etc. Debo admitir que a mi querido amigo Thor se le subió un poco el ego desde aquel momento. Él se había convertido en un joven necio, soberbio y egoísta. Thor buscaba ser alabado siempre por sus numerosas hazañas, solo quería recibir el galardón y lo recibía, no importaba que los demás también hubiéramos colaborado con él o hubiéramos hecho el trabajo más pesado, él era quien salía a relucir como el "héroe". Lo que muy pocos sabían era que mi querido amigo rubio cabeza hueca, era quien en primer lugar nos metía en grandes aprietos, pero Loki siempre tenía que salir a remendar los errores de su hermano mayor. Tristemente nadie notaba el esfuerzo de Loki, solo yo y la reina. Todo había vuelto a ser como en nuestra infancia. Loki, a pesar de tener magníficos poderes, nadie lo apreciaba, todos solo veía a Thor empuñando a Mjolnir. A Loki y a mí nos disgustaba que nadie se diese cuenta de la verdad. Había ocasiones en que Frigga, Loki o yo llegábamos a tratar de hacer ver que Loki fue quien había salvado el día, pero Thor solo salía con su molesta frase: "Unos luchan y otros solo hacen trucos", era demasiado molesto, pero al parecer a Odín no le importaba, él estaba orgulloso del valiente y cabeza hueca de su hijo mayor. Quiero mucho a Thor, es mi amigo y cuñado, pero últimamente con su ego fuera de control me sacaba de quicio.
Los años siguieron transcurriendo, la guerra en casa nunca ceso... temía nunca volver a casa, temía por la vida de mi padre, ni siquiera teníamos noticias de si seguía vivo. Lo único que me reconfortaba era que Asgard se había vuelto como un segundo hogar para mí y que Loki estaba a mi lado. A veces para no aburrirnos, Loki y yo hacíamos travesuras, debo admitir que eran más fechorías de él que mías, yo era muy mala para eso, yo solo lo ayudaba. Él era tan bueno haciendo jugarretas que lo llegaron a apodar "el dios de las travesuras". Íbamos a lugares sin ser vistos por Heimdall, Loki era muy hábil con su magia, así que escondernos era pan comido. Viajábamos por los nueve mundos haciendo travesuras de aquí para allá. Un día nos llegamos a meter en un lío muy grande en Vanaheim, Odín tuvo que ir a resolver nuestra trastada, por poco casi nos volvían a separar, pero Frigga abogó por nosotros, al igual que Thor y el padre de todo no tuvo otra opción más que darnos otro castigo. Loki y yo, sobre todo yo, decidimos solo bajarle el nivel a las bromas y no hacerlas ya en los nueve mundos, solo nos limitábamos a hacerles fechorías a los asgardianos.
Una mañana, me encontraba entrenando con Sif, cuando Loki llegó corriendo.
—Jemma, padre te busca—dijo con la respiración alterada el ojiverde.
Voltee a ver a Sif para excusarme con ella.
—Anda ve con él—me dijo Sif.
—Gracias—le sonreí.
Loki y yo nos fuimos corriendo por todo el palacio, hasta que nos detuvimos frente a la puerta del salón del trono. Al entrar hicimos una reverencia a Odín.
—Qué bueno que llegan—la voz del padre de todo resonó por todo el salón, ahí se encontraban también, Thor, Frigga y mi madre—. Hace unas horas un mensajero de Glerheim, llegó con una noticia...—mi corazón se aceleró—. La batalla en Glerheim... ha terminado—di un suspiro de alivio y todos sonreímos.
— ¿Esto cierto padre de todo? —le pregunte emocionada por la noticia.
—Así es Lady Jemma—dijo Odín con su voz calmada y autoritaria.
— ¿Cómo se encuentra mi esposo? —preguntó mi madre con preocupación.
—El rey Janjic se encuentra bien, cansado por la larga batalla, pero las espera a ambas, dijo que podía regresar cuando gusten.
—Queremos regresar hoy mismo—dijo mi madre y mi corazón se partió en dos, una parte de mi quería ir a casa y ver a mi padre, pero la otra no quería dejar a Loki, no aún.
— ¿Ahora? —Pregunte dubitativa—Pero madre, mañana es la coronación de los príncipes.
—Cierto—gracias a Yggdrasil que mi madre entro en razón y acepto mi excusa—, bueno nos iremos al terminar la celebración.
—Como deseen—dijo Odín—, pueden retirarse— nos ordeno.
Al salir de aquel lugar, Loki, Thor, los tres guerreros, Lady Sif y yo nos fuimos a festejar la buena noticia de que al fin había terminado la guerra en mi mundo.
Al caer la noche sobre Asgard, salí a caminar al jardín, no podía dormir. Llegué a la mitad de dicho lugar, me encontré con alguien más que tampoco podía conciliar el sueño. Loki.
— ¿No puedes dormir? —le pregunté y él volteo a verme.
—Tuve una pesadilla que hace tiempo no tenía—se acercó a mí, tomó mis manos y depositó un beso en cada una—. Me dejabas, de nuevo estaba completamente solo, gritaba tu nombre y el de Thor, pero ninguno de los dos venía. Vi mi piel comenzar a ponerse azul. Grité. Sentí un dolor terrible en el estómago. Mi sangre caía sobre la nieve y moría...—besó mi frente y me miró directo a los ojos, sus bellos ojos color esmeralda se cristalizaron, hace tiempo que no veía a Loki llorar—. Jemma... no me dejes solo—dijo con un nudo en la garganta, comenzó a acariciar mi mejilla—. Promételo.
—Te prometo que nunca te dejare solo—limpié la lágrima que comenzaba a resbalar por su mejilla, besé está y después nos dimos un tierno beso en los labios.
Nos recostamos sobre el pasto para contemplar las bellas estrellas que iluminaban la ciudad dorada de Asgard, Loki recargo su cabeza sobre mi pecho, yo comencé a acariciar sus cabellos negros y volví a cantar aquella canción de cuna...
—Solo cierra tus ojos, el sol se está poniendo, tu estarás bien, nadie puede herirte ahora, ven luz del día, tu yo estaremos sanos y salvos.
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