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Capítulo 4: Midgard

Comencé a abrir los ojos poco a poco, los parpados me pesaban y una luz blanca comenzó a molestarme. Fruncí el ceño mientras me iba acostumbrando a este tipo de iluminación. Levante mi mano para tocar mi cabeza, me dolía demasiado. Esto debía ser efecto por el impacto y mi excelente aterrizaje. Ese tipo de hechizos deberían de venir con instrucciones de vuelo o algo por el estilo.

Me comencé a percatar de un constante y molesto sonido "pi, pi, pi" era todo lo que se oía en la habitación. Mi vista se paseó por toda la habitación. Esta era blanca en su totalidad. No me había percatado de que estaba en una cama muy pequeña, demasiado pequeña. Tenía unas cuantas cosas conectadas a mi cuerpo, un pequeño tubo estaba en mi brazo y contenía un líquido transparente. Arrugue mi nariz ante un extraño olor que me llenaba a las fosas nasales. ¿Qué olor era ese? ¿Acaso así era Midgard? A mi lado derecho estaba un extraño aparato y supe que de ahí provenía el molesto sonido. Llevé mi mano hasta el aparato para golpearlo y silenciarlo, cuando escuche la puerta abrirse. Bajé mi brazo y voltee a ver quién había entrado.

En la puerta estaba parado un hombre, no muy alto con su cabello corto bien peinado y vestido con extrañas ropas de color negro. Me miró fijamente y sonrió, yo solo lo mire extrañada. Nunca antes había estado tan cerca de un humano.

—Veo que ha despertado—dijo aquel hombre acercándose a mí y mi instinto fue alejarme. No les tenía miedo a los humanos, pero desconocía grandes cosas de esta raza inferior—. No tengas miedo, somos los buenos— ¿buenos? Fruncí el ceño. ¿Cómo saber diferenciar entre un humano bueno o uno malo? Desearía que Thor estuviera aquí para guiarme. ¿Cómo sobrevivió? Aquel hombre se sentó en un sillón que estaba cerca de la cama—. Debió dolerte mucho el caer del cielo—fruncí el ceño ante su comentario. ¿Estaba coqueando conmigo? —. Lo siento si eso se mal interpreto, pero no estoy flirteando contigo—tuve que contener una risa. Tal vez me tarde en aprender a diferenciar a un buen humano de uno malo, pero mi instinto me decía que podía confiar en él—, mejor cambiaré la pregunta. ¿Eres un extraterrestre? — ¿Extraterrestre? ¿Qué rayos es eso? — ¿de qué planeta vienes? Ningún humano normal hubiera sobrevivido a aquella caída.

Oh, quería saber de dónde venía, pero... ¿qué rayos es un extraterrestre?

—Vengo de Glerheim—expliqué.

— ¿Glerheim? ¿Qué lugar es ese?

Me senté más erguida en la cama, ya que el estar acostada me estaba incomodando para poder verlo. Miré mis manos mientras pensaba como contestar de un modo que este humano me entendiera.

—Es uno de los nueve mundos.

—Ah, creo que ya entiendo. Vienes de Asgard.

—No, vengo de Glerheim— ¿los humanos eran algo sordos? Yo nunca mencioné Asgard—. Es un mundo diferente al de Asgard, de hecho este algo lejos de ahí.

—Ya veo. Lamento no presentarme, pero me llamo Coulson—estiró su mano hacia mí y yo lo miré totalmente confundida. ¿Qué raro ritual humano era este? Yo solo lo imité y estiré mi mano.

—Me llamo Jemma—Coulson tomó mi mano—. ¿Por qué me agarras la mano?

—Oh, lo siento, pero es que así nos saludamos aquí en la tierra.

—Ah. Bien, prosigue con el ritual—Coulson agitó nuestras manos y lo vi que intentaba contener una risa.

—Un gusto Jemma.

—Un gusto Coulson—él me sonrió sin mostrar sus dientes.

Coulson continuó haciéndome unas cuantas preguntas. Primero sobre el por qué había llegado aquí a la tierra. Le conté lo ocurrido con mi prometido Max. El humano me preguntó si conocía a Thor, le dije que sí. Comencé a hablar con él como si lo conociera desde hace mucho tiempo. Coulson era el único humano que conocía por el momento, pero ya me hacía sentir mucha confianza y agradecía demasiado que eso hubiera ocurrido en tan solo mi primer día en Midgard.

Le hablé a Coulson sobre Loki y él me miro un poco horrorizado. Me platicó sobre el destructor y mi corazón se rompió un poco más. Muy dentro de mí esperaba que lo que Thor me hubiera dicho en la carta fuera mentira. Sentí la necesidad de explicarle el comportamiento de Loki a Coulson, pero aun así él no se sentía muy de acuerdo con ello, más sin embargo no me juzgó por mis sentimientos hacía Loki.

El tiempo pasaba muy diferente en Midgard y lo noté en mi cuerpo. El sol midgardiano comenzaba a salir cuando un hombre con traje totalmente blanco apareció por la puerta. Este comenzó a revisar mi cuerpo y me tocaba, estaba por alterarme pero Coulson me dijo que estaba bien. Se tomó la amabilidad de explicarme que aquel humano se llamaba doctor. El doctor, según Coulson, e encargaba de ver que los humanos estaban saludables y si no lo estaban les regresaba la saludo, algo como los curanderos que tenían en Asgard.

El humano de bata blanca me dijo que podía irme. Coulson me regresó mis ropas reales, ya que me habían puesto una bata blanca. Cambie mis ropas. La capa de mi vestido se había roto y estaba sucia, a pesar de eso, el resto del vestido estaba bien. Solo arranqué la capa y la tiré.

Coulson ya me esperaba afuera de aquel lugar. Salí y por primera vez vi como era Midgard. Debo admitir que era bastante... rara. Tenía casas extrañas y todos se movían en carruajes, pero los carruajes no tenían caballos. ¿Cómo rayos se movían? Coulson me explicó que los carruajes se llamaban "autos" y que no necesitaban caballos, creo que tengo muchas cosas que aprender de Midgard.

Después de un par de horas de viaje llegamos a un gran edificio que estaba a las afueras de la ciudad.

—Cerca de aquí fue que te encontramos, parecías una estrella fugaz, me mandaron a mí y a otro par de agentes a averiguar que era ya que hasta escuchamos cuando caíste, no queríamos que fuera otro "martillo"

— ¿Qué es este lugar Coulson?-nos abrieron una gran puerta y Coulson metió su auto, al cual llamo "Lola", al edificio.

—Esto mi querida Jemma es S.H.I.E.L.D

— ¿S.H.I.E.L.D? ¿Qué es eso?

—Son las siglas de nuestra organización, significan: Sistema Homologado de Inteligencia, Espionaje, Logística y Defensa

—Sigo sin entender, pero creo que quien le puso el nombre, de verdad tenía ganas de que se llamara S.H.I.E.L.D.

—Muchos opinamos lo mismo, pero tranquila Jemma pronto lo entenderás.

La verdad si estaba un tanto confundida, bajamos del auto o "Lola", como sea que se llame. Había muchas personas con trajes negros como el de Coulson o trajes negros pegados al cuerpo con un escudo en el lado izquierdo del pecho. Todo aquello me intrigaba, las personas iban y venían y la gran mayoría portaba artefactos raros de distintos tamaños, Coulson se tomó la molestia de explicarme que aquellos eran las armas de los midgardianos.

Subimos por una caja de metal, la cual Coulson llamó elevador. Nos llevó hasta la parte más alta del edificio. Las puertas se abrieron de par en par y al entrar a aquel lugar vimos un hombre vestido casi igual que los demás, un traje negro pero usaba una gabardina, su tez era morena, no tenía cabello y llevaba un parche en su ojo izquierdo. Fruncí el ceño ante el recuerdo de Odín. Ironías de la vida, lo única diferencia era que el parche del padre de todos estaba en su ojo derecho.

—Agente Coulson veo que regreso con el 0-8-4.

—Sí señor.

— ¿0-8-4?—pregunté extrañada.

—Un objeto de origen desconocido—me contestó Coulson—. Señor, el nombre de la señorita es Jemma, viene de Glerheim, un mundo como Asgard. Ella es amiga de Thor.

— ¿Thor? —El hombre de tez morena frunció el ceño— ¿Te mandó por algo? —Coulson se apresuró a contestar por mí.

—No señor, ha venido por decisión propia, quería conocer nuestro mundo. Al parecer Thor ha estado hablando maravillas sobre la tierra y quería comprobarlo por ella misma.

El hombre me escrutó con su único ojo bueno, de arriba abajo, como si de alguna manera quisiera leer mi alma o algo parecido. ¿Los midgardianos tenían esos poderes? Cualquiera que fuera el caso, yo no me inmuté ante su mirada. Venía en paz con la tierra, solo quería escapar de casa por un tiempo indefinido.

—Bien ¿Qué capacidades tiene? ¿Puede pelear como Thor?

—Bueno eso no lo sé señor, pero puede que sí. ¿Jemma?

—He recibido entrenamiento asgardiano, al igual que Thor.

—Bien—el hombre de cabeza calva se dio media vuelta para irse a su escritorio de madera y sentarse frente a este—. Denle un traje y llévala al cuarto de entrenamiento. Veremos si sus capacidades de enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

—Sí, señor.

Coulson y yo dimos media vuelta y nos volvimos a meter en el elevador pero esta vez se fue hacia abajo.

Llegamos a una gran habitación, todos entrenaban y eso me recordó un poco a más a Asgard. Coulson le habló a una persona y él me trajo ropas como las que ellos usaban. Coulson me señaló un lugar en el cual podía cambiar mis ropas. Con inseguridad me despoje de mi vestido real y me coloqué estas ropas midgardianas, la verdad era muy ajustado, caminé un poco para que no se sintiera tan apretado y poco a poco me iba acostumbrando al traje.

Al llegar hasta donde me esperaba Coulson junto a él estaba parado una mujer de cabello rubio largo, me dijo que ella me ayudaría con mis entrenamientos. Me pusieron a pelear primero con las mujeres. Sin dificultad alguna las vencía a todas ellas, eran simples humanas, no por menospreciar a los humanos, pero Thor tenía razón, eran una raza débil. Posteriormente pelee con todos los hombres. Coulson me observaba pelear detrás de una ventana. A los poco minutos llegó el hombre con el parche en el ojo y se detuvo a su lado con los brazos en la espalda.

—Veamos si eres tan buena para pelear como Thor—la voz de aquel hombre se escuchó etérea en toda la sala—. Este es uno de mis mejores hombres, él se enfrentó a Thor también.

Un hombre alto, moreno y corpulento se acercó a mí, no era la primera vez que me enfrentaba a alguien tan grande, pero cuando me enfrentaba a enemigos que doblaban o triplicaban mi tamaño, casi siempre, usaba mis poderes.

La pelea comenzó, debo admitir que aquel tipo corpulento dio una buena pelea, no tuvo piedad como los demás, me dejó un labio sangrando, el pómulo izquierdo estaba doliendo demasiado. Era un tipo rudo, me tenía en el suelo y por más que me retorcía no podía salir de debajo de él. Sin piedad alzó el puño para golpearme. Mis instintos de guerra me dominaron. Con un fluido movimiento liberé una de mis manos y le congelé el puño. Él gruñó de dolor y aflojó su agarré lo cual me dio tiempo de salir de debajo de su cuerpo.

— ¡Pero, ¿qué rayos hiciste?! —miré hacia la ventana y tanto el hombre de tez morena como Coulson me miraban con ambos ojos abiertos— ¿Eres una mutante?

— ¿Qué? ¡No! —Exclamé un tanto molesta por la manera en la que me había llamado—. Son mis poderes, todos tienen poderes como los míos del lugar de donde vengo.

— ¿De dónde dijiste que venias?

—De Glerheim.

— ¿Qué puedes hacer con tus poderes?

—Varias cosas—me encogí de hombros, ya que de momento no había visto límite en mis poderes—. Desde construir hasta destruir.

—Bien, vamos a otra habitación. Lleven a ese agente a que le descongelen la mano, por el amor de Dios—caminamos por un largo pasillo, hasta que llegamos a una habitación y ahí me encerraron. De nuevo había otra ventana, pero afuera había más personas que pulsaban botones y hacían demasiadas cosas con extrañas maquinas—. Muy bien, comienza a crear cosas—asentí y con suaves movimientos de mis manos cree un par de cosas simples y sencillas. Hice un par de figuras de hielo, picos sin ninguna forma en especial—. ¿Puedes hacer algo más? ¿Sabes crear tormentas de nieve? —aquello era demasiado fácil, es algo que aprendemos a hacer y a controlar en nuestra adolescencia. Cerré los ojos para concentrarme y sentí como el frío corría por mis venas. El viento salido de mí comenzó a mover mi trenza. El frío me acariciaba y me abrazaba como una segunda piel y a mí no me molestaba—. Esplendido—escuché que decía el hombre del parche—. Veamos que tanto puedes bajar la temperatura—liberé todo el poder del invierno que corría por mis venas. Solo dejaba que el frío corriera y corriera de mi interior.

—Señor, la temperatura está bajando en todo el lugar—escuché que dijo un hombre a la lejanía

—Temperatura—ladró el hombre de tez morena.

—En la caja está a menos 50 grados y bajando, señor. Aquí la temperatura va e en 10 grados y... bajando.

El hombre del marché murmuró una maldición.

— ¡Jemma deténgase ahora!

Abrí los ojos y me fue difícil ver con toda la nieve que bailaba a mí alrededor, pero no solo estaban bailando alrededor, si no que... salían de mí. Era ver como mi cuerpo, se ser, mi alma revoloteando en toda la habitación. Como si a la vez estuviera en mi cuerpo y la vez parte de mi estuviera en esos copos. Yo era el invierno mismo.

— ¡Deténgase ahora, dije!

Podía escuchar como los dientes de todos estabas castañeando. Pero a mí el frío no me perjudicaba en lo más mínimo. Llamé al invierno, a cada copo de nieve, al viento helado que viniera a mí. Cerré los ojos y pude sentir como ellos regresaban a mi cuerpo. Al principio sentí como si me hubiera puesto una ropa que me quedaba justa después de andar una larga temporada desnuda. Pero con el paso de los minutos se acopló a mí. Después de haberme dividido en fracciones ahora estaba ahí. Mi cuerpo entero.

Cuando abrí los ojos nada de lo que había visto o pasado en la habitación estaba ahí. Ni un rastro. Nada. Miré hacia la ventanilla y tuve que contener una pequeña risa al ver que todos me miraban con la boca abierta. Los humanos tuvieron una junta privada en la cual discutieron que iba a pasar conmigo. La pequeña reunión duró alrededor de dos horas y el hombre que había conocido desde mi primer instante en la tierra salió admirándome bien de arriba abajo. Me levanté del asiento que estaba ocupando y me acerqué a él.

— ¿Y?

—Bueno, Jemma—él se metió las manos en los bolsillos de su pantalón—. Bienvenida a la tierra.

No pude contener una sonrisa y sin pensarlo dos veces abrace a Coulson.

—Gracias.

Me aparté un poco de él para poder verlo a los ojos.

—No me des las gracias. Ahora, tu situación es esta. Estás bajo el mando de S.H.I.E.L.D. Obviamente sabemos quién eres, pero mientras estés en la tierra, técnicamente eres propiedad de la organización

Alcé una ceja ante la explicación de Coulson, pero supuse que no era tan malo.

— ¿Eso que implica?

—Trabajaras para nosotros—con la cabeza me hizo una seña para que lo siguiera y juntos caminamos por los pasillos del complejo—. Te entrenaremos, sabemos que eres buena para pelear, pero bueno solo queremos que completes ciertos escalones del entrenamiento, al igual que con las armas—fruncí el ceño—. No es tan difícil como parece. Además está el asunto de tus poderes.

— ¿Qué pasa con ellos?

—No puedes usarlos aquí. No puedes usarlo en humanos. No todavía al menos.

— ¿Por qué lo usaría en humanos? No entiendo, ¿qué quieres decir con que trabajaré para ustedes? ¿Seré una guerrera de S.H.I.E.L.D?

La comisura del labio de Coulson se alzó un poco con una media sonrisa.

—No guerrera, agente. Serás una agente de S.H.I.E.L.D.

Durante el resto del día Coulson se tomó la molestia y el tiempo de explicarme con absoluta tranquilidad todo lo que era S.H.I.E.L.D, la forma en que todo había comenzado. La forma en que cuidaban y velaban por la seguridad no solo de una ciudad o nación, sino de todo el planeta entero. S.H.I.E.L.D me había declarado un caso especial, por lo cual me habían dejado bajo la tutela de Coulson. Al parecer no era la única en dicha posición, pero eso me lo explicaría y demostrarían después. Coulson había creado un plan para mí. Decía que alguien tenía que ayudarme a controlar mis poderes y no solo controlarlos, sino, entrenarlos y ayudarme a dominarlos. Iba a ser como afilar bien una espada.

Fruncí el ceño al encontrarme frente a las rejas de color negro, a un lado de estas había un anuncio en la pared de ladrillo, sobre el cuál se podía leer: "Escuela Xavier para Jóvenes Superdotados".

— ¿Qué hacemos aquí?

Las rejas se abrieron de par en par, como si hubieran detectado nuestra presencia. Coulson entró manejando con suavidad a "Lola".

—Hace un par de años conocí a un grupo de jóvenes. Humanos con poderes especiales. Son liderados, educados en cuestiones de sus poderes y también sobre otras materias.

— ¿Humanos con poderes especiales?

—Les llaman mutantes. Su líder: Charles Xavier. Él te enseñará todo lo que tengas que saber de ti misma, de tus poderes y sobre la cultura de los humanos.

Phil detuvo el auto en la entrada y dirigí mi vista hacía la enorme mansión. Con la puerta abierta me esperaban un hombre caucásico, avanzado en años, sin cabellos y... sentado en una silla de ruedas. Al lado de aquel hombre había una mujer de tersa piel morena y cabellos tan blancos como los míos. Me giré para ver a Coulson. A penas estaba conociendo a los seres humanos y en el único que confiaba sin dudar era este hombre que tenía frente a mí.

—Coulson.

Él pudo leer mis expresiones. Puso una mano sobre las mías y dio un suave apretón.

—Todo va a estar bien, puedes confiar en ellos. El profesor ha determinado un plan de un año, tal vez menos, dependiendo como de desenvuelvas, para entrenarte y enseñarte. Vendré a verte ocasionalmente y cuando él diga que estas lista te llevaré de regreso a S.H.I.E.L.D para continuar con tu entrenamiento.

Suspiré con pesadez y asentí con la cabeza. Después de despedirme de Coulson, salí del auto con un pequeño bolso que contenía un par de cambios que mi nuevo amigo había comprado para mí.

Los meses pasaron casi volando. No había que yo no estuviera ocupada. Si no estaba estudiando sobre lo que sea que el profesor Xavier me enseñaba, me encontraba entrenando con él y Ororo a la cual solían llamas Storm. Mis días en la mansión fueron buenos, conocí a aquellos humanos rechazados por la sociedad solo por el hecho de tener poderes, de lucir diferentes. De alguna manera me sentí identificada con ellos y había cierta persona, que si hubiera estado aquí... viva, también se hubiera sentido identificado.

Había logrado huir de casa, de todo aquello que yo no estaba lista para ser y no quería que me obligaran a ser. Pero no había podido escapar del recuerdo de Loki, no importaba a donde fuera, no importaba el planeta o la galaxia en la que estuviera. Loki siempre estaría conmigo.

Pasado el tiempo de mi entrenamiento al lado de los X-Men, nombre que llevaba el grupo de jóvenes que lideraba Xavier, Coulson regresó por mí y me llevó a S.H.I.E.L.D.

Coulson me llevó a un edificio diferente al que yo había conocido recién había llegado a Midgard. Personas jóvenes y adultas iban y venían. Coulson me guio hasta que nos encontramos con una mujer de hermosos bucles dorados que le caían por los hombros.

—Agente Jemma, le presento a la agente Morse.

La mujer me sonrió y me estiró su mano para estrecharla conmigo.

—Puedes llamarme Bobbi, odio el "agente".

—Ella será tu S.O. Diviértanse.

Sin más que decir Coulson se dio media vuelta y me dejó ahí sola con la agente Morse. Ella me dio una sonrisa gatuna, pero yo no me inmute. Pude leerlo en su mirada. Ella sabía quién era yo, sabía de lo que era capaz, pero eso no la inmutaba para nada. Me haría sufrir.

Y así fue. Bobbi, la agente Morse o como algunos la llamaban Pájaro Burlón, se dedicó a entrenarme lo más duro que pudo. Ella logró quebrar mi inmortal cuerpo de maneras que yo creía posible. Para ser una guerrera entrenada, una guerrera activa de Asgard, mis músculos después de cada entrenamiento me dolían como a cualquier novato. Bobbi era muy buena en lo que hacía. Ella me enseñó a usar todas y cada una de las armas en el arsenal de S.H.I.E.L.D. También me entrenó para peleas cuerpo a cuerpo.

—Tienes la torpeza y la dureza de un hombre—la miré desde abajo, ella me había derrumbado sin mucho esfuerzo un par de veces—. Eres una mujer, no un hombre.

—Supongo que es una desventaja de haber sido entrenada por duros guerreros asgardianos.

Ella me ofreció su mano y yo la tomé para levantarme.

—Los hombres creen que somos débiles al pelear—colocó sus manos en sus caderas mientras me miraba—, tal vez tenemos menos fuerza que ellos, pero nuestro cuerpo es más flexible que el de ellos. Ven aquí, te enseñaré como usar tu cuerpo femenino a tu favor y te ayudará a usar la fuerza de tu enemigo en su contra.

Al igual que Coulson, Bobbi fue paciente, pero muy dura a la hora de entrenarme para la batalla y estudiar a mi enemigo, no solo física, sino también la mente de este y leer su expresión corporal. Mi entrenamiento con la agente Morse estaba por terminar. Faltando unos meses Coulson se tomó a la tarea de explicarme las normas por las cuales S.H.I.E.L.D se regía. Lo último que me enseño hacer Bobbi fue que hacer cuando un enemigo lograba capturarme. Primero me preparó para escapar a toda costa, pero si el enemigo era más fuerte tenía que saberlo y ceder. Segundo, me preparo para toda clase de crueles interrogatorios. Y por último me enseñó a escapar por cualquier medio sin importar el costo.

Estaba lista para servir a S.H.I.E.L.D.

Mi primera misión fue una prueba junto a un grupo de novatos. Antes de partir a la misión Coulson me entregó un par de guantes negros que combinaban a la perfección mi traje negro. Él, Bobbi y la organización habían quedado de acuerdo en que mis poderes de hielo serían un arma secreta que sería utilizada solo en casos muy extremos. La misión resultó ser todo un excito gracias a todo mi equipo.

Poco a poco, día tras día iba ganándome un lugar en aquella organización y no solo ganaba puestos sino que hacía amigos, pero ninguno como Coulson o Phil como me permitía llamarle ahora. Nuestra amistad se desarrolló con fuerza. Él se volvió como un padre para mí. Me dio un hogar permitiéndome vivir con él en su departamento. Cada noche después de trabajar juntos íbamos a casa y pasábamos horas y horas charlando. Le había contado mi historia y él me había contado la suya. Phil era mi familia aquí en Midgard y yo desde hace mucho que no me sentía feliz o que tenía un hogar.

Mi desenvoltura en S.H.I.E.L.D fue increíble. Con el paso del tiempo comenzaron a mandarme a misiones totalmente sola. Yo cumplía sin tardanza y con éxito cada uno de los cometidos que me eran dados. El director de la organización: Nick Fury. Sí, aquel hombre de tez morena y parche en el ojo. Le dio a Phil una tarea importante para cuál este creo un grupo de agentes especiales y en los cuales me incluyó a mí. Yo y otro par de agentes estábamos bajo las órdenes de Coulson. Juntos íbamos a diferentes misiones alrededor de todo el planeta tierra. En dichas misiones pude ver que los X-Men no eran los únicos humanos con habilidades especiales decididos a salvar la tierra.

La tierra tenía seres humanos especiales, a los cuáles llamaban "superhéroes". Muchos mantenían una doble vida en la cual vivían tranquilos, como cualquier persona, y nadie tenía idea sobre los poderes de estos. Solo S.H.I.E.L.D era la única consiente de ambas vidas debido a que los vigilaban constantemente.

En varias de mis misiones conocí y nos aliamos a dichos seres como: Clint Barton, al cual apodaban Ojo de Halcón. Yo no tenía de porque le llamaban así, hasta que lo vi disparar y nunca en mi vida había visto a un arquero con tal vista y tal puntería. Natasha Romanoff, Viuda Negra, creía que Bobbi era la mujer más ruda que había visto en mi vida, pero no había dos como esta mujer pelirroja. La mano no le temblaba a la hora de cumplir una misión. Fría como el acero y una asesina experta. También había una criatura verde a la cual llamaban Hulk, Bruce Banner era el hombre detrás de este ser. Nunca había le había visto más que en puros vídeos, muchas aseguraban que ya no estaba activo. Por último, pero no menos importante, en esta lista se encontraba el multimillonario: Tony Stark. Hace un par de años había creado una armadura la cual el mundo bautizó como Iron Man y así se hacía llamar él. De todos en la lista, solo de este último el mundo sabía sobre ambas vidas.

Tony Stark era un millonario pedante y vanidoso como un maldito pavorreal. Había conocido al hombre en una de nuestras misiones, él se había metido nuestra labor como si el mundo le perteneciera. Yo me había molestado y había explotado contra él a pesar de mi entrenamiento. ¡El hombre era exasperante! Pero al parecer él había encontrado divertido molestarme y ponerme motes ridículos. Con el paso del tiempo nos encontrábamos con él y a pesar de ser el ser humano más irritante de toda la tierra, comenzaba a ser divertido enfrentarme. Tenía una lengua tan afilada y sarcástica como la de Loki.

El estar en el equipo de Phil solo hizo que el Director Fury pusiera su ojo bueno sobre mí. El líder de S.H.I.E.L.D me sacó del equipo, lo que a la vez lo desintegró y me dio un cargo alto y mi nivel en la organización era tan alto como el de Coulson. Fury me volvió su perro guardián. Seguía al Director de un lado a otro cuidándole las espaldas. Gracias a Yggdrasil aún se me permitía dormir en el departamento con Phil, pero pasaba la gran parte de mi tiempo siguiendo el trasero de aquel hombre. Debido a que pasaba todo el tiempo con aquel hombre estuve presente el día en que encontraron a un hombre congelado. Lo más impresionante no era eso, ¡él estaba vivo! Coulson había estado hablando con emoción sin parar. Al parecer aquel hombre era el símbolo de una nación y lo llamaron Capitán América. Escuchar conversaciones del Director me permitió enterarme que aquel hombre se llamaba Steve Rogers. Esa noche al llegar a casa Phil habló durante toda la noche contándome la historia del Capitán Rogers.

Nick Fury vigilaba de cerca al Capitán y metió la información, que no pude leer, sobre él en una carpeta que contenía el logo de S.H.I.E.L.D y por un lado tenía escrito Proyecto Vengadores. Fruncí el ceño al darme cuenta que en esa carpeta había información de personas que ya conocía y no solo de ellos si no de Thor y... mía.

Dos años. Había pasado dos años viviendo en Midgard. A pesar del escaso tiempo podía sentir este lugar casi como casa. Había momentos en que olvidaba mi pasado, quién fui, lo que fui... lo que soy. Olvidarme de antiguo yo, me hacía olvidarlo a él... en parte. S.H.I.E.L.D me había entrenado bastante bien. Me había hecho deshacerme del dolor emocional. Hace tanto tiempo que no sentía dolor en mi pecho. Ese dolor que te deja despierta por la noche y te hace llorar hasta terminar completamente drenada. No, ya no recordaba lo que era eso. Creía que ellos me habían hecho fuerte, que el haber estado ocupada en cosas de la tierra me había hecho olvidarme de mi misma y sanar. Pero que equivocaba estaba, solo había escondido aquellas antiguas heridas. Total, no había nada que las destapara. No había quien despertara las viejas pesadillas. No había dolor.

Pero el verdadero dolor estaba por comenzar. 

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