Capítulo 15: La muerte de una madre
Me encontraba a tan solo seis metros de las prisiones, cuando las alarmas de esta sonaron por todo el palacio anunciando una huida o revuelta. Algo peligroso estaba pasando en las prisiones y me puse alerta. No pude evitar pensar en Loki y rogué que él no hubiera hecho una locura.
A mi lado paso un grupo de enjerir corriendo en dirección a las prisiones.
—Jemma—volteé al escuchar que me llamaban y me encontré con Frandal—, toma—me lanzó una espada y la cual atrapé en el aire con la agilidad de una guerrera—. Únete a la diversión.
No le podía ver lo divertido a aquello en estos momentos. Mi corazón estaba muy preocupado por Loki así que con rapidez me uní a los tres guerreros junto con la guardia de Asgard y corrí detrás de ellos. Al entrar en las prisiones todo era un gran desorden. Reos peleando con los guardias por todas partes. Había cuerpos en el suelo de muertos o noqueados.
Me abrí paso con la espada lo más rápido que pude. Necesitaba llegar a la celda de Loki y comprobar que él estaba bien. Debía asegurarme que él no había causado esto.
Al llegar a la celda de Loki, esta se encontraba intacta. Dentro de ella se encontraba un muy tranquilo Loki que leía plácidamente, como si estuviera en un día de campo mientras afuera había un desorden descomunal. Puse mis ojos en blanco ante la indiferencia y fría apariencia que mostraba Loki, pero sentí un poco más tranquila al saber que él no era responsable de este embrollo y que su vida no estaba en peligro.
Decidí continuar con el trabajo que había venido a hacer y tratar de poner algo de orden en ese lugar.
A los pocos minutos de mi llegada, Thor arribó a la escena con su traje de batalla y Mjölnir en mano.
—Regresen a sus celdas y olvidaremos lo que pasó. Les doy mi palabra—les prometió Thor. Un prisionero golpeo al dios del trueno y este lo tomó con furia—. Bien, entonces ya no les doy mi palabra
Dicho aquello lo golpeó con su martillo y el reo salió volando.
—Qué bueno que llegas—le dije a Thor—, te ibas a perder la diversión.
—Jamás me lo perdería.
Continuamos luchando y tratábamos de recuperar el orden en aquel lugar. Aquello se volvió tedioso. Hace menos de un día había regresado de un día y ahora teníamos una revuelta en las prisiones. Creía que tendíamos algo de paz, pero bueno, esto es Asgard y un poco de caos en el mundo no está mal. El caos a veces suele resultar divertido, esto lo había aprendido de Loki.
Estábamos a punto de terminar con aquello, pero tuve la sensación de que esto no era el fin de la pelea. Tan solo era el inicio de algo más grande, un calentamiento, una... distracción.
Habíamos terminado de devolver a todos los que habían quedados vivos y noqueados a sus celdas. De la nada se escuchó un estruendo en la parte de arriba, en el palacio. Si no me equivocaba, el salón del trono estaba arriba de las prisiones. Tan fuerte había sido el estruendo que el lugar tembló y del techo cayeron rocas. Tan solo unos segundo de haber terminado con la prisión fuimos alertados de que iban a atacar el salón del trono. ¿Quién?
Todos habían salido corriendo para ir a proteger el trono y al rey. Iba a salir detrás de ellos, pero me detuve un momento para ver a Loki. Él estaba parado y ponía atención a todo el ajetreo de lo enjerir. Él me miró y en silencio solo dijo: cuídate. Asentí levemente y salí de las prisiones para ir al salón del trono.
En el camino me encontré con Odín y un puñado de guardias que lo flanqueaban.
—Padre de todo, ¿qué ha pasado?
—Hay elfos oscuros.
Él se siguió su camino y yo me quedé petrificada en mi lugar. Tardé en asimilar las palabras que el rey acababa de pronunciar. ¿Elfos oscuros? Era... ¡Imposible! ¿Qué acaso no había asegurado que eran una raza extinta? ¿Qué querían aquí en Asgard? Recordé lo que horas atrás me había dicho Thor.
— ¿Recuerdas las historias de los elfos oscuros?
Me estremecí al recordar que hace poco volví a escucharla.
—Claro, pero ni me los menciones. Se me eriza la piel, además, ¿eso que tiene que ver con Jane?
—Si mal no recuerdo, nos dijeron que habían destruido el Aether.
—Por supuesto y dijeron que es una arma que transforma la materia en materia oscura.
—Nos mintieron. De alguna manera el Aether está dentro de Jane.
De alguna manera Malekith, el líder de los elfos oscuros, seguía con vida y quería el Aether.
Corrí para tratar de alcanzar a Odín, quien se dirigía a sus aposentos. Entre detrás de Odín y él se detuvo en seco que casi me estrello contra su espalda. El padre de todo se apartó con rapidez y pude ver a Thor en el balcón con Mjölnir llegando a su lado. ¿Qué había pasado? Mi mirada cayó en Odín, quien sostenía a la reina Frigga que había caído al suelo. Mi rostro palideció al darme cuenta que de ella salía un rio de la sangre. Me cubrí la mano con la boca ahogando un jadeo de espanto. Los ojos me ardieron y dejé que las lágrimas corrieran libres. Vi a Jane salir asustada y confundida detrás de un muro. Odín abrazaba a su reina y le acariciaba la mejilla con ternura. Por primera vez en años me sentí mal por aquel hombre. Entendía lo que se sentía perder a la persona que más amabas.
Me comencé a ahogar en mis propias lágrimas. Aquel hombre al que alguna vez sentí como padre en Midgard ahora estaba muerto y ahora la mujer a la cual sentía como mi madre también había muerto. Me sentía huérfana aun que mis verdaderos padres estuvieran con vida. Sentí que el universo entero se me venía encima.
La madre de todo había muerto.
Un dolor que tenía apagado en mi pecho volvía a salir con fiereza. ¿Cómo se tomaría Loki esta noticia? Él realmente amaba a esta mujer como su madre, aunque él dijera que no era su madre y la despreciaba, en su interior la amaba demasiado. Él había pasado los últimos minutos con su madre y los había desperdiciado.
Un grupo de enjerir llegó a los aposentos de rey. Con delicadeza y solemnidad se llevaron el cuerpo sin vida de la reina. Ellos lo prepararían para la ceremonia. En el palacio se comencé a hacer un ajetreo muy triste y lúgubre. Había muchos cuerpos para despedir, pero la perdida más grande que se sentía en el aire era por la reina. Me preparé con mis ropas de guerrera, como era la costumbre para aquella ceremonia.
El ritual fue llevado a cabo y tuve el honor de liberar una esfera de luz en nombre de Loki, quién no podía estar presente. Se podía sentir el dolor en el aire. El reino de Asgard estaba en un constante gemido de dolor. No solo se había perdido a la madre de todo, muchos otros perdieron hermanos, hijos y padres de familia.
Cuando terminó el ritual me dirigí a las prisiones. Necesitaba saber cómo se encontraba Loki. Al llegar pude ver que no había ningún guardia que hiciera custodia, pero no era necesario. Todo había vuelto a la normalidad y había muy pocos prisioneros.
Llegué a la celda de Loki y ahí estaba él, como si nada hubiera pasado. Fruncí el ceño y me detuve frente a él cristal admirando con cuidado la escena. Algo no estaba bien.
—Mi querida Jemma—el pelinegro usó su tono burlón—, ¿a qué has venido? Oh, ya sé. ¿A darme tú lastima como siempre? ¿Creíste que estaría llorando por esa mujer que fingió ser mi madre y que fingió amarme?
—Sabes que nunca te tendría lastima Loki.
—Oh sí, ¿cómo le dices tú? Compasión, por favor.
Entonces todo encajó, lo vi todo bastante claro. Solo era una visión de Loki.
—Loki no sigas. Ya sé que es una ilusión.
La ilusión de Loki me miro con profundo fastidio y desapareció con suma lentitud. Por poco me caía de espaldas al ver a Loki. El lugar estaba despedazado. Había muebles rotos, libros por todas partes y manchas de... ¿sangre? Loki estaba devastado. Su cabello despeinado, estaba descalzo y en sus ojos pude ver el profundo dolor que su alma cargaba. Mi corazón se encogió de dolor y solo quise sostenerlo entre mis brazos.
—Loki...—susurré.
Abrí la celda y entré no sin antes cerrarla detrás de mí. Corrí hacia Loki y me puse de rodillas frente a él. Lo abracé con mucho amor y él me correspondió el abrazo. Le sentí temblar cuando se aferró a mí con fuerza. Las lágrimas comenzaron a mojar mis ropas mientras él lloraba desconsoladamente sobre mi hombro. Acariciaba tiernamente su espalda para darle consuelo y tranquilizarlo. Era como en aquellos días en que él solo era un niño asustado y corría a mí cama buscando un refugio.
—Fue mi culpa—dijo Loki entre lágrimas.
— ¿Qué?
Él se separó y me miró a los ojos. Esos hermosos ojos esmeraldas estaban llenos de dolor y húmedos. Mi pobre niño.
—Le indique al monstruo por donde debía de ir.
—Loki, no fue tu culpa—acaricié su mejilla—. Ella estaba protegiendo a Jane, la iban a encontrar por la esencia del Aether.
—Pero lo ayudé.
—No te culpes, Loki.
Tomé su rostro entre mis manos y no dejé de acariciar sus mejillas con mis pulgares.
— ¿No puedes entender que yo lo ayude? —me gritó y me empujó lejos de él. Se levantó con molestia—. ¡Maldita sea!
Comenzó a golpear la pared con furia y miré con horror como sus nudillos se ponías rojizos y la pared se ensuciaba con su sangre.
—Loki...—murmuré aun tirada en el suelo. Él me ignoró—. ¡Loki! —me levanté y toqué su hombro pero me ignoró—. ¡LOKI BASTA!
Grité con furia sintiendo un terrible nudo en mi garganta. Las lágrimas habían vuelto a mí. Él se detuvo y recargó su frente en la pared.
—Soy un maldito monstruo—susurró entre lágrimas. Acaricié su espalda y él volteo a verme. Nos miramos a los ojos y él pasó su mano por mi nuca para acercarme con desesperación. Me besó con fuerza, con furia y con pasión desenfrenada. Mis labios dolieron e incluso sentía sus dientes chocar contra los míos. Se apartó de mí tan agitado y mi pecho subía y bajaba en busca de aire—. Ámame...—susurró sobre mis labios—. Necesito sentirme amado.
Recargo su frente con la mía y rosó mis labios de manera que me hizo estremecer.
—Te amo.
Enredé mis brazos alrededor de su cuello y nos dimos un beso desenfrenado y lleno de pasión. Nuestros labios danzaban y nuestras lenguas se unían en aquella danza tan mística y erótica. Sus manos bajaron hasta mi cintura donde pasearon por unos momentos traviesas recorriendo mis curvas. El aire se comenzaba a ser más denso y era cada vez más difícil respirar.
Aquello tomo un nivel intenso, pasional y salvaje. Nunca habíamos hecho el amor así. Creo que eso es a lo que verdaderamente llaman sexo salvaje. Esa noche ninguno fue cariñoso. La pasión encendió nuestros cuerpos y la lujuria nos cegó, ambos nos dejamos arrastras por nuestras más bajas pasiones. Nuestras pieles ardían y el sudor corría a raudales por nuestro cuerpo. Lo me hizo suya de todas las maneras existentes.
Terminamos tan agotados que nos dormimos abrazados sin decir ni una palabra más.
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