
5. Tú eres linda.
E D I T A D O
Rusia, Moscú.
Lunes, 4 de noviembre.
—Las armas de fuego, para una práctica, son mejores cuando usas las de defensa personal —habla, deslizando con entusiasmo su dedo índice por las armas que dejó en la mesa metálica—. Solemos trabajar con todo tipo de armas, fusiles, navajas y te sorprenderías en qué otras cosas más. —Se gira para verme—. Pero ahora te enseñaré lo básico, esta belleza es una Magnum 357. Recuerda que es a puntería, tu objetivo siempre es la cabeza del maniquí. Es una ley para nosotros, así no corremos el riesgo de que quede con vida.
Asiento con mi cabeza.
Catriel le saca el cargador al arma, enseñándome cada parte y le pone las balas. Cuando está preparada, le saca el seguro delante de mis ojos y me la extiende. Salimos de la sala y nos acercamos hasta el lugar donde enseñan a disparar.
Son cubículos separados, cada uno con un camino recto donde al final hay un maniquí con un punto rojo sobre su pecho. Catriel me pasa algo para cubrir mis oídos y cuando él también se lo coloca, se acerca posicionándose sobre mi costado.
—Separa tus pies a la altura de tus hombros, con un tu pie dominante un paso detrás de tu otro pie —pide y lo obedezco—. Inclínate un poco hacia adelante con tus rodillas dobladas, asegurate un buen equilibrio. —Relamo mi labio inferior nerviosa—. El codo de tu brazo dominante debe estar completamente recto y el codo de tu otro brazo debe estar flexionado en un ángulo obtuso.
«¿En un ángulo qué? »
Catriel se da cuenta de mi duda y me lo enseña, poniéndose en posición al lado mío. Lo imito.
—Ahora sostén el arma con confianza, recuerda que no es tu enemiga, ella es tu mejor amiga en ocasiones de peligro. —Saca un arma de su cintura y me la enseña, sorprendiéndome—. Abre tu mano dominante, la que usarás para disparar y sostén la empuñadura del arma. Coloca tu dedo pulgar a un lado de la empuñadura y los demás úsalos para establecer firmeza del otro lado. Justo debajo de su guardamontes.
Sonrió con triunfo al ver que lo estoy logrando.
—Usa tu otra mano como soporte, recuerda que la mano no dominante se utiliza para estabilizar el arma vertical y horizontal, no para agarrarla —aclara—. Asegúrate que tus dedos pulgares estén lejos de la corredera o del martillo. El mecanismo, al disparar, se empuja hacia atrás bruscamente y puedes lastimarte el dedo si está mal ubicado. Y te aseguro que es demasiado doloroso. —Gesticula una mueca.
Me río al ver su expresión.
—Alinea la mirada frontal con la mirada trasera, así te aseguras que el arma está nivelada y que conseguirás un buen disparo. Si quieres, puedes cerrar tu ojo no dominante para más concentración, pero no es tan necesario —avisa—. Controla tu respiración, lo mejor es que sincronices los disparos con tu respiración. Si la aguantas o te fijas demasiado en ella, terminarás siendo inestable o impreciso. El mejor momento para disparar es inmediatamente después de exhalar, antes de sentir la necesidad de tomar otro respiro.
Trago saliva nerviosa nuevamente, sintiendo como mis manos comienzan a sudarme.
—Cuando estés lista relaja tus hombros y libera tus tensiones antes de apretar el gatillo, cuando lo hagas, hazlo lentamente con un movimiento suave y controlado. —Veo como aprieta el gatillo, dándole en la cabeza del maniquí—. ¿Ves? Cuando lo aprietas, el arma comienza a sacudirse y por eso, no tienes que soltar el gatillo de inmediato, ni abandones tu postura. Permanece tranquila y recuerda el imán imaginario que mantiene el arma con el objetivo. En este caso, su cabeza. Por último, suelta el gatillo después de tomar un respiro y prepárate para el siguiente. —Relaja su postura, girándose a verme—. Ahora es tu turno.
Asiento con nerviosismo y relamiendo mi labio inferior, me preparo nuevamente como él me había enseñado. Siento que mis manos me tiemblan, realmente no sé porqué ya que no era la primera vez que sostenía un arma, pero considerando la situación no podía tranquilizarme.
Catriel permanece en silencio, dándome mi espacio para que me tomé mi tiempo y realmente se lo agradezco. Cuando pienso que no podré, cierro mis ojos soltando un suspiro pequeño por mis labios y abro mis ojos controlando mi temblor.
Trago saliva nuevamente y repasando todo lo que me había dicho, disparo. Siento como de apoco la adrenalina me embarga, por el impacto tengo ganas de cerrar mis ojos y dar un salto sobre mi lugar, pero no lo hago y aferró mis pies al suelo manteniendo mi postura.
«Le di, ¡Le di a mi objetivo!»
Giro para ver a Catriel, quien sonríe, pero antes de que alguno de los dos pueda decir algo, sentimos como unos aplausos comienzan a hacerse eco sobre la habitación.
—¡Esa es mi chica! —alza la voz Chad, haciéndome girar. Doy un paso hacia atrás por instintos cuando veo que no está solo. Richard y Ryd vienen con él.
Ahogo un jadeo al ver el rostro de Richard con golpes y los recorro: Su pómulo y labio roto, nariz morada y ceja vendada. Un escalofrío me envuelve por completo, dejándome más sudada de lo que ya estaba.
—Tiene talento, se lleva mi respeto —responde Catriel, detrás de mí.
Ryd chasquea su lengua, poniendo sus ojos en blanco.
—Disparó una Magnum 357, tampoco es que usó una bazuca y explotó un edificio. —Le resta importancia, en un eje de superioridad.
Pero así mismo, no le prestó atención. Catriel y Chad me habían felicitado con tan poco y no iba a dejar que una estúpida copia arruinara la pequeña felicidad que me embargaba.
—No le prestes atención, Arizona. —Chad da pasos hacia mí—. Resulta ser bastante irritante cuando se lo propone.
—No, señor —respondo y por su expresión, sé que no le gusto que lo llamara así—. Yo trabajo para ti, no tengo porque prestarle atención u oír lo que su copia tenga para decirme.
Me arrepiento, apenas aquel apodo sale de mis labios. ¡Iba bien!
Chad se ríe, tirando su cuerpo hacia atrás al oírme y Catriel detrás mío murmura un: "Oh, oh." Anticipándome mi posible muerte cuando Ryd me observa sin ninguna expresión, antes de sonreír.
—¿Así que, copia? —Mete ambas manos en los bolsillos de su pantalón y comienza a acercarse con pasos intimidantes—. ¿Te parezco una copia? Porque yo podría ir enumerando todo lo que me pareces que eres, pero tengo tantas cosas importantes que hacer y existen tantas personas más importante que una simple mujer tratando de parecerse una guerrerilla, que solamente para no dejarte sin atención, le diré al asistente de mi asistente que te saque un número así esperas en la larga fila de personas que vienen a quejarse u ofenderme, preciosa.
—Ya, ya, deja de ser un cretino, Ryd. —Chad lo aparta, tratando de liberarme de sus palabras. Palabras que ignoré por completo cuando comenzó a acercarse invadiendo mi espacio personal.
Nada de lo que saliera de su boca iba a importarme, eso ya estaba más que claro.
—Bueno, volviendo al tema, Arizona por hoy termino —avisa Catriel detrás de mí y yo suspiro, sin molestarme a ocultarlo.
—Perfecto, puedes ir a tu habitación Arizona, yo le pediré a Azucena que te suba el desayuno.
Sonrío.
—Gracias, señor. —Bajo la mirada—. Con su permiso.
(...)
Por suerte, el día había terminado apenas ingrese a mi habitación después de la práctica de puntería. Según Chad, ya había sido suficiente con la paliza que Richard me había dado y que si necesitaba algo, él me lo mandaría a avisar con uno de los guardias.
No había salido en todo el día, primero porque no quería encontrarme con la maldita copia de Chad y segundo porque hacía demasiado frío como para hacerlo. Chad, para celebrar mi primer día de pruebas, me había dado acceso a una pila enorme de revistas y con eso me entretuve todo el día hasta que la noche cayó.
Aburrida dejé la revista de chismes sobre la cama y me recosté observando el techo de la habitación, llevándome una mano hacia mi cabello para envolver un mechón en mi dedo índice.
Azucena me había traído algo para tomar para el dolor y gracias a eso, mi cuerpo ya no me jugaba tan en contra a la hora de moverse y levantarse como esta mañana. Bostezo cuando del aburrimiento el sueño comienza a envolverme y antes de poder cerrar los ojos, buscando el descanso, siento como tocan la puerta.
Me levanté de inmediato al recordar que Chad me avisó que vendrían a buscarme si necesitaba algo y al abrirla me encontré con el cabello rubio de Catriel.
—Hola, un bombón y una botella de tequila a domicilio. —Eleva una botella, dejando claro que habla de él acerca del bombón.
—Sí, puedes pasar —ironizó cerrando la puerta cuando Catriel pasa a mi habitación. El rubio se acerca a mi cama y se echa hacia atrás, dejando a un lado la botella.
—En unos días será la ceremonia, ¿estás nerviosa? —Sus ojos celestes me buscaron por la habitación, encontrándome cerca de la puerta de brazos cruzados.
—¿De qué ceremonia hablas? —Hundo mis cejas confundida. Catriel se sienta sobre la cama y pasa una mano por su cabello desordenándolo.
—Cuando se termina el entrenamiento, se hace una ceremonia —comienza a contar—. Cuando aceptas ser parte de la Élite de guardias, estás entregando tu vida a tu jefe y la ceremonia solamente es una forma de afirmarlo. Si no cumples con tu palabra después de la ceremonia, nosotros estábamos obligados a asesinarte.
Me tenso sobre mi lugar y suelto un suspiro.
—No pensé que era tan literal. —Finjo una sonrisa, aún shockeada—. ¿Y qué se hace en la ceremonia?
Catriel toma la botella que tiene en mano y le da un sorbo, gesticulando una mueca graciosa cuando traga la bebida.
—Si te lo cuento, deja de ser emocionante. —Sonríe, haciéndome poner los ojos en blanco.
—¿Tú estarás ahí? —Me rindo y me acerco hacia la cama. Me senté en ella y apoyé la espalda en el respaldo.
—Sí pero no. —Me ofrece la botella que tiene en la mano. Niego con mi cabeza ante su ofrecimiento—. No seas aguafiestas.
—Nunca lo he probado —admito, cruzando mis brazos.
—¿Qué cosa? ¿El tequila o el alcohol?
—Ambas.
—¿De verdad? —Eleva una ceja sin creerme y yo solo asiento—. Prueba, al principio es horrible y te da una patada, pero es hasta que tu garganta se acostumbre.
—Me dejas más tranquila. —Finjo una sonrisa, aceptándoselo.
—Hagamos un trago por pregunta. —Se acomoda sobre la cama y cruza sus piernas. Le doy una mala mirada al ver sus pies arriba del colchón pero él me ignora—. Si no quieres responder, le das un trago a la botella.
Asiento con mi cabeza, no creo que sea tan difícil después de todo.
—Comienzo yo. —Le doy la botella—. ¿Azucena es tu madre?
—No. —Me pasa la botella—. ¿Tuviste novio alguna vez?
—No. —Pongo mis ojos en blanco—. ¿Tienes familia?
—No. —Sonríe—. ¿Te gusta alguien de aquí?
Hundo mis cejas.
—¿Por qué preguntas eso?
Era obvio que no. No iba a negar que fueran guapos, incluso el estúpido de Richard, pero no me gustaban. Lo sabía, porque no sentía la necesidad de suspirar por alguno de ellos y eso me alcanzaba para saber que no moría por un poco de su atención.
Catriel se encoge de hombros.
—Tú eres linda —confiesa, dándole un sorbo a la botella sin necesidad—. Y me gustas.
—Me conociste esta mañana, Catriel. —Bufo.
—¿Y? Te dije que me gustas, no que te amo. —Apoya la botella en el suelo—. Sé de dónde vienes Arizona y también sé que confiar no está en tu diccionario formateado que te dieron en el internado, pero me gustas. —Sonríe—. Y gustar en el diccionario de tu internado y acá afuera, es lo mismo.
Me echo hacia atrás cuando veo como comienza a inclinarse, rompiendo mi espacio personal. Mis instintos me ponen alerta y cuando quiero propinarle un golpe al ver su cercanía como una amenaza, la puerta de mi habitación se abre.
El ruido que hace al azotarse contra la pared es suficiente para que me levante de la cama y cuando veo una figura ingresar a la habitación, no me quedó mucho tiempo a averiguarlo y bajo la mirada.
—Estamos en problemas.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro