Capítulo 1
Le di una calada al cigarrillo que sostenía entre mis dedos, al momento de exhalar el contenido de éste, recargué mis brazos sobre el barandal del balcón, me sentía exhausta, necesitaba un respiro, lamentablemente era lo menos que podía pedir en un lugar así. Un apartamento a las afueras de Las Vegas, con una de las mejores vistas, lleno de comida, ropa, muebles de primera clase y alguno que otro lujo de mi antojo. A mis veinte años cualquiera diría que tenía la vida resuelta, pero la realidad que me había traído a este lugar era mucho más dura de cualquier universitario, y los envidiaba tanto, se ganaban la vida con un trabajo y estudiando, mientras que yo no estudiaba y aparte las cosas a las que me dedicaba no eran precisamente 'legales'. Miré hacia abajo, y me pregunté qué tan fuerte sería una caída desde el piso en el que me encontraba, los carros pasaban sin pena ni gloria, así que si no te morías al caer, seguramente lo harías cuando un carro te arroyara. Negué con la cabeza un par de veces, para deshacerme de tales pensamientos y una sonrisa se escapó de mis labios.
Alzando mis ojos para encontrarme con un bello atardecer y el Sol escondiéndose en las entrañas de una montaña con la ciudad alumbrándose porque la noche no tardaría en caer. Y yo también sabía lo que procedía al llegar la noche. Antes de poder llevar el cigarrillo a mi boca, me llegó el olor a alcohol. Me di la media vuelta para encontrarme con los azules y brillantes ojos de Trevor. Se acercó a mí y depositó un suave dulce en mi frente.
─Hey ─dije ya una vez teniéndolo de frente.
─Hola, cariño, supuse que estarías aquí.
─Sabes que es mi lugar favorito ─respondí regresando mi mirada al frente y calando el cigarro.
─ ¿Hoy vas a pelear? ─Sentí sus ojos seguir cada uno de mis movimientos.
Asentí con la cabeza, derrotada. ─Estoy cansada, Trev, ya quiero que esto acabe.
─ ¿Y por qué no lo dejas ya? Tienes un trabajo estable por las mañanas y dinero de sobra.
Escuché como el licor bajaba por su garganta. Si había algo en este mundo que más odiaba era el alcohol y como si no fuera suficiente tenía que soportar todo el día lidiar con aquel horrible olor e incluso el sabor en mi boca por cada vez que me besaba. Cerré mis ojos luchando para relajarme y no gritarle.
─Sabes el por qué no lo he dejado, tú no puedes ser coherente y buscarte un trabajo bien ─hice una pausa, poniéndome de lado para mirarlo─, tienes una carrera hecha, sólo necesitas moverte.
─ ¿Por qué siempre tengo que ser yo el que sobresalga? ¿Tienes idea de cuánto trabajo me costó graduarme? Y ahora quieres que me ponga a trabajar ─su respiración comenzaba a agitarse y sus nudillos se estaban poniendo blancos de la fuerza que hacia al apretar el vaso de vidrio entre sus manos─. Siempre me sales con este cuento de que no aguantas, ¡pero estamos donde estamos por tu culpa! Estoy harto de oírte todo el tiempo quejarte y refunfuñar porque todo lo hago mal, vivimos bien, ¿para qué quieres irte a otro lado?
─ ¡Nunca puedo hablar de esto contigo! ¿Tienes idea de los golpes he recibido para que tú puedas beber esa copa de alcohol? ¡Te gastas mi dinero! ¡Te largas con tus amigos a casinos y bares y para cuando regresas ya no tienes una pizca de dinero! ─Gritaba con tanta fuerza que sentía que alguien abajo nos escucharía─. ¡Si dejo de trabajar a este paso nos vamos a quedar sin nada! ¡Y todo por TU CULPA!
El vaso de vidrio estalló en un crujido, se había roto y la mano de Trevor comenzó a sangrar. Su actitud era tan común a este tipo de peleas que lo que acababa de hacer era nada. No valía la pena seguir peleando por algo que no iba a cambiar, mi mirada pasó de su mano a su cara enfurecida y sin decir más me alejé del balcón. La pelea se había dado por terminada, me cambiaría, tomaría el coche, llegaría a mi destino, volvería tarde a casa y él estaría esperándome pidiéndome por perdón y jurándome que al día siguiente buscaría trabajo. Estaba tan acostumbrada a esto que incluso la rutina comenzaba a enfadarme.
Pasé por el pasillo descalza hasta llegar a mi habitación, me adentré a esta y cerré la puerta, sentí que algo comenzaba a quemarme y efectivamente era el cigarrillo acabándose. Lo tiré al suelo y tomé uno de los tenis de Trev que estaban en el suelo para apagarlo. Aviento el teñí una vez que se apaga, y me dirijo directo a mi armario, buscando unas mallas negras y un top. Me vestí y sujeté mi cabello en una coleta alta. Me percaté que mi aliento olía a cigarro, así que salí del cuarto para pasar al baño y cepillarme los dientes rápidamente.
Al mirarme al espejo, me dieron unas ganas inmensas de llorar, mi aspecto era terrible, como si no hubiera dormido hacía días, con unas ojeras que llegaban a mis cachetes, los ojos irritados, el cabello despeinado, y un moretón en mi mentón. Aún faltaban horas para la pelea, así que opté por darme un baño y arreglarme. Sabía que eso haría molestar a Trev, pero realmente no me importaba.
***
Antes de salir del baño vuelvo a darme un vistazo, y lucía mucho mejor, mi cabello plata ya no lucía tan opaco y sucio, mi cara con un poco de maquillaje resaltaba mis ojos claros, y el brillo labial claro en mis labios llamarían la atención de cualquiera. Puse una mano en la puerta y la empujé, dando pasos rápidos para llegar a la puerta, tomé las llaves del coche y mi celular que yacían en la mesita de noche, miré por mi hombro buscando a Trev pero no había señal de él, así que sin más tomé la manija de la puerta y salí.
Tomo el elevador que está un par de metros de la puerta y desparezco de ahí, tal vez con el dinero que ganara hoy en la noche podría pasar la noche en otro lado. Llego al recibidor, muevo la cabeza en forma de saludo al portero del edificio y me voy directo al estacionamiento para subirme el Tsuru gris, ya era viejo, sí, pero a este carro no lo cambiaba por nada del mundo. Antes de encender el carro, checo mi celular y me percato que tengo 5 llamadas perdidas de John. Le llamo de vuelta, y contesta enseguida.
─La pelea se ha recorrido a las 9, tienes que llegar pronto o pierdes todo ─su voz se escuchaba presionada.
─No entiendo ─fruncí el ceño─, siempre son a las 12, ¿cuál es la prisa?
─Tengo prohibido hablar de esto, nos vemos donde siempre.
Y colgó. Miré la hora y eran las 7:40, me hacía como media a llegar allá, así que no había mucho problema. Puse el auto en marcha y con la música en alto salí de aquel infierno al que llamo 'hogar'. Entre tanto y tanto, con el tráfico habitual de un viernes en la noche finalmente llego a un terreno baldío ubicado entre Las Vegas Expy y Bruce Woordbury Beltway. En la parte del fondo después de tanta hierba, finalmente se encuentra un pequeño círculo de arena a campo abierto. Pero para llegar a aquella parte, me tocaba dejar el carro lo más dentro de pudiera de aquel terreno, porque si la policía pasaba y lo veía se lo llevaría, y podía adentrarlo hasta el circulo, pero como he mencionado antes, es viejo, y demasiado propenso a que se me quede estancado en medio de la nada. Así que lo dejaba apenas donde la hierba crecía lo suficiente para ocultarlo.
El resto de camino lo hacía a pie, pero era un kilómetro si no es que hasta menos. Para cuando llego hay gente alrededor del círculo, bastante como siempre, y la iluminación de un par de focos portables que cargaba John junto con otros más de su equipo. En cuanto me ve llegar se acerca apresuradamente hacia mí.
─ ¿Dónde estabas? ─Me pregunta al borde del colapso.
─Venía en camino, ¿cuál es la prisa?
Negó con la cabeza, era obvio que no tenía excusa para culparme de nada, había llegado a tiempo, y él era consciente de que hacía un drama por nada, así que simplemente apretó sus labios en una línea recta y tomó mi brazo para guiarme entre el pedregal y llegar al círculo. Había rostros nuevos, ninguno de los que estaban ahí los conocía, lo cual se me hacía un poco extraño porque normalmente siempre estaba alguien que al menos me gritaba o me echaba la porra a la hora del combate. Eso sí, todos parecían cargar lana, mujeres con cuerpos exuberantes y caras de plástico y hombres con trajes costosos y joyería que pendía de sus cuellos o manos. Me coloqué en mi orilla y comencé a calentar para recibir un par de golpes, mientras brincaba sobre mi espacio, vi que mi contrincante llegó.
Era igual de joven que yo, su piel morena brillaba a contra luz y su cabello chino estaba recogido en una coleta igual que el mío, tengo que admitir que era muy bella y sentiría horrible golpear su rostro tan perfecto, pero era su vida por la mía y no me iba a dar el lujo de arriesgarme sólo por un par de ojos negros perfectos. Aguardamos unos segundos hasta que la gente terminó de llegar, por fin el círculo se miraba rodeado y lleno y entre tantos rostros vacíos pude ubicar a Kelly que me miraba desde uno de los extremos, parecía estar brincando, y yo sonreí por dentro, ella jamás fue partidaria con lo que hacía para ganarme la vida, pero eso nunca evitó que nuestra amistad se desvaneciera; con el paso del tiempo lo dejó pasar y ahora nunca se perdía una pelea mía.
Volviendo mi mente a donde debía estar, John se encontraba en medio del círculo con un pañuelo rojo en mano y silbato en boca, alzó el trapo tres veces consecutivas y soltó el silbido, lo cual sólo significaba una cosa; la pelea había comenzado.
Ambas nos acercamos al paso sigiloso como una pantera esperando a que una diera el primer paso para atacar, para mi mala suerte miré hacía sus manos y me di cuenta que estaban vendadas y las mías no, lo cual significaría que si no era cautelosa podría acabar con una mano rota y para acabar mejor vi el puño blanco en frente de mis ojos soltar un golpe directo a mi nariz que me dolió como los mil infiernos y que me hizo odiarme internamente por no estar al 100% concentrada. Retrocedí por el impacto, pero en vez de sostener mi nariz ardiente entre mis manos, me lanza directo hacia ella con el fin de que cayera. Claro, no la tomé tan desprevenida como hubiera deseado y quien terminó cayendo fui yo.
Quise levantarme pero ella estaba de hurtadillas aplastándome e impidiendo que pudiera levantarme, así que con su cuerpo sobre mi abdomen alcé mi pierna en el aire y clavé mi rodilla con tanta fuerza en su espalda que se terminó alejando de mí. Estaba en el suelo yaciendo adolorida y yo con trabajos me levanté para encestarle una patada en el rostro. La sangré brotó, su quijada estaba hinchada y su nariz sangraba sin parar, pero aún así la muy perra se levantó y quiso golpearme, alcé ambos brazos a la altura de mi cara para proteger mi nariz no tan sangrada como la suya y cuando quiso golpear mi estómago detuve su brazo para yo regresarle el golpe exactamente en el mismo lugar donde ella se moría por asestar.
Se dobló de dolor, y aproveché el momento para taclearla, ocasionando que ambas cayéramos al suelo, la tomé del cabello tan fuerte como pude y golpee su cabeza una y otra vez contra la arena, detrás de mi escuchaba ruidos de exclamación, la gente parecía asustada, pero yo estaba cegada por la adrenalina que corría por todo mi cuerpo, veía como la sangre comenzaba a enchancharse a nuestro alrededor y de pronto sentí unos brazos que me arrastraron fuera de la arena.
Era John y estaba muy molesto.
─ ¿Qué demonios te ocurre, piensas matarla? ─Me grita ya una vez fuera del círculo.
─Solo me defendía ─escupí un gargajo de sangre en el pasto e intenté recomponer la postura para ponerme a su altura─, además, es parte del trabajo.
─ ¡Tu parte es pelear no asesinar!
Él siguió gritando y parloteando pero mis ojos se posaron en un hombre que caminaba directo a nosotros, con un traje negro ajustado que le hacía marcar una muy buena figura y su cabello alborotado en unos rizos. Seguí con la mirada aquel hombre hasta que se posó detrás de John, y carraspeó para hacerse notar entre tanto grito.
John volteó frustrado, pero cuando sus ojos se percataron de quién se trataba se quedó mudo. Estrecharon la mano sin decir comentario y los ojos de aquel hombre pasaron de John a los míos para inspeccionarme, y después dedicarme una sonrisa.
─Mi nombre es Harry ─alargó su mano para estrecharla con la mía; estaba llena de tatuajes y con un par de anillos─, encantado de conocerte.
Le di mi mano y asentí con la cabeza─. Jade. Soy Jade.
─Veo que eres muy hábil ─su voz era tan ronca que me ponía los pelos de punta─, y he escuchado por ahí que ya no quieres dedicarte a esto ─señaló con su pulgar hacia atrás, donde la multitud de gente aguardaba─, así que me gustaría sacarte de aquí y contratarte.
─ ¿Contratarme?
─No puedo hablarte de negocios frente John ─le echó el brazo al hombro, quien seguía paralizado─, pero puedo asegurarte que será algo mejor que mancharte las manos de sangre...
Miré a John, pero estaba tan congelado que me hacía dudar si aquel hombre era de fiar o no. Así que opté por un plan B.
─Necesito pensarlo, ahora tengo un dinero que me aguarda.
Dije sin más y me marché, dejándolos a ambos a la deriva, pero en cuanto pasé de lado del tal 'Harry', sentí que un brazo fuerte me tomaba del hombro haciéndome voltear.
─Toma ─extendió su brazo dándome una tarjeta─, si cambias de opinión házmelo saber.
Pasó de largo junto a mí y se marchó; perdiéndose entre la multitud.
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