ojos marrones
Chuuya sentía su corazón acelerado por la adrenalina. Las curvas las pasaba a gran velocidad y su cabello se mojaba a cada segundo pareciendo una llama en la tormenta, mientras aquella bufanda se aferraba a su cuello protegiendo lo.
Se acercaba a la tienda más cercana de maíz. Y al estar afuera bajó de su Stake y entró, la campanita resonó en la tienda.
— Don Luis, ¿tiene bolsas de maíz?
El vendedor de bigote le miró apenado.
— Chuuya, lo lamentó pero me quedan las últimas y se las daré al señorito.
En ese instante Chuuya se percata de que hay alguien más dentro de la tienda, un sujeto alto y de cabellos color de un roble fino, y se da la vuelta y unos ojos marrones le miran fijamente, brillantes como una taza de café.
En ese momento, se percata que es el chico de la otra vez.
- Ah, eres tú. - Dice sin aliento.
Dazai lo observa detenidamente, y se percata de la bufanda que le dio en su primer encuentro, sonríe.
- ¿Acaso de ahora en adelante nos encontraremos en cada lugar? - dice bromista.
- ¿No será que tú me sigues? -se cruza de brazos y le sonríe.
- Yo llegue primero, no puede ser.
- Quien sabe.
Y se ríe, ambos se ríen, como si fueran ya amigos de años. El vendedor les miraba completamente confundido, carecía de la información de que ambos jóvenes se conocían, al verlos charlar tan calmados, le recordaba a su juventud llena de descubrimientos profundos con su querida compañía, sin notarlo sonrío.
- Déjame adivinarlo, noche de películas de terror. -dijo Dazai sacudiendo su cabellera triunfante.
Chuuya quedo sorprendido, pero lo intento disimular, mirando a otra parte de la habitación, el castaño se percato del mal intento de disimulación y rio a carcajadas.
- Que mal disimulas -dijo entre risas.
Chuuya se ruborizó por ser pichado, pero se ríe junto a el.
- ¿Cómo lo supiste?
- Mayormente comes palomitas al ver una película, y tú pediste varias bolsas, por lo cual es para ver en conjunto, y el mejor genero para ver en varias personas es el terror.
- Oh dios, ¿eres un tipo de Sherlock Holmes o algo parecido?
- Claro, incluso más - le sonríe coqueto.
- ¿En el paquete esta excluido ser un presumido?
- Y ser un galán.
- Y un idiota.
- Todo eso va excluido, dependerá si lo aceptas. -se acerca con las cuatro bolsas de maíz.
Se miraban fijamente ante el silencio tenso que se interpuso entre ambos. Chuuya le observaba con un brillo peculiar, le daba curiosidad este sujeto que a pareció en su vida por pura casualidad, obsequiando le su bufanda por la preocupación de que terminara resfriado, nadie hubiera hecho eso, solo él.
- Está bien, acepto.
Dazai sonríe triunfante.
- Entonces nos veremos mañana en la bajada del mirador por la tarde, si te parece - le guiña, le entrega dos bolsas de maíz- tomalo como una invitación, Chuuya. - le hace un saludo al vendedor y sale de la tienda.
Chuuya queda con ambas bolsas en su pecho, mira el suelo y ríe suave, ante tal acción tan repentina.
(...)
Dazai caminaba encuesta a bajo con ambas bolsas de maíz, en su pensar estaba Chuuya, anhelaba conocerlo, y averiguar que le atraía de él, tal vez su hablar de la costa, tal vez su cabello como el fuego, o tal vez sea por su mirada melancólica que se va como el viento al reír.
Él quisiera que las cosas fuesen más fáciles, normalmente no conversaba con personas de la nada, normalmente no le atraía alguien.
Peculiaridades eren las veces que ocurría aquello. Sin embargo, se encontraba en calma, solo sentía euforia por conocer a Chuuya, y ser su amigo.
Conocía el proceso de tener una amistad, pero nunca había tenido un amigo, tener a alguien por igual le trae una calidez. Repentinamente, una tos brusca le hizo retorcerse por el dolor, luego de toser miró el suelo y se percató de unas pequeñas manchas carmesí, con la yema de sus dedos tocó su labio inferior, sangre.
Una sonrisa ahogada se escapó de sus labios, sintió el sabor metálico en su boca.
- Justo cuando comenzaba a vivir...- observa la calle desierta y su sendero que aún tiene que avanzar, sonríe a penas.- Solo espero que no sea tan dolorosa mi futura compañía.
Su futura compañía era tan solo un vacío desconocido, completo de penurias.
Quizás, cierta persona le traiga el sentimiento de tranquilidad que le falta.
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