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ojos bonitos

Dazai iba caminando sin prisa por la calle. Observaba las copas de los árboles mecerse, trayendo paz a su tormentosa mente.

Caminaba, simplemente caminaba. El tiempo le pasa encima como pétalos de dientes de león. Las risas de los niños escuchaba a los lejos, junto a los ruidos feroces de la gente. Todo se produjo un remolino de sonidos que lo envolvieron.

Una vocecita se le sumó, que calmó el remolino.

— ¿A dónde vas Dazai?

Dazai se volvió a donde venía la voz.

Era Atsushi que lo miraba curioso, con sus grandes ojitos heterocromáticos brillando, y con un gorrito de lana con dos orejas de gato en la cabeza.

Se dió cuenta que iba en dirección equivocada.

Solo se rió sin gracia.

— A ningún lugar, Atsushi. — le sonrió. — ¿por qué saliste, si pronto va a llover?

Atsushi miró el cielo y luego miró al castaño.

— Va a llover en la tarde, y además, te quería acompañar. — dijo jugando con sus dedos.

Dazai sonrió con ternura.

— Está bien, vamos a comprar, Atsushi.

Ambos fueron a comprar lo necesario.
Y al salir, pasaron por una plaza completa de niños, Atsushi se emocionó.

— ¿Puedo ir un ratito?

Dazai lo pensó, no le vió nada de malo, solo son niños jugando a ser niños.

— Vé, con cuidado.

Atsushi sonrió en grande y fue corriendo a los juegos.

Dazai en cambio, buscó un lugar cómodo para mirarlo y estar en paz.

Atsushi se quería subir a los toboganes, se subió a uno y se tiró.

— ¡yupi!

Exclamaba mientras caía.

Pero al final del tobogán había un niño sentado, sin querer cayó junto a él dejando sus dos piernas alrededor del niño.

El niño pelinegro le miró de mala gana.

— Ten cuidado,...— dejó un silencio pensando que sobrenombre ponerle, se fijó en su cara, pero le llamó la atención los ojos. — ojos bonitos.

Atsushi abrió como platos los ojos.

¿Le acaban de tirar un cumplido o un insulto?

Atsushi se encontraba confundido, ¿Por qué su cara ardía si el día estaba nublado?, ¿Por qué su corazón iba veloz?

Se quedó mudo y en su lugar como piedra.

El niño pelinegro se levantó y le miró serio.

— ¿No vas a decir nada, ojos bonitos?

Temeroso, corrió hecho un tomate a donde su hermano buscando protección.

Dazai ve que su hermano llega asustado a su lado.

— ¡Hermanooo!

Exclama llegando asustado a su lado, y escondiendo su carita colorada en el pecho de Dazai.

Dazai estaba confundido, no comprendía como en unos segundos le pasó algo.

— ¿Qué pasó, Atsushi?

Atsushi tan solo se aferraba al abrigo de si hermano, se separó de su cuerpo y lo miró con las mejillas sonrojadas y los ojitos brillando.

— U-Un niño me di-dijo ojos bonitos. — dijo para sonrojarse más y apuntar a los toboganes donde estaba el niño pelinegro.

Dazai miró al niño y lo entendió, Atsushi era muy penoso, y aún más si es algo de él. Sonrió, aguantando las ganas de burlarse, tan solo era un niño penoso, acarició su cabello albino lentamente para darle tranquilidad.

— Te lanzó un cumplido, eres todo un galán.

Se burló un poco, pero ese comentario le dió risa al albino que río suave.

— Vamos a casa.

Un escalofrío le recorrió la espalda, era extraño decir aquello, en un lugar que ni conocía, pero se acostumbrara a llamarle casa, siempre se termina acostumbrado a todo.

Dazai cargó al albino en sus hombros, y salieron del parque, Dazai vió al niño, y con una sonrisa burlona, dijo:

— Despídete de tu amigo, Atsushi.

— ¿Quién?

Atsushi miró curioso en dirección al parque encontrándose con el niño, y nuevamente sus mejillas se tiñeron de un cálido carmín.

— ¡Dazaiii! — lloriqueo.

Dazai río, haciéndose el inocente.

El viento soplaba cálidamente.

Dazai se extrañaba que aún no llovía, pero de seguro cuando lo hiciera, sería como una catarata.

Su plan ahora es solo relajarse y tomarse algo caliente.

Las nubes no van en dirección al viento.

(…)

— Comeremos pescado. — dijo decido Fukuzawa.

— Que rico. — comentó Atsushi, le encanta los mariscos.

Y Dazai solo esperaba que el pescado no tuviera espinazo, para así comer tranquilo.

— Abuelo, ¿cuál es el tío que nos vendrá a ver?

— ¿Tenemos un tío? — preguntó confundido Atsushi.

Fukuzawa atendía la mezcla para el pescado, les quedó mirando, y respondió:

— Es el menor de mis hijos, ustedes no lo conocieron porque él estudiaba en Estados Unidos, por lo cual no lo pasaba mucho aquí. Pero hoy lo conocerán.

Atsushi sonrió enormemente. Mientras que Dazai tomó aquello como un dato.

Las gotas de lluvia aún no caían, era extraño, pero cuando lo hagan, lo harán feroces.

Atsushi es quien más ayudó, Dazai colaboró con su presencia.

Dejaron el pescado frito listo, todo ya estaba preparado para la llegada de aquella persona.

— ¿Cuándo llegará el tío, abuelo? — preguntó Atsushi curioso, se encontraba con la carita manchada por la mezcla.

— ¿No me viste?

Una voz burlona y risueña provino de la puerta de la cocina, Atsushi se asustó por el hablar repentino, y Dazai levantó la mirada del libro que estaba leyendo.

Se veía joven, cabello azabache con puntas, y tenía lentes, y detrás de ellos se encontraban los párpados obstaculizando sus ojos.

Una apariencia peculiar.

— Bienvenido a casa. — dijo Fukuzawa.

El chico sonrió, y dirigió su vista a los menores.

— Soy Ranpo, pero me pueden decir: "el mejor tío de todo el mundo"— sonrió con orgullo.

Atsushi se rió leve por ello, Dazai sonrió leve.

— Bienvenido. — dijeron al unisono.

— Tranquilo no se amontonen para los abrazos. — hablo desde la profundidad una voz femenina.

— ¡Tía Yosano! — exclamó Atsushi emocionado.

Atsushi se acercó corriendo a la puerta, y de allí pasó una mujer alta, de cabello corto morado, y a un lado tenía una mariposa dorada. Su aura demostraba elegancia y denominación.

— ¿Cómo has estado, pequeño Atsushi? — le revolvió el cabello y dejó florecer un beso en su frente.

Atsushi le regaló una enorme sonrisa.

— Todo bien, tía Yosano. — Atsushi tomó la mano de la mujer y la guío a la mesa. — ¡Te tengo que contar muchas cosas!

Dazai miraba aquella escena, con ternura. Miró a su lado, había una ventana que daba vista a la calle, y de repente, una gota cayó.

— Ya era tiempo. — murmuró para si.

— Se aproxima una tormenta.

Dijo Ranpo saboreando unas galletas, Atsushi lo miró con curiosidad, Ranpo también lo miró con curiosidad, y de inmediato supo, y con una sonrisa le dió una galleta, Atsushi se le sonrojaron las mejillas, pero acepto y le sonrió.

— Se ve que viene fuerte. — comentó Yosano.

— Esta llovizna no será una tormenta.— aclaró Ranpo.

— ¿No? — preguntó dudosa.

— Nop, pero se aproxima.

Dazai mantenía su mirada en el libro, pero su mente estaba en la conversación.

Un pensamiento fugaz pasó.

Tan rápido que no tuvo momento de detenerlo, pero.

¿Qué estará haciendo aquel chico?








(…)





— Se me va a inundar la habitación. — dijo Chuuya como queja mientras llevaba hoyas y fuentes, y el aire frío de aquella escalera que conducía a su habitación en lo más alto de toda la casa.

Por aquella escalera tenía ventanas que por un lado dejaba ver el mar y por otro el bosque verdoso. Y sin olvidar, la lluvia suave que corría.

Al llegar a su habitación, dejó las fuentes y las hoyas por el suelo donde siempre goteaba, y en segundos pequeñas gotas de agua caían y un sonido sordo se oyó por la habitación al caer la gotita.

Dió un vistazo por su ventana, el mar se veía tormentoso y feroz, como una bestia indomable. Las gotas caían y caín, y no dejaban de caer.

Y en la mente de Chuuya, no deja zumbar el sonido de un teléfono llamando.

Una llamada.

Sacudió su cabeza de un lado a otro.

Saltó a la cama y se arropó por completo entre frazadas de polar, y dándole la espalda a la ventana, susurro:

— Odio la lluvia.

Y esos ojos zafiro, se oscurecieron por un amargo recuerdo.

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