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Capítulo 23

Punto de vista de Anna.

Cuestión de tiempo, todo era cuestión de cuarenta y ocho horas para convertirme en la señora de Colón. Si me hubieran preguntado hace cuatro meses como me imaginaba las vísperas de mi boda con Erick aseguro que ni siquiera se acercaría a la versión de la realidad.

Me pregunto qué hubiera pasado si nunca hubiese aceptado la exposición fotográfica en México, jamás habría encontrado a Halsey, Jean no hubiera venido gritándome y jamás me hubiera enamorado de él. Me resultaba tan aterradora la idea de ya no volver a tener contacto con él, aunque fuera lo mejor. Ojalá fuera lo suficientemente valiente como él el otro día para correr a decirle cuanto le amo y las ganas que tengo de estar a su lado, pero mi mente no deja de ver la cara de decepción de Gianna cuando regrese y vea que el hombre del cual se había enamorado y tanto había luchado por él, ahora se había enamorado de otra persona que ya para rematar sería la ex prometida de su ex novio el cual ella dejó por haberse enamorado de Jean.

Estoy repitiendo sus pasos hasta con honores, somos tan parecidas que hasta me asusto. Por mi cabeza no ha dejado de pasar ni un solo segundo aquellas palabras de Darian, creo que eres Gia. ¡Que disparate!

Me miraba al espejo de la tienda de vestidos de novia tratando de sentir que la situación iba conmigo, a través de él lograba ver a mi hermana, que había llegado ayer de Nueva York, mirándome no muy convencida de lo que yo sentía.

--Anna, no te puedes hacer esto. --dijo levantándose de la silla de tela roja que había tras mí. Su figura curvada y envuelta en un traje de chaqueta femenino negro con blancas rayas, se acercaba hacia mí por mi derecha. Sabía que se refería a lo que estaba sintiendo y lo infiel que iba a ser a mis sentimientos casándome con un hombre al cual ya no amaba.

--A mi me gusta el vestido. --Dije mirando el velo blanco que caía por mi cadera. El vestido era libre de hombros y con volantes de cintura para abajo.

--No te hagas la tonta, Anna. Sabes que me refiero a casarte con Erick. --dijo cruzándose de brazos frente a mi. Rodé los ojos y me bajé del escalón al que estaba subida para ponerme a su altura.

--Kate, esto ya lo hemos hablado. --le dije mirándola seriamente. No hacia más que sacar el mismo tema de conversación una y otra vez y yo lo único que quería hacer era olvidarlo, pero con mi hermana todo el rato sacando el mismo tema, cualquiera lo hace.

--Tú hablaste, a mí me resulta una gran estupidez lo que vas a hacer. --dijo frunciéndose de hombros. Apreté labios y suspiré. Estaba cansada de que todo el rato me recordasen que iba a cometer una estupidez, primero Jean y luego la persona que más apoyo necesitaba, Kate.

--Ya basta.

--¿No te das cuenta el dolor que va a suponer para tu familia verte siendo infeliz todos los días? --dijo acariciando mi pelo mirándome profundamente a los ojos, en ellos logré ver la preocupación de hermana mayor.

--Erick no me hace infeliz, Kate. --le dije cobrando un tono de voz molesta.

--Tienes unas ojeras que te llegan a los tobillos, llevas desde que llegué sin probar bocado y no veo el brillo en tus ojos de felicidad al verte vestida de novia. -- dijo poniendo su brazos en jarra. A pesar de no ser hermanas de sangre, Kate me conocía a la perfección y sabía leer  perfectamente mi lenguaje corporal, hasta incluso más que yo misma. --Puede que no te haga infeliz, pero ya no te hace feliz.

--Mi felicidad no depende de él. --aclaré yo.

--No, claro que no. Depende de ti, por eso estás así. --Dijo mirándome de pies a cabeza. Mientras tanto yo solté un bufido.

--¿Y qué se supone que debo hacer? --dije tratando de ver en ella la luz en tanta oscuridad, esperando a que ella me iluminase, pero eso no era posible más que nada porque no existía ninguna solución mágica para mi situación.

--Ir a buscar a ese chico que tienes todo el día en tu cabeza y tu corazón. --dijo sin más, yo rodé mis ojos negando lentamente con la cabeza. Era lo que quería hacer, no voy a mentir, estaba loca por ir a buscar a Jean y decirle todo lo que siento por él y que le den al compromiso con Erick, pero pensándolo bien, él ya espera a otra mujer y cuando ella llegue, porque lo hará estoy segura de ello, se olvidará de mí.

--Ojalá fuera tan fácil, Kate. Pero él ya tiene a su novia y su hija, no paro de imaginarme el dolor de Gia al ver que su novio está con otra persona que encima es idéntica a ella. --Le expliqué a mi hermana tratando de quitarme el vestido blanco de novia, el cual no me había gustado en absoluto. Bueno en realidad ninguno me había gustado.

--¿tanto se parecen? --cuestionó mi hermana incrédula.

--Somos dos gotas de agua, si hasta Darian cree que soy ella. --dije pasando por encima de mi cabeza mi camiseta negra lisa de tirantes.

--¿y por qué no? --dijo mirándome, al estar yo de espaldas me giré a ella.

--Porque es un disparate. --agregué haciendo una mueca.

--¿Te paraste a pensarlo bien? --continuó hablando. Vamos lo que me faltaba que mi hermana se pusiera de parte de ellos.

--Kate...

--¿Y si el pasado que no encuentras son ellos? --dice llevándose su mano a su mentón.

--Deja de desvariar, Katerina Suárez. --le dije comenzando a tomar una figura enojada. Yo no soy Gia, no me siento ella y esas cosas se sienten, lo único que tenemos en común es que somos físicamente iguales y amamos al mismo hombre. --Yo no soy esa mujer. Se acabó doy por concluida esta conversación.

Mi hermano hizo el amago de nuevo a hablar, pero como dije, me conoce muy bien y sabía que como siguiera armando más quilombo iba a terminar por enojarme del todo.

Cogí mi bolsa negra y en el interior de ella comencé a escuchar el sonido del teléfono. Lo agarré entre mis manos y en él totalmente iluminado se dejó ver Darian. Estaba dudando si cogerlo o no, porque la ultima vez que hablé con Darian la cosa no acabó para nada nada bien.

--Atiéndelo, Anna. Puede ser importarte. --Mi hermana tenia razón, aunque seguía un poco con la duda.

Con la mano un poco temblorosa descolgué el teléfono y lo puse en el auricular.

--Anna. --su voz sonaba un poco quebrada, por lo que la preocupación de si alguno de ellos le había sucedido algo me estaba invadiendo de la cabeza a los pies ahora mismo.

--Darian, ¿Qué sucede? --dije preocupada.

--Sé que no quieres hablar conmigo pero ha ocurrido algo terrible. --dijo pronunciando la frase prohibida, la frase que podría llenarte de angustia en solo una milésima de segundo. --Halsey, está en el hospital, un auto la arroyó.

Lo único que pensé en aquel momento fue en su sonrisa, en la bella sonrisa de esa niña que me había atrapado desde el día en que la conocí. Lo llena de vida que siempre estuvo, el cariño que era capaz de transmitir.

--Mira, puede que no quieras vernos a nosotros pero es obvio el cariño que le tienes a Hal y Jean ahora mismo necesita de apoyo, pienso que eres la única que puede dárselo. --Ella no dijo nada más y yo tampoco así que colgó.

La imagen de Jean destrozado rompió mi corazón y tuve la incontrolable necesidad de estar a su lado, así que miré a mi hermana y solo le dije:

--Kate, llévame al hospital.

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Aquel edificio, alto, blanco, con miles de ventanales y un gran luminoso que decía emergency, me recordaba a cuando desperté del coma, este fue el primer lugar que vi en mi nueva vida y por lo que puedo suponer el último que vi en la antigua.

Desde que me había ido a vivir a Vancouver no había vuelto a Miami y mucho menos a este hospital, me producía escalofríos el recordar que aquí me había perdido a mi misma, a mi antigua yo.

Al adentrarme en el interior de aquel lugar escalofriante vi en la recepción a Christopher acompañado de Joel, el chico de piel blanquecina miró hacia mí y vi sus ojos rojos e hinchados. Esa niña para él era su vida, no era solo su sobrina, era la imagen de su hermana, el único recuerdo al que se podía agarrar de ella.

--Chris. --le dije torciendo mi boca en señal de tristeza, él apretó los ojos y luego los volvió a abrir. Joel me miró y me ofreció un abrazó el cual le correspondí encantada. --¿Cómo está Halsey?

--Está grave. --dijo el chico de Ecuador con su voz temblorosa, me partió el corazón verle así. --¿Quién es ella?

--Ella es mi hermana, Kate. --les dije, Kate les ofreció una sonrisa a los dos chicos y luego mi vista se centró en Joel que había captado mi atención.

--Jean está arriba. --dijo el chico de piel caramelo señalándome hacia arriba. Las mariposas que había en mi estomago revolotearon como locas al sentir que estábamos cerca. --Sexta planta.

--Ve, te esperaré aquí. --dijo mi hermana.

Tras eso le di un abrazo espero que reconfortante a Christopher y me dirigí hacia los ascensores de puertas azules, pasaba de subir por la escaleras seis plantas. Durante el trayecto de las seis plantas traté de buscar las palabras exactas para decirle a Jean, no sabia como iba a reaccionar al verme después del ultimo encuentro que tuvimos.

Cuando llegué suspiré y en la sala de espera le vi sentado en una silla con su rostro escondido entre sus manos y apoyando los codos en sus rodilla, Ralf y Naim estaba a su lado tocando su hombro tratando de apoyarle, pero seguro que ni eso le servía ahora mismo de nada.

Ambos chicos me miraron con una expresión de sorpresa en su rostro, normal, ni yo misma me esperaba haber venido a este lugar.

Los ojos de Jean conectaron con los míos, sus hermosos ojos marrones que ahora estaban hinchados y rojos debidos a la situación que estaba pasando solo me transmitían un sentimiento y una necesidad que era abrazarle y no soltarle nunca, mi corazón se hizo añicos al ver como el hombre al cual yo amaba desde hace muy poco pero de una manera tan intensa y dolorosa, estaba en ese estado. Su mirada estaba llena de tristeza, incertidumbre y desesperación, la de no saber como está su hija, su fruto del amor más puro y enfermizo que tuvo con Gia.

Naim, me ofreció una sonrisa de saludo y que me tranquilizó bastante porque me temblaban las piernas debido a los nervios. Había jurado que la última vez que vería a Jean fue el día que vino a buscarme al hotel, pero también había jurado olvidarme de él y lo único cierto de las dos cosas es que no he cumplido ninguna. Somos como dos planetas en las que la fuerza de atracción de ambos nos saca de órbita atrayéndonos como imanes y aunque a la larga me hace daño, el saberle aquí a tan pocos metros de mí estaba calmando la ansiedad de hace días. 

--Mejor os dejamos solos. --dijo Ralf levantándose de su silla, Naim le sigue haciendo lo mismo. --Cualquier novedad nos llamas.

Ambos chicos abrazan a Jean, quien había vuelto a dirigir su vista al suelo sin ningún punto fijo. Marco y Naim me sonrieron de lado dándome fuerzas para entablar la conversación con el colombiano que frente a mí se hallaba.

Respiré hondo, sintiendo como mis pulmones se llenaban de aire dándome vida, aunque no la suficiente para darme la tranquilidad de poder articular alguna frase con lógica para Jean.

Me senté a su derecha cruzando mis piernas, observé como sus músculos estaban tensos bajo su camiseta de manga corta blanca, su tatuaje del hombro se veía más sexy que nunca. Noté como me miró de reojo y sentí como una electricidad me recorrió de arriba hacia abajo de una manera realmente escalofriante.

Céntrate, Anna.

--¿Qué haces aquí, Anna? --preguntó sin mirarme, su mirada seguía fija en el suelo. Su voz sonaba rota y cansada.

--Darian me dijo. --Fue lo único que le dije, quería decirle porque te quiero y quiero estar contigo en un momento como este. Pero no fui capaz, solo supe decirle eso.

--Solo salimos a pasear, quise enseñarle el lugar donde le pedí matrimonio a su mamá. Era el último recuerdo de felicidad que tengo con Gia. Habíamos comido helado y le compré un globo que iba atado a su muñeca, pero este se soltó y ella salió corriendo tras él justo cuando pasaba un auto a toda velocidad y se la llevó por delante. El muy hijo de la gran puta se dio a la fuga. —Dijo, su voz cada segundo iba bajando, iba temblando, iba hablando en un hilo, se iba quebrando. Su corazón se sentía roto y angustiado. Me ganaron las ganas de abrazarle, sentir su olor y cercanía nuevamente.

Ese abrazo no era todo lo que necesitaba Jean, pero si era todo lo que necesitaba yo.

—Todo va a estar bien, Jean. Halsey es fuerte como su papá. —dije en mitad del abrazo, sentí como sus brazos me apretaban aún más entre ellos y pude sentirme totalmente en paz, por primera vez en muchos días mi corazón estaba bien, estaba feliz. Sufrí su ausencia entre mis brazos cuando nos separamos, sus ojos volvieron a evadir mi mirada.

—Pasado mañana te casas. —dijo levantando la mirada de forma inesperada, clavó sus ojos sobre mí haciéndome temblar.

—Sí. —respondí sin más. No quería iniciar de nuevo este tipo de conversación. No con él.

—Vas a ser muy feliz, ya lo verás. —dijo mostrándome una media sonrisa. Su mano viajó hasta mi pierna y le dio un leve apretón mostrándome todo su cariño, yo solo suspiré.

—Jean...

—Lo siento, he sido un egoísta. Debí de respetar tu decisión desde el principio. —dijo interrumpiéndome. —No te molestaré más, Anna. Si estás segura de que Erick es tu felicidad, sé feliz con él, me alejaré de ti.

—Jean, estoy enamorada de ti. —dije sin más mirándole de la manera más sincera a los ojos. —Pero nos dimos cuenta demasiado tarde y lo cierto es que ya no sólo se trata de nosotros dos. También de Gia y de Erick, para ti Gia es el amor de tu vida, la madre de tu hija, la persona que tanto deseas recuperar. Para mí Erick es la persona que estuvo conmigo desde que recuerdo, no me dejó sola nunca. Le he traicionado y me siento mal por eso, es la razón por la que cuando me case prometo olvidarme de que te quiero, tú podrás ser feliz con Gia y yo estaré con Erick.

—Lo respeto, pero tienes que saber que no me voy a olvidar de ti.

—Aún así, quiero pedirte un favor. —le dije mientras la voz me temblaba porque no sabría su reacción. —Quisiera que vinieras a mi boda, quiero teneros allí porque sois personas importantes.

—No puedo, no puedes pedirme que vaya a tu boda a ver cómo le das el si quiero a otra persona. —dijo, ya sabía su respuesta pero sólo es que teniéndole allí sabría si sería capaz o no de dar el paso. —Además con lo de Halsey...

—Tienes razón. Lo siento. —le dije y desvíe mi mirada a la puerta azul de enfrente.

—Tengo que entrar a ver a Halsey. —dijo señalando con la cabeza a la puerta de enfrente, volví a dirigir mi mirada hacia él. —Hace rato se despertó, pero no me atrevía a entrar.

—Yo entraré contigo. —le dije, él cobró un brillo especial en su mirada que hizo que las mariposas de mi estómago revolotearan como locas. —quiero a esa niña como si fuera mi hija. —la media sonrisa que Jean estaba cobrando se fue cuando pronuncié esas palabras. —Lo siento, no quise dejar a Gia fuera de eso, soy una bocazas.

—No te preocupes. Verte con Halsey durante todos estos meses ha sido llenar mi corazón de vida y ese sentimiento que tienes hacia ella lo llena aún más, Halsey también te adora. —dijo mientras cobraba una enorme sonrisa y yo sonreía con él, fue entonces cuando me di cuenta cuán enamorada estoy de este hombre. —¿vamos?

Tras asentirle con la cabeza nos levantamos de los asientos, Jean había tomado mi mano y aunque sé que debería de quitársela no lo haría, por un momento me olvidaré que existe Erick y un compromiso para dentro de dos días, solo disfrutaré de Jean.

Nos acercamos hasta la puerta azul y Jean tomó aire antes de abrirla dejando al descubierto una blanca habitación con una camilla en medio, las paredes estaban decoradas con árboles y flores rosas para hacerlo un poco más infantil y llevadero para los niños pequeños. Nos acercamos a Halsey, cada uno en un extremo de la cama, ella dormía.

Tenía su pequeño brazo enyesado y tiras en su cara, ademas un apósito en la parte inferior de la cabeza.

Sentí como mi corazón se encogió, mis ojos se aguaron, las heridas que tenía Halsey me estaban doliendo como si yo me las hubiera hecho el triple, quería meter a esa niña en una jaula de cristal y custodiarla veinticuatro siete. Tomé su mano que estaba un poco fría y fue cuando no pude más y empecé a llorar.

Me dolía, sentía un dolor inmenso el verla ahí tan apagada, ella que siempre había estado llena de vida, esa imagen me estaba matando, me dolía el alma. Sentía rabia, ganas de matar con mis propias a la persona que le había hecho daño y encima se había dado a la fuga. Sé que no es mi hija, pero este sentimiento por ella es como si lo fuera.

Noté como un pequeño apretón en la mano y miré hacia ella que me estaba mirando con sus ojos un poco achinados.

—Mami. —dijo con un hilo de voz, se notaba la cantidad de sedantes que le habían puesto. Es increíble como una niña de nueve años puede estar así por un hijo de La grandísima.

—Tranquila cariño, mamá está aquí. —le dije acariciando su hermoso pelo negro y mostrándole una sonrisa. Sabía que en este momento estaba ocupando el lugar de Gia, pero Halsey necesitaba una figura maternal y yo era lo más parecido a ella. Sabía que Jean se lo tomaría mal, pero lo siento.

—Papá y mamá están aquí, no se irán. —dijo Jean haciendo el mismo gesto que yo. Al mismo tiempo nos miramos y sonreímos.

Era inexplicable lo que sentí, sentía que estaba en mi sitio en el lugar adecuado, como hace tanto tiempo no me sentía así.

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HOLAAAAAA me demore tanto en escribir este capítulo, pero esta aquí!!! ESPERO QUE DISFRUTEN.

Ay Dios no estoy lista para darles un final a estas tres personas.

@maariasanchezz19

Voy a comenzar a dar nuevas cosas sobre mi nueva novela. No será sobre Jean, pero amaría que la leyeran porque es un paso más en mi sueño.

Somos 43K en No way y 10K en Remember Me. MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TANTO.

síganme en Twitter que hablare sobre las novelas. @_maariasanchezz

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Lectoras fantasma no. 💙

Cuídense mucho y sigan las normas anti covid. 🙏🏻

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