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17. Celo alfa.

Hi~ ¿Recuerdan ese arte oficial que sacaron con la colaboración al bar? El famoso arte donde Ash usa crop top, sale con Shorter y Eiji, tuvo hartos fanarts bonitos, ojala lo hayan visto porque esa es nuestra referencia de hoy, no podía faltar. ¡Espero que les guste!

✩ Advertencias: Contenido sexual explicito.

Hace calor.

Hace mucho calor.

—¡Brindo por el jefe!

—¡Salud!

Las botellas de cerveza retumban por doquier en el local, están celebrando, no solo eso, la pandilla se ha puesto guapa para venir a un lugar elegante a festejar, hasta Ash ha sido partícipe, se ha puesto un crop top vintage, es ancho, posee matices naranjas con líneas verdes, debajo trae una camiseta de cuello alto negra, combina a la perfección con unos pantalones grises de tiro alto, se mira galante, como si fuese un maldito modelo y de hecho, lo es. Esa es una noche de júbilo en Nueva York, se ha apoyado contra la barra, disfruta de una bebida azul y ligera tambaleándose entre los dedos, aunque no le agradan semejantes licores Eiji la ha elegido y bueno, no se disputa contra la testarudez misma, menos si es tan adorable (no lo admite en voz alta, mucho menos enfrente de sus hombres).

—Hicimos mierda a los secuaces de Arthur. —Shorter deja escapar esas palabras a su lado, su acento se torna todavía más pesado bajo el efecto de la cerveza, el lince no sabe qué diablos con los gustos de su mejor amigo, quien viste una camiseta de estampado morada tan chillona que se ve grotesca en contraste al polo verde debajo—. No puedo creer que haya funcionado.

—¿Lo dudabas? —La iluminación es cálida en la cantina, la música es suave, la fragancia de las feromonas flota con omnipotencia—. La rata puede esconderse detrás de sus subordinados tanto como quiera, pero eso deja su negocio expuesto.

—¿Eso no lo hará enfadar antes de su enfrentamiento? —Alex se ve preocupado, ahoga sus penas contra la boquilla de la cerveza, tensándose en la butaca, el ambiente es hogareño y rústico.

—Puede ser. —Ash sonríe, dándole un trago a la bebida, dulce, tiene sabor a azúcar, se cuestiona si la boca de Eiji tendrá este efecto y toma un poco más—. Eso espero, la idea es que esté colérico.

No porque haya fijado un duelo final con Arthur en un par de meses eso significa que le dará el lujo de hacer lo que quiera en su preciada ciudad, el cobarde aplazó la lucha con la intención de recluirlo en una trampa, el alfa es un depredador astuto y no le ha tomado más de media neurona vislumbrar tan patético plan, pero le dará en el gusto mientras se dedica a desarmar esa red de tráfico.

—No puedo creer que trate a los omegas así. —Sing suspira, le han quitado el alcohol de las manos, aunque al comienzo se quejó, Shorter no dudó en compensarlo con una copa lujuriante de helado—. ¿Por qué? Son la casta superior, no entiendo por qué los rebaja, venderlos está mal.

—Vender a cualquier persona está mal, Sing.

—¡Aun así! Los omegas merecen respeto, son quienes dan a luz.

—Porque Arthur es un enfermo. —Yut-Lung ha roto el silencio desde la orilla del bar—. Una parte retrógrada de la sociedad aún piensa que los omegas debemos estar al servicio de los alfas, que está bien que seamos sometidos como si fuésemos juguetes sexuales para la satisfacción ajena.

—Pareces muy afectado por el tema.

—Obviamente, soy un omega dominante. —Hay un agarre tenso alrededor de su nuca, despeinando sus cabellos negros, Aslan no lo ha visto, incluso si se cambian dentro del mismo camarín jamás ha contemplado siquiera el cuello de la víbora—. Personas como Arthur fomentan la violencia.

—Eso es bastante feo. —El movimiento de la cola de Sing cesa.

—Lo es. —Yut-Lung chasquea, tomándose su copa de vino de golpe—. Al menos logramos desarmar uno de esos prostíbulos.

—¿Logramos? —Ash se aparta de la barra, dejando esa dulce bebida en el mesón. Se ha acomodado las manos en la cintura, encaminándose hacia su presunto aliado—. Tú no hiciste nada, te quedaste en la motocicleta de Shorter mientras te quejabas del calor.

—Mi presencia es más que suficiente para iluminarlos, he hecho más que tú. —No tiene la paciencia necesaria para lidiar con esto, sigue sin soportarlo, su mera existencia le retuerce las entrañas y le escalda las venas—. Eso pareció motivar a tu mejor amigo bastante. —Una sonrisa afilada pende de sus labios, helándole la sangre al instante.

—¿Eh?

—Así es. —Yut-Lung desliza sus uñas debajo del mentón de Shorter, dejándolo con una expresión tan estúpida que lo incita a restregarse los párpados—. Sé que te hiciste el genial durante la pelea para impresionarme, Shorter. —Un ronroneo escapa deliberadamente sensual junto a ese nombre, consiguiendo que su mejor amigo se ruborice y tartamudee como un adolescente calenturiento.

—No esperaba que lo notaras. —Una risa nerviosa se entrelaza al ritual de apareamiento, el alfa no vacila en dejar el vino de lado para aprovechar la situación y coquetear de regreso—. Mientras yo esté aquí puedes estar seguro que nada malo te pasará, te protegeré, belleza. —Se hace el galante, con una sonrisa más brillante que caballero de telenovela y un tono aterciopelado. Es asqueroso.

—No soy una damisela en apuros para que me salven, pero me sirve un fiel lacayo por el momento.

—Me gustan los desafíos, mientras más rudo eres más me seduces.

—¡Wow! —Los ojos de Sing brillan como si fuesen estrellas, ha apretado su copa de helado, tiene crema batida en la boca, sus orejas se mueven erráticamente en admiración—. ¡Shorter es genial! ¡Es todo un casanovas!

—¿Perdón? —Yut-Lung luce genuinamente ofendido, con el ceño fruncido y las venas alrededor de su frente tensas—. ¿Acaso no ves quién lo tiene babeando? —Bufa, cruzando sus brazos, amurrado.

—Veo que te han domado, serpiente venenosa. —Aslan se burla, disfrutando de esta humillación, la saborea con lentitud, dejando que se le derrita en la lengua y se le expanda junto al alcohol—. Te ha domesticado una alfa con cabello de piña, has caído bajo.

—¡Oye! ¡Dijiste que mi cabello era genial!

—Mira quien habla Lynx, tu cola te está tironeando para que vayas con ese conejo.

Eiji.

El infame Eiji Okumura.

Se ve extraordinariamente suave en ese holgado conjunto, está vistiendo de un suéter color crema, es ancho, mullido y abrigado, sobre una camiseta blanca y unos pantalones cafés, no es un conjunto especial, recuerda que tuvo que obligar al omega a cambiarse porque pretendía usar una espantosa polera de Nori Nori y Aslan no permitirá que la pandilla vea eso, sin embargo, esto es mil veces peor, esto lo ha dejado con el corazón doliente por lo lindo que es, por lo esponjada que se mira esa colita de pompón meciéndose por debajo de la camisa, arrugando aún más el atuendo, es adorablemente sexy o tal vez, el alfa solo está caliente.

Volverse consciente de su enamoramiento es una maldición.

—¡Eiji! —Por supuesto, Shorter, el hijo de puta más grande del universo, lo hunde un poco más—. ¡Ash quiere hablar contigo! —Basta con que escuche su nombre para que sus orejas de conejo salten emocionadas, eso es una punzada directo a su pecho, eso lleva a su enamoramiento a límites fuera de lo legal, racional o cualquier otro encuadre.

—¡Claro! ¡Ya voy! —El omega toma su botella de cerveza, dejando a Bones y Kong balbuceando y lloriqueando en la mesa, están ebrios, deben haberse bebido la cantina entera porque dividirán la cuenta entre toda la pandilla.

—Apuesto que coquetean hasta darme arcadas. —Yut-Lung se lo susurra a Shorter.

—Apuesto que Ash dice una estupidez cósmica y gay.

Amigos de mierda (excepto Yut-Lung, quien es su némesis autoproclamado).

—¡Ash!

Esto es todo.

El tiempo se congela, el mundo se desvanece alrededor del bar, con una tonada pegajosa resonando en el fondo, su presencia cautiva a Ash de una manera inexplicable, incluso en los primeros días de amistad, ha quedado embelesado, como un ateo deslumbrado por la benevolencia, como un herido de guerra rehabilitándose de las drogas o un niño violentado disfrutando otra vez del clic en cámaras de fotografías. Eiji siempre ha tenido esta increíble habilidad, de paralizar absolutamente el universo entero, sin importar si es una reexperimentación o ha llegado ensangrentado medio roto a su hogar, se las arregla para sacarlo del caos y darle espacio para respirar entre esos gentiles brazos. Otra vez, no es que sea un ángel encarnado ni una cursilería así, no, es un humano, probablemente el omega también se halla quebrado a su manera, le da espacio para despedazarse.

Ya que lo quiere.

Eiji lo quiere.

No porque sea el lince de Nueva York, tampoco debe ser Ash Lynx, puede ser Aslan Jade, el pequeño que corría desprevenido por la vida y confiaba a ciegas, que andaba con el corazoncito sangrante en la manga y no conocía maldad. Ni siquiera le ha contado su verdadero nombre, pero se concibe así.

Y demonios, si fuese más valiente tendría las pelotas para no dejarlo ir.

Pero no.

No lo merece.

No puede merecerlo, porque merecerlo es aterrador.

—¿Ash? —Eiji se ha parado enfrente, su cola de pompón negra se menea de un lado a otro, como si estuviese sinceramente feliz de verlo y lo está—. ¿Qué ocurre? —No es que no haya conocido a gente buena antes que le haya permitido respirar, Shorter fue el primero en abrirle ese espacio, sin embargo, es diferente cuando se trata de enamoramiento, el conejo lo contacta demasiado a su inocencia, esa que perdió y aun así, aparece de forma constante a su lado.

—¿Los chicos te hicieron beber mucho? —Cambia de tema, es bueno escamoteando. Su terapeuta le ha dicho que debe dejar de escamotear porque evitar los problemas no los borrará y bla, bla, bla, él lleva apenas unas semanas en terapia, que el dolor de culo sea para el futuro.

—No. —El omega se sienta en el taburete, sus zapatillas se enganchan a los fierros dorados en la base, arrojando un ruido gracioso contra la suela rugosa—. Estás tomándote mi trago. —Se burla, contemplando el vaso azul sobre el mostrador con una sonrisa altanera.

—¿Tu trago? —Aslan alza una ceja, apoyándose contra la barra, trata de verse cool y termina en postura de bailarina de ballet con los pies.

—¡Claro que sí! ¡Yo lo elegí!

—Pues los linces comen conejos, ahora los beben. —Se burla, tomándose la bebida de un sorbo.

—Los linces asaltan los nidos de los conejos y los asfixian de noche. —Su puchero ofendido lo indigna de sobremanera, okey, en primer lugar el nido está hecho con sus prendas, por ende tiene derecho a entrar si se le da la gana, y en segundo lugar, la cama del japonés es más cómoda y él es delicado.

—Los conejos son suaves.

—Los linces roncan y babean.

—¡Eiji! —Gimotea, robándole una risa al nombrado, pequeña mierda—. No me hagas arrepentirme, ya nos deshicimos de una cama para dormir juntos. —Cuando un tímido rubor se posa en las mejillas de su compañero una sensación de victoria se le expande por el pecho, existe algo arrebatador en esta clase de momentos íntimos—. Podemos convertir tu viejo cuarto en una oficina.

—E-Es una buena idea. —El omega impresiona nervioso, hundiendo sus dedos en la etiqueta de la botella de cerveza, casi no ha bebido nada, Bones y Kong han fallado en su intento de embriagarlo.

—¿Te sientes incómodo con la idea? ¿No quieres dormir conmigo? —Eiji niega, frenando el tren de pensamientos intrusivos, catastróficos, negativismo o cualquier otro síntoma inherente a su estrés post traumático, lo agradece, toma el vaso con la bebida azul para distraerse.

—Quiero. —Sus orejas se encogen hacia su cabeza, delatando la vergüenza—. Me siento más seguro si estás conmigo, me gusta escuchar tu respiración y... —Los dedos del moreno navegan hacia su nuca, la marca relumbra con orgullo bajo esos mechones entintados y curvos—. Tus feromonas.

—L-Lo entiendo. —La mordida les ha dificultado a los hombres de Arthur atacarlo, no por cuestión moral, sino porque las sanciones de atacar a un alfa propiedad de un omega son garrafales, la pena de ley hace vacilar a cualquiera que no confíe en el mandato del alfa, lo agradece—. Yo igual deseo. —Su cola se ha enrollado alrededor de la cintura de Eiji, los ha acercado.

—¿Eh?

—También me siento feliz de dormir contigo. —Ash se ahoga en esos ojos cafés, quiere desaparecer en esas pupilas brunas, ahogarse en una dimensión donde no existan más que sus almas enlazadas.

Lo ama.

Lo ama tanto, cada instante lo consume.

—¿Ellos son amigos? —La pregunta de Sing quiebra el ambiente, destrozando su pequeña burbuja de amor, es acá cuando Ash se percata de que absolutamente todos los presentes han abandonado sus actividades para mirar estupefactos la interacción—. Ustedes no me tratan así, ¿somos amigos?

—No es eso, cachorro. —Shorter le revuelve los cabellos—. Ellos son unos gays reprimidos.

—¡Yo no estoy reprimido! —Es Eiji quien chilla ante el insulto, probablemente el alcohol lo ha vuelto más audaz—. ¡Soy gay a mucha honra!

—¡Me lo negaste cuando te pregunté! —Aslan se queja, golpeando el vaso contra la barra.

—No lo negué, evité tu pregunta audazmente. —Tiene razón, cambió el tema ahora que lo recuerda.

—¿Entonces tengo una oportunidad? —Sing menea su cola de león por el piso del bar, levanta el polvo para que una bruma plateada penda encima de los platillos de comida, Bones y Kong se quejan desde su mesa—. Me gusta Eiji porque es esponjoso y bonito, además cocina delicioso y huele rico.

—Gracias. —Que el mocoso tenga coraje suficiente para confesarse lo ha dejado boquiabierto, ¿por qué diablos el omega se ruboriza en respuesta? No sabe y le molesta.

—Quiero que sea mi novio.

—No creo que eso se pueda. —Shorter lo consuela, dándole palmaditas en la espalda.

—No hay problema, también me gusta Yue. —Las palmaditas cesan—. Los omegas dominantes son muy lindos, yo cuidaría muy bien a uno si fuese mi pareja, lo trataría como lo más valioso del mundo y lo haría sentir amado siempre. —Ambos aludidos se miran conmovidos por esa confesión, el futuro líder de Chinatown apenas mide un metro y medio y los ha derrotado en el arte de la galantería, les es inconcebible, más a Wong, su orgullo peligra.

—No creo que eso se pueda, yo lo estoy cortejando. —Yut-Lung abanica sus pestañas con altanería.

—No lo sé, el leoncito tiene buen gusto.

—¡Pero...!

—Déjenme invitarles una copa de helado, bellezas.

Sing se roba a Yut-Lung y a Eiji durante el resto de la noche.

Definitivamente los leones no le agradan.

Regresan a casa con una conversación trivial, para preservar la seguridad del omega les ha permitido conocer la locación del apartamento, no es extraño que Bones y Kong vengan a pasar sus ratos libres para tontear con Eiji en lugar de trabajar, se los permite, permite cualquier cosa que mantenga feliz a su compañero en realidad.

Caen encima de la cama, cansados, algunas prendas del nido chocan contra la alfombra, Eiji se niega a cambiarse de ropa para dormir, el agotamiento físico y mental es evidente, exageraron durante la celebración, Ash lo imita, se limita a sacarse el crop top para más ligereza, hace calor, mucho calor.

—No es bueno dormir con ropa. —Eiji lo regaña suavemente, se dan vueltas en la cama, quedando frente a frente, si bien, no es la primera vez que duermen juntos, el corazón le va a explotar, puede sentirlo martillear contra su pecho, detonando como una bomba de tiempo.

—Tú tampoco te pusiste pijama, onii-chan. —El aludido arruga la nariz, dándole la razón, sus pies juguetean entre las sábanas, su colita de conejo lo busca, lo asevera porque cuando su rabo de lince la envuelve se calma, es caprichosa y terca, igual que el dueño.

—La confesión de Sing me tomó por sorpresa. —Un nudo de molestia se le atora contra la garganta, verlos riendo mientras compartían una copa de helado con Yut-Lung le traerá pesadillas por el resto de la eternidad, ugh—. Él es genial, debe ser lindo tener un novio que te quiera tanto.

—Por favor. —Ash bufa—. Yo sería un novio mucho más genial.

—Ajá. —Eiji no le cree.

—¡Es verdad! —Gimotea, alzando sus orejas para manifestar enfado, engrifándose.

—¿Por qué? ¿Qué te hace más genial?

—Porque si yo fuera tu novio te haría sentir amado con acciones, no con palabras empalagosas. —De pronto, el corazón se le comprime, volviéndole difícil respirar, ha quedado ante Eiji, su flequillo esponjado pende hacia sus pestañas, Ash tiene que estirarse para quitarlo, adora hundirse en esos ojos cafés y esta noche, existe un brillo especialmente afectuoso pendiendo dentro—. Sería mejor que cursilerías vacías, sería más concreto.

—¿Cómo harías eso? —Aslan saborea el alcohol en su propia boca, sus manos se tensan hacia la cama, está ansioso.

—Con gestos pequeños, por ejemplo... —Le toma trabajo poner sus emociones en palabras, acaba de descubrirlas y no se profesa digno de usarlas—. Me comería el natto que me preparas todos los días, incluso si de repente tengo bajones con las purgas, me lo comería sin falta y lo dejaría dentro, tú lo preparaste, por eso lo debo atesorar, igual que cualquier otra cosa que cocines, aunque la hagas por molestarme me la comería. —La atmósfera cambia, se torna mucho más íntima y estática.

—Ash...

—Te haría sentir amado cada día, probablemente no pueda decirte que te amo porque estoy jodido hasta la médula, pero trataría, te llenaría de idioteces como películas de plaza sésamo o usaría una espantosa polera de Nori Nori solo porque te ríes, tu risa es muy linda, vale la pena. Te protegería con mi propia vida, ni siquiera dudaría en recibir un disparo por ti, intentaría una terapia psicológica, no porque seas mi razón para sanar, sino porque quiero sanar para apoyarte.

Pierde el aliento cuando alza el mentón, la mirada que Eiji le lanza...Duele, duele mucho el corazón.

—Te contaría todo acerca de mi pasado, tendría miedo a tu rechazo, seguramente te trate de alejar porque nunca nadie antes me ha... —La boca se le seca, no lo comprende, pero quiere llorar—. Y te daría esa parte de mí, la única que vale la pena, eso es lo que haría si te amase Eiji, tendrías mi alma, no palabras cursis como con Sing. —Le toma tiempo darse cuenta de que básicamente se confesó.

—Yo haría algo mucho más simple si te amase, Ash. —Pero no contempla rechazo en la dulce sonrisa del omega, sus orejas oscuras se han encogido hacia su cabeza, delatando tanto la vergüenza como la conmoción.

—¿Qué harías?

—Me quedaría a tu lado.

Oh.

—Aunque el mundo entero estuviese en tu contra, yo siempre me quedaría a tu lado.

¿Qué diablos ha sido esto?

Ash no logra dormir esa noche, el nido huele demasiado a Eiji y hace calor, un calor sofocante lo ha envuelto en un remolino de caos que lo incitan a revivir una y otra vez esas dulces palabras, se tiene que quitar toda la ropa excepto el boxer para intentar calmarse, pero no pasa, la piel le quema como si estuviese expuesta a una estufa, no, más bien un incendio incontrolable, el sudor lo empapa, cae hasta las sábanas, volviendo todo demasiado pegajoso y caliente, ha tenido esa molestia desde hace un par de días, ahora es incontrolable, las feromonas del omega no ayudan en absolutamente nada.

Calor.

Va a morirse de calor.

—Maldición. —Se levanta con el objetivo de buscar un vaso de agua, el flequillo le escurre, la visión la tiene nublada, le duele la cabeza, le duele todo y le quema, solo al volverse consciente de la presión contra su ropa interior comprende lo que está pasando.

Ha entrado en época de celo.

Es su rut.

—¿Ash? —Se encuentra en su rut y tiene al omega del que está enamorado durmiendo al lado, ¡¿es una broma?!—. ¿Tuviste una pesadilla? —Su alfa interior ronronea ante el aroma que desprende, todo se vuelve mucho más intenso y sensorial, la oscuridad en el cuarto es embriagadora.

—U-Un supresor, no compré. —Jadea, el calor lo hace dar vueltas, cuando trabajaba para Dino se drogaba durante esta época, así no la sentía, es el primer rut donde debe permanecer presente, es fuerte, lo incita a querer arrancarse la piel, le frustra no hacerlo—. Eiji vete.

—¿Estás en celo? —El omega se levanta con violencia de la cama, no necesita preguntar, la erección dolorosa se lo confirma, sus feromonas aumentan, atrayéndolo contra voluntad—. Los alfas sufren si no pasan esta época con un compañero ¿no? —Castigo de la divina naturaleza, ser casta primitiva significa tener que aparearse, encontrará a alguien, su alfa interior lo arrastrará a alguien lo quiera o no, esas eran las ventajas de trabajar en un burdel, supone.

—Vete. —Le gruñe, clavando sus garras a las sábanas—. Me las arreglaré.

—Ash... —Pero Eiji no obedece, el terco jamás lo escucha—. Está bien que lo pases conmigo.

—¿Qué? ¿Pasarlo contigo? No. —Esas palabras lo toman por completa sorpresa, existe un brillo excitante empapando esas pupilas negras, es efecto de las feromonas, no quiere obligarlo, no quiere que Eiji se compadezca al punto de entregarse sin amor, no quiere aprovecharse—. Ya me mordiste, no permitiré que...

—No es eso. —El omega baja las orejas, tiembla, golpeado por las emociones y el instinto—. Quiero que me devores porque eres tú, esto es consensuado, moriría de tristeza si pasaras tu celo con otra persona, no lo soportaría.

—¿Por qué?

—Porque te amo, Ash. Pensé habértelo dejado claro.

No necesita más para tirársele encima.

Por mucho que el alfa trata de contenerse sus labios se estrechan con agresión y urgencia, intenta ser suave, de memorizar la ternura y tibieza que desprende el omega contra su cuerpo, no obstante, la reminiscencia del alcohol entremezclada con su inherente dulzor bastan para enloquecerlo, Eiji contiene un jadeo cuando lo siente introducir la lengua, sus piernas tiemblan, sus pies se crispan en las sábanas, es una explosión de sensualidad demasiado potente para los dos.

Ash recorre sediento la esencia de su omega, tira levemente de su labio inferior, lo muerde sin llegar a ser brusco jamás, su compañero ha apretado con fuerza los párpados, la excitación le ha coloreado el rostro con violencia, junta un poco la boca, dificultándole los movimientos.

—Relájate. —Lo susurra en un ronroneo—. Abre la boca.

Eiji asiente, quitándose ese gigantesco suéter antes de volver a estampar sus labios, se puso erecto, lo sabe por la fricción entre sus dos miembros que se toca a través de la tela, está a punto de explotar por la mezcla de feromonas y sabor, esto es diferente al sexo, el sexo nunca le ha gustado, de hecho le es tan indiferente que se cuestionó en algún punto ser asexual. Pero joder, desea tanto aparearse con este omega que va a enloquecer. Ash le ahueca las mejillas para profundizar el tacto, sus lenguas se tocan con candor e impaciencia, es intoxicante y adictivo, aun así, quiere tocarlo más, aunque se dedica a alargar los besos solo para escuchar los jadeos.

Joder, esto es sensual.

Quiere beber de Eiji hasta dejarlo vacío, hasta que nada más importe.

Sin romper el beso, Ash intenta abrirle la camisa para desnudarlo, falla, los botones salen disparados al haberle clavado las garras, su alfa interior se encuentra impaciente, ronroneando y siendo una bomba de instinto con la mera finalidad de atraerlo, funciona, la fogosidad flota en esas dulces feromonas.

—A-Ash.

El nombrado no tarda en devorar los pezones ya erectos del omega, lo hace primero con lentitud y suavidad, repasando con sus yemas desde la areola hasta la base, luego usa la lengua, se disfruta de ese sabor con devoción, es un adicto clamando por su droga, hunde su nariz en el pecho del japonés, presiona sus caderas en contra, frotando sus erecciones ya empapadas por el pantalón, repasa esas grandes manos por la cintura desnuda de Eiji, estrujándolo a su antojo, es agresivo e implacable, es el apogeo del celo y eso les encanta.

Su lengua se mueve, estimulando aquel sensible retazo de piel, no despega en ningún instante su mirada de su compañero, quien se ha hundido avergonzado en la almohada, es lindo que no soporte que contemple la lascivia escrita en su cara.

—¡A-Ah!

Ash lo ha mordido, no es bruto, es un tenue roce entre sus dientes y el pezón mientras juguetea con el otro, apretándolo entre sus yemas, las piernas de Eiji están empapadas, se ha lubricado solo, es obsceno, nunca se lo hubiera esperado, él sonríe, elevándose hacia la oreja del conejito.

—Estás todo empapado ahí abajo y apenas te he tocado. —Le susurra, consiguiendo un espasmo en respuesta—. Qué sucio eres, onii-chan.

—Quiero tocarte. —E incluso en estas circunstancias, donde él ha iniciado el encuentro gracias a su rut—. ¿Puedo? —Eiji se ha mantenido estático hasta obtener su consentimiento explícito.

—Joder, sí.

Si no estuviese tan caliente, habría llorado.

Un gruñido resuena desde lo más profundo de su garganta, rebotando por doquier apenas el omega introduce su mano dentro de su ropa interior, ya está pegajoso, erecto y sensible, Aslan siempre se ha preguntado cómo sería tener esta clase de encuentro sexual con alguien amado, si sería repulsivo igual que los demás o no, al sentir la suave palma de Eiji envolver su pene, mierda, si esto es placer teme volverse adicto.

—E-Eiji.

El nombrado no lo hace esperar, empieza a estimular su erección, aprieta el prepucio, empapándose de líquido preseminal antes de recorrer la base, es un toque inexperto, lo enciende de sobremanera. Aslan se hunde en las glándulas aromáticas del omega, libera sus jadeos en contra mientras muerde y besa ese lugar, es afrodisiaco por sí mismo, siente que está en llamas, en un éxtasis descarado que hace crecer su miembro más y más. Eiji intensifica la masturbación mientras él le deja chupetones por doquier, su pulgar baja al glande, ejerciendo una presión deliciosa que es lo suficiente para que alcance el orgasmo, eyacula pero la erección no mengua, se ha despertado su instinto más básico y animal.

Recuesta al omega contra el colchón, le arranca tanto el pantalón como el boxer, yace desnudo a su merced, con las piernas y el vientre salpicados de semen, con el trasero completamente empapado gracias al lubricante natural, eso lo hace sonreír, no vacila en hundirse entre sus muslos, la esencia lo atrae por instinto, es exquisito, es magnético, es cautivante.

—Eres delicioso. —Murmura, lamiendo el interior de la pierna impregnada con esencia, haciéndolo tiritar aún más tras besarle ligeramente la hombría, consiguiendo un placentero gemido, maldición, su voz durante el acto sexual es delirante.

Aslan no duda en amasar el trasero del omega mientras lame la longitud de su pene, está palpitante, lo recorre desde la base hasta la punta, no cierra los ojos, al contrario, hay una mirada depredadora clavada en su lindo conejo, quien se ha mordido el labio para contener los jadeos más eróticos jamás pronunciados, sus orejas están bajas, sus ojos cafés se hallan bañados por la lujuria, tiene el cabello desparramado por doquier, es un desastre, un desastre que Ash no hace más que intensificar, verlo contorsionarse por placer, podría eyacular otra vez solo por la imagen.

—¡A-Ash! Si me tocas así me voy a correr pronto.

Pero su respuesta es estimularlo más fuerte y rápido, saborea desde el glande hasta la base, usa sus manos para masajear desde los testículos hasta el interior de su muslo, lo va a llevar a la locura, esa clase de expresión sucia se lo grita. Entonces, él mete el miembro en su boca, intensificando el calor mil veces más, Eiji se crispa, muerde con más fuerza su boca para mitigar su voz sedosa, pero a él le encanta escucharlo al borde de la impudicia.

Curva la lengua alrededor de la punta de la erección, lo hace una y otra vez, arremetiéndola contra su garganta, nunca antes había entendido el sentido a dar placer ajeno hasta ahora, lo devora, desea devorar a este conejito aún más, lo incita a retorcerse indefenso, con los ojos entrecerrados a causa de la pasión, con la respiración subiendo y bajando, conectan sus miradas justo cuando se corre.

—¡Lo siento! —La vergüenza y el pánico es evidente en su dulce omega.

Ash no le responde, en su lugar, vuelve a entrelazar un beso, la idea de que Eiji se saboree a sí mismo despierta anhelos obscenos que ni sabía que tenía, sus dientes chocan por el desenfreno, piel contra piel desnuda se siente demasiado bien, la temperatura es infernal, sus pollas se rozan durante esto, es intenso, lo hace jurar que se ha hundido en un paraíso infernal.

—Quiero entrar en ti. —Un instinto animal lo posee para que diga eso, se ha vuelto dominante. Eiji le lanza una sonrisa juguetona de respuesta mientras lo ve acomodarse entre sus piernas, el rut le ha inducido un estado crepuscular de libido a su pareja, ambos están borrachos por el otro.

—¿Qué esperas para devorarme, lince?

Joder.

Ash cede a su depredador interno, su cola se enrolla en la cintura del omega con recelo, se acomoda entre las piernas abiertas de Eiji, sonríe tras ver esa entrada rosada, palpitante y escurriendo a causa del lubricante con satisfacción, eso lo incita a relamerse, es delicioso, él es delicioso. Incluso con rut, se preocupa de meter su miembro con cuidado, probablemente sea virgen y no desea generarle una mala experiencia, los procesos de celo son curiosos por eso, sacan lo más oscuro para exponerlos.

—Ash...

—Aslan. —Lo corrige, apretando su mano—. Ese es mi verdadero nombre.

El omega le regala esa mirada extraordinariamente amorosa que siempre le ha obsequiado, paraliza el tiempo, la euforia es absoluta y le cuesta salir de ese estado.

—Aslan. —Lo llama, inclinándose hacia él, es la primera vez que Eiji es quien le roba un beso—. Puedes moverte, haz un desastre dentro de mí.

Este omega es su perdición.

La carne se funde con la carne en un intercambio casi animal, da un par de estocadas para que los dos se acostumbren, las feromonas explotan por el cuarto, su mano libre se dedica a inmortalizar el cuerpo de su compañero, llegando a su colita de pompón, parece ser una zona erógena, lo confirma cuando el interior del omega lo aprieta más, arrastrándolo hacia la enajenación.

—¡A-Aslan...! ¡Ah!

No es suficiente contacto, se han sentado en la cama, el omega cabalga encima de sus caderas con suma impaciencia, se mueve con una sensualidad que no sabe dónde diablos se concebía escondida, la polla de Ash arremete en su interior, tocando su punto dulce mientras se funden en un beso, Eiji ha clavado sus uñas contra su espalda, arañándolo, probablemente ni siquiera se haya dado cuenta, mientras que el alfa se dedica a estrujar cada curva, a amasar desde ese firme trasero para tirar esa cola de pompón, su rabo sigue enrollado a la cintura, haciendo la unión más profunda.

Su cuerpo nunca antes se había sentido tan bien, esto va más allá de lo físico, emocional, racional o del celo, descubrir el placer genuino de tener a quien adora en un acto mutuo de pasión, con su piel tibia aferrándose a la suya, con el ritmo de su corazón bombeando contra su propio pecho, mientras lo presiona obscenamente, es...Wow. A pesar de lo sucio del acto sexual esto no se profesa así, Eiji es diferente, incluso lo ayudó a conectarse con su naturaleza dominante.

Las estocadas se vuelven intensas, implacables y salvajes, el ritmo de las caderas del omega bajando y subiendo encima de su pene, su interior apretándolo, sus besos intoxicándolo mientras lo rasguña, ambos se corren al instante.

Es un orgasmo, cree que es su primer orgasmo real.

—Eso fue... —Se tiran en la cama, el alfa se acurruca receloso encima del pecho de su compañero, tras el coito necesita de mimos y se lo hace saber—. Intenso.

—Sí. —El japonés se los proporciona, enredando esos dedos en sus mechones dorados y empapados por el sudor—. Entonces... —Es acá, cuando Aslan rompe ese estado de calentura y comprende de golpe lo que pasó con sus 200 puntos de IQ—. ¿Somos amigos? —La adrenalina sigue escaldándole entre las venas, las feromonas revolotean junto al aroma a sexo que encendió el clímax.

Y esta es su oportunidad para huir, para confirmar su negativismo intrínseco, para trazar la línea con el omega, no lo merece, ni su amor ni su cuerpo, ni su alma, pero parece haberlas tomado al ser un egoísta.

No debe mantenerlo a su lado, un lince y un conejo nunca podrían funcionar.

—Eiji. —Pero esos ojos cafés lo vislumbran con tanta ternura y amor, incluso durante el sexo no ha puesto esa clase de mirada que le daban en los burdeles, no sabe si ha sido tan sencillo por el rut o por eso, de hecho era factible reexperimentar—. Te amo, pensé que había dejado mis sentimientos claros. —Lo dice, aprovechando esta pizca de lucidez y valor, se sincera.

—Lo hiciste. —El japonés se burla, trazando pequeños círculos en su espalda, lo acaricia, lo mima, no es cruel, no lo busca solo por sexo, no lo ama solo por lo que puede darle—. Por eso me ofrecí a pasar el rut contigo, sospechaba de lo que sentías. —Este es Eiji Okumura, quien jamás le ha pedido nada a cambio, quien lo enamoró sin esfuerzo alguno y lo sigue enamorando.

—Presumido. —Gruñe, acomodando su peso encima de sus codos—. El rut dura un par de días.

—No tengo problema con eso, algunos conejos tienen bastante apetito sexual ¿sabes?

Este omega es su perdición.

Con eso lo confirma.

Su servidora tuvo la fortuna (buena o mala, no sé) de que la dejarán en un cargo de reemplazante comenzando en enero, entonces voy a aprovechar de actualizar lo que más pueda, obviamente (sin estresarme, relax con eso), el perfil va a funcionar con actualizaciones dobles cada dos o tres días lo más probable y hay tres fics con prioridad para finalizar antes de que se acabe el año. Ojala me aguanten.

¡Nos vemos mañanita!

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