- Plenos planes que dan de pleno en este plano. -
Te había visto. Y, ¿cómo no verte, resplandeciendo en medio de aquel barullo? Le había visto también, pero esa noche sólo me importabas tú. Tú, tu sonrisa, lo que causabas en mí, tus encantos, tu magia. Magia, eso era lo que hacías al bailar. Porque sí, te vi bailando. No pude evitar soltar una risa. Bailabas realmente genial, aunque parecías algo fuera de lugar -nadie se movía más que lo justo para acercar la copa a sus labios-. Habías bebido, tú mismo me lo contaste. También me dijiste algo que me pareció sumamente interesante: estabas enamorado. Enamorado de mí, de hecho. ¿Cómo se concebía aquello? Dudé. Dudé sobre qué decir. Y al final, no dije nada. Me fui, anonadada, esperando que vinieses detrás. Y así fue. Me preguntaste por qué huía, falto de aire. A duras penas me habías seguido el ritmo, debido a la excesiva cantidad de alcohol que llevabas en sangre. Sangre, rojo; rojo, pasión. Te besé, sorprendiéndote, sorprendiéndome. Todo había sido absurdamente planeado en apenas diez segundos: me seguías, me giraba, te besaba, te sorprendías, me correspondías -también me gustabas-.
Palabras: 183.
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