02
JUNHUI
Sé que Xu Minghao sabe que me gusta mirarlo. Simplemente me es imposible quitarle los ojos de encima cuando es así de precioso. Sus ojos son tan obscuros y brillantes como una tormenta eléctrica y me encanta cuando me regresa alguna de las miradas que le doy.
Estoy tan perdido en mis pensamiento que no noto cuando llego al taller de pintura. Me armo con mi mejor sonrisa antes de entrar y lo visualizo al final del aula. Se encuentra en una de las esquinas, utilizando uno de los caballetes, y parece perdido en su propio mundo.
"Llegas tarde otra vez", me dice Joshua, un extranjero que llegó hace poco y aún así ya es parte del consejo estudiantil.
No le respondo nada y me deja pasar sin condiciones pero con una mirada de advertencia.
Dejo dos caballetes de distancia y me siento observando de reojo a Minghao. A pesar de que tiene frente a él una paleta de madera decide que es mejor idea mezclar las pinturas sobre su propia piel.
Aunque pintar no es exactamente mi fuerte me dedico el resto de la hora a llenar mi cuadro de manchas de pintura en un orden aleatorio, porque la teoría del color tampoco es lo mío.
"¿Por qué me sigues?", me cuestiona de pronto la voz más preciosa que escucharé en toda mi vida.
Minghao está a mi lado, con sus manos y mejillas llenas de pintura y una mueca en su cara.
"Estaba inscrito en este taller antes que tú", le aseguro sonriendo.
Sus mejillas se tiñen de un rojo leve, lleno de cólera, supongo.
"No me refiero a este taller. Siempre me sigues a todos lados. Deja de hacerlo, es aterrador".
Lo observo irse del aula, posiblemente va a limpiar su desastre. Antes de que regrese le echo un vistazo a su pintura, que parece tan abstracta como la mía.
Cuando vuelve decido que es hora de que quien se vaya sea yo.
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