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Capítulo 13.

Mi padre me ha facilitado un poco el trabajo y decidió llegar un poco más tarde a su empleo solo para llevarme al instituto. Fue muy considerado, ya que cargar yo sola con una maqueta que pesaba unos cuantos kilitos, era extenuante, resaltando también que mis brazos eran igual a unas patas de pollo.

Ahora, con una caja nueva de lápices, un cuaderno de dibujo en blanco desando que le tracen finas líneas y mi casa de los sueños en las manos, me dirijo hacia la entrada del instituto. Hoy lastimosamente también tendré que asistir a mi castigo pero por lo menos tendré la distracción de mis hermosos lápices amarillos. Bueno, primero tengo que pedirles a los Dioses que la vieja Montgomery esté de buen humor y permita que tengamos algo que hacer en nuestro castigo.

La definición de castigo de Montgomery era hacer nada. Si, hacer nada. ¿Pero qué jodidos le pasa en la cabeza? La idea es que se haga algo. No me quejo por no hacer nada, pero cuando ya llevas unos cuantos días en el salón de castigo de Montgomery, con un molesto Connor a tu lado lanzándote bolitas de papel en la cabeza y estar solo mirando hacia el techo, es lo más aburrido del mundo. Preferiría mil veces limpiar el salón del señor Lucifer—uno de los más desordenados del instituto—, a seguir así.

Con mucha dificultad, trato de pasar por la entrada del salón de dibujo técnico, pero para mí mala suerte, la mochila se cae de mi hombro haciendo que todos mis cuadernos y materiales queden repartidos en el suelo. Aprieto los dientes por la molestia y flexiono mis rodillas tratando de agacharme, haciendo un lastimoso equilibrio con mi maqueta sobre mis muslos. Recojo como puedo algunas cosas pero una voz interrumpe mi labor.

— ¿Necesitas ayuda, señora lápiz?

—Sí, Connor. Por favor—respondo en voz baja y con la cabeza gacha. No tengo que mirarlo para saber que es Connor.

Primero, por su voz.

Y segundo, porque más nadie en este plantel—y en la vida—, me llama señora lápiz.

Me levanto lentamente, aún con mi maqueta en manos mientras que Connor recoge mis cosas desparramadas en el suelo, luego procede a guardar mis materiales en el bolso exceptuando una cosa.

Mi. Puta. Caja. De. Lápices.

El muy idiota me lanza una sonrisita.

—Daisy...

—No... lo digas

— ¿Me regalas un lápiz?—pregunta con una mirada desafiante.

— ¿Te digo algo, Connor?—Por un momento me quedo sin palabras y mi lengua se enreda un poco, así que dejó salir una estupidez en vez de una grosería—. ¡Púdrete!

— ¿Es así como tratas al tipo que recogió tus cosas?—Lo miro feo y luego suspiro.

—Solo... toma uno—digo rindiéndome. Al instante se me ocurre una idea—. ¿Connor?

— ¿Si?—pregunta sin prestarme atención porque está sacando el lápiz de la caja.

— ¿Cuándo es tu cumpleaños?

—Emm... doce de julio—responde confundido.

Me molesta saber que falta tanto tiempo.

—Era para saber cuándo te puedo regalar una caja de lápices.

Connor sonríe haciéndome sonrojar.

—Pues estaré esperando con ansias ese día.

—¿Por qué te empeñas de tomar mis lápices si tu papá puede dártelos? —No puedo evitar preguntar.

La sonrisa de Connor se mantiene mientras sigue mirándome fijamente.

—¿Cómo aún no te has podido dar cuenta, señora lapiz?—¿Es esa una respuesta? Sin saber que decirle me quedo en silencio, por consiguiente Connor coloca la caja sobre mi maqueta con mucho cuidado evitando estropearla—. Te deseo muchos éxitos con tu trabajo, aunque es genial, obviamente sacará un diez.

Me sonríe por última vez y luego se da vuelta para seguir su camino. Después de qué se va mi mente empieza trabajar un montón, ¿de qué se supone me tengo que dar cuenta?

Suspiro y trato de dejar mis pensamientos atrás, es hora de mostrar mi trabajo.

Al profesor Whide le encantó mi maqueta. Tanto así que decidió quedársela para usarla en una exposición. Pero mi felicidad se fue al desagüe cuando recordé que tenía castigo.

Me dirijo lentamente al salón de la vieja Montgomery, casi arrastro los pies por la tortura que me espera, no solo era la molestia de tener a Connor a mi lado sino también el de no hacer nada.

Abro la puerta y me adentro al salón, otros cuatro chicos de los cuales solo conozco dos y son de mi clase de español también se encuentran aquí. Tomo asiento en una de las primeras mesas y así comienza mi castigo, mirando hacia el techo.

Montgomery hace su aparición con su cara de perro rabioso, eso me da la pista de que no permitirá que saque mi cuaderno de dibujo ni mis lápices. Al pasar unos cinco minutos, un Connor sonriente entra junto con su amigo, Bart Taylor.

—Tarde, señor Pirce—Mongomery riñe a Connor y luego voltea hacia Bart—. Señor Taylor, ¿qué hace usted aquí?

—Bueno, Julia de mi corazón, ¿puedes creer que tu novio me mando para acá porque le dije que tú estabas buena?

¿Escuché bien? Bart es raro, realmente raro.

—Y en mi defensa, yo solo guiaba a Bartolomeo, el pobre no conocía la sala de castigos—interviene Connor aún con su sonrisa en la cara.

Sé que los intocables son unos idiotas pero ellos en serio me divierten... Solo algunas veces, no me malinterpreten. Siguen sin agradarme.

—Solo... siéntense. ¿Y señor Taylor?

— ¿Si, mi amor?

—Respeto. Solo pido respeto.

—Mi amor, haré lo posible para que te enamores de mí, yo soy solo tuyo—guiña un ojo mientras que Montgomery rueda los suyos.

Un día de estos Montgomery atropellará a Bart y no será un accidente.

Los dos intocables se sientan al lado mío. Literalmente, tengo uno a cada lado. Frunzo mi ceño y sigo observando el techo, de repente, siento un rostro muy cerca del mío y cuando volteo, me encuentro con que Bart está mirando en la misma dirección que yo con el ceño fruncido.

— ¿Qué estás viendo?—me pregunta.

—Yo... emm... ¿el techo?

— ¿Qué tiene de interesante el techo?

—Bueno... es más interesante que vernos todos las caras, ¿no?

—A mí en realidad me parece más interesante vernos las caras—interviene Connor—. Me gusta ver el tuyo, señora lápiz.

Enrojezco rápidamente por el comentario de Connor. ¿Qué diablos le ocurre?

—Espera, ¿ella es la señora lápiz?

¡Ay no! Otro que ya me llama así. No me extraña que todos los intocables me conozcan por ese tonto sobrenombre.

¡HOLAAAAAAAAAA!

Estoy algo cansada pero buehh, quería subirles este capítulo, ¿cuantos lo recuerdan?

Este capítulo está dedicado a Alba, espero que te haya gustado <3

Nos estamos leyendo, intocables x

No olviden seguirme en instagram como intocablesxcollege para que aprendan más sobre mi y sobre mis libros, y claro, para hablar más con ustedes <3

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