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Tentaciones


La tensión la rodeaba desde que despertó en la mañana. Su mente era una nebulosa de preocupación, con pensamientos que iban desde el optimismo al completo caos. El silencio de su casa le resultaba ensordecedor ante el volumen de sus pensamientos, y el paso del tiempo solo incrementaba su ansiedad.

Tomaba su café cuando el sonido del timbre la hizo sobresaltar. Miró la hora dándose cuenta que no quedaba mucho tiempo más para ir a la empresa, y evitaba su teléfono para no enfrentar mensajes o llamadas que pudiesen sacarla de su foco.

Estaba a punto de moverse para ver de quién se trataba cuando oyó la puerta abrirse. Los pasos se fueron acercando, y la imagen de Kylian se volvió una fuente de tranquilidad en ese momento. Él se veía elegante y poderoso; su altura y porte hacía que los trajes le quedaran perfectamente, y el pelo hacia un lado incrementaba los rasgos de su rostro. Sus ojos oscuros la buscaron en la sala con cierta preocupación, hasta que la vio y una pequeña sonrisa se formó entre sus labios.

Pero la sonrisa se desdibujó sutilmente al verla aún sin preparar; algo que no era muy propio de ella.

— ¿Estás bien? —inquirió, apresurándose para estar a su lado, posando sus manos en su rostro, que movió lentamente negando.

— No sé si puedo, o quiero ir —susurró, con expresión consternada. Él suspiró, acariciando suavemente sus mejillas. Le sonrió con una dulzura que quebraba con su aspecto frío y calculador.

— Todo va a estar bien, voy a estar contigo y no voy a permitir que esto se arruine. Además tu padre ya lo revisó y dio su aprobación —le aseguró, dejando un beso en su frente. Hanna cerró los ojos, sosteniendo con fuerza el saco de Kyl.

— No me dejes decir tonterías o que me comporte como una amateur —le pidió con voz suave y él sonrió con sus labios aun sobre su frente.

— Vas a hacerlo increíble —susurró, dejando un beso sobre su nariz, y uno sobre cada una de sus mejillas. Ella suspiró entrecortadamente, aún los ojos cerrados. Sus manos acariciaron su cuello, jugando con su pelo al mismo tiempo que se acercaba a sus labios.

Sintió el gusto del café en sus labios y lengua, y aunque la intención era un beso delicado fue cuestión de segundos para que se volviera hambriento y desesperado. Los gemidos de Hanna lo tensaba, y toda la nebulosa en la mente de ella fue reemplazada por un lujurioso deseo por Kylian.

— Podría estar horas besándote pero muero por tenerte en mi cama —comentó ella, separándose solo un momento antes de continuar besándolo, atrayéndolo más cerca de su cuerpo con sus manos. Respiraba hondo para embriagarse en su perfume y presencia.

Kylian mordió su labio inferior con una sonrisa, para luego besar su mandíbula hasta llegar a su cuello.

— Me leíste la mente —susurró él, besando con fuerza la piel de su cuello hasta que se dio cuenta que podría dejar una marca, y si eso sucedía, Hanna era capaz de cortar sus genitales.

— Ve a prepararte, yo te espero aquí —dijo sintiendo la necesidad de estar lejos de ella para que ciertas partes de su cuerpo se enfríen.

Ella gimió con frustración, dedicándole una mirada venenosa pero no dijo nada. Solo lo besó profundamente, y se dirigió hacia su habitación, no sin antes darle un apretón a Kylian en su trasero que sobresalía con ese pantalón entallado.

******

La luz del proyector iluminaba tenuemente la habitación. Los presentes estaban en silencio, enfocados en la presentación, como si estuviesen hipnotizados con la voz de Hanna. Ella se veía serena y confiada, completamente diferente a su fuero interno.

Se movía como quien estuviese acostumbrada a la atención y a la evaluación, gesticulando con sus manos, sin mirar a nadie en particular.

Solo una vez decidió mirar a un lado, encontrándose con los ojos de Kylian, quien la contemplaba absorto, con una intensidad con la que no podía lidiar en ese momento. Él la miraba con admiración y delicadeza pero también con hambre. Como si ella fuese todo lo que necesitaba para sobrevivir.

Había una sonrisa en sus labios que no podía borrar.

Cuando fue el turno de él, ella se sentó a un lado y ahora podía ser quien lo contemplara del mismo modo que él lo había hecho antes. Si estaba nervioso o incomodo, no lo aparentaba. Hablaba con soltura y conocimiento. Se movía como un cazador buscando a su presa. Kylian era una mezcla de encanto y letalidad, y eso hacía sonreír a Hanna.

Ella siempre se consideraba inteligente porque estudiaba y trabajaba duro a diario, pero Kyl era del tipo inteligente nato; hacía todo sin esfuerzos ni complicaciones, aprendía rápido y lograba resultados positivos.

Simón era quien cerraba la presentación pero aún Hanna continuaba levemente tensa ante las expectativas.

— Lo hiciste bien —le susurró Kylian una vez se sentó a su lado. Respiró hondo y asintió, sintiendo la mano de él darle un apretón en la pierna. Sonriéndole, posó su mano sobre la de él y enlazó sus dedos.

Por más que estaban en la penumbra, Hanna no pudo evitar mirar alrededor y buscar la mirada de su padre, pero él estaba demasiado enfocado al frente. Ella quería saber su opinión pero al mismo tiempo temía del mismo.

Las palabras se detuvieron, y las luces se encendieron. La presión se sintió más real cuando las miradas estaban puestas en los tres. Simón miró a Hanna y Kylian con cierta duda antes de dar paso a las preguntas que lograron sortear con suerte.

— Creo que es una buena forma de iniciar esta unión —la voz del padre de Hanna resonó fría contra las paredes. Los murmullos se alzaron de acuerdo, en medio de opiniones de diferente tipo.

La tensión en Simón y Hanna disminuyeron visiblemente una vez recibieron la aprobación necesaria. Ella le sonrió tímidamente a un Kylian que la contemplaba con satisfacción, queriendo sentir la misma felicidad que ellos, pero para él aquello era una transacción; otra prueba más que su padre usaba para manejarlo y tenerlo en su control.

Aunque esta vez, Kylian no podía negar que lo había ayudado a estar más cerca de Hanna, así que valía la pena haber insistido en participar en aquel proyecto más allá de todo lo que suponía.

— Entonces, el próximo encuentro es la semana que viene, allí comenzaremos a trabajar en ello. Se reunirá a un grupo de personas y ustedes tres estarán a cargo de los mismos —comentó el señor Giroud, su voz grave hacía que todo sonara más dramático de lo que era.

— Creo que esto es todo, ¿no? —dijo el señor Slate, mirando a los demás, quienes asintieron unánimemente. Con una última mirada optimista en Simón, él saludó a todos antes de levantarse para retirarse.

— Buen trabajo —dijo Hanna poniéndose de pie, mirando a Simón y Kylian mucho más tranquila, sin poder controlar su alegría.

— Gracias por todo, creo que nos estamos viendo pronto —los saludó Simón antes de irse, dedicándoles una sonrisa torpe.

— Te dije que todo iría bien —susurró Kyl, notando como los presentes se movían hacia la salida. Hanna luchó contra una sonrisa antes de girarse hacia su padre, que si bien no dijo nada, podía notar que estaba satisfecho con todo; él solo la miró una vez y con un leve asentimiento, le dijo todo lo que ella necesitaba saber.

— Estoy tan feliz que podría tener sexo sobre esta misma mesa —susurró con un profundo suspiro. Sus ojos brillaban con malicia y buen humor. Kyl ocultó su sonrisa bajo su mano.

Solo aguardó un instante luego de que todos se fueran para cerrar la puerta, apoyando a Hanna sobre ella para besarla frenéticamente. Sus manos se hundieron en su cuerpo con desesperación. Las respiraciones eran irregulares, y aunque querían aire, también tenían hambre de ellos. Hanna gimió cuando él profundizó su beso y ella hundió sus manos bajo su ropa. La tensión y el estremecimiento recorrían a Kylian, enloqueciéndolo. El sonido que emitió Kylian era casi animal, pero no tenía vergüenza ni inhibiciones con nadie, mucho menos con ella.

— No puedes decirme este tipo de cosas aquí —comentó, mordiendo sus labios, dejando besos en su cuello y marcando la piel de su pecho.

— Tú también lo has pensado —afirmó ella, conociendo la oscuridad de su mente. Su mano jugaba peligrosamente dentro de sus pantalones. Kylian hundió sus dientes en la piel cuando ella apretó su entrepierna con maestría.

— Tú me odias —gimió con frustración—. Mi padre me está esperando para ir a una reunión —agregó, volviendo a ocuparse de sus labios. Ella lloriqueó con frustración, moviendo sus manos hasta su abdomen para acercarlo y sentir cada centímetro de su cuerpo.

— Me estás matando —se quejó con tono caprichoso.

— Y tú a mí, mi cielo —la besó por última vez antes de alejarse con reticencia. Ella lucía despeinada, ruborizada y con los ojos llenos de deseo sobre él.

Le estaba siendo difícil controlarse, pero sentía que debía ir despacio en aquella relación, aunque realmente dudaba de cuánto tiempo podía manejarlo.

— Si esto sigue así, temo que se convertirá en un juego, y sabes cuánto amo ganar —le advirtió ella sombría y con humor. Él sonrió con la mirada oscurecida y una mueca de satisfacción.

No había nadie que amara los juegos como él, y si de ganar se trataba, entonces eran dos.

******

Luces, flashes, música y gente hermosa. Todo era un escenario perfectamente armado, sucediendo al ritmo de la música y de la forma en que los organizadores querían. La alfombra roja llena de invitados, personas destacadas y celebridades, no podían faltar los chicos ricos que siempre llamaban la atención por sus escándalos. Era un día donde la moda era el punto principal, así que los brillos, colores y joyas no podía faltar. Algún que otro asistía con un estilo completamente extraño que se podía justificar en el nombre de la innovación y el arte.

Sonreían lo suficiente, hablaban lo necesario. Así se movían Hanna y Kylian a través de la atención. Se sentían encrespados, deseosos de escapar de allí. Muy diferente era el modo en que Hunter encaraba la situación.

Quizás él no estaba comprometido con otra heredera, pero si tenía una larga lista de hechos que la prensa amaba recordar. Borracheras y exhibicionismo, escenas de peleas en bares y en la calle, fiestas oscuras, corazones rotos, enfrentamientos y reconciliaciones con los paparazzis. Hunter tenía un corazón muy bueno pero no siempre le hacía justicia frente a los ojos del resto, y tampoco parecía molestarle.

Él vivía para su reputación más allá que fuese o no verdadera.

— Esto es asombroso —canturreó Hunter mientras caminaba por el lugar, mirando absorto a las modelos y saludando a todos sus conocidos.

— Esto es horrible —sentenció Hanna, liquidándolo con la mirada. Hunter la miró de soslayó, con una sonrisa burlona.

— Han, eso es porque no has encontrado la forma de sacarle provecho a esto. Una vez encuentres el punto justo, serás feliz haciendo lo que quieres sin tener que preocuparte de nada —le aconsejó con aire sabio. Kylian oyó sus palabras con interés, pero que más allá de tener razón, quizás ninguno de los dos dejaba de ir en contra de todo. Permanecían en la negación, sin dar paso a la negociación para encontrar aquello que los hiciera realmente felices—. Estamos atascados en esta mierda por mucho tiempo, así que hay que pasarla del mejor modo posible —agregó, dándole una cuota de esperanza a ambos.

Tanto Kyl como Han querían creerle, y no dudaron en que suceda eso en algún momento, por más difícil que les resultaba ahora mismo.

— Por cierto, ¿cómo les fue hoy en la reunión? Llegó a mis oídos que había varios que salieron impresionados —Hunter le guiñó un ojo a Kyl justo antes de reconocer a un mozo con bebidas. Él se apresuró a interceptarlo para robar algunas copas, llenado las manos vacías de sus amigos con bebida.

— Fue mejor de lo que creí, todos dieron su opinión del proyecto y una vez se llegó a un acuerdo, solo se dispuso de una fecha de inicio —explicó Hanna. Hunter asintió, alegre de oír que todo iba bien.

Como otro heredero, él también participaba del negocio familiar pero a diferencia de Kylian y Hanna, no era presionado para ser parte del mismo. Con los años, la rebeldía de Hunter había dado sus frutos y ahora sus padres eran más permisivos.

— Siento que ese proyecto es su hijo y yo seré su tío —canturreó, dedicándole una mirada cómplice a Kylian. Éste lo golpeó en el estómago, deseando que dejara de decir tonterías.

— Mejor vamos a sentarnos porque ya está por empezar —Kylian señaló el gran escenario que pronto recorrería Emme.

Se fueron llenando las sillas con celebridades y las luces se tornaron más brillantes sobre la pasarela. Las presentaciones elevaban los ánimos y las expectativas, la música cambió dando inicio oficial al evento.

— Ella realmente nació para esto —la voz de Hunter estaba llena de orgullo y admiración al ver como hacia su entrada Emme. Ninguna modelo o celebridad podía hacerle frente; no solo tenía un buen cuerpo sino que vestía las prendas como si fuesen hechas para ellas, llena de elegancia y confianza. Era la dueña de la pasarela, como también de la atención de todos.

— Si lo que quiere es matar de la envidia a todos, lo está logrando —susurró Hanna, notando la forma en que personas de su círculo miraban con recelo a su mejor amiga. Sus ojos se posaron en Mikayla, quien contemplaba a Emme con una expresión amarga. Con una sonrisa orgullosa, ella continuó mirando a Emma con la mirada brillante.

— Nunca estuve tan feliz de que nos obligue a presenciar un evento —dijo Kyl acercándose a su oído. Hanna rió tímidamente, mirándolo de reojo y admitiendo que llevaba la razón. Él intentó controlar su sonrisa y volviendo su vista a la pasarela, enlazó sus dedos con los de ella.

Mientras ellos parecían tener un momento sumidos en su mundo, Hunter no dejaba de hacer comentarios sobre Emme y tomarle fotografías como un padre demasiado orgulloso. Más allá de que Hanna y Kylian intentaron manejarlo no había nada que pudiesen hacer para calmarlo. Inquieto, ruidoso e incontrolable, así estuvo hasta el final del evento.

Una vez el desfilo terminó, la fiesta comenzó. Las luces se atenuaron, la música comenzó a sonar más fuerte y las bebidas comenzaron a circular. Encontraron a Emme entre algunas modelos, y cuando los vio, corrió hacia ellos para abrazarlos.

— Soy tan feliz —dijo sonriente, la emoción se visualizaba en sus ojos con intensidad.

— Felicitaciones, ya eres todo una estrella —canturreó Kylian. Ella respiró hondo, controlando sus emociones y las lágrimas de felicidad que se acumulaban en sus ojos. Su usual frivolidad se resquebrajaba con sus puros sentimientos que la mayor parte del tiempo guardaba para ella.

— Gracias por venir, realmente significa mucho para mi —susurró para ocultar su inestabilidad en la voz—. Sé que suena superficial, pero esto es solo el comienzo, la moda es lo que más amo y no voy a parar hasta conseguir lo que quiero —agregó mirándolos con seguridad. Hunter apretó sus mejillas juguetonamente mientras que Hanna la abrazó por la cintura, y Kylian sacudió su pelo.

— Estamos orgullosos de ti, princesa —comentó Hunter, molestándola hasta que las lágrimas se disolvieron y su mirada se reemplazó con juguetona impaciencia.

— Creo que es hora del festejo, sería una pena desperdiciar el alcohol —dijo Hanna, separando a Hunter de Emme.

— Vamos a beber, quien dice que hoy al final pueda confesarme con mi crush —sentenció Emme en un momento de confianza y desafío. Los tres cruzaron miradas cómplices al mismo tiempo que la seguían hacia la barra de tragos.

— Ay que emoción, cuéntame más... siento que volvimos a la secundaria —bromeó Hunter, ganándose un manotazo por parte de Emme que esta vez ni Hanna ni Kylian pudieron prevenir.

— Algo fuerte... cuatro vasos de Jack Daniels —le indicó ella a la chica detrás de la barra. Ella la miró con curiosidad y una sonrisa divertida ante la torpeza de Emme, apresurándose para servirle el trago. Emma suspiró profundamente, mirando a sus amigos—, solo debo actuar como si supiese lo que hago, ser virgen es solo un concepto social —dijo, restándole importancia a su situación sexual.

— Por supuesto —asintió Kyl, tapando la sonrisa de su rostro con su mano. Era adorable cuan torpe y nerviosa se ponía Emme.

— Y si no es tu crush, seguro vas a encontrar a cualquier otra chica. Hay chicas por todos lados acá —murmuró Hanna, mirando los alrededores. Sus ojos se posaron nuevamente en Emme que comenzaba a hiperventilar.

— Estoy jodida —susurró para sí misma, volteándose hacia la chica que servía los tragos—. Gracias, creo que me quedó con los cuatro vasos —dijo comenzando a beber rápidamente.

— Con nuestra ayuda, todo va a salir bien —sentenció Kylian pidiendo más bebidas. Sus ojos se encontraron con los de Hanna, ella tenía la mirada encendida y liquida. Sus labios curvos en una sonrisa se veían seductores, pero era demasiado temprano para sucumbir en las tentaciones y dejar todo allí, primer debía asegurarse que su amiga tuviese lo que quería, y después se encargaría de sus propios deseos. 

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