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Solos contra el resto

Montecarlo, Mónaco.

El brillo de la fiesta en aquella suite estaba en decadencia. Todos estaban borrachos, de eso no había duda. Lo podía ver y sentir. Caídas entre risas, bailes torpes, conversaciones forzadas e incomodas, intentos de seducción que resultaban lamentables.

Él también estaba borracho pero de algún modo su mente continuaba trabajando arduamente. Eso no significaba que podía realizar algún tipo de acto lógico. Se encontraba recostado sobre un sillón, riéndose a carcajadas de algo que no recordaba, con una copa de vino.

Al igual que el resto, estaban vestidos de gala. Habían pasado horas dentro del casino luego de tantas horas de vuelo, para terminar trasladando la fiesta a una de las suites del hotel en el que residían. Kylian se había desajustado su corbata y no tenía noción del lugar en el que había dejado el saco de su traje.

Hunter, a su lado, reía mientras fumaba y contemplaba a Emme bailando frente a él haciendo el ridículo.

— Es una pena que Hanna no haya podido venir —comentó Emme.

— No sé qué pudo haber comido para hacerle mal pero quizás debamos denunciarlos, no estamos pagando tanto para que nos enfermemos —dijo Hunter—. Esta mierda es buena —murmuró tras dar una pitada a su cigarrillo.

— Tal vez no, es la única que ha tenido esto. Solo dejémoslo pasar por ahora —dijo Kylian, tomando el cigarrillo de Hunter y dándole una pitada. Aspiró el aire y comenzó a toser mecánicamente—. Esto es horrible —se quejó, devolviéndoselo.

Hunter se burló de él antes de posar sus ojos brevemente a un lado.

— Ella otra vez está mirando raro —aunque fue un intento de susurró, no sonó así.

Emma ocultó su risa entre sus manos, acercándose a ellos para sentarse sobre el regazo de Hunter, abrazándolo por el cuello, apoyando sus piernas sobre Kylian. Ninguno de los dos dijo algo, como si estuviesen acostumbrados a ser el colchón personal de ella.

— Continúa fingiendo que le agrado solo para acercarse a ti, es peor que el seguidor de Hanna. Al menos él no intenta hacer que le agrademos —se quejó, robándole a Hunter el cigarrillo para darle una calada.

Kylian sonrió con sorna ante las palabras de ella y la mención del seguidor de Hanna. Él lo detestaba pero no porque estuviese aparentemente enamorado de ella sino que era porque pertenecía al grupo de personas que intentaban evadir. Que se creían intocables por ser hijos de personas con poder y dinero; nadie les podía hacer o decir nada. Ellos no solo eran codiciosos y egoístas, no tenían escrúpulos y podían hacer cualquier cosa por salirse con la suya.

Los ojos de Kylian se posaron más allá de ellos, al sitio donde se encontraba Mikayla. Ella lo miraba sin ningún tipo de disimulo, y él le sonrió suavemente, no porque le gustara sino por cordialidad. La expresión de Mikayla se iluminó, y Kylian notó como el chico a su lado le susurraba al oído con cierto malestar. Joan era primo de Mikayla, y tenía su interés en Hanna desde hacía tiempo, pero ella lo evitaba tanto como Kylian evitaba a Mikayla.

La satisfacción de saber que ambos no se agradaban mutuamente se incrementaba en su cuerpo, llenándolo de un cálido sentimiento. Suspiró profundamente, recostando su cabeza sobre el respaldar y volviéndose hacia Emme.

— Él es un idiota —exclamó, bebiendo hasta dejar el fondo blanco—. Si no fuese porque su padre es cercano al mío ya lo hubiese golpeado —confesó.

— Se cree importante por sus conexiones, pero puede hacer de todo con ellas menos conseguir una cita con Hanna —la risa de Hunter resonó a su alrededor, y Emme tuvo que tapar su boca para no quedar sorda.

— Hanna es demasiado buena para él, así que me alegro que sea así —dijo Emme; ella no sabía si los detestaba personalmente a ellos o a su familia—. Por cierto, ¿cómo estará ella? ¿Y si vamos a verla? Estoy preocupada —su rostro se llenó de consternación.

— No creo... —comenzó a decir Kylian cuando Hunter asintió.

— ¿Y si vamos a visitarla y comemos algo? Muero de hambre —exclamó. Emme comenzó a aplaudir, hasta que Kylian la detuvo.

— Ella debe estar descansado, no creo que sea buen momento. Es tarde —comentó, sintiéndose tenso. Sus amigos lo miraron juzgándolo, como si estuviese diciendo una locura—. Puedo intentar llamarla, pero les aseguro que no está disponible —agregó, sacando su teléfono.

Respiró bruscamente hondo, estaba tranquilo pero era probablemente por todo el alcohol que bebió. Solo una mínima parte de su cabeza estaba enlazada con la cordura, y esa parte era la que estaba esforzándose por proteger a Hanna.

Sintiendo la presión de las miradas, él comenzó a llamar.

— No te muevas —la voz de Hanna sonó suave, un tono seductivo filtrándose. Pero más allá de la sedosidad de su voz, la orden era clara. Sus ojos oscurecidos por la lujuria eran punzantes y letales.

Vio al hombre frente a ella parpadear ante sus palabras, ella se alejó un poco solo para responder la llamada, y volver a su posición.

— ¿Qué necesitas? —inquirió, mirando el cuerpo entero del hombre recostado sobre la cama. Él estaba tendido, su hermoso cuerpo desnudo y sus manos atadas a la cama. Podía notar el color enrojecido de sus muñecas, la forma en que las movía para sentir la presión y el roce.

A él le encantaba estar inmovilizado, apenas podía contener su emoción.

— Quiero saber cómo estás —la voz de Kylian, a través del altavoz, su falsa preocupación sonaba demasiado forzada y sus palabras se arrastraban un poco. Podía calcular más o menos cuanto había bebido—. Emme y Hunter no me pararan de molestar hasta que me comunique contigo —agregó.

Hanna asintió, acariciando con delicadeza el hermoso rostro de aquel hombre. Su piel era suave y morena, sabía dulce y su perfume la intoxicaba cada vez que besaba su cuello.

No podía evitar dejar mordiscos en su camino, solo para oír sus gemidos y suplicas. No le importaba si Kylian lo oía, porque eso la excitaba aún más.

— Diles que estoy bien, inventa algún síntoma que saques de google, solo intenta que se distraiga y que no venga a mi habitación —respondió.

Ella se acercó al rostro de su amante; sus labios finos estaban enrojecidos por los besos. Él intentó acercarse, sediento de más besos, pero ella sonrió negando, posando uno de sus dedos sobre su frente y empujándolo hacia atrás.

— Te dije que no podías moverte —le susurró al oído, para luego besar su cuello brevemente.

— Me alegra saber que estas bien y descansando, por favor, sigue durmiendo. Los chicos querían ir a visitarte para comer algo pero será en otro momento —remarcaba sus palabras con énfasis, a Hunter y Emme—. Sigue con lo tuyo —podía notar en la voz de Kylian que sonreía, y el tono casi orgulloso hacía que Hanna sonriera inevitablemente.

La llamada se terminó y Hanna suspiró, irguiéndose sobre el hombre bajo ella. Se acomodó sobre su abdomen y alcanzó de la mesa de noche un antifaz que le colocó delicadamente.

— ¿Cuándo va a terminar esta tortura? —inquirió él, su acento francés era brusco y melódico. Los ojos de Hanna se oscurecieron aún más y su sonrisa se tornó malévola.

— Cariño, esto aún no ha comenzado —canturreó.

🔴🔴🔴🔴

— En el tiempo que llevas en Montecarlo tengo reportes de: conducción en estado de ebriedad, peleas con paparazzis, dos personas chantajeándonos con sus videos sexuales contigo y estoy seguro que algo más estoy olvidando... ¿Y hace cuanto estás en Montecarlo? —inquirió la voz a través del teléfono, fingiendo no saberlo.

Kylian sonrió orgulloso, recostándose cómodamente sobre su cama.

— Un poco más de 12 horas —respondió, estirándose lentamente. Su voz era rasposa y su garganta dolía, y aunque su cabeza retumbaba cada vez que Harry le hablaba, no podía dejar de estar satisfecho consigo mismo. El caos que él creó le daba vida, y esperaba que sirviera para hacerle entender a su familia que él era quien tomaba sus propias decisiones.

Mientras se levantaba oyó un resoplido del otro lado del teléfono. Le echó un vistazo al chico que dormía a su lado en la cama, y decidió ponerse lo primero que encontró para salir de la habitación.

— ¿Mi padre lo ha descubierto o sigues intentando hacer desaparecer esto también? —inquirió con curiosidad, aunque sospechaba la respuesta.

— No estarías tan tranquilo de ser así —le dijo, haciendo que Kylian ponga los ojos en blanco. Comenzaba a cansarse de que sus intentos terminaran en nada, pero permanecería tranquilo porque era su única forma de enfrentar la vida.

En ese momento escuchó el sonido de la puerta de su suite. Del otro lado, lo esperaba Hanna, luciendo como alguien que tuvo buen descanso. Sus ojos brillaban y había una sonrisa de buen humor entre sus labios. Kylian movió sus cejas juguetonamente y le sonrió con malicia antes de dejarla entrar. Ella le golpeó suavemente el estómago y suspiró.

Aún estaba un poco somnolienta pero la noche anterior la había renovado. Ella se apresuró a mostrarle la pantalla de su teléfono para hacerle ver las llamadas perdidas de Harry, y él asintió, señalando la llamada.

— Harry, ¿qué debo hacer para que me ayudes a detener esto? —preguntó, un filo de inquietud se filtró en su voz, e inmediatamente se controló para no sonar desesperado. La expresión de Hanna se contorsionó con preocupación, y él intentó hacerle señas de que todo estaría bien—. Café, ¿por favor? —pronunció lento para que ella lo comprendiera. Aunque no estaba convencida fue a servirle un poco de café, sin quitar sus ojos de él.

— No hay nada que yo pueda hacer. ¿No te das cuenta pero te estoy protegiendo? Ese acuerdo es lo mejor que les puede pasar a ambas familias y a ustedes dos —respondió Harry.

Kylian cerró los ojos, conteniendo la respiración y tensó su mano alrededor del teléfono. Quería estrellarlo contra la pared y romperlo, pero debía contenerse. Se estaba repitiendo eso más veces de lo que debería.

— Me importa una mierda lo que es mejor. Suena sencillo pero no sabes lo que es ser lo que los demás quieren, no somos capaces de elegir nada, ni siquiera nuestros errores son propios —se quejó, y decidió cortar la llamada antes de que sea tarde. Tiró el teléfono, ahogando un grito, y sacudió su cabello oscuro con frustración y enojo.

— Kyl, ¿Qué sucede? —le preguntó Hanna con urgencia. Él negó, sin querer meterla en sus problemas, más allá de que ese era un problema de ambos.

— No está funcionando —dijo él, despacio, sin atreverse a abrir los ojos por miedo a la decepción de Hanna—. Estoy haciendo todo lo posible para terminar esto, y te di mi palabra de que lo solucionaría —agregó.

Ella no dijo nada pero suspiró pesadamente, acercándose a él. Tocó su rostro, casi tímidamente, haciendo círculos con sus dedos sobre sus mejillas.

— Todo está bien Kyl, deja de presionarte —murmuró, su voz le daba calidez pero también lo atormentaba. La paciencia que le tenía, no la poseía nadie más, y la forma en que ella siempre estaba de su lado a pesar de todo, era algo que debía admirar.

— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó casi en un susurro para ocultar su inseguridad. Abrió ojos con lentitud pero lejos de encontrar decepción, había cariño y entendimiento en su expresión.

— No lo sé, pero al menos estaremos juntos, ¿no? —ladeó su cabeza. El fantasma de una sonrisa apareció en su rostro pero no fue lo suficientemente fuerte para verla confiada.

Kylian respiró hondo, abrazándola por la cintura como si a través de ella encontrara la estabilidad que necesitaba. Posó sus labios sobre su frente, dejando un suave beso, sintiendo como ella intentaba apaciguar su enojo con lentas caricias.

— Al final, siempre somos nosotros solos contra el resto —murmuró Kylian, embriagado por su perfume y su presencia. Su corazón latía apresurado, y las emociones que confluían en su interior de a poco iban volviendo a apaciguarse.

Con los minutos, el ambiente se fue distendiendo.

La nostalgia se disolvió, y la conversación se enfocó en la noche anterior. Un listado de anécdotas que Hanna no se arrepentía de haberse perdido. Ella sonreía con cada historia que le contaba, y cada sonrisa de ella, era para Kylian un motivo más por el cual debía seguir haciendo cosas vergonzosas.

El ambiente estaba repleto del aroma al café y de la risa de ambos cuando un sonido les llamó la atención. Buscaron a su alrededor, y encontraron la figura de un chico apareciendo con rostro somnoliento y mirada preocupada.

— Buen día —murmuró, viéndolos apenado, como si hubiese hecho por lo que debiera estar avergonzado.

— Buen día —dijeron Hanna y Kylian al mismo tiempo—. ¿Jev, no? Anoche estaba muy borracho y tiendo a olvidar y cambiar la realidad —confesó, sonriendo e invitándolo a unirse a ellos.

El chico asintió dudoso, mirando a Hanna y volviendo a Kylian.

— Pensé que querrías que me fuera, por eso... —susurró, y las palabras se disolvieron en sus labios.

Kylian lo miró como si hubiese dicho alguna tontería, y se puso de pie, para posar su mano en su espalda y guiarlo hacia la mesa.

— Debía responder una llamada y no quería incomodarte, por favor, desayuna y luego haces lo que quieras. Yo no soy de echar a una persona ni tratarla con poco respeto cuando tuve sexo con ella —le explicó, sirviéndole café, y volviendo a sentarse en su lugar.

— Es cierto, es un idiota pero con cierto honor —murmuró Hanna, dándole una mirada burlona. Kylian puso los ojos en blanco dramáticamente, y continuó contando sobre la noche anterior—. ¿Me estás diciendo que se conocieron en el baño mientras intentabas escapar de Mikayla? —inquirió Hanna sorprendida. Kyl se encogió de hombros con una sonrisa orgullosa mientras el chico de pelo rubio claro, hundía su cara entre sus manos—. Me sorprende que un baño la haya detenido —agregó confundida.

— Definitivamente la detuvo mi presencia —afirmó Jev, sonriendo, y miró a Kylian con ojos grandes—. Había algo que quería decir anoche pero me dejé llevar —sacudía su pelo con inquietud y sonreía con culpa—. Yo no estoy buscando nada serio, lo siento si te di la impresión equivocada, debería haberlo dicho de antemano.

La sonrisa de Kylian se extendió por su rostro y sus ojos brillaban como piedras preciosas.

— Esto me confirma que me diste la impresión justa —sentenció, recostándose en la silla con pedantería—. Menos mal que dijiste eso, porque hubiese sido extraño que me dijeses que me amas frente a mi prometida —su risa comenzó a resonar en la habitación, y vio como el rostro de Jev se ponía blanco al girar hacia Hanna.

Ella cerró los ojos, ocultando su rostro entre sus manos. Debía ser paciente, debía ser leal, debía ser compresiva. Se decía eso cada vez que lidiaba con ese tipo de comportamiento por parte de Kylian.

— ¡Kylian! Tienes que dejar de intentar infartar a las personas —lo reprendió sin ningún tipo de severidad—. Tú no tienes de qué preocuparte, nosotros somos amigos —le hizo saber a Jev.

— Amigos que están comprometidos desde niños por elección de sus padres —explicó—. Jev, no sabes la suerte que tienes, debes vivir tu vida como quieras —le recomendó, brindando con su taza de café frío y casi vacío.

— Las desventajas de ser un Seo-Giroud —Hanna suspiró entrecortadamente.

Jev los miró con tristeza, al notar sus expresiones melancólicas, el enojo oculto en sus miradas y la forma en que debían usar el humor como forma de lidiar con eso. Y aunque no los conocía, les deseaba lo mejor, memorizando a fuego las palabras de Kylian.

El sonido de un teléfono volvió a quebrar el ambiente. Hanna miró sobre la mesa a su teléfono en el que resaltaba el número de su abogado. No sabía por qué pero tuvo un mal presentimiento, sobre todo cuando el teléfono de Kylian también comenzó a sonar.

— Hyunjin ssi —respondió.

— Hanna-ah es necesario que vuelvas a Clemencia, han surgido algunas complicaciones, y tu presencia aquí es imprescindible —respondió, hablándole en un rápido y brusco coreano. Ella asintió, respirando hondo, con Kylian observándola mientras atendía su propio teléfono.

— ¿Sucedió algo con mi padre o mi hermano? ¿Cómo puedo ayudar? —inquirió, comenzando a sentir la tensión de su cuerpo y su mente colapsar con preocupación.

— A ellos no les sucedió nada, solo necesito que tomes un avión privado aquí, que no hables con nadie y mucho menos con los periodistas. Digan lo que digan, no hables ni hagas nada —le recomendó.

Ella tragó saliva con dificultad, sin poder contenerse, y comenzó a caminar por la habitación. Kylian se veía más mortificado que ella, y quizás, se debía a que sabía un poco más de lo que ocurría. Y aunque no temía la respuesta, debía confirmar sus sospechas.

— El problema es conmigo ¿no? —preguntó. El silencio del otro lado fue suficiente.

— Ven aquí rápido, se solucionará todo, te lo aseguro —le dijo su abogado y una de sus personas de confianza.

Hanna cortó la llamada sintiéndose vacía. Con su mirada perdida, oyó la voz de Kylian acercarse, e incluso Jev le preguntaba si estaba bien. Ella negó, no porque estuviese mal sino porque no sabía cómo sentirse al respecto.

— Hanna, tienes que empacar tus cosas, y nos iremos ahora mismo, el avión está esperándonos —la voz de él se oía a su alrededor, abrazándola, pero no podía encontrar forma de salir de la confusión.

— ¿Qué hice? —su pregunta era un susurro; cerró los ojos con fuerza, alejando las imágenes del pasado que la venían a asustar. Kylian la rodeó con sus brazos, acariciando su pelo con ternura.

— Al parecer se filtró una foto tuya con alguien más —le explicó. Hanna se giró para hundir su rostro en el pecho de Kylian, abrazándolo con fuerza, sin notar como su cuerpo temblaba.

Control. Ella debía mantenerse erguida y controlada porque enloquecer, no era una opción.

— Todo se va a solucionar, estoy de tu lado —esta vez fue él quien le recordó que no estaba sola. No sabían con qué se encontrarían una vez lleguen pero tenía la seguridad que lo harían juntos, del mismo modo que lo hacían desde que eran niños. 

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