Sentimientos Inconclusos
Delicadas caricias recorrían su cuerpo, erizándole la piel. Respiró hondo, sintiendo susurros en su oído y se giró para encontrarse con Kylian. Él la besó sin dudas, hundiendo sus manos en su cuerpo, enlazando sus piernas con la de ella, aprisionándola contra la cama. Ella no puso ningún tipo de freno, profundizando el beso, dejándose llevar por sus emociones.
Sentía calor, fuego expandiéndose en su cuerpo, y él dejaba besos por su cuello hasta su pecho. Besando y acariciando todo su cuerpo, llevándola a la perdición, con la mente en blanco.
— Al fin eres mía —le susurró antes de morder el lóbulo de su oreja y posar su mano entre sus piernas. Hanna cerró los ojos a punto de emitir un gemido cuando despertó.
Las emociones de su sueño desaparecieron súbitamente, dejándole una sensación agridulce. Miró a todos lados con tensión y precaución, deteniéndose al ver que Kylian dormía a su lado.
Mierda.
Se encontraban los dos en la habitación del hotel, el día siguiente a la fiesta de compromiso. Apenas recordaba cómo había llegado allí, solo que había bebido lo suficiente para que su cabeza doliese y por eso se había ido a dormir antes que el resto.
Viendo a Kylian, sentía culpa e incomodidad por el contenido de sus sueños. Llevaba un buen tiempo sin tener sexo y evidentemente ya le estaba afectando.
Permaneciendo quieta, contemplando a Kylian dormir pacíficamente, notó como él estaba enredado en ella. Una imagen muy similar a la que había vivido hacía instantes. Sus manos descansaban en su cintura, y en el momento en que respiró hondo se ajustó aún más pegado a ella, hundiendo su cara en el cuello de Hanna.
Ella no pudo evitar sonreír, pero también preocuparse por las reacciones de su cuerpo. Sentía calidez y comodidad, un confort al que no estaba acostumbrada. Permaneció tensa, sin querer despertar a Kylian, por un buen tiempo hasta que él fue despertando poco a poco.
Él suspiró profundamente antes de estirar su cuerpo, aún sobre ella.
— No recuerdo la última vez que desperté tan cómodo —susurró con voz ronca, apoyando su cabeza en la almohada, sus ojos apenas abiertos.
— La última vez que desperté así fue hace un par de años atrás contigo —comentó ella, luego de aclarar su voz, mirando su rostro dormido y un poco hinchado que lo hacía ver adorable. Él sonrió entredormido.
— Luego de esa fiesta no podía recordar dónde dejé mi auto y tu casa era lo único que podía precisar —respondió. Hanna sonrió, deseando tocar su pelo para despejar su rostro pero prefirió mantenerse quieta, sin hacer nada—. Hunter no quiso irse a su habitación y se quedó dormido en mi cama, y Emme se quedó con el sillón —explicó con voz suave.
— Sí, creo que he oído estas excusas antes —canturreó ella, acomodándose a un lado, para poder verlo mejor.
La risa de Kylian resonó cantarinamente en la habitación y en su cuerpo. Él decidió abrir sus ojos para dedicarle una mirada juguetona, antes de ajustarse a su cuerpo, sus rostros quedando a pocos centímetros de distancia. Se miraban como si lucharan por ver quién era más fuerte en esa silenciosa batalla, quién de los dos podía tolerar estar más tiempo sin sentirse intimidado o vergonzoso.
Él movió su mano hacia ella, tocando su brazo y ascendiendo hasta su cara. Acariciaba suavemente la mejilla de Hanna, rozando con su pulgar sus labios, produciendo entrecortados suspiros en ella que aún permanecía sensibilizada por sus sueños.
— No deberías comenzar cosas que luego vas a dejar inconclusas —murmuró con voz rasposa y mirada oscurecida. Él sonrió con picardía, dándole la bienvenida al desafío, sin detener sus caricias.
— ¿Acaso no me conoces? —inquirió provocativamente. Ella sonrió con malicia.
— Lo digo precisamente porque te conozco— respondió ella, trayendo de vuelta numerosas memorias del pasado...
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Todo era ruidoso y oscuro. Las personas pegadas unas a otras mareaban, sobre todo cuando no podía precisarse donde estaba la salida ni en qué lado estaban el resto de sus amigos. Solo sabía que sostenía con fuerza su bebida de la cual bebía sin parar.
— ¿Cuánto has bebido ya? —le había preguntado uno de sus amigos, apenas recordaba quién de ellos, mucho menos podía precisar cuánto había tomado. Solo quería callar las voces de su cabeza, quería olvidar, ser feliz.
Ahora se encontraba dando vueltas sin sentido, agitada por la cercanía de las personas y mareada. Pero aun así continuó hasta reconocer a alguien. La última vez lo había visto acompañado pero ahora se encontraba solo, viéndose complicado en su intento de encender un cigarrillo.
— ¿ya has olvidado cómo usar un encendedor? —le preguntó tomándolo desprevenido. Kylian la miró con sorna y suficiencia, a pesar de seguir intentándolo y no lograr encenderlo.
— ¿Dónde te habías metido? Estuve buscándote —le reprochó mientras ella le robaba el encendedor para hacer su trabajo. Dedicándole una mirada precavida, ella logró tener éxito, dando una pequeña calada antes de cedérselo.
— Si, te vi muy ocupado buscándome —murmuró. Kylian puso los ojos en blanco, fumando su cigarrillo y tomando su mano para guiarla hacia otro sitio.
— De algún modo los celos te hacen más atractiva —comentó, sacándole su bebida ya que veía que había tomado lo suficiencia. Ignorando las quejas de ella.
— Callate, sabes que no estoy de humor —se quejó viéndose furiosa—. Ella estaba acá pretendiendo que no ocurrió nada, es una caradura —agregó.
Kylian suspiró. Habían pasado un par de meses desde que Hanna había tenido su corazón roto por Simón, y desde ese día, ella no parecía ser la misma de antes. Sobretodo cuando concernía a Mikayla.
— Han, debes olvidarte de ella, déjalo en el pasado porque no vale la pena" le recomendó, viendo la oscuridad que emanaba, lucía tan seria que si no la hubiese visto, hubiese dudando de su ebriedad.
— Es fácil decirlo pero no hacerlo —comentó desilusionada, apoyando su frente sobre el pecho de él, manteniendo una pequeña distancia que él cerró cuando la abrazó por la cintura.
— Tú vas a poder, ninguno de ellos te merece. Lo que ocurrió ya se solucionó —murmuró aquellas palabras sobre la piel de su sien, en la cual tenía apoyados sus labios.
Suspirando profundamente, Hanna hundió su cara en el hueco de su cuello, abrazándolo con fuerza. Sintiendo su corazón y su cuerpo temblar al ritmo de la música. Respiró profundamente, deseando olvidarme y callar las voces en su cabeza que le recordaba lo sucedido, que se burlaban de su inocencia.
Estaba cansada de ser lo que era, porque al parecer eso no había llevado a ningún lado.
— Hueles a sexo —susurró ella acercándose a su oído, junto a una suave risa. Hanna intentó alejarse, luchando contra él que no la dejaba irse demasiado lejos. Él la miró con picardía, sosteniéndola por la cintura para intentar tenerla cerca—. ¿Crees que yo debería hacer lo mismo? —inquirió ella, a pesar de la sonrisa y el ánimo bromista, había cierta seriedad en su semblante que le generaba desconfianza a Kylian.
— ¿Usar las relaciones sexuales como forma de demostrarle al resto que no eres lo que ellos pensaron? Es una idea un poco tonta —respondió él, una sensación amarga comenzaba a inquietarle el estómago—. Tú no eres así —agregó.
— Sinceramente no sé cómo soy, pero si ser lo que era no dio buenos resultados, quizás deba cambiar un poco —admitió. Él meneó la cabeza, negado a la idea de que su mejor amiga dejara de ser lo que era.
— No quiero que cambies —susurró él, casi para sí mismo, mirándola con intensidad.
Hanna sonrió con dulzura, tomando su rostro entre sus manos cuidadosamente, dejando un beso en su mejilla. Kylian parpadeó con el corazón latiendo apresuradamente.
— ¿De qué sirve un corazón roto si no has aprendido nada de ello? —inquirió ella, dejando esa pregunta escrita a fuego en su mente.
*
Acostados en la cama, con la mirada en la película, buscaban un escape de los encuentros familiares. Allá afuera de las cuatro paredes que los protegían se encontraban sus familias y amigos, festejando el cumpleaños del padre de Kylian.
— En las películas lo hacen tan fácil —comentó Hanna mirando la escena en la que los dos protagonistas de la película comenzaban a besarse.
— Para algunos lo es —susurró Kylian, girándose para ver su expresión oscurecida.
— Nunca hablan de lo que rodea al sexo —su voz era suave, pensativa—. La culpa, el sentirte inseguro con tu cuerpo y lo que piense el otro. El deseo que puede uno llegar a tener pero el miedo de no ser suficiente, de que todo vaya mal —agregó—. He oído en primera personas a chicos hablar mal de las chicas con las que acababan de acostarse, todo para sentirse mejor ellos mismo.
— Los chicos son idiotas, lo confirmo porque soy uno —él intentó hacer reír a Hanna pero solo logró que sonriera un poco. Kylian torció sus labios en una mueca de insatisfacción, y se acomodó para mirarla mejor—. Tienes que aprender a darle menos importancia a ciertos aspectos de la vida, hay cosas que están hechas para disfrutar no para padecerlas —comentó. Hanna se mantuvo mirándolo inexpresiva hasta que respiró hondo, invadida por un sentimiento agridulce.
— ¿Pero cómo lo hago? —susurró.
En un instante de espontaneidad, Kylian se acercó su cuerpo al de ella. Sentía su calor e inseguridad como si fuese propia, y quizás así lo era. La cercanía no era algo nuevo pero si el propósito en ella, y no podía evitar estar demasiado consciente de cada movimiento, respiración y mirada de ella.
Ella suspiró entrecortadamente ante la inesperada cercanía, mareada por la anticipación de lo que fuese a ocurrir. La tensión se instaló en cada fibra de su cuerpo, sintiéndose sumamente nerviosa. Él tocó su rostro con gentileza, descendiendo por su cuello, recorriendo su pecho hasta llegar a su panza. Un estremecimiento la recorrió, haciendo que él sonriera.
— Tú solo debes relajarte —le susurró acercándose a su oído. Ella respiró hondo, sin poder calmar demasiado su inquietud. Sentía los dedos de él acariciando la piel de su abdomen, dibujando pequeños círculos que mandaban electricidad a todo su cuerpo.
— Es que no sé qué tengo que hacer —balbuceó torpemente, con la cara enrojecida y las manos sudorosas. Kylian le dedicó una sonrisa, sus ojos oscuros eran tranquilos y comprensivos, para luego dejar un pequeño beso en su mejilla. Y luego otro, y otro.
— Solo tienes que disfrutar y dejarte llevar —susurró, con la mirada fija en los labios de Hanna. Los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos y su boca se sintió seca, justo antes de preguntar—. ¿Puedo? —inquirió; su voz suave como si temiera el rechazo.
Ella asintió lentamente, y pudo verlo respirar aliviado, justo antes de posar sus labios sobre los suyos. Ambos se tensaron a pesar de que solo tocaban sus labios.
Kylian se alejó unos centímetros, evaluando la reacción de Hanna, sin encontrar rechazo ni asco. No entendía muy bien por qué estaba haciendo eso, pero había una urgencia en su interior que podía más que su voluntad. Su mano volvió hacia el rostro de ella, peinando su pelo y acariciando la piel de su cara y su cuello.
Y otra vez volvió a posar sus labios en los de Hanna pero esta vez para besarla de verdad. Sus labios comenzaron a moverse lentamente, descubriéndose y adaptándose al otro. Era extraño y excitante para ambos. Una extraña electricidad los recorría a medida el beso se prolongaba y se tornaba más intenso y profundo.
Kylian no pudo evitar pegarse a su cuerpo, su mano recorriendo su cintura y sus dedos enterrándose suavemente sobre su piel. Ella no sabía qué estaba haciendo ni tampoco le importó cuando enterró sus manos en su pelo para acercarlo más a ella y profundizar el beso. Apenas podía respirar pero no le importaba, porque las emociones que sentía eran suficientes.
Cuando Kylian se alejó, ella emitió un pequeño quejido, viéndose agitada y sonrojada.
— ¿Cómo te sientes? —le preguntó. Ella asintió, parpadeando rápidamente mientras continuaba peinando el pelo de él.
— Bien —el susurro sin aliento hizo que Kylian sonriera aún más, lleno de satisfacción en su interior y con un propósito claro en su mente.
Sin dudarlo, mordió el labio inferior de Hanna al mismo tiempo que movía su cuerpo para crear fricción, logrando que ella emitiera algo similar a un gemido.
— Vamos Han, no tienes que guardarte nada —murmuró, besando la piel de su cuello, dejando pequeños mordiscos y controlando el deseo de dejar marcas.
— Lo sé, pero me hace sentir como una... —Kylian no la dejó terminar de hablar, besándola con tanta intensidad que hizo que ella se olvidara de todo. Incluso él parecía estar tomándoselo más en serio de lo que imaginó al inicio.
Las manos de Kylian metiéndose bajo su ropa, tocando su abdomen, le daban descargas eléctricas que la hacían querer ir más lejos. Se sentía entusiasmada y segura, algo que no siempre sucedía. Le gustaba la forma en que él la hacía sentir y deseaba saber cuán lejos podía llegar.
Sus besos sabían tan bien que Hanna se sentía sumergida en un estado de ebriedad. Hundía sus manos en el pelo de él, y aprisionada su cuello hacia ella, pero la cercanía no parecía suficiente. De a poco quería más, necesitaba más.
Su mano se filtró entre su pantalón, congelando a Hanna quien agarró la mano con temor. Sus ojos se agradaron y el pánico en su mirada no pasó inadvertido para Kylian.
— Voy a intentar algo, si no quieres continuar me dices, pero no iré más allá de esto —murmuró con palabras gentiles y una sonrisa calma. Hanna respiró hondo.
— Está bien —susurró, intentando sonreír pero los nervios la traicionaban. Él intentó calmarla, dejando pequeños besos a lo largo de su cuello, su mejilla hasta terminar en sus labios.
No sabía cuan obsesionado podía estar a unos labios hasta que besó a Hanna. Pero aún no lo quisiera, una fuerza que no podía controlar lo llevaba a estar perdiéndose en ellos. La forma en que Hanna reaccionaba a cada beso y caricia lo hacían querer ir por más.
Volviendo su mano hacia su cintura, Kylian no avanzó más de lo que lo había hecho. Aguardando a que Hanna se sintiera cómoda, se habituara a los besos y decidiera poder disfrutar un poco más. No estaba seguro cuanto tiempo pasaron solo besándose hasta que ella comenzó a recorrer el cuerpo de él lentamente, acercándolo más, pidiendo un poco más de fricción.
Ella no pudo controlar los sonidos que emitía en el momento en que Kylian posó su mano entre sus piernas. Aunque permanecía sobre su ropa, podía sentir el calor de su tacto. Los movimientos que él generaba le cortaron la respiración y una sensación calurosa recorrió su cuerpo frenéticamente.
— ¿Cómo se siente? —preguntó él, sin dejar de pensar en la confianza y seguridad de ella.
— Demasiado... bien —dijo con los ojos cerrados, aferrándose a él, sintiéndolo en todas partes de su cuerpo. No podía evitar moverse para adaptarse al ritmo que él le daba, arqueándose, pidiendo más.
En un momento sintió su cuerpo tensarse, algo dentro de ella explotó con placer, extendiéndose a cada fibra de su cuerpo, mientras se sostenía con fuerza en Kylian, quien sonreía con malicia y satisfacción.
— Felicitaciones, te has ganado tu primer orgasmo —le susurró él, dándole pequeñas caricias y besos para que las sensaciones que venían luego, no fuesen tan duras para ella.
La agitación en Hanna se fue disipando a medida que su mente se aclaraba. Parpadeando, buscó los ojos de Kylian; la oscuridad de ellos lucía turbulenta y difícil de definir.
— Ahora entiendo un poco más —comentó ella con la cara enrojecida, aun temblando. Él sonrió sobre sus labios antes de darle un último beso con sabor dulce.
— Y esto es solo el inicio —canturreó.
***************
Era otra fiesta de las que realizaba Hunter en su casa. Nuevamente sus padres viajando al extranjero, y otra vez él generando caos en la mansión. Había personas en todos lados, tanto del instituto al que asistían como de otros. Daba la impresión de que toda Clemencia se encontraba allí. El ambiente era poco claro, pero las personas se veían estar pasándola bien entre la música y la bebida. Gritos, risas y llantos; a medida pasaba el tiempo todo tipo de drama surgía entre aquellas paredes.
Hanna caminaba entre las personas con una expresión de asco y vergüenza ajena mientras intentaba terminar su bebida. En su paso hacia donde estaban sus amigos intentaba deshacerse de los borrachos que se le abalanzaban y huir de aquellas personas que buscaban burlarse de ella.
— Ey, Seo, ¿qué haces por aquí? —inquirió uno de los chicos que conocía de su instituto, sin bien había logrado correr de su cercanía no se dio cuenta que había vuelto a cruzarse con él.
Como siempre hacía, ella lo ignoró hasta que le resultó imposible.
— ¿Por qué no me respondes? Te cortaron la lengua o eres demasiado buena para tener que lidiar con otro tipo de gente que no sea de tu clase —comentó.
La mirada que Hanna le clavó era venenosa y mortal, pero a aquel sujeto poco le importaba lo que ella podía hacerle. Incluso podía resultarle gracioso que aquella chica de aspecto tranquilo e incluso aburrido estuviese allí, mirándolo como un niño molesto.
No era la primera vez que ella oía comentarios discriminadores, y tampoco sería la última vez. Usualmente hacía oídos sordos pero había veces que su paciencia se ponía a prueba.
— Dave, ¿qué estás haciendo? —una voz apareció junto a ella, que la tomó desprevenida. Los ojos oscurecidos de Dave nunca abandonaron el rostro de Hanna, manteniéndose lo suficientemente cerca para incomodarla; una pequeña sonrisa se formó entre sus labios.
Hanna miró a un lado, sorprendiéndose de ver la expresión molesta de la chica junto a ella. Si bien la conocía del instituto, nunca había hablado con ella y mucho menos había estado tan cerca. Su aspecto etéreo y elegante se contrariaba con su expresión casi salvaje.
— No te metas —dijo él, estirando su mano hacia Hanna pero Esmeralda lo detuvo justo antes de que la alcanzara.
— La tocas sin su permiso, y te corto los dedos —siseo con tranquilidad pero con la suficiente convicción para que él le prestara más atención.
— Esmeralda, ¿por qué no vas a meterte en otros asuntos? Ve a buscar al chico que te gusta e intenta llamar su atención —canturreó él con burla, produciendo que Emme emitiera una risa falsa antes de que lo empujara lejos.
— No me provoques Dave, no sabes de lo que soy capaz si acabas con mi maldita paciencia —ladeó su cabeza, sin un ápice de bondad. Hanna contuvo el aire, sin estar segura de cómo actuar.
— Ya está todo, fue mi culpa —susurró Hanna con torpeza. La mirada de Emme la intimidó pero más que enojo con ella, veía reproche. Se sintió pequeña ante su altura y actitud, pero intentó que su ánimo se desmorone.
— La culpa es de este inadaptado que no sabe cómo no meterse con las personas ni dejar de hacer sentir a todo el mundo como su juguete —exclamó ella, su voz era profunda y evidenciaba enojo.
Hanna tragó el nudo de incomodidad atorado en su garganta, mirando la forma en que Emme se adelantaba, poniendo su brazo como barrera entre él y ella.
— Deja de molestarla, no me obligues a hacer cosas que no quiero —canturreó ella con clara amenaza. El rostro de él se convirtió en piedra ante la furia, con su cuerpo irguiéndose con tensión. Estaba a solo un paso de verse como un animal enfurecido—. Sé cosas que no te conviene que se sepan —Hanna oyó que Emme le dijo tras acercarse sutilmente a él—, no creo que quieras que se sume algo más, ¿o si? —inquirió convirtiendo su furia en una máscara de inocencia.
El corazón de Hanna latía apresurado, retumbando en sus oídos, hasta que vio como Dave le dedicaba una última mirada antes de irse lejos de allí. La forma en que su cuerpo se relajó fue evidente, pudiendo respirar hondo sin sentir que estaba al borde del peligro.
— Gracias —le dijo a Emme.
Ella volvió sus ojos hacia Hanna con una sonrisa tímida, viéndose totalmente diferente a lo que recién se veía.
— Nada que agradecer, cualquiera hubiese hecho lo mismo —le dijo.
No, no cualquiera; quiso responder pero las palabras nunca salieron. Si bien ella podría haberse defendido tranquilamente de Dave si lo hubiese querido, se sentía bien tener a alguien de su lado. Buscaba en todos lados pero no había rastros ni de Hunter ni de Kylian.
— ¿Quieres ir afuera? —inquirió Emme, haciendo que Hanna sintiera una sensación agridulce en su cuerpo; era la emoción de sentir que podía haber alguien más que pudiese querer estar cerca suyo pero el temor de que se repitan los mismos errores del pasado.
— Claro —dijo ella, a pesar del temor, aceptando dar un paso adelante
El viento de primavera le quitó un poco de la pesadez de su sistema. Inmediatamente miró a todos lados como si alguien pudiese decirle algo por estar junto a Emme, pero ella no parecía tener ningún problema de estar en su compañía. Le resultaba extraño que estuviese con ella, incluso comenzaba a formarse una pequeña desconfianza que alarmaba su mente. Siempre oía a las personas hablar de otros; oía historias de Emme en la que la dibujaban como una chica rica fría y maliciosa, que a pesar de no tener ningún grupo puntual, conocía a muchas personas y frecuentaba diversos grupos.
— ¿Siempre eres tan callada? —inquirió Emme. Hanna parpadeó, saliendo de sus pensamientos, y la vio apoyada sobre el balcón con la mirada sobre el extenso patio exterior.
— Solo cuando no sé de qué hablar y son temas que no conozco —respondió con las mejillas enrojecidas, acercándose a ella para mirar hacia la fiesta que continuaba afuera.
— Diría que me pasa lo mismo pero no es así, usualmente hablo mucho de temas vacíos y sin importancia —emitió una sonrisa que lucía triste—. Es irónico la forma en que uno puede hablar demasiado sin decir nada —agregó.
— Mi mejor amigo dice que la mayoría de las personas hablan solo para hacer ruido y no para decir algo —comentó Hanna recordando a Kylian, haciendo que Emme emitiera una pequeña risita.
— Tiene mucha razón —comentó—. ¿Y dónde están? Tu siempre estas con Giroud y Crawford —preguntó con curiosidad. Hanna se encogió de hombros, terminando su bebida.
—La última vez que los vi estaban apostando pero yo me aburrí y decidí ir a dar vueltas —respondió, comenzando a contarle sobre todas las personas que intentaron molestarla hasta que la encontró. La expresión de Emme iba mutando desde la curiosidad a la molestia, hasta el reproche y por momento a la diversión.
— Eres un magneto para los problemáticos —canturreó Emme riéndose y sacándole una sonrisa a Hanna. Ella estaba a punto de continuar contándole historias de los problemáticos que han cruzado por su camino cuando se dio cuenta que ya no estaban solas.
La voz de Hunter gritando fue como un estallido en ese tranquilo ambiente. Entró al balcón llamando a Emme, quien fue hacia él para saludarlo. Hanna miro con diversión la forma en que ambos se trataban como viejos camaradas.
— Lucero, ¿tu eres quien robo a nuestra Hanna? La estabamos buscando creyendo que se había metido en problemas —exclamó Hunter, guiñandole un ojo a Hanna.
— Tampoco soy una niña —se quejó a lo lejos, posando sus ojos en Kylian, quien permanecía en silencio contemplandola.
Lo que fuese que Emme y Hunter hablaban pasó a segundo plano cuando Kyl se acercó a ella, mirandola como si fuese lo único que había allí.
— No sabíamos dónde te habías metido —murmuró, su mano posándose en la mejilla de ella, su pulgar dibujando pequeños circulos.
— Dave quiso molestarme y Emme me ayudó —explicó ella con una mueca de desagrado, notando cómo la oscuridad en Kylian se tornó peligrosa—. Pero ya está —agregó agarrándolo desde su chaqueta para que no pudiese huir.
— ¿Cuándo será el día en que deje de meterse contigo? —inquirió agriamente. Hanna meneó la cabeza para intentar convencerlo de que todo ya estaba resuelto.
— Kyl, no sucedió nada y ahora estoy contigo acá —le sonrió con tranquilidad. El permaneció contemplándola unos segundos antes de suspirar.
Sus labios se posaron en su frente, dejando un suave beso mientras la rodeaba para abrazarla. Hanna sintió sus emociones acumularse en su pecho ante la cercanía, cerró sus ojos para disfrutarlas mejor.
— Te enseñaré a jugar así te unes a nosotros —dijo sobre su frente, ella asintió de acuerdo.
— Ey, ustedes dos —Hunter reclamó su atención, obligandolos a separarse. Hanna sintió sus mejillas arder ante la mirada atenta de Emme, pero lejos de juzgarla había una mueca de satisfacción dibujada entre sus labios—, ¿seguimos con el juego? —inquirió volviendose hacia el interior, buscando que sus amigos lo siguieran.
Kylian miró a Hanna, dudoso, pero la vio sonreirle a Hunter mientras asentía, agarrando su mano y llevandolo hacia el interior.
— Necesito que me enseñen a jugar, tarde o temprano debo unirme a ustedes —comentó ella, produciendo que Emme aplauda casi orgullosa.
— Y yo quiero ganar algo de plata porque mis padres me amenazaron con cortar mis tarjetas —opinó ella, golpeando los gluteos de Hunter para obligarlo a avanzar.
A pesar de la reluctancia, Kylian siguió a Hanna procurando que nadie la molestara en su camino. Caminaba lentamente tras ella, posando sus manos en su cintura, guiando sus movimientos. Continuaron hasta uno de los lugares más recónditos de la mansión; una habitación poco iluminada por las luces multicolores de la fiesta, y la música sonaba moderadamente. Los cuatro se unieron a tres chicos que intentaban terminar un juego entre medio de quejas.
— ¿Puedes decidirte qué vas a hacer? Sé que dijimos que tenemos toda la noche pero era solo una forma de decir —comentó uno de ellos, dándole la bienvenida a Kylian con una bebida.
— Dices eso como si no hubieses tu sido quien paró el juego solo para ver bailar a su novia —respondió el otro, acomodando dándole una calada a su cigarrillo.
— Amell y Stone, dejen de pelear —dijo el tercer chico, recibiendo miradas venenosas de sus amigos. Hunter dispersó rápidamente el ambiente, golpeando la mesa para apurar el final de aquella ronda. Las cartas comenzaron a circular al igual que el alcohol y las bromas sexuales.
Hanna se sentó junto a Kylian, sonriendo ante aquella escena, y él posó su mano en su pierna, enlazando sus dedos con lo de ella. Si una gota de incomodidad o inquietud al estar entre personas que no solían ser de su circulo más cercano, Emme se veía a gusto. Había reemplazado el alcohol por las bebidas frutales, y parecía querer comenzar a jugar.
— ¿Quieres? —Emme le alcanzó su bebida al mismo tiempo que se oían sonidos de festejos.
— Yo invito la próxima ronda de bebidas —dijo uno de los chicos, haciendo que Hunter ponga los ojos en blanco.
— Toda la bebida la compre yo, mejor decídete por comprar la bebida de la próxima fiesta —opinó.
— No creas que soy tan generoso —murmuró por lo bajo Amell, mientras juntaba las cartas para iniciar una nueva ronda.
Hanna miraba a los chicos pelearse entre bromas, sin poder contener una sonrisa. Se estaba divirtiendo más de lo que pensó que lo haría, y percibía una sensación reconfortante en su pecho. Apoyada sobre Kylian, disfrutaba de las suaves caricias que él le daba. Deseaba girar hacia él pero sabía que si se encontraba con sus ojos y su sonrisa probablemente se encontraría demasiado dispersa.
— Te ves un poco tensa —le susurró él; su intenso perfume se mezclaba con el alcohol y el cigarrillo.
— No lo estoy —mintió, manteniendo los ojos al frente. Las cartas fueron repartidas y cada uno podía tomarlas. Escuchó un sonido similar a una risa ahogada, viendo de reojo como él analizaba sus cartas.
— ¿Tienes algo que valga la pena? —inquirió Emme con curiosidad, ladeando su cabeza. Hanna se encogió de hombros, produciendo que Kylian riera por lo bajo nuevamente. Ella golpeó suavemente su estómago mientras que él se afianzó a su mano.
— Si dejaras de evitar que me acerque podrías haber ganado un poco de mi sabiduría —murmuró él. Esta vez Hanna si se atrevió a mirarlo, con una expresión amenazante.
Él mordió sus labios para evitar sonreír con diversión, y acariciando su mano en un gesto gentil y de tregua, se tomó unos minutos en explicarle lo básico del juego. Y Kylian luchaba por hacer las cosas bien, intentar explicarle el juego pero lo desconcentraba sus labios y el deseo en su interior que crecía en cada instante. En lo único que podía pensar era en besarla y tocarla, pero ese escenario parecía demasiado lejano en aquel momento.
— No... perdí —se quejó Hanna, cruzandose de brazos, enojada por no ser lo suficientemente buena. Por más que comenzaba a aprenderlo, su faceta competitiva no la dejaba tranquila.
— Lo has hecho bien —Kylian palmeó suavemente su pierna, y ella negó. El resto continuaba jugando entre chismes y bromas—. Puede que no sea ahora, ni en la próxima pero definitivamente lo harás —agregó, acercándose a ella.
Hanna respiró hondo, solo un poco convencida, pero necesitando fuerza para controlar como su cuerpo reaccionaba a la cercanía de Kylian. No entendía cómo podía llegar a pasarle, pero cada vez que él le hablaba, la tocaba o estaba cerca, parecía haber un magneto en su cuerpo que lo atraía a él.
Sonrió dejándose convencer por él, volviendo a sentirse optimista, uniéndose inmediatamente al resto cuando un nuevo juego comenzó...
Era tarde cuando decidieron volver. El sol comenzaba a salir lentamente, bañando el cielo de un claro halo. Al contrario de la fiesta, el interior de la limusina era silencioso. El sonido del motor y el movimiento les daba una sensación de confort.
Emme y Hanna hablaban entretenidas cuando la limusina se detuvo, a pesar de que habían pasado gran parte de la noche juntas, el tiempo no les resultó suficiente. Era peculiar aquella dupla, Kylian no recordaba alguna vez haberlas visto hablar o saber que fuesen conocidas, pero en aquel momento lucían como grandes amigas y confidentes.
Se movió inquieto ante la pequeña punzada de celos.
— Nos hablamos en la semana, realmente la pase muy bien, gracias por no haberme excluido —sonrió Emme, saludándolos con timidez. Le dio un breve abrazo a Hanna y se fue.
Los ojos de Kylian se mantuvieron en Hanna, la forma en que estaba cómoda con Emme y no rechazaba el contacto físico que muchas veces la incomodaba. Incluso con su familia a veces le resultaba tenso el contacto.
— No sabía que eran amigas —murmuró él, ladeando su cabeza hacia ella, justo cuando la limusina volvió a avanzar.
— Es la primera vez que hablo con ella, no sé muy bien cómo sucedió todo, pero me agrada —dijo Hanna, mirando la ciudad que se movía rápidamente frente a ella. Kylian sonrió, feliz de saber que ella se encontraba abierta a conocer más personas tras lo ocurrido con Mikayla.
— A mí también me agrada —susurró, notando la forma en que ella se volvió hacia él. Sus ojos se entornaron con una oscuridad que transmitía recelo y desconfianza—. No de ese modo, me agrada como amiga para ti —comentó sin poder evitar reír, acercándose a ella.
Sin siquiera pensarlo demasiado, él besó sus labios con intensidad. Sus manos recorriendo su cuerpo, el beso profundizándose más y más, hasta que la desesperación y el hambre era lo único que podía notarse.
Ella hundió su mano en su pelo, tirando suavemente para obligarlo a distanciarse lo suficiente para que pudiese respirar. Él sonreía orgulloso, sobre todo luego de verla tan afectada por sus caricias y besos.
— Llevo pensando en besarte toda la noche —susurró él, produciendo que cosquillas que recorrían su cuerpo y se acumulaban en su panza. Él mordió sus labios provocativamente, descendiendo la mano que posaba en su espalda por dentro de su jean.
— Podrías haberlo en muchas oportunidades pero... —no dejó que terminara de quejarse porque volvió a besarla, atrayéndola hacia su cuerpo hasta terminar sentada sobre él.
El sonido de los besos se mezclaba con sus respiraciones agitadas y el roce de sus ropas. Pero cuanto más se besaban más parecía ser insuficiente. Las caricias quemaban por la desesperación, y la energía comenzaba a liberarse de a poco.
— Kyl —susurró Hanna, conteniendo los gemidos que no se animaba a emitir, sintiendo los pequeños mordiscos que él dejaba en la piel de su cuello y su pecho—. ¿Qué estamos haciendo? —inquirió, teniendo un instante de claridad.
— No lo pienses demasiado, solo déjate llevar —susurró, dejando suaves besos en su rostro. Él se detuvo a sonreírle para asegurarse que ella se encontraba bien, pero la vio enrojecer antes de enterrar su cara en el hueco de su cuello.
— Realmente me gustaría pero tengo miedo —dijo, percibiendo el perfume de su piel mientras la recorría lentamente con sus labios.
— Si tienes miedo a perderme sabes que no es así, pase lo que pase, siempre estaremos juntos —reconoció él, sus manos escabulléndose dentro de su ropa, sintiendo como ella se estremecía con cada toque.
— ¿Lo prometes? —inquirió dudosa, irguiéndose para poder ver su cara. Él le sonrió con ternura, derritiéndose ante su expresión.
— Lo prometo —sentenció, dándole un gran alivio a ella, quien lo único que pudo hacer en ese momento fue besarlo tan fuerte que sus labios dolían. En su pecho se acumulaban sentimientos que no entendía pero que en ese momento no necesitaban muchas explicaciones.
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No solían ocurrir grandes eventos en la mansión de los Seo, pero cuando ocurría nadie quería perdérselo.
La noche era cálida, las luces de la ciudad y que iluminaban el jardín que rodeaba la mansión escondían las estrellas que se acumulaban en el cielo. El viento era apenas un susurro, y nadie podía dejar de pensar en la forma en el que el clima estaba ayudando a aquella fiesta.
Eran tantas personas que llegó un momento en el que contarlas era una pérdida de tiempo; ricos y famosos, todos se encontraban allí disfrutando. Siendo reunidos para festejar la apertura de una agencia perteneciente a SHD. Entre fotos, champagne y música todos se veían hermosos y felices.
Entre desconocidos, Hanna merodeaba por la fiesta sin destino puntual. Se detuvo justo en frente de un grupo de cantantes; los miró con ojos brillantes llenos de admiración y una incipiente sonrisa. Ellos la reconocieron como la hija de su jefe, saludándola con diplomacia, y ella se sonrojo con timidez, huyendo lo más rápido que pudo no sin antes saludarlos con torpeza.
— ¿a dónde corres tan apresurada? —oyó que le preguntaron, haciéndola detener. Buscó en todos lados esa familiar voz hasta que vio la figura de Esmeralda acercarse a ella, quien le sonreía con diversión.
Hanna no pudo evitar mirarla de pies a cabeza; Emme podría tener solo 17 años pero lucía y se vestía mejor y más elegante que muchas chicas con el doble de su edad. Internamente, Hanna la envidiaba un poco. Sus prendas lucían demasiado básicas en comparación.
— Soy tan patética que vi a mi ídolo y no supe qué hacer —explicó tapando su cara y negando para sí misma.
— Suele pasar, yo acabo de hacer una vergonzosa escena frente a mi crush —se encogió de hombros como si fuese algo normal, aunque a Hanna le costara asociar las palabras Emme y vergüenza en una misma oración—. ¿Tú cómo has estado? Es raro verte sin tu guardaespaldas —comentó, mirando alrededor de Hanna, donde no había indicios de Kylian.
Ella meneó la cabeza, queriendo desestimar la idea de que Kylian siempre estaba a su alrededor pero la verdad era que el último tiempo era así. Desde que Simón había roto su corazón, ella encontró en Kylian lo que necesitaba para sanarse; él escuchaba todas sus quejas y dudas, la aconsejaba, y la ayudaba a seguir, enseñándole nuevas cosas.
— Muy bien —respondió acercándose a ella—, y a Kyl no lo he visto desde que llegó, probablemente esté con Hunter emborrachándose a escondidas.
— No espero menos de ellos —canturreó Emme, y la sonrisa brillante que tenía en su rostro se fue desvaneciendo de a poco.
Los ojos de Hanna se posaron en su alrededor, buscando la causa del cambio de ánimo, y para su desgracia llegó hasta Mikayla, quien hablaba y reía complacidamente en un grupo de chicos y chicas.
Ella se veía alegre y cómoda siendo parte de un gran grupo de personas. Todos la trataban con soltura, admiración e incluso parecían querer su aprobación. En cambio Hanna, se veía solitaria allí junto a Emme.
Eran tan diferentes los ambientes en los que se movían ahora; y no podía evitar en reconocer que todo lo que había tenido una vez, era solo un espejismo que fue otorgado por ella. Se sentía una marioneta, donde los demás hacían y deshacían los que les daba la gana sin pensar demasiado en sus sentimientos.
— Vamos a buscar algo para comer, he estado intentando entrar en este vestido desde hace días y he muerto de hambre en el proceso —comentó Emme, moviendo su cabeza hacia una dirección diferente a la que se encontraba Mikayla.
Hanna la miró comenzar a alejarse, preguntándose por qué ella continuaba allí a su lado. Esmeralda le resultaba un misterio; si bien estaba rodeada de personas, siendo amigable y adorada por todos, en el fondo se veía solitaria. Del mismo modo en el que Hanna se sentía.
— Creí que eras su amiga —susurró Hanna, caminando a su lado, insegura de verbalizar sus pensamientos. La vio suspirar profundamente justo antes de dirigirse hacia la mesa con comida y bebida.
— Nunca podría ser amiga de alguien como ella —sentenció con dureza, si bien sus palabras no sonaban así, su expresión era pétrea—. Me crie cerca de ella me sentí parte del mismo grupo de amigos. No puedo entender a las personas que son malas con otras por envidia y tener sentimientos, criticando a los demás solo por ser lo que son —agregó.
Asintiendo, Hanna intentó beber un sorbo de su trago frutal. Las palabras de Emme hacían eco en su mente, y las dudas en su corazón pesaban un poco más.
— ¿Tu sabes lo de ella y yo? —inquirió. Emme le dedicó una sonrisa maliciosa antes de continuar comiendo.
— Claro que lo sé, ella se encargó de decírselo a las personas que eran más propensas a ponerse de tu lado —comentó; una punzada aguda atravesó el corazón de Hanna, quien palideció súbitamente, sintiéndose débil.
¿Qué es lo que saben?; la pregunta cruzó por su mente pero no tenía la fuerza suficiente para decirla.
— No pienso decir lo que ella anda diciendo porque sé que son mentiras. Sé que no te conozco mucho pero tengo buen ojo en las personas, puedo comprender a alguien en solo unos minutos —comentó encogiéndose de hombros—, llámalo don, o maldición.
Hanna hubiese sonreído de no ser que seguía aturdida ante la idea de Mikayla esparciendo rumores acerca de ella. Su corazón retumbaba en sus oídos, y se apoyaba en la mesa en busca de estabilidad. Sentía sus ojos comenzar a arder y era cuestión de minutos antes de que comenzara a llorar.
— Bebe esto —dijo Emme, alcanzándole una copa de vino. La expresión de Hanna se llenó de asco.
— No me gusta el vino —se quejó.
— Tómalo hasta el fondo como si fuese lo más rico del mundo, eso va a ayudar a que te sientas diferente —le recomendó.
Con desconfianza y aún con deseos de llorar, Hanna bebió la copa de vino hasta el fondo, asqueada con el sabor agrio que sentía. Podía percibir en el fondo el gusto de la uva.
— Esto es un asco, ¿cómo me va a ayudar esto a sentirme mejor? —preguntó.
— No te dije que te sentirías mejor, te dije diferente —aclaró, moviendo sus manos con soltura—, así dejaras de sentir enojo y vas a poder concentrarte en cuanto odias el vino —agregó. Hanna estaba ocupada quejándose del vino así que no puso los ojos en blanco—. Mis métodos siempre funcionan —susurró, enredando su brazo en el de Hanna para hacerla caminar por la fiesta.
Toda la furia y la angustia se deshicieron sin que ella se diera cuenta. Emme se encargó de contarle historias de su vida para entretenerla, haciéndola reír con facilidad. Y Hanna se vio así misma notando cuan fácil era estar con ella. No necesitaba su aprobación ni fingir para quedar bien.
Sabía que no era la mejor época para conocer a Hanna; se había convertido es una bola llena de angustia, dudas e inseguridad, pero a pesar de eso, Emme no tenía problemas con ello. Y era como si pudiese hacer magia en Hanna.
— ¿Dónde están estos chicos? —inquirió Hanna sin dejar de reír de los desvaríos de Emme. Caminaban por la fiesta, evitando a los adultos y a las personas de su instituto. Refugiándose entre los árboles, reconoció unas figuras escondidas.
Ambas empezaron a callarse entre sí, quedando tras un árbol para poder husmear sin ser descubiertas. Afinaron sus ojos del modo que podían luego de haber bebido un poco más de lo que estaban acostumbradas.
— ¿Quiénes crees que sean? Apuesto mis 4 extensiones a que son amantes —susurró Emme, pero su voz se fue volviendo difusa cuando uno de los rostros se hizo más claro.
Kylian se encontraba allí con una chica, tocándola con gentileza y mirándola con ternura. No estaban demasiado cerca pero la intimidad entre ambos era evidente. Las sensaciones que Hanna creyó que no volvería a sentir la rodearon como una vieja amiga; la agridulce sensación que se instaló en su estómago le dieron nauseas.
Allí no sucedía nada pero al mismo tiempo sucedía todo. Así como lo era con su relación con Kylian. ¿por qué se sentía traicionada cuando no eran nada?
Respiró hondo, oyendo el murmullo de Emme y su mano que se enlazaba con la suya, y la llevaba lejos de la escena que la sacó de su eje. Se preguntaba cuál era la razón por la que estaba afectada, cuando se dio cuenta que se encontraban lejos de la fiesta y a solo unos pasos de la limusina de Emme.
— ¿A dónde vamos? —inquirió con un nudo en la garganta.
— A algún sitio dónde no sepan quienes somos, creo que esta fiesta está terminada para ambas —respondió, alzando la botella de champagne que robó en su camino.
Y así fue como terminaron en una fiesta en la ciudad vecina. Divirtiéndose hasta olvidar las razones de sus tristezas. A pesar de todo, Hanna nunca había reído tanto ni recordaba haber bailado tanto como esa noche. Se sentía libre, sin nadie capaz de juzgarla, haciendo lo que quería.
Emme se encargó de hacerle olvidar todo lo que sucedió y Hanna comenzó a volver a la realidad cuando un chico se acercó a ella. Su mirada era oscura y su sonrisa era una invitación a caer en la oscuridad. Quizás tengo un tipo; pensó ella, al mismo tiempo que reconocía que en otra situación hubiese huido de aquel tipo de encuentro, escondiéndose entre el miedo.
Las palabras de él eran bonitas y endulzadas cómo si a ella le importara, pero se dejó engañar como una inocente víctima. Allí, podía ser quién quisiera, sin necesidad de satisfacer a nadie más que a ella misma.
— ¿Cómo te llamas? —preguntó él en un momento. Ella sonrió, con su corazón dolido por razones que prefería no admitir.
Y si no aprendía ahora, ¿cuándo lo haría?
— Puedes llamarme cielo —respondió, acercándose yagarrando su camisa para atraerlo hacia ella
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