Piezas del juego
CLEMENCIA
La noche era un frio manto de oscuridad que caía sobre la ciudad de Clemencia. Con las luces y el tráfico, la ciudad comenzaba a tener más vida, y como era el inicio del fin de semana, parecía que a nadie le importaba cuan frio fuese el clima. Todos querían divertirse y pasar un buen momento.
Desafortunadamente, había un lugar donde un par de personas no estaban teniendo ni diversión ni un buen momento. Casi como si fuese una broma de la vida, la disgustante escena sucedía en medio del lujo y la elegancia. Era demasiado irónico que entre tanta sofisticación, riqueza y brillo, ambas personas se vieran como si estuviesen en algún círculo del infierno.
Y es que quizás, para ellos, aquel círculo de gente rica y poderosa, era otro círculo más que Dante Alighieri no describió en su divina comedia.
Allí en la mansión Seo, ubicaba en la zona más reservaba del barrio de personas ricas, estaban reunidas un grupo de personas que luego de la cena y de bebidas, solo reían y gritaban. Tanto prestigio, altanería y soberbia, se desfiguraron con el paso del tiempo y el alcohol.
— Esto se está volviendo cada vez peor con el paso del tiempo —susurró la chica tras su copa de vino, hablándole inadvertidamente al chico que estaba a unos pasos de ella.
Ambos se encontraban sentados, en los sillones individuales ubicados en la sala aledaña al comedor, que era el sitio donde la mayoría de las personas estaban.
— Yo lo vi venir, pero no es como podamos hacer algo —respondió él, encogiéndose de hombros, viendo a su madre reír a carcajadas mientras golpea la mesa. A su lado, hay un hombre que está prácticamente abrazado a la botella.
— Ni siquiera sé porque seguimos con estas reuniones, tendría que haber inventado alguna excusa para no venir —se reprochaba a sí misma porque no había sido más inteligente para evitar esas reuniones.
Ambos se miraron, cómplices y resignados a los que les había tocado, hasta que una sombra se erigió frente a ellos, captando su atención.
— Hanna, Kylian —la voz profunda y la imagen pulcra les daba respeto, y por más adultos que fuesen, frente a él, siempre eran niños—. A la oficina —el hombre se giró sobre sí mismo, moviendo su cabeza y esperando ser seguido.
Ninguno de los dos rechistó ni se quejó. Silenciosamente se pararon para seguirlo, pero sin abandonar las copas de vino. Atrás quedaron las risas borrachas, los gritos y el disconfort.
Una vez atravesaron el umbral de la puerta, encontraron allí a otro hombre que los esperaba sentado a un lado del escritorio.
— Hijo —le dijo a Kylian al verlo, señalando las sillas vacías e invitándolos a unirse a ellos.
— Sé que el momento no es el indicado —dijo el otro hombre, mirando a su hija serenamente. Sus rasgos angulosos se pronunciaban con la edad y el pelo blanquecino—. Pero creo que es necesario avanzar en este asunto —agregó.
— ¿De qué asunto hablamos? —inquirió Hanna, la desconfianza bañaba su expresión y su semblante era tenso. Muy diferente a Kylian que parecía estar cómodo o aburrido.
— Ustedes dos —respondió el padre de Kylian, el señor Giroud.
Hanna asintió, sabiendo bien de qué hablaban. Sus familias eran amigas y aliadas en los negocios desde hacía años, y cuando nacieron, los criaron juntos como si el destino fuese que ambos terminaran juntos. Nadie lo decía pero era sabido que ambos tenían sus matrimonios arreglados de antemano.
Y aunque los dos se esforzaron por ganarle al destino, al parecer no pudieron hacer demasiado porque se les adelantó.
— ¿Cuáles son los pasos a seguir? —preguntó ella, Kylian era solo un espectador, contemplando y evaluando la situación. Él no era de los que intervenían, eso se lo dejaba a ella.
— Su compromiso se anunciara en una fiesta al inicio del próximo mes —declaró el señor Giroud, como si un casamiento fuese solo un trámite—. A partir de allí, será necesario que estén más pendiente de las redes sociales, los periodistas y que se interesen en las empresas —agregó.
Como una persona que era parte de ese mundo, Hanna asintió y le echó un vistazo a un Kylian que se mantenía silencioso.
— ¿Tienen algo para decir al respecto? —preguntó el señor Seo, padre de ella. Hanna negó, viendo como Kylian también lo hacía. Él posó sus ojos sobre ella, solo un instante, con emociones que se escribían en su expresión pero que ella no lograba dilucidar.
Tras un breve silencio y una despedida incómoda, los dos dejaron la oficina a paso lento. Hanna suspiró bruscamente una vez estuvieron lo suficientemente lejos de allí, bebiendo su copa de vino de un solo trago y encontrándose con la mirada inquisitiva de Kylian que se detuvo frente a ella, obstaculizándole el paso.
— Sabias que esto podía suceder ¿Y no hiciste nada para detenerlo? —preguntó. Hanna parpadeó, estando segura que él estaba presente en la reunión así que no necesitaba confirmar o negar nada. Solo se movió para continuar su camino, pero él la detuvo.
— ¿Realmente quieres que esto pase...? —preguntó, confundido, señalándose entre ellos. Ella volvió a suspirar y finalmente se decidió por responder.
— No tenemos otra opción. Hablan de un casamiento nuestro desde que tenemos uso de razón. Y aunque luchemos en contra, no vamos a poder hacer nada. Esto es más grande que lo que tú o yo podamos hacer o decir. Estos son negocios y en sus mentalidades, los negocios son más importantes que los sentimientos —explicó.
Hundiendo su cara entre sus manos, Kylian respiró hondo con brusquedad. Molesto e indignado, veía la frialdad con la que ella se tomaba el asunto y sentía envidia. Tenía sus ideas tan claras que le frustraba no saber qué hacer consigo mismo.
— ¿Y tú qué sientes? ¿Estás bien con esto? —le preguntó, rehusándose a aceptar que ella estaba de acuerdo. Ella meneó la cabeza.
— Esto me frustra igual que a ti, no creas que salgo ilesa, solo que intento tomármelo de una mejor forma. Ver el lado positivo de esto, porque sé que a nadie le interesan mis emociones, dudas o miedos —sus palabras terminaron en un susurro que se desintegró con las risas de la sala.
Él abrió su boca para rechistar, pero ninguna palabra salió de sus labios. Solo cerró sus ojos, estirando su cabeza hacia atrás y esperando que un poco de paciencia y suerte llegara de pronto a salvarlo.
Pero eso no ocurrió, ni ocurriría.
Pero su mente a veces era más rápida que su boca, y volviendo a mirar a Hanna sonrió.
— ¿Qué sucedería si las cosas se complican hasta el día del anuncio oficial? —inquirió. Hanna elevó sus cejas con malicia, juzgándolo sin ningún tipo de pudor.
— ¿Qué piensas hacer? ¿Crear escándalos, acostarte con quien se te cruce e intentar arruinar la imagen de la familia? —preguntó, y lo vió encogerse de hombros, con esa indeleble expresión arrogante.
Ella puso los ojos en blanco ante lo predecible que era.
— Haz lo que quieras Kylian, no es como si ellos no hubiesen pensado en ti de antemano —comentó con sagacidad, moviéndose para poder continuar caminando.
No es que estuviese deseosa de ver como el ambiente en la sala había empeorado, pero lo prefería antes de oír los delirios de él.
— Voy a lograr que esto se solucione, que ambos podamos hacer nuestras vidas, ya lo veras Seo —ella oyó su voz hacer eco en el pasillo. No se volteó a mirarlo pero sabía que estaría siguiendo su paso con mirada punzante y con desafío.
Ella meneó la cabeza, levantado su puño para hacerle saber que estaría viendo como su plan seguía. Sin poder evitar sonreír porque quizás podía haber un poco de diversión detrás de todo eso.
— Qué empiece el juego —susurró para mí mismo Kylian, quedando atrás en el oscuro pasillo, con una cínica sonrisa curvando sus labios.
🔴🔴🔴
— ¿Qué hice mal? —preguntó Kylian con rostro inocente. Sus ojos eran grandes y brillantes, ninguna emoción más que la confusión invadía sus rasgos.
Parpadeó, ante el silencio y la mirada acusatoria, ladeó la cabeza como si fuese un pequeño cachorro. Pero él no tenía nada de pequeño ni de cachorro, mucho menos de inocente.
— ¿Qué hiciste mal? —le preguntó el hombre frente a él. Él sabía que hizo mal pero quería esperar a que Kylian tuviese la decencia suficiente y la brillantez necesaria para resolver la cuestión.
Pero eso no ocurría.
Así que, en medio de un suspiro frustrado, sacó su teléfono y comenzó a buscar algo que a Kylian no le interesaba. Solo estaba allí, medio recostado en el sillón de la sala de su casa y semi desnudo, intentando que el sueño no se aleje demasiado. En cuanto aquel sujeto pusiera un pie fuera de su piso, él correría a su cama a dormir nuevamente.
— ¿Tienes alguna explicación? —inquirió el hombro, señalando la pantalla.
En ella se veía una grabación en la que Kylian estaba besando a una chica contra una pared frenéticamente y ella gritaba una y otra vez su nombre. Por lo que recordaba de la noche y la filmación esa, le resultaba obvio que eso estaba planeado de antemano.
— Cariño, te juro que no es lo que parece —comentó en tono burlón, hasta que su sonrisa se ensanchó—. Cierto, no tengo que dar explicaciones, además, el video lo deja bien en claro Harry —comentó.
El hombre emitió un suave gruñido, y él volvió a parpadear inocentemente.
— Hoy intentaron chantajear a la familia, tienes que agradecer que ni la prensa ni tus padres saben de esto —dijo tras respirar hondo como forma de buscar paciencia.
— ¿Y por qué debo agradecer? Sería magnífico que todos sepan de eso —respondió cínicamente. Emitió un chasquido con su boca y movió su mano—. Mejor mándamelo a mí que lo viralizo —opinó.
El hombre guardó su teléfono, no sin antes golpear la mano de Kylian que se acercaba a él escurridizamente. Y dedicándole una mirada amenazante, se cruzó de brazos.
— Sé lo que estas queriendo hacer Kylian, te conozco desde niño y podrás burlar a tu padre pero no a mí —le advirtió el hombre de pelo gris y ojos castaños. A pesar del tono sombrío, el cariño y la preocupación suavizaban su expresión—. El arreglo es importante y si acaso no te comportas es probable que esto empeore. No quieres adelantar las cosas y terminé siendo un desastre, ¿o sí? —preguntó.
Kylian se encogió de hombros. Podía ver el mundo arder frente a él y no estar para nada conmovido.
— Por favor, ten cuidado y no te metas en problemas. Esto concierne a los Giroud-Seo, tanto como a los socios e inversionistas. Tu imagen es la imagen de la familia —volvió a hablar. Las palabras haciendo eco en la habitación pero colisionando con la barrera de terquedad de Kylian.
Él comprendía perfectamente cada palabra, sabía las consecuencias de sus acciones y podía pensar fríamente acerca de todo el cuadro planteado frente a él. Eso no significaba que aceptara que debía ser a expensas suya, siendo el sacrificio para un bien mayor.
Esto es más grande que lo que tú o yo podamos hacer o decir.
Las palabras de Hanna fluían hondo en su mente. Era imposible arrancarlas para no tenerlas en cuenta. Su suave voz se repetía una y otra vez mientras veía a Harry irse de su casa. La puerta se cerró, creando un vacío difícil de digerir.
— El reloj sigue corriendo —susurró, un gusto agrío se incrementaba en su boca.
Sin esperar un minuto, tomó su teléfono y buscó entre sus contactos. Comenzaba a creer que nadie respondería cuando una voz ronca resonó del otro lado.
— Maldición Giroud, son las 10, ¿acaso no tienes respeto por el prójimo? —inquirió.
— Mi respeto debe ser ganado, tú aún no lo has hecho —respondió con sorna—. Suenas como si la resaca te hubiese arrancado el cerebro —agregó.
Su amigo le respondió con una risa falsa que terminó en una maldición.
— Hay gente que no es privilegiada como otros y deben matarse estudiando toda la noche. Deja de decir idioteces, ¿sabes hace cuanto que no voy a una fiesta? Prácticamente he vuelto a ser virgen —respondió.
Kylian puso los ojos en blanco, sin poder evitar pensar en Hanna. La virginidad es una construcción social; diría ella, y con mucha razón.
— ¿Y por qué no haces una fiesta? De esas que antes hacías, sabes bien que últimamente todo hay sido muy complicado, creo que necesitamos un poco de diversión. ¿No te parece? —inquirió, tentándolo para poder lograr su cometido.
La idea estaba implantada en Hunter, quien comenzó a evaluar la propuesta.
— Creo que nunca has dicho nada más sensato —dijo Hunter. Aunque mirándolo desde otra perspectiva quizás, Kylian nunca había dicho algo tan insensato—. Supongo que en la semana, tendrás novedades —comentó, largando una risa—. Por cierto, ¿por qué me llamabas? —preguntó confuso.
Kylian sonrió como si hubiese ganado una gran partida.
— Solo quería saber si irías a la tarde al club, los ricachones de siempre quieren desafiarnos —respondió, recordando súbitamente uno de los últimos encuentros con los niños ricos mimados de su sociedad.
Él también era un niño rico pero se consideraba a sí mismo dentro del grupo de rebeldes, así como también lo era Hunter y el resto de sus amigos.
— Por supuesto que iré, sabes que los odio y vivo para verlos fracasar —comentó. Kylian sonrió, olvidándose por un instante de sus problemas y esperando por un poco de emoción durante esa tarde.
Intercambió un par de palabras más con Hunter y tras cortar, caminó hasta su cama para desplomarse en ella. Cerró los ojos y esperó para que el sueño lo abrazara dulcemente, pero su mente al parecer tenía otros planes.
A nadie le interesan mis emociones, dudas o miedos; le había dicho Hanna durante esa noche, una sensación incomoda recorría su cuerpo y se instalaba en su pecho. La forma en que lo decía, sus ojos oscuros y la decepción que camuflaba con desinterés. A mí sí me interesan; quería responder él, pero las palabras siempre morían antes de ser formuladas.
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