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Physical

TW: alcohol, drogas.

Con rostro inexpresivo y mirada oscurecida, contemplaba el ambiente que la rodeaba sintiéndose ajena a todo. Las personas bailaban sin inhibiciones, corrompidos por el alcohol y las drogas. Las risas borrachas y los gritos entusiastas se entremezclaban con la música. Podía ver como poco a poco todos iban perdiendo las máscaras que les mostraban al mundo. Se olvidaban de las sonrisas adorables, el comportamiento conservador y los privilegios que poseían.

En ese momento, podía contemplar lo peor de cada uno, y eso le fascinaba pero también le asqueaba. Tenían que agradecer que no hubiese cámaras ni periodistas. La exclusividad los protegía, pero ¿a qué precio?

Los ojos de Hanna se posaron en una figura conocida, y ocultó su sonrisa bajo su copa de vino. Mikayla se encontraba sobre un chico en un sillón de la zona VIP, devorándose mutuamente como si estuviesen solos, como si no fuese una niña consentida que se pasaba todo el tiempo juzgando al resto por actuar de la forma en la que lo estaba haciendo en ese instante. Hanna comenzaba a pensar que las personas criticaban del otro lo que no podían admitir de sí mismos.

Le resultaba agridulce e irónico.

Un chasquido delante de sus ojos la obligó a salir de su ensoñación. Sus ojos se agrandaron con curiosidad, volteandose para ver a Kylian quien la miraba meditabundo. Como si fuese una pieza de arte que debía ser contemplada minuciosamente para entenderla. Hanna dudaba si Kylian tenía la completa noción que él era la única persona que podía decodificarla.

— ¿Dónde te fuiste? —inquirió, con las piernas cruzadas y su cabeza apoyada sobre su mano. Sus ojos lucían intensos y tormentosos; el tipo de expresión que intimidaba al resto. Hanna sonrió, meneando la cabeza.

— ¿Crees que Emme está bien? —inquirió preocupada, notando el lugar vacío donde antes estaba su amiga, solo quedaban los restos de su bebida. Su expresión se llenó de confusión y preocupación, hasta que notó que Kylian tocaba su rostro para que ella lo mirara.

— Ella está bien, la vi irse hace unos minutos —respondió, viendo el cambio en la expresión de Hanna que pasaba de la confusión a la indignación—. No sé qué habrá sucedido pero envió un mensaje al grupo con muchos emojis que no alcanzo a traducir —agregó con una suave sonrisa.

Hanna parpadeó, buscando su teléfono para buscar el mensaje. Si bien tampoco entendía completamente lo que sucedía, algo le decía que todo había ido bien. Pero... ¿quién era la chica?

— Han —la voz de Kylan volvió a traerla a la realidad, y ella lo miró aguardando por lo que fuese a decir—. Te noto un poco distraída hoy —murmuró, ladeando su cabeza.

Ella asintió, apenada, dejando su bebida y pasando sus manos por su pelo. No podía precisar qué le sucedía, pero sentía que estaba demasiado sobria para ese sitio.

— Lo siento —susurró, descendiendo su cabeza, sonriendo apenada. Kylian posó su mano sobre la de ella, dibujando pequeños círculos sobre su piel con su dedo. Ella respiró hondo, notando que acumulaba sentimientos que no podía precisar.

— ¿Estás preocupada por algo? —preguntó, acercándose a ella, siendo como una muralla que la separaba del resto.

— No —respondió inmediatamente, pero ahí estaba la incomodidad que la acosaba—. Si —se corrigió, torciendo sus labios con una mueca de desagrado, mirándolo analíticamente—. Siento que tengo muchas cosas por preocuparme pero ninguna de ellas me molesta, y no logro encontrar qué es lo que me hace sentir así —dijo molesta consigo misma. ¿Por qué no podía disfrutar de una noche sin pensar demasiado en todo? ¿Sin la necesidad de mantener todas las piezas de su vida en control?

Kylian sonrió con ternura, sosteniendo la mano de Hanna para dejar un beso sobre su dorso, sin quitar su serena expresión de ella. Admirandola como si fuese tan deslumbrante como el sol.

— Siento mucho comportarme así, lo último que quiero es arruinarte... —las palabras de ella murieron en sus labios cuando él se acercó sin dudarlo, estrellando sus bocas con gentil urgencia. La sorpresa de dibujo en Hanna antes de relajarse, cerrando sus ojos mientras sentía los labios de Kylian moverse sobre los de ella.

Ahogando un gemido, Hanna cerró su mano sobre la camisa de Kylian, necesitandolo cerca. El deseo acaloro su cuerpo mientras ladeaba su cabeza para profundizar el beso. Sintió como Kylian suspiraba entre los besos, clavando sus dedos en los muslos de Hanna.

La mente de ella quedó en blanco, nada ni nadie existía, solo eran ellos en ese instante. Pero antes de que pudiese pensar en el siguiente paso, él se alejó de ella, mordiendo sus labios con provocación sin quitar sus sombríos ojos que la devoraban.

— No eres capaz de arruinar nada —susurró sobre sus labios. Ella suspiró entrecortadamente, sintiendo el hormigueo en sus labios y necesitando más.

— ¿Qué se supone que tengo que hacer para dejar de ser así? —inquirió aún con los ojos cerrados, porque no estaba segura si podría enfrentarse a su mirada.

— Eres perfecta para mí del modo en que eres —murmuró Kylian, generando un nudo en la garganta de Hanna que le costó digerir. No pudo evitar abrir sus ojos que lucían líquidos y embriagadores, su corazón acelerado retumbaba en sus oídos con más intensidad que la música.— Pero quizás puedo ayudar a sobrepasar el estrés —una descarada sonrisa cruzó por sus labios y en su mirada hubo un fuego que Hanna quería sentir.

La oscuridad se instaló en Hanna, el fuego comenzó a hervir su sangre y elevó sus cejas con desafío.

— ¿Tienes algo en mente? —preguntó.

La puerta se abrió, golpeando fuerte contra la pared y quebrando la serenidad. Pasos torpes y lentos avanzaban entre la oscuridad sin importar bien el destino. Un brazo se extendió ciegamente para cerrar la puerta al mismo tiempo que luchaba contra la urgencia.

Hanna y Kylian se besaban con furia y prisa, perdiendo la cordura a medida caminaban, deshaciéndose de su ropa entre caricias que quemaban y besos que no eran suficientes.

— Quítate esto —ordenó Hanna con voz serena, sin recordar cuales eran las preocupaciones que antes la molestaban.

— Fue el recorrido más largo en mi vida —se quejó Kylian, abandonando sus labios para besar su cuello, marcándolo con sus dientes mientras sus manos descendían por la espalda de Hanna hasta llegar a sus muslos. Sus dedos se enterraron en su piel con la misma desesperación de sus besos.

Hanna se subió sobre él, ajustando sus piernas a su alrededor al mismo tiempo que Kylian la apoyaba contra una de las paredes. Ambos sentían calor y desesperación, pero no podían evitar percibir cierta torpeza. Sobre todo cuando habían sido amigos por tantos años.

Las respiraciones agitadas y los gemidos se elevaban en el ambiente, y aunque podían estar besándose por horas, ninguno de los dos tenía la cordura suficiente para seguir aplazando lo inevitable.

Con sus manos sosteniendo suavemente el rostro de Kylian, Hanna se detuvo en busca de un poco de aire. Apoyando su cabeza contra la pared, notó la oscuridad en el rostro de él. Sus ojos castaños eran turbulentos e intensos, y sus labios enrojecidos le imploraban seguir siendo besados.

Suspiró entrecortadamente, luchando contra una oleada de recuerdos y sentimientos que en ese instante no deseaba.

— Necesitamos llegar a la cama ya mismo —sentenció ella, y lo vio sonreír entre su oscuridad. Una sonrisa maliciosa y provocativa.

— Siempre supuse que te gustaba dar órdenes en la cama —susurró, había cierto orgullo en su voz que hizo sonreír a Hanna. Ella estaba a punto de replicar cuando él volvió a besarla con firmeza.

Abrazandolo por el cuello, ella se aferró a él hasta llegar a la habitación. Entre besos y caricia en la penumbra, se deshicieron de los últimos vestigios de ropa.

Hanna sintió a Kylian sobre cada centímetro de su cuerpo, sin poder creer que aquello no era un sueño. En ese momento, como en tantos otros, eran solo ellos. Kylian y Hanna, dos mejores amigos que habían pasado por muchas cosas juntos.

Su mente se hundía en una nebulosa, embriagada por el perfume de su piel, en las caricias y besos que la intoxicaban. Hanna cerró los ojos para que Kylian no notara cuan afectada estaba en ese instante. Antes el sexo se sentía que era solo para satisfacer sus necesidades, pero con Kylian significaba más. Hasta un simple beso significaba más.

— Han —dijo su nombre cuidadosamente, su mano acariciando su rostro con delicadeza. Y aunque ella se negaba a abrir los ojos, no mirarlo le resultaba peor—. ¿estás bien? —inquirió preocupado.

Hanna retuvo la respiración al contemplar su preocupación, el miedo dibujado en sus ojos y el cariño que tenía. El corazón de ella se revolcó en su interior, con una sonrisa sincera en sus labios. Ella estiró su mano hacia él para peinar su pelo, recorriendo las líneas de su rostro con sus dedos y tocar sus labios.

Más allá de los años y las circunstancias, Kylian la había protegido siempre, cuidandola y ayudándole a sobrepasar los momentos más oscuros. Sin juzgarla, sin intentar cambiarla, queriéndola por lo que era, sin pedir nada a cambio.

Se formó un pequeño nudo en la garganta de Hanna que intentó hacer desaparecer. Sus ojos se tornaron brillosos y si acaso Kylian notó las lagrimas aculumadas, no dijo nada.

— Estoy más que bien —susurró—, solo que desconocía tu costumbre de morder tanto —agregó para intentar desviar el tema. La risa de Kylian repercutió en el ambiente y en su cuerpo, la besó frenéticamente una vez más antes de acercarse a su oído.

— Tengo costumbre de muchas cosas —le susurró, descendiendo sus manos con lenta tortura, dejando un camino de besos desde su cuello hasta su pecho—. es hora de que te familiarices con ellas —dijo, mirándola desde abajo volviendo a besar su piel.

Hanna hundió sus manos en su pelo, tirando con fuerza, luchando contra los recuerdos del pasado que la volvían sentimental. Pero él miraba cada una de sus reacciones, perdido en sus pensamientos y orgulloso de sí mismo.

— Kyl, he esperado demasiado como para que nos pongamos a hacer este tipo de jueguitos ahora —dijo Hanna, tirando de su pelo para que pudiese mirarla. Su expresión era oscura y tenaz, con un leve aire de desesperación y amenaza.

La sonrisa de Kyl era brillante y despreocupada.

— ¿Cuánto tiempo de abstinencia sexual llevas? —preguntó con curiosidad, volviendo a recostarse sobre ella y moviéndose provocativamente para que ella se removiera bajo él con impaciencia.

— No me refiero a mi abstinencia —susurró Hanna, con las mejillas enrojecidas y cierto enojo por tener que admitir cuando lo necesitaba.

Kylian la admiró en silencio por un instante antes de besarla, profundo y dulce, con delicadeza y fiereza. Como si entendiera lo que ella decía y compartiera el mismo sentimiento. Hanna se tensó al darse cuenta que él avanzaba en su interior hasta que su voz y sus besos la hicieron olvidar las dudas y miedos.

Él era como una energía cálida que la rodeaba, que la hacía adicta y la llevaba al borde de la lógica. Por un momento, ella olvidó que era la Hanna que debía mantener el control, hacer el papel de chica perfecta, de complacer al resto.

— Esto se siente mucho mejor que en mis fantasías —murmuró Kylian, con la respiración agitada y sus ojos cerrados sobre el cuello de Hanna.

— No puedo creer que probablemente te hayas masturbado conmigo en mente —gimió ella, sin poder evitar pelear amistosamente con él mientras sentía su interior a punto de explotar.

— Como si tu no lo hubieses hecho —canturreo, mirándola. Hanna sonrió, cerca de su límite, besandolo. Kylian la abrazó con fuerza, como si temiera que se escapara, cuando más cerca estaba—. Gracias por no dejarme nunca —dijo él, a punto de llegar a su clímax, hundiendo su cara en el cuello de ella, incapaz de analizar sus palabras y sobrecargado de emociones.

— Estamos en esto juntos —le prometió ella, como tantas veces lo hizo.

*

Estirándose perezosamente, abrió los ojos para encontrarse con una profunda oscuridad. Dudó del lugar dónde estaba y de la hora, hasta que reconoció el ventanal de Kylian completamente cerrado. La única señal que era de día era el reloj digital que titilaba las 10 de la mañana.

En otro momento, hubiese enloquecido por ser tarde y continuar en la cama, pero sentía una calidez aprisionandola. Apenas podía mover su cuerpo sin sentir a Kylian sobre ella. Y cuando se giró hacia él, notó que tenía su rostro hundido entre su almohada y su pelo.

Lo admiró sonriente, girándose lentamente, quitando su pelo cerca de él. Notó la forma en que se acomodaba para ajustarse al cambio de postura de ella, y como arrugaba su cara entre suaves quejidos. Dejando que él la abrace como un panda, Hanna permaneció en silencio.

No le molestaba el apego de él, ni tenía necesidad de huir luego del sexo, tampoco le incomodaba su propio sentimentalismo con él. Fue en ese momento, viéndolo dormir pacíficamente sobre ella, que se dio cuenta que quizás la fuente de sus preocupaciones era él. Temía por el futuro juntos, arruinar todo y perder su única fuente de felicidad.

Respiró hondo, ahogando la frustración y las voces que la volvían insegura. El miedo de perderlo la ensombrecen. Estamos en esto juntos; prometieron la noche anterior. Y más allá de todo, él le daba razones de sobra para que no tuviese miedo, para que confiara.

— Si dejo de fingir que estoy durmiendo vas a continuar mirándome, o vas a huir —la voz de Kylian sonó ronca sobre la almohada, afianzando su abrazo alrededor de la cintura de Hanna.

Ella sintió su rostro enrojecer levemente al verlo abrir sus ojos. Lucía somnoliento y despeinado, pero nunca lo había visto tan hermoso como en ese instante.

— Yo... —dijo dudosa, y él sonrió, acercándose para darle un breve beso en los labios.

— ¿Aún no entraste en pánico? —inquirió él con tono curioso, sonando más despierto que antes. Hanna lo miró confundida, notando la sonrisa que se expandía y el brillo de sus ojos—. Han, te conozco desde siempre. Cuando las cosas se vuelven muy personales y sentimentales, llega un punto en que comienzas a dudar, como si intentaras encontrar la falla para poder dar marcha atrás —explicó somnoliento.

Al principio, ella se mostró ofendida por sus palabras pero la realidad comenzó a obligarla a reconocer la verdad. Suspirando con cierta terquedad y casi dandose por vencida, cerró los ojos para abrazarlo con fuerza, hundiendo su cara sobre su pecho.

— Estaba a medio camino —admitió a regañadientes, sintiendo la risa de él y su mano que acariciaba su espalda.

— Todo va a estar bien, Han —le aseguró una vez más—. Las preocupaciones de ayer y el miedo de hoy es todo por lo mismo, solo debes ser más permisiva contigo misma, dejarte disfrutar las cosas, sentir y permitirte fallar si es que sucede —murmuró cerca de su oído, dejando delicados besos sobre su pelo.

Aferrándose a él, ella sintió su corazón apresurado y aunque todo el miedo estaba allí, lo sentía un poco más lejos.

— Voy a intentarlo —susurró, sonriendo porque más allá de todo, sabía que no estaba sola. Él estaría de su lado, siempre. 

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