Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Memorias de corazones rotos

A las 17 hs, en casa para la prueba del vestido. Sé puntual.

Miró su teléfono sin un ápice de emoción, y se recostó sobre la silla en medio de un suspiro. Aquel parecía un mensaje de negocios, frío y directo, no el de una madre hacia su hija. Podría decir que le sorprendía que fuese así pero estaría mintiendo. Ya a su edad no la sorprendía nada de su familia, y solo perduraba la ligera esperanza de que algunas cosas pudiesen ser diferentes.

Dejó su teléfono a un lado para volver a centrarse en su trabajo. Le agradaba la seguridad que le daba su pequeña oficina en la empresa de su padre. El lugar no era ni espacioso ni tenía grandes lujos; solo poseía un escritorio, un pequeño mueble y todo lo que necesitaba para hacer su trabajo. Tampoco tenía un gran puesto en la empresa de su padre, quería creer que era alguien más aunque realmente no lo era.

Y usualmente a las personas les gustaba recordarle eso.

Un golpe en la puerta la trajo de nuevo sobre la tierra.

— Hanna —su tutora y jefa del área de relaciones públicas entró a la oficina con paso apresurado—. En veinte minutos tenemos una reunión para hablar del proyecto de fin de año— le avisó con una sonrisa para luego irse.

Y Hanna tomó con prisa sus cosas para seguir sus rápidos pasos. Recorrió el tramo que la separa de ella casi corriendo, y se encontró sin aliento una vez a su lado.

— ¿Sobre el evento de fin de año? —inquirió curiosa.

— Sí, necesitamos ultimar detalles de la organización e incrementar la publicidad —comenzó a decir. Hanna la oía, tomando nota mental de las cosas más importantes hasta que se detuvo. Una extraña sensación la recorrió, tensándola, sus ojos moviéndose hacia un lado. Agudizó su mirada hacia las personas que conversaban a la distancia, no reconocía a la mayoría pero uno de ellos le llamaba la atención aunque no podía ver su cara completamente.

Su corazón comenzaba a latir apresurado mientras esperaba poder identificar a esa persona que se encontraba casi de espaldas; cabello oscuro, traje negro y una actitud soberbia.

— Hanna —oyó la voz de su tutora llamándola. Ella parpadeó, volviéndose hacia la mujer que la mirada con dudas. Sin perder un minuto, olvidándose completamente de lo que la había desconcentrado, camino hacia ella para continuar en lo que estaban.

Pero la sensación de intranquilidad no la dejó de perseguir en todo el día.

💋💋

Luego de la oficina, Hanna se detuvo en una cafetería, antes de ir hacia el campus de la universidad. Necesitaba entregar algunos trabajos y recolectar información, la mezcla de nerviosismo e impaciencia no iban bien con ella pero aparentaba calma. Siempre lo hacía. El caos era una parte más de su sistema pero jamás perdía la rectitud.

Aguardaba por su café cuando sintió que alguien se acercaba. Cerró los ojos al sentir el perfume que la rodeaba; dulce, repugnante y demasiado fuerte. Para nada su gusto.

— Hanna —la voz de Joan resonó y ella comenzó a maldecir mentalmente.

— Joan, ¿todo bien? —inquirió, volviéndose hacia él y saludándolo con solemnidad. Él sonrió pero sus ojos no demostraban la misma cordialidad que su sonrisa; había algo oscuro e intenso en sus ojos, algo que le decía que los reproches que habían tardado en llegar, al fin lo harían.

— ¿Qué hacías? ¿Estás sola? —inquirió, probablemente buscando a Kylian. Pero él no estaba allí, tampoco era como si los dos pasaran las 24 horas del día juntos.

— En camino al campus —respondió para dejarle en claro que no tenía mucho tiempo. Él sonrió, casi tímido y podía ver su ligera torpeza. Casi sentía lastima por ser tan mala onda veces, casi. Pero no era culpa de Joan, ella era así con todos.

— Seo Hanna —escuchó que la llamaron y fue a buscar su café.

— ¿Quieres que te lleve al campus? Me queda de paso —le dijo, caminando tras ella. Hanna le sonrió para no parecer demasiado dura con él, pero no estaba cómoda.

— Gracias pero estoy con mi auto —respondió, y respiró hondo para deshacerse de la inquietud que la rodeaba— ¿Tu cómo has estado? —le preguntó manteniendo su diplomacia.

— Bien —su rostro se iluminó ante el interés que le demostró, y Hanna se sintió culpable.

Desde que lo conocía, Joan había sido una persona amable, nunca era parte de las bromas que se entretejían a su alrededor ni hablaba mal de ella. Siempre le ofrecía una sonrisa y un poco de ayuda cuando lo necesitaba. Era todo lo opuesto a su prima Mikayla. Sin embargo, a pesar de todo, nunca pudo verlo más que como un amigo.

Simulaba desconocer el interés que él tenía en ella como forma de protegerse a sí misma y protegerlo a él. No quería lastimarlo, pero tampoco quería alejarlo del todo. Era egoísta y lo sabía, pero no tenía tantas personas que estuviesen de su lado en la vida. Joan era lo más cercano a un amigo que tenía en la extensión de su círculo social.

Ella asintió ante las palabras de Joan, sin saber bien qué más decir. Ambos caminaban hacia el exterior a paso lento, sin mirarse ni hablar. Él la acompañó hasta su auto mientras ella pensaba cómo terminar con la incomodidad.

— Hanna —ella parpadeó, mirando sus ojos oscuros que se suavizaron con la sonrisa que tenía—. Sé que puede sonar extraño esto porque nunca hablamos de estas cosas, pero, me alegro sobre tu compromiso —dijo él, por la forma en la que hablaba, suponía que él estaba tan nervioso como ella—. No soy el mayor fanático de Giroud ni él de mí, pero saber que eres feliz, es lo único que me satisface —reconoció, su tez morena se oscureció con el rubor en sus mejillas.

Ella sonrió, olvidándose de la torpeza y la incomodidad, de los nervios y la extrañeza. Realmente le alegraba cuando las personas eran buenas con ella porque era una persona, y no por interés ni falsedad. Con los años había logrado identificar esas señales de malas intenciones y mentiras, y en Joan nunca las vio, y esperaba nunca verlas.

— Gracias Joan —respondió con sinceridad—. Supongo que nos estamos bien pronto —comentó, saludándolo rápidamente. Él asintió, moviendo su café a modo de saludo, aguardando de pie allí hasta que Hanna se subió al auto y se fue.

Ella continuó su camino con prisa y preocupada por los trabajos de la universidad pero al menos ahora, poseía una pequeña mueca de satisfacción en el rostro.

💋💋💋

Unos días antes de la fiesta de compromiso, los Seo y Giroud se reunieron en la mansión de estos últimos para un festejo privado. No eran más de diez personas comiendo y bebiendo, conversando sumergidos en sus propios mundos.

Hanna estaba sentada junto a Kylian, sus usuales lugares, alejados del resto aunque sin olvidarse que eran el eje central. Intercambiaban comentarios y los planes que tenían para después de la cena, entre susurros y miradas.

El ambiente no era muy distinto al de otras veces. Sus padres hablando de negocios, sus madres criticando a otras personas, el hermano de Hanna quejándose de la bebida mientras dedicaba miradas lujuriosas a las sirvientas. De a poco tanto Hanna como Kylian dejaban de ser importantes, y el casamiento solo se veía como lo que era para ellos, un mero trámite.

La forma en la que actuaban frente al resto tampoco era muy diferente; siempre habían tenido un vínculo cercano que podía llegar a confundir al resto, además, vivían en familias conservadoras que preferían no mostrarse abiertamente afectivos. Ambas cosas los ayudaba a que pudiesen maniobrar su falta relación frente a su familia.

— Estoy tan feliz con el casamiento —Hanna oyó la voz de la madre de Kylian. Sus ojos se posaron inmediatamente sobre él, quien se hundía en su silla con una expresión de cansancio, deseando desaparecer lo más pronto posible de ese sitio.

— Y pensar que creímos que nos darían mucho trabajo cuando crecieran —agregó la señora Seo. Esta vez fue Hanna quien se mostró totalmente burlona con los comentarios. En un intento de no poner los ojos en blanco, se acercó a Kylian para susurrarle.

— ¿Puedes apuñalarme con un cuchillo y terminar con todo esto? —inquirió, sacándole una sonrisa a él. Sus ojos oscuros se posaron en el rostro de Hanna; ella se veía hermosa y delicada pero también impaciente y a punto de enloquecer.

Aclarándose la voz, Kylian movió su silla, atrayendo la atención de todos.

— Disculpen el atrevimiento, pero voy a dar un pequeño paseo con mi prometida —sonrió con galantería a sus padres y especialmente a su madre, que lucía orgullosa de él, llena de cariño.

— Claro que sí, hijo —comentó su padre, elevando su copa de vino. La sonrisa de Kylian era tan falta como el respeto que les profesaba, pero aun así, asintió y escoltó a Hanna hasta los pasillos.

Se alejaban a paso lento, Kylian hablando sobre la universidad y los proyectos en la empresa. Ella sonreía con admiración, sonando completamente abstraída en él. Pero todo eso se esfumó una vez estuvieron en el patio, el contacto con el aire les dio la bienvenida y les trajo alivio. Nada de conversaciones monótonas, ni actitudes medidas.

— Si escucho algo más sobre el compromiso y la fiesta, creo que voy a gritar —comentó Hanna, frotando suavemente su rostro entre sus manos. Estaba cansada de toda la organización, la atención y el falso interés. Solo quería terminar con eso para poder continuar con su vida como antes.

— Lo siento —Kylian susurró, siguiéndola de cerca. El patio se abría frente a ellos, silencioso y luminoso; caminaron cerca de la piscina, acercándose hacia los bancos ubicados bajo uno de los tantos árboles que invadían el patio.

— Tú no tienes que disculparte por nada —en medio de un suspiro, Hanna le sonrió para hacerlo sentir bien. Ambos estaban en las mismas circunstancias.

Kylian intentó sonreír pero la tristeza pesaba en su cuerpo; quizás había bebido más de lo que debía, o tal vez comenzaba a arrepentirse de sus decisiones. Su espontaneidad y terquedad lo habían llevado lejos, pero no siempre su destino era el mejor.

— Deja de pensar tanto, para eso estoy yo —se quejó Hanna con humor, pero hacer desaparecer al aura melancólica que él poseía. Él respiró hondo, cerrando los ojos, masajeando su cuello con intensidad.

— Quisiera que esto pase más rápido, pero se está haciendo difícil —dijo con un pequeño quejido. Los ojos de Hanna se tornaron suaves y brillantes sobre él, su sonrisa era dulce. Acercándose a él, Hanna rodeó su cintura para abrazarlo, y Kylian se vio sorprendido por el súbito contacto.

Bajando su guardia, la abrazó, hundiendo su rostro en su cuello. El aroma de su perfume, las caricias en su espalda, le daban tranquilidad.

— Dímelo a mí —susurró Hanna, de acuerdo— Mi madre no me deja un momento en paz; el vestido, la comida, los arreglos... como si acaso me interesara todo eso —agregó ella, pensando que aún faltaba el casamiento, ahogando un grito de frustración.

— Mi padre me ha anunciado que debo comenzar a concurrir a la empresa a partir de la semana que viene, todos los días y tendré mi propia oficina —la voz de Kylian era suave, su resignación era evidente al igual que la molestia que eso le generaba.

Hanna recordaba todas sus conversaciones, los planes y sueños que tenían en la vida. Todas esas cosas que deseaban hacer pero que ahora mismo, se convertían en una realidad difícil de alcanzar.

— No creo poder satisfacer a todos —su voz se quebró, abrazando con más fuerza a Hanna. Ella cerró los ojos, sintiendo sus ojos arder y en su garganta un nudo que le impedía hablar con claridad.

La culpa la rodeaba, con punzadas que atravesaban su corazón. El casamiento había sido una locura; había sido ella la primera en aceptarlo y no solo eso, sino que sus fotos los obligaron a acelerar las cosas. Estaba enojada e indignada con ella misma, pero incluso así, tenía noción que su vida era así no solo por el casamiento.

Ambos eran marionetas de sus padres. Dos adultos que por más voluntad que pusieran estaban a su disposición. Su vida de lujos, los estudios, el trabajo; nada les pertenecía. Ni siquiera su vida.

— ¿Podrá ser posible que en algún momento seamos felices? —inquirió él, dubitativo. El interior de Hanna era inseguro y lleno de miedo, vivía en el control para no ser lastimada, pensaba los peores escenarios para no sentir esperanza. Pero no quería que Kylian sintiera dolor, ella prefería cargar con todo eso antes de que él lo sufra.

Se alejó apenas, deshaciendo el abrazo para poder tocar su cara. Le sonrió con dulzura, acariciando su piel suavemente, dándole un beso en su mejilla.

— Por supuesto que sí —aseguró, hundiendo su fantasmas en lo profundo de su ser—. Estamos juntos en esto, todo va a salir bien —agregó, queriendo poder sentir el mismo optimismo con el que sonaba.

Kylian sonrió con tristeza, asintiendo lentamente.

— Tienes razón —canturreó. Cuando las manos de Hanna abandonaron su rostro, él rodeo con un brazo su cuello en un medio abrazo—. Mejor olvidemos todo esto un poco, solo unos minutos más y vamos a poder disfrutar luego de la fiesta de Hunter —agregó, guiándola a través del sendero que atravesaba el patio.

Hanna apoyó su cabeza sobre el hombro de Kylian, contemplando el cielo nocturno y la tranquilidad del patio. Alejando las voces que le recordaban en cada instante todo lo que iba mal en su vida. Quería pensar en algo bueno, así que solo se aferró a ese momento.

Para cuando ambos decidieron irse, sus padres se encontraban en el estudio hablando y bebiendo, sus madres los miraban con orgullo junto a una sonrisa, y el hermano de Hanna había desaparecido hacía tiempo de los alrededores.

— Disfruten de la reunión —dijo la señora Seo, con la mirada puesta en su hija. Ella asintió con solemnidad, saludándolas con un asentimiento, viéndose cómo si acaso fuese a ir a una reunión de negocio.

Kylian les dedicó una sonrisa con esa mirada un tanto inocente y un tanto maliciosa que hacía que todo el mundo cayera por él. Con palabras dulces y ojos brillantes, Kylian hizo que la salida fuese menos estresante de lo que podría haber sido.

Como cada vez que estaban a solas, una vez que Hanna y Kylian estuvieron dentro del auto, las actuaciones terminaron. Lo primero que hizo él fue bajar el vidrio para encender un cigarrillo mientras conducía lejos de allí. El aire sobre su cara le daba cierto sentido de liberación y vacío.

La reunión que sus madres imaginaban estaba lejos de ser eso. La mansión Crawford era oscuridad, ruidos y personas. Una cortina de humo volvía el ambiente dibujo y confuso. Kylian sintió la mano de Hanna enlazarse con la suya mientras avanzaban entre los cuerpos que bailaban y se movían de un lado a otro. Personas besándose y buscando sitios para continuar en privado, otros hablando y riendo sin ningún tipo de pudor, otros borrachos y fumando sin parar.

— ¡Llegaron! —exclamó Hunter, trayendo una botella en su mano y con su otro brazo rodeando a Kylian por el cuello, dejando un beso ruidoso en su mejilla. Aunque Kyl era más alto, Hunter de algún modo parecía más grande que él, por eso mismo no pudo sacárselo de encima tan fácilmente.

— Ey, estábamos esperando por ustedes —dijo Emme uniéndose a Hunter. Ella abrazó a Hanna y se quedó prendida a ella como un koala.

— ¿Cómo va todo por acá? —inquirió Hanna, mirando la felicidad burbujeante de su amiga. Ella no respondió inmediatamente, negó y se prendió más a Hanna, escondiendo su cara.

— Intenté hablar pero me ignora porque no está sola —el dolor en su voz hacía que Hanna sintiera enojo. A pesar de su apariencia liberal y salvaje, Emme era tímida y torpe; Hanna apenas sabía quién era la persona que le gustaba porque su amiga sentía pudor y ella no quería presionarla.

Hanna abandonó la mano de Kylian para abrazar a Emme, dándole suaves masajes en su espalda. Quería hacerla sentir bien aunque no estaba segura cómo hacerlo.

— Arriba el ánimo, ¿sí? Intenta no darle importancia, ve de a poco y no te apresures —le recomendó.

— ¿Y si aun así me ignora? —preguntó.

— Entonces no te merece —le respondió; Emme no podía verla pero el rostro de Hanna estaba ensombrecido con pensamientos y recuerdos oscuros. Emme suspiró, asintiendo suavemente, procesando las palabras con cuidado.

Tomándose unos minutos para volver a ser la misma de siempre, Emme permaneció abrazándola hasta que se irguió con una sonrisa brillante y mirada implacable. Ahí estaba su amiga de siempre, la sofisticada, hermosa y brillante Esmeralda Lucero; solo ella podía verse tan bien mientras tenía el corazón golpeado.

— Creo que he bebido demasiado, la melancolía siempre me pega cuando bebo demás —murmuró, peinándose sus rulos hacia atrás. Observó la fiesta con insuficiencia y aburrimiento, para luego estirar su brazo hacia Hunter. Lo agarró de la camisa para sacarlo de encima de Kylian; ambos llevaban unos minutos golpeándose suavemente pero llegaría un punto en que sus límites se borrarían.

— Parecen dos niños bravucones —lo reprendió.

— Pero soy tu niño bravucón preferido, ¿o no princesa? —inquirió él, provocador, ladeando su cabeza y haciendo un mohín con sus labios.

— Claro que sí —sonrió ella, robándole la botella para seguir bebiendo.

Hanna la miró con resignación; hacía solo unos segundos se quejaba de que había bebido demasiado, y ahora seguía tomando. Meneó la cabeza y prefirió robarle la botella para dársela a Kylian.

— Siento como que estuviese besando indirectamente a Emme y Hunter —comentó Kylian tras beber un sorbo. Emme hizo una expresión de asco mientras que Hunter puso los ojos en blanco.

— Cómo si acaso no fuese tu sueño húmedo de todas las noches —él le guiñó un ojo, haciendo que Kylian escupiera el vino sobre él. Las quejas de Hunter se elevaron tanto como las carcajadas de Hanna y Emme.

— Creo que me dieron nauseas —fueron las últimas palabras de Kylian antes de alejarse a buscar otra bebida.

La fiesta continuaba en su total apogeo. Hanna caminaba por la fiesta mientras bebía lentamente, contemplando a los presentes y evaluando cada cosa que hacían. De vez en cuando echaba un vistazo a sus amigos; Emme ya había dejado atrás su melancolía, Hunter y Kylian jugaban al póker entre bebidas y personas a su alrededor.

Ella se detuvo un momento, apoyándose sobre la pared, posando sus ojos en las personas que bailaban. Los cuerpos juntos, las caricias disimuladas, los besos escurridizos. Hanna agudizaba sus ojos sobre ellos, envidiándolos porque ya no podía disfrutar de su vida sexual del mismo modo que lo hacía antes.

Extrañaba los encuentros secretos, los amantes anónimos y el placer que ellos le daban. Su frustración se incrementaba cuanto más tiempo transcurría, ya no podía desahogarse de sus preocupaciones diarias, olvidarse por un momento de quién era. Quizás podía sonar dramática, pero realmente estaba enloqueciendo.

Tocaba sus gruesos labios involuntariamente, respirando entrecortadamente y desatando su imaginación hasta que notó la presencia de Mikayla. Su humor cambió drásticamente; ella reía con actitud vanidosa junto a una de sus amigas, mirando a su alrededor con cierto asco en su mirada hasta que su expresión se suavizó al ver a alguien.

Hanna ladeó la cabeza, siguiendo la dirección de sus ojos. Le costó reconocer al chico que miraba, él caminaba con aburrimiento y se detuvo como si buscara algo en la habitación. Un pinchazo atravesó el corazón de Hanna y repercutió en su estómago al mismo tiempo que su mente se nubló. Palideció súbitamente y sus piernas se sintieron gelatinosas.

Su respiración se tornó agitada, los latidos retumbaban en sus oídos cuando el chico detuvo sus ojos en ella. La sorpresa desfiguró su rostro, emociones que ella no reconocía atravesaron sus ojos, y su boca se abrió como si quisiera decir algo que ella no podía oír por más que quisiera. Y no lo quería.

No dudó en moverse lejos de allí, temblando imperceptiblemente. Su mente comenzaba a dar vueltas a medida se aclaraba, y arrastró a Kylian lejos de la mesa porque sabía que no podía estar sola.

Miedo, enojo, frustración y dolor. Se hundía en un abismo que creyó olvidado.

Sus ojos se posaron lejos de Kylian, notando como el chico se acercaba a ellos pero ella no estaba preparada para eso.

— Bésame —dijo.

— ¿Qué? ¿Qué está sucediendo? —inquirió confundido.

— Necesito que me beses, por favor —su voz se rompió, como hacía tiempo no lo hacía. Lo agarró de la camisa para atraerlo hacia ella, pero él lucía conflictuado—. Él se está acercando —ya no podía controlar su voz.

— ¿él? —los ojos de Kylian se oscurecieron.

— Simón —susurró el nombre de su peor fantasma.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro