El show debe continuar
Vivían una vida de mentira. En su familia, en su círculo social, en la universidad y el trabajo. No es que la farsa fuese algo nuevo para ambos pero necesitaban ser más inteligentes en sus pasos, estar alertas e ir dos pasos delante del resto.
Desde que la noticia del compromiso salió, ni Hanna ni Kylian habían estado fuera de sus casas mucho tiempo, y mucho menos se habían encontrado con más personas que no fuesen de la empresa. Pero llegó un día que la planificación y los cuestionamientos tuvieron que llegar.
¿Desde cuándo están juntos?
Si las fotos no salían cuánto tiempo más hubiesen ocultado su noviazgo.
¿Qué piensan sus familias al respecto?
¿Cuánto de estrategia hay en su relación para ocultar los problemas económicos en las empresas?
Como futuros herederos de grandes corporaciones, ¿creen que merecen esos puestos?
Las preguntas eran balas que buscaban herirlos, pero solo los incomodaba. Ninguno de los dos estaba acostumbrado al alto perfil, siempre se habían mantenido en las sombras del apellido familiar y los grandes logros que traían. Sus nombres eran conocidos pero poco se sabía de ellos, hasta ahora.
Vistiendo una máscara de condescendencia, Kylian les sonrió a los paparazis, guiando a Hanna al interior de la fiesta en la gran mansión de los Lucero. Ella los saludó tímidamente como solía hacerlo, luchando para no dedicarles una intensa mirada venenosa. Una vez ingresaron a la mansión sintieron que habían pasado uno de los tantos obstáculos que tendrían esa noche.
— Lo has hecho bien, Seo —le murmuró al oído, posando su mano tras su espalda, y contemplando hacia el interior. Ojos curiosos, miradas sospechosas, murmullos recelosos y sonrisas burlonas.
En perspectiva, los paparazis eran niños de pecho a comparación de aquellas personas. Ellos tenían dinero y belleza, pero sus vidas no eran lo suficientemente interesantes así que vivían a través de las apariencias y de los demás. Amaban la miseria ajena y celaban la felicidad del resto.
Kylian respiró profundamente, deshaciéndose de esas emociones que lo embargaban.
— ¿Quién crees que nos reprochará primero? —inquirió ella, arqueando sus cejas.
— Por supuesto que él —respondió Kylian por lo bajo, refiriéndose a Joan. Hanna meneó la cabeza justo en el momento en que Emme se acercaba a ellos.
— Han llegado mis prometidos favoritos —canturreó, luciendo etérea con un vestido largo, esmeralda, bordado en piedras y un gran escote en el frente. Ella podía usar los tacones más altos e igual andaría de un lado a otro como una diestra bailarina—. Te ves preciosa —le dijo a Hanna al ver su vestido negro con diamantes y espalda descubierta.
— Gracias —sonrió Hanna, dándole un abrazo—. Feliz cumpleaños —exclamó apretándola con fuerza.
— Gracias, no quería hacer nada, pero no se cumplen 23 años todos los días —sonrió con mirada brillante, dándole un vistazo a Kylian—. Y era preferible que ustedes enfrenten por primera vez al enemigo en territorio conocido —dijo bajando su voz.
Kylian sonrió abiertamente ante la referencia, queriendo sacudir el pelo de Emme pero ella luchando para que no la despeine. Y Hanna estiró su cuerpo en preparación, intentando que su cabeza no doliese de solo pensar en las horas siguientes. Involuntariamente, entrelazó su manos con la de Kylian sin saber que buscaba con pero sintiéndose segura de algún modo. Él le dio un suave apretón antes de que Emme los acompañara al interior del gran circo.
Siendo abducida por un grupo de chicas, Hanna respiró hondo, posando su mirada sobre Emme, confiando que ella llevaría la conversación a terreno seguro. Mirada suave, media sonrisa y sosteniendo un vaso de vino para ocupar en algo sus manos. Oía la conversación, sentía las miradas y percibía las actitudes.
A pesar de que las analizaba fríamente, no podía dejar de sentirse un tanto inquieta. Allí entre medio de esas chicas superficiales, era como un cordera entre lobos.
— ¿Y tú Hanna? ¿Cuándo pensabas decirnos sobre tu noviazgo? —preguntó una de ellas, ni siquiera molestándose en ser disimulada para preguntar o en ocultar los celos.
Hanna fingió confusión y sonrió con timidez, ocultado su sonrisa tras su mano. Sabiendo que comenzaba el interrogatorio.
No es de tu incumbencia mi vida personal; quiso responder.
— Muy pronto, solo que no sabíamos cómo decirlo —respondió.
— ¿Y desde hace cuánto están juntos? —inquirió otra.
No te importa.
— Hace un tiempo, simplemente se dio —volvió a responder, sintiendo a Emme moviéndose a su lado con actitud protectora.
— Estoy tan felices por ustedes —canturreó otra de las chicas. Hanna sonrió, sin creerle nada.
— Gracias —respondió.
— Siempre creí que él terminaría con Mikayla, ella se la pasa persiguiéndolo pero mira como ha sido todo —murmuró otra de las chicas.
— Yo siempre creí que haría mejor parece con Hanna, al fin de cuenta Giroud y Seo son grandes amigos —dijo otra.
El círculo comenzó a hablar de ella y de Kylian como si no estuviese allí y pudiese oír todo. ¿Le sorprendía eso? Absolutamente no. ¿Se sentía incomoda? Por supuesto. ¿Podía hacer algo al respecto? Para nada.
— Bueno, si nos disculpan creo que nos están llamando por allí —mintió Emme sonriendo deslumbrantemente, y tomando del brazo a Hanna para llevársela lejos—. Esas hienas no se callaban más, y estoy segura que después irán a contarle todo a Mikayla —le dijo, malhumorada por el trato de esas chicas.
— No tienes que preocuparte, es lo mínimo que esperé de ellas —comentó Hanna, robando una botella de vino para rellenar su copa. Sentía las miradas curiosas y solo deseaba sentirse más cómoda aunque lo ocultaba bien del resto.
Emma le sonrió con pena, llevándola hacia una zona menos concurrida para sentir privacidad, mientras se preguntaban cómo le estaría yendo a Kylian. Además de ellos, los únicos que sabían la realidad de su relación eran Emme y Hunter, las personas en las que más confiaban.
— Creí que sería buena idea que sean vistos en un sitio en el que estuviesen cómodos pero realmente me esta costado poder controlar a algunos —se quejó Emme, saliendo a uno balcón, y cerrando los ojos ante el suave aire.
La vista eran brillante y divertida; había personas en el patio trasero de su casa, las música se entremezclaba con los cantos, algunos bailaban y otros conversaban, pero todos pasaban un momento feliz. Hana vio a su amiga respirar hondo con frustración, bebiendo vino de la botella y volviendo sus ojos a la fiesta frente a sus ojos.
— Es imposible controlar todo —comentó Hanna, apoyándose sobre la baranda con comodidad; dejando de lado toda su falsa actitud—. Te lo digo yo —agregó sonriendo maliciosamente.
La risa de Emme resonó a su alrededor, deshaciendo un poco su ánimo malhumorado. Ella miró a Hanna con complicidad y meneó la cabeza con incredulidad.
— Que par que somos —canturreó, volviendo a empinarse la botella de vino como si de eso dependiera su vida—. Tú, aparentando ser una virgen reservada y frágil, cuando eres todo lo contrario. Y yo, que todos creen que soy una puta, cuando en realidad soy una bisexual virgen —murmuró meditabunda.
Una mueca que no llegaba a ser una sonrisa se formó en los labios de Hanna. Apoyando su rostro entre sus manos, contemplaba la fiesta, sintiendo el peso de las palabras. Para las personas era tan fácil hacer suposiciones de otros en base al aspecto y lo que creían saber; no perdían el tiempo en conocerlos para juzgarlos correctamente, todo aparentemente ser simple. La forma que uno vestía, si era extrovertido o introvertido y como actuaba con el resto era suficiente para sentar un veredicto, y a partir de allí, erigir una imagen que no era siempre la correcta.
— Nuestra sexualidad es una parte más de lo que somos. No somos monstruos por tener sexo como por no tenerlo, por gustar o no de alguien, ni por tener sentimientos ni fantasías —dijo con voz tornándose pensativa y profunda—. Las personas critican en base a sus propios miedos e inseguridades —agregó; sus ojos se oscurecieron al reconocer a un rostro entre los presentes en la fiesta.
Reconocía la mirada furiosa bajo una superficie que resplandecía con una sonrisa que se veía dolorosa. Los ojos empuñando dagas llenas de planteos pero también de dolor. Hanna no perdió de vista a Mikayla ni por un minuto. Ella bailaba pero sin prestar atención, porque su enfoque estaba puesto en Kylian quien reía junto a Hunter cerca del pequeño lago artificial de la casa de Emme.
Mikayla lucía hermosa y letal, como usualmente lo hacía, pero esa noche estaba rodeada de halo venenoso, y Hanna sabía bien cuál era la causa. Ella podía resultar simpática para el resto, diplomática y gentil, pero Hanna conocía una faceta suya que los demás no. Y cuando hablaba de personas que criticaban en base a miedos e inseguridades, Mikayla había sido la persona principal en enseñarle eso.
Ella aguardó hasta verla tomar el coraje suficiente para atreverse a hacer lo que llevaba pensando hacer desde hacía minutos. Fue en ese momento que Hanna sonrió.
Tenía razón.
— Kylian —Hunter llamó a Kyl, sonando precavido. Él parpadeó, olvidando por un momento de lo que estaba hablando y se giró hacia Hunter, para terminando siguiendo la dirección de su mirada. Demonios.
Toda la alegría se evaporó de su sistema al ver a Mikayla. Ella se veía como si acaso estuviese a punto de asesinar a alguien, y él tenía todos los números para ser el ganador.
— ¿Podemos hablar? —fue lo primero que le dijo ella. Kylian parpadeó, luego miró a Hunter y se volvió hacia Mikayla.
— Bueno —dijo, sonando para nada seguro. Mikayla comenzó a caminar alejándose y esperando que él la siguiera, mientras Hunter le dedicaba una expresión de pena.
— Sé fuerte, si me buscas, probablemente esté con las chicas —dijo antes de huir rápidamente, dejando a Kylian solo con su alma y las excusas que debería comenzar a inventar.
— ¿Por qué nunca me dijiste que Hanna y tu tenían una relación? —inquirió Mikayla, agresivamente, ni bien Kylian se detuvo junto a ella.
No sabía que debía informarte de mi vida privada; pensó él.
— No creí que fuese algo que importe a los demás —respondió cuidadosamente. Ella frunció su seño y él notó la forma en que jugaba con sus anillos para canalizar el enojo.
— Por supuesto que importa, a mí me importa —dijo con amargura—. Yo realmente creí que tu... —sus palabras murieron en sus labios, un dejo de tristeza colándose en su expresión, y Kylian podía suponer lo que le diría aunque prefería no oírlo—. ¿Y ella? ¿Tenía que ser ella entre todas? —inquirió en medio de una nueva explosión de furia.
— ¿Y cuál es el problema con Hanna? —preguntó él bruscamente. Mikayla lo miró casi sorprendida de ese arrebato de enojo en Kylian, eso se debía a que las personas solían tener una imagen de él en la que brillaba el desinterés y de un rebelde que no era demasiado extremista.
Kylian aguardó a su respuesta. Su rostro quedó en blanco y sus grandes ojos se tornaron brillantes con lágrimas que se rehusaban a quedar en evidencia.
— Hanna no merece a alguien como tú —susurró. El corazón de Kylian comenzó a latir apresurado, y su mente se tornaba nebulosa. Él podía aguantar ser agredido por lo que era o por lo que no, juzgado y dejado a un lado. Pero cuando mentían a Hanna en medio, ahí el juego era otro—. Tu eres demasiado bueno para ella, tú no la conoces como... —sus palabras de detuvieron cuando Kylian comenzó a reír sombríamente.
— Discúlpame pero eso suena absurdo —dijo él, con falsa pena entre sus carcajadas—. Si la merezco o no, no es problema de nadie, y sí, yo la conozco bien. Probablemente soy quien mejor la conoce en este mundo, y por supuesto más que tú. Te agradecería a ti y a todos si dejaran de opinar de mi relación con ella. No me gusta tener problemas, pero si se siguen metiendose con Hanna, entonces ya no seré el Kylian de siempre —dijo, haciéndole entender que tenía límites para aguantar al resto. Y su límite era Hanna.
Mikayla permaneció en silencio, luchando contra lágrimas de furia. Kylian suspiró, sintiendose culpable por ser quien la hacía llorar, pero sabía que nunca había generado esperanzas, o quizás su culpa fue no ser demasiado claro antes para no hacerla sufrir.
— Con permiso —susurró Kylian, girándose para volver la fiesta, dejando a Mikayla sola para estar con sus pensamientos y emociones.
La frustración y la ira se acumularon en su sistema hasta que miró su teléfono encontrándose con un mensaje de Hanna. Estamos en el balcón, ven a unirte, y no te sientas mal, sea lo que haya pasado estoy segura que hiciste lo correcto. Kylian detuvo su andar, buscando apresuradamente el balcón en el que siempre se reunían. Allí vio a sus amigos hablando entretenidos, Hanna sonreía divertida y sincera. Nada de malestar, nada de falsedad, siendo ella en su estado más puro.
Kylian calló su mente y sus emociones, y sonriendo para sí mismo, se dijo que Hanna tenía razón, él había hecho lo correcto.
💋💋💋
Entre la penumbra se fue acercando a sus amigos, el cansancio y la molestia comenzaba a pesar en su cuerpo y se detuvo a evaluarlos desde la distancia. Hunter y Emme bailaban borrachos de alegría, y Hanna ocultaba su risa bajo sus manos, intentando componerse.
Kylian sonrió ante esa imagen; sus personas favoritas estaban allí frente a él, divirtiéndose, y de algún modo, lo que lo incomodaba parecía no ser importante ante ese panorama. Entre las sombras, sus ojos se encontraron con los de Hanna. Ella intentaba adivinar el tipo de ánimo que tenía, y él sonrió, ocultando su lado sombrío en una actitud divertida y despreocupada.
— ¿Sobreviviste? —Hunter le preguntó con tono malicioso en cuanto él se unió a ellos. Ignorándolo, se centró en Hanna, a quien le robó su vaso de vino para deshacerse de la sequedad en su boca.
— ¿Todo bien? —le preguntó ella, y él asintió, respirando profundamente y estirando su brazo para abrazarla por el cuello.
— Todo más que bien —murmuró mostrándole esa expresión desenfadada que solía usar para convencer al resto que nada le preocupaba demasiado. Pero a ella no la tenía que convencer de nada.
— Sabía que ella sería la primera que diga algo, ladra mucho pero no hace nada —comentó, sus ojos eran suaves y tierno sobre él—. No le durara mucho el enojo contigo —agregó encogiéndose de hombros. Ella sabía cómo era Mikayla y aunque hacía tiempo que no eran amigas, había cosas que nunca cambiaban.
— Tampoco creo que le dure el enojo pero al menos esta vez sabrá que incluso yo tengo ciertos límites —murmuró. La mano de ella que reposaba sobre la espalda de Kylian se movió suavemente hasta dar pequeños golpecitos de alientos—. ¿Te han molestado mucho? —inquirió él, sonando sobreprotector.
— No, solo me hicieron las preguntas esperadas y luego escapamos con Emme aquí —las palabras de Hanna tranquilizaron a Kylian, y se sintió menos indignado con aquella noche.
— Me alegra oír eso —susurró casi para sí mismo, y queriendo olvidarse de todo eso, se centró en Emme—. ¿Cómo está la cumpleañera? —inquirió.
— Borracha —respondió Hunter, haciendo girar a Emme torpemente hasta que casi se cae. Ambos permanecieron balanceándose hasta que decidieron que lo mejor era dejar de moverse, porque terminarían mal.
— Tengo hambre y quiero ver una película —se quejó Emme caprichosamente mientras se apoyaba sobre la pared del balcón—. Quiero sacarme estos zapatos... ¿Y si nos vamos? —preguntó, rogándole a sus amigos. Aprisionó a Hunter por la corbata, prácticamente ahorcándolo—. Podría comerte en este preciso momento —sus ojos se vieron más grandes de lo usual con una sonrisa maliciosa.
Hunter la contempló arrogantemente, ladeando su cabeza.
— ¿Ahora eres el lobo y yo soy caperucita roja? —inquirió, echándole un vistazo a Hanna y Kylian que comenzaban a dudar de la cordura de su amiga—. Estamos en tu cumpleaños —le recordó Hunter intentando respirar aun cuando ella lo aprisionaba con fuerza.
— Que se vaya a la mierda mi cumpleaños, al igual que los paparazis que están afuera y todos esos pretenciosos y falsos niños arrogantes —exclamó elevando la voz.
— Tú también a veces eres pretenciosa y falsa —murmuró sonando un tanto asfixiado. Emme lo acercó más a ella, liquidándolo con la mirada.
— Hago lo necesario para sobrevivir a ellos —siseó con advertencia. De pronto toda la furia y oscuridad desapareció, siendo reemplazado por un mohín inocente y triste—. ¿Podemos irnos a comer pizza y mirar una película? —preguntó.
— Eh... —susurró Hunter, tosiendo y buscando un poco de aire. Posó sus ojos desorbitados en Hanna y Kylian, ambos asintieron porque no había otra opción—. Hagamos lo que tú quieras, princesa —respondió, siendo todo lo que Emme necesitaba para liberarlo.
— Entonces síganme —canturreó, tomando a Hunter del saco para llevarlo a otro lado, caminando como si estuviese en medio de una pasarela, solo que sus movimientos eran menos elegantes y más torpes.
Kylian los miró con una sonrisa y se volteó a ofrecerle su mano a Hanna.
— Creí que nunca intentaría huir de su propio cumpleaños —susurró Hanna, siguiendo a los demás entre la oscuridad. Estaba deseosa de poder estar lejos de esa gente y sentirse cómoda.
— Este año se tardó un poco más, el año pasado solo aguantó 3 horas —concordó Kylian, oyendo a Emme comportándose con rebeldía y a Hunter incentivando que sea así—. ¿Cómo se supone que vamos a salir de acá? Afuera probablemente haya fotógrafos —inquirió curioso, la mirada que le dedicó Emme, lo hizo preocupar.
Cuando Emme dijo que quería intentar escapar en un baúl al menos una vez en su vida, Kylian no creyó que lo estaría diciendo con seriedad. No, para nada. Primero se le rió en la cara, y luego todo atisbo de diversión se evaporó. Por su parte, Hunter lucía orgulloso de que Emme tuviese ese tipo de pensamientos, mientras tanto Hanna los miraba con extrañeza.
Todo hubiese estado bien si Emme fuese la única que iba a escapar de ese modo, pero así no fue. Al menos estaré encerrado con Hanna; fue en lo que pensó él mientras se acercaban a los vehículos, viendo a su guardaespaldas y el de Hunter ser los pilotos. Pero la realidad volvió a golpearlo cuando terminó encerrado en el baúl de una camioneta con Hunter, quien lo abrazaba estrechamiento y sin dejar un centímetro de espacio entre ambos.
— Explícame por qué estamos haciendo esto —comentó Kylian, en medio de la oscuridad, sintiendo el movimiento de la camioneta. Podía oír el bullicio de personas que rodeaban el vehículo.
— Es una forma de redescubrir nuestra amistad —respondió Hunter, dándole un beso en la cabeza que hizo que Kylian se moviera inquieto, golpeándolo.
— Aléjate de mí, no eres mi tipo —se quejó entre manotazos que hacían que Hunter se riera maliciosamente.
— Sé bien cómo es tu tipo, o más bien, quién es tu tipo —canturreó apuñalándolo con sus dedos sobre sus costillas. Kylian rechistó para callarlo justo cuando su teléfono comenzó a vibrar. La risa de Hunter resonó en el baúl y él tuvo que luchar para no matarlo.
— Han, ¿cómo van? —inquirió, intentando olvidarse de Hunter.
— Esmeralda está actualizando sus redes sociales, y yo estoy muriendo del dolor de espalda —respondió—. Nos acaban de avisar que nos dejaran un poco más lejos porque hay fotógrafos en las cercanías —agregó.
— Está bien, espero que se apuren, no creo sobrevivir un minuto más con Hunter aquí —se quejó, golpeando de nuevo las manos de su amigo. La risa del otro lado del teléfono lo lleno de una sensación cálida; al menos había algo bueno en la incomodidad de la situación.
Se encontró sonriendo cuando cortó la llamada. Volvió a sentirse consciente de la oscuridad y de Hunter que le respiraba tras la nuca mientras lo abrazaba firmemente, contaba los minutos hasta poder salir de ahí mientras aguantaba con total paciencia.
Tampoco era como si tuviese otra alternativa.
Horas más tarde, Kylian se vio en su casa y rodeado de sus amigos. Hunter dormía en el sillón acurrucado con una manta, dándole la espalda a Emme quien continuaba mirando la película sin aburrirse ni dejar de comer. Hanna estaba a su lado, durmiendo sobre Kylian y ocultando su rostro con sus manos para que la claridad no la molestara.
Era un año más, y otra vez terminaban de la misma forma, pensó Kylian con una sensación cálida rodeándolo. Más allá de su status y de su círculo, el lugar al que ellos pertenecían no era otro más que ese. No necesitaban fingir nada ni debían quedar bien frente a los ojos de nadie.
Sin darse cuenta, Kylian se dio cuenta que había una pequeña sonrisa entre sus labios. No había nada más satisfactorio para él que ese instante.
— Em —llamó a su amiga, tomando una posición más cómoda y cerrando los ojos—. Espero que lo estés pasando bien, y feliz cumpleaños —susurró, sintiendo como se sumergía en un profundo sueño.
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