Circo
A pesar de conocerse desde niños, no había un vínculo que se pudiese llamar amistad. Era extraño, porque se conocían de toda la vida, sin embargo no sabían mucho del otro. ¿Qué les gustaba? ¿Qué los hacía tristes o felices? ¿Música o color favorito? ¿Preferían la lluvia o el sol? ¿El invierno o el verano?
Estaban acostumbrados a sentarse juntos durante las reuniones en las que se veían, solo oían al resto en silencio, hablando cuando se les permitía dar una palabra al respecto. Él provenía de una familia que era bastante cerrada en su exclusivo círculo, que prefería pasar desapercibida antes que la ostentación. Y aunque no eran adeptos a muchas familias del entorno, si lo eran a la familia Seo. Una familia de origen coreano, la segunda generación de ellos en la ciudad, que lograron avanzar contra viento y marea hasta convertirse en lo que eran en la actualidad. Pero a pesar de su importancia, los Seo eran mucho más conservadores que otras familias.
Ellos aún mantenían un lazo emocional con su cultura, algo que los Giroud perdieron hace ya años atrás, cuando la quinta generación de ellos en la ciudad, comenzó a alejarse de sus raíces francesas. Quizás era por eso y el sentido de confianza que le dieron los Seo lo que produjo que los Giroud se acercaran.
Pero llegó un día en que las cosas comenzaron a cambiar, ni Hanna ni Kylian saben bien qué fue lo que cambió. Tal vez fue algo durante el tiempo en que se reunían con sus familias, siendo más grandes, notando como no estaban solos en el disgusto y pudiendo animarse a quejarse de ellos. Cuando encontraban compañía en el otro durante las clases en el instituto, en las fiestas con personas de su edad, o las veces en que se escondían para beber y hablar.
— ¿Crees que cuando seamos grandes todo mejore? —inquirió Hanna, sentada en el balcón y apoyando su cabeza contra la pared para estudiar la noche. Su mirada era soñadora y en su sonrisa estaba toda la satisfacción de saber que algún día podría hacer lo que querría.
— Claro que sí —respondió Kylian, bebiendo de la botella y cerrando los ojos para concentrarse en el sonido de los grillos—. Vamos a poder hacer todo lo que queramos; sin nadie diciéndonos que hacer, haciendo lo que nos gusta y nos hace felices —murmuró.
Hanna sonrió aún más con sus palabras, imaginándose ese escenario vívidamente. Deseaba con todas sus fuerzas que los años pasaran, terminar el instituto para no ver a ninguno de ellos, solo a sus amigos más cercanos, estudiar o irse lejos, para poder vivir tranquilamente. Amaba el arte de una forma que no podía explicar con palabras, y aunque sabía que podría ser difícil, realmente quería buscar en eso, la fuente de su felicidad.
— Quizás podamos estudiar en otro lugar, lejos de aquí para no tener que lidiar con nuestros padres. Extrañaría a nuestros amigos pero probablemente Mikayla me seguiría a donde fuese —confesó, mirando a Kylian estar embelesado con los sonidos de la naturaleza.
— Me gusta esa idea. Tú con arte y yo con música o literatura, podríamos lograr cualquier cosa juntos —la voz de él era armoniosa, sonaba tan confiado que ella podría creer cualquier cosa que él dijese. Él dejó caer su cabeza sobre el hombro de ella, acomodándose para no quedar en una posición extraña. Ella palmeó su cabeza con suavidad, jugando con su pelo.
— Podríamos conocer a alguien y terminar enamorándonos, pero no ser tan amargados como nuestros padres —agregó ella, escuchándolo asentir somnolientamente.
— Todo lo que tú desees —su voz apagándose lentamente. Ella no podía entender cómo él podía dormirse mientras ella estaba tan animada, ante sus expectativas. Pero no le importaba, porque en el fondo creía que cualquier cosa era posible si se mantenían juntos. De ese modo, era más fuertes...
Y la actualidad era demasiado diferente a sus planes originales, todo lo que habían soñado quedó como un tenue recuerdo que a veces rememoraban para sentirse un poco más nostálgicos.
El vuelo de regreso fue una lenta tortura. La tensión los asfixiaba, y el hecho de tener que esperar a llegar para resolver lo que estuviese pasando los atosigaba. Más allá de saber que Hanna prefería la reserva y soledad, Emme y Hunter decidieron volver junto a ella, incluso cuando Kylian estaba allí.
Evaluarla a la distancia e intentar contactar a otros para tener más conocimiento solo duró la primera parte del vuelo. Durante las restantes, estaban recluidos en la habitación privada del jet.
— La foto fue filtrada por medios ajenos a nuestras redes, por eso nuestras familias no han podido bloquearla. Es de hace unos días pero no se ve con claridad, solo se reconoce tu rostro y se ve la figura de un hombre —explicó Kylian, una vez estuvieron los cuatro solos; lejos de la seguridad y los asistentes del vuelvo.
Hanna respiró hondo, buscando calmarse para pensar con claridad.
— En la prensa hay muchas suposiciones, muchos nombres, pero nadie concreto —aclaró Emme, revisando su teléfono—. El representante de tu familia solo dijo que no podía confirmar ni negar hasta contactar al resto de los Seo —agregó, buscando un poco de alcohol para sobrellevar su nerviosismo.
— Si quieren dar con la persona en la foto, no lo van a poder hacer —comentó Hanna. Sus ojos estaban oscurecidos, lucía sombría y analítica—. Si creen que soy tan estúpida como para ser vista con alguien capaz de ponerme en peligro, están equivocados —susurró.
Ella era cuidadosa y selectiva con sus amantes. El metodismo que tenía para elegirlos y poder tener relaciones no era algo a la ligera. Acuerdos verbales, escritos, de confidencialidad, registros de que no haya cámaras ni teléfonos, y la seguridad de saber que ninguno iba a volver a contactarse si es que ella no lo quería.
Esa filtración era un error, algo más allá de su control, solo un fallo en el número total de personas con las que había estado. Y si se ponía a pensar en el tipo de foto que todos estaban viendo, era prácticamente nada.
— Mi padre está bloqueando todo lo referente a esto en las redes sociales —suspiró Emme, girándose hacia Hunter.
— Un coche estará esperando cuando lleguemos a Clemencia, Emme y yo nos encargaremos de distraer a los periodistas que estén allí, ustedes salgan por la salida privada —les recomendó, tras ver una imagen de todas las personas que había en el aeropuerto aguardando por ellos.
— Nosotros iremos a la casa de mis padres, allí hay menos periodistas y podremos estar más tranquilos —comentó Kylian, acercándose a ella, para masajear suavemente su cuello.
Hanna asintió, sintiendo demasiadas cosas en su interior y sin ser capaz de expresarlas. Veía a sus amigos preocupados y estaba tan agradecida a ellos por lo que estaban haciendo que las palabras se sentían demasiado insulsas. Pero aun así, debía decirles algo para hacerles saber que ella estaba aliviada de tenerlos de su lado.
— Gracias —suspiró, encontrándose con la sonrisa de ellos.
El recorrido desde el aeropuerto hasta la mansión de los Giroud, fue silencioso y calmo. Hanna cerró los ojos, simulando dormir, mientras Kylian miraba el camino. Cuando llegaron no se sorprendieron ni de los periodistas que acampaban tras las rejas de la mansión ni del ambiente mortal que tenían sus padres.
Hanna le dio un suave apretón a la mano de Kylian antes de dejarla ir. Ambos caminando erguidos y confiados, como si no sucediera nada. La primera persona que vieron fue a la madre de Kylian, quien los saludos con frialdad; algo que ambos esperaban. No había una familia en su círculo que disfrutara de los escándalos, la prensa del amor y amarillista, los paparazzis y las preguntas tediosas.
Bueno, tal vez los Crawford, pero ellos solían ir contra la corriente.
La segunda línea de ataque era la madre de Hanna, quien solo se limitó a mirarla con severidad en medio del silencio, sin siquiera saludarla. Y aunque tampoco era algo que a Hanna le sorprendía, si esperaba que al menos con los años algunas cosas hubiesen cambiado.
— Al estudio —fue lo único que dijo, en tono monótono.
Hanna y Kylian se miraron, suspirando suavemente e intentando no poner los ojos en blanco o quejarse para no empeorar todo. Siguiendo los pasos de la señora Seo, llegaron a la última línea de ataque, compuesta por los padres de ambos y el abogado que compartían ambas familias.
— Les diría buenas noches, pero no se ven muy bien —sonrió Kylian, con expresión inocente. Oyó a su madre quejarse y vio a su padre entornar sus ojos con severidad como cuando era niño. Por su parte, el señor Seo se limitó a mirar a Hanna con algo similar a la vergüenza y la desilusión, algo que hacía hervir la sangre de Kylian, pero que en Hanna simplemente no tenía efecto.
— ¿Hanna-ah, puedes dar alguna explicación? —inquirió su padre hablándole en coreano. Su voz sonaba aún más profunda y enojada cuando hablaba en ese idioma, haciendo que ella tuviese malos recuerdos.
— No sé qué quiere que explique, vi la fotografía y no hay nada de malo —respondió glacialmente, aunque por dentro, estaba nerviosa. Su padre no dijo nada, en cambio, solo apoyó otra fotografía en el escritorio. En ella se la veía con más claridad cerca del rostro del hombre.
Hanna respiró hondo, volviendo a posar los ojos fríamente en aquel hombro. Cuantas más diferencias quería encontrar en él, se veía lidiando con aquellas cosas que los asemejaban. No podía evitar de pensar que la Hanna de 14 años, estaría demasiado avergonzada de lo que se había convertido hoy en día.
Ambos mantuvieron su mirada en el otro, sin decir nada. Era una guerra silenciosa para evaluar quien era más fuerte. La tensión se agolpó en ellos y el resto desapareció momentáneamente, hasta que una carcajada quebró el ambiente.
Todos miraron a Kylian como si se hubiese vuelto loco, riéndose en un momento como ese en donde no había nada gracioso. Escandalizados por su comportamiento, intentaron hacerlo callar.
— Lo siento, no es momento de reírse, lo sé —confesó fingiendo pena, y se acercó a la foto para contemplarla con pesar—. No puedo creer que se estén montando semejante circo por esto —le acercó la fotografía a su madre pero ella permaneció mirando a Kylian, dedicándole una mirada venenosa—. ¿Quién es? —preguntó.
— No lo sabemos hijo, por eso estamos preguntando —dijo ella como si fuese lo más obvio. Kylian respiró hondo, tirando la fotografía al escritorio con dramatismo.
— No puedo creer que nos hayan hecho volver de Montecarlo por esto, pasamos más horas en un avión que lo que estuvimos allá —se quejó, viéndose dolido y consternado—. ¿Cómo es posible que después de tantos años aún no nos reconozcan? —inquirió.
La habitación volvió a sumirse en el silencio. Notó la palidez de algunos rostros, los balbuceos de sorpresas, los ojos grandes llenos de confusión. Kylian amaba dejar una habitación en medio de la consternación, con interrogantes y anonadadas. Debía ahogar la mueca de satisfacción, y se volteó hacia Hanna que continuaba viendo a su padre sin flaquear.
— La persona en la foto soy yo —dijo lento y claro para que les entrara a todos en la mente, y tuviesen tiempo de procesarlo. El padre de Hanna dejó de mirarla para concentrarse en él—. Ustedes pactaron nuestro matrimonio, ¿no creen que es natural que al menos intentemos empezar a comportarnos como pareja? —pregunto a nadie en particular, porque la habitación entera era su objetivo.
— Eso no puede ser —dijo alguien, no estaba seguro si era su madre o la de Hanna.
— ¿Cómo es posible que no me distingan? ¿Y cómo puede ser que crean que Hanna va a estar saliendo con un cualquiera? —preguntó, intentando que alguien le hiciera frente, pero nadie parecía capaz de hacerlo—. Hanna, di algo por favor, porque parece que no me creen —pidió con falso pesar.
— Luego de que nos avisaron que nuestro compromiso se llevaría a cabo, decidimos que debíamos darnos una oportunidad de hacer las cosas como corresponden, así que hemos yendo a citas y saliendo más seguido. No sé porque les cuesta creer algo que ustedes quisieron que fuese así —confesó, mirando a todos con molestia, especialmente a su padre.
— Quienes filtraron la foto, no dieron a conocer su identidad porque no la sabía, no se pensó en Kylian como primera opción —dijo el señor Giroud, había algo en sus ojos que demostraba que estaba impactado con la revelación.
Su abogado se aclaró la garganta, obligando los cuchicheos.
— Si las cosas son de este modo, entonces creo que es más que conveniente que se confirme el compromiso con la prensa —sentenció, mirando Hanna y a Kylian.
— Me parece bien —asintió Hanna con aire desenfadado, cruzada de brazos sin ganas de tener que lidiar con sus padres.
— Perfecto —dijo Kylian mirando a su familia—. Realmente me decepciona que crean más en los periodistas amarillistas, pudiendo habernos preguntado primero antes de armar todo esto —se quejó, dándoles una mirada llena de severidad a todos antes de salir del estudio, escoltando a Hanna hacia afuera.
Con delicadeza tomó su mano y se alejaron del estudio para dejarlos allí en medio de sus propios problemas. Estaban cerca de la biblioteca cuando respiraron hondo y se miraron, dejando atrás la imagen de tristeza y decepción. Sonrieron orgullosos y chocando las manos sin ser muy evidentes.
— Te dije que lo solucionaríamos —canturreó él, guiñándole un ojo. Ella sonrió, sin poder contener su alivio y felicidad, apoyando su cabeza contra la pared.
— Tienes razón, juntos siempre somos mejores —concordó.
🔴🔴🔴🔴
Era increíble y no en el buen sentido.
La fotografía se había viralizado en todos los sitios aun cuando intentaban bloquearla. La imagen de Hanna pasaba por todos, siendo el foco de atención y el centro de los cuchicheos. No es que no estuviese acostumbrada pero la intensidad de los primeros días era algo difícil de obviar. En la universidad, en diarios y revistas, en la televisión e internet. No había un sitio en el que no se nombrara el escándalo de la heredera de Seo Entertainment, como si acaso su falta hubiese sido matar a alguien o robar.
Por lo que veía, a las personas no les escandalizaba la corrupción y los asesinatos. Lo que les horrorizaba era que una persona estuviese saliendo con alguien o que tuviese una vida amorosa, cuando era algo natural. Si acaso estaban mal por esa foto en la que apenas podía verse algo, Hanna no quería imaginarse qué hubiese sucedido si se destapara toda la realidad de su vida sexual.
Pero como eso era algo privado e íntimo, y no tenía relación con lo que era como persona, ella no se hacía ningún tipo de problema. Su vida amorosa tampoco era un tema de mucha importancia, sin embargo, al parecer todos estaban interesados en saber cómo era que los herederos de los Seo y Giroud terminaron comprometiéndose.
Ni con la mismísima realeza tenían la misma cobertura que con su amorío y compromiso. Los llamaban la pareja dorada porque poseían todo: belleza, riqueza y talento. Hanna sentía nauseas cada vez que leía algo sobre eso, pero como su deber era lidiar con eso, lo haría dándoles el mejor show con todo lo que morían por ver.
— Los dos enamorados fueron vistos compartiendo su tiempo entre sus clases en la universidad; ella se veía hermosa, como siempre, con un look cuidado y sofisticado, mientras él, lucía como un rebelde sin causa, sonriente y de buen humor. Fuentes informan que ambos comparten muchos pasatiempos, entre ellos, la lectura, el arte y la música. Habiéndose criado en el mismo círculo, concurrieron al Instituto privado de Clemencia y hoy en día ambos están estudiando carreras relacionadas con los negocios. ¿No son el uno para el otro? —leyó Kylian con voz nasal y burlona para luego terminar tirando la revista al suelo—. Si nos van a poner en la tapa y como tema central al menos podrían haber actualizado la foto. Me veo de 16 años —se quejó.
— Saben de nuestras vidas más que nosotros mismos —murmuró Hanna suspirando pesadamente mientras leía un libro recostada en el sillón. Tenía que estudiar para un examen pero entre su trabajo, los periodistas y toda la farsa que debía montar, se le estaba complicando para concentrarse.
— Son una peste, no puedo creer que pierdan el tiempo intentando saber de nosotros cuando hay cosas más importantes —Kylian comenzó a recorrer la sala de la casa de Hanna, buscando algo para comer o beber.
— Somos el objeto brillante del momento, nos van a usar hasta cansarse porque a nadie le gusta mirar cosas que lo hagan sentir mal o enojado, así que nos van a exprimir, e incluso nos van a usar para cubrir cosas importantes —explicó Hanna, sintiendo que estaba al borde de lanzar el libro contra la pared.
— ¿Crees que hemos hecho lo suficiente para que nos crean o debemos intentar otra cosa? —preguntó con curiosidad. Hanna se sentó, mirando el libro y evaluando qué hacer con él. Estaba aburrida y no quería estudiar pero era lo que debía. Kylian se le adelantó a ella, sacándole el libro de las manos y dejándolo a un lado—. Deja de torturarte, primero distráete luego nos ponemos a estudiar —le dijo.
Hanna bajó su guardia, permaneciendo con la mirada perdida.
— Estoy segura que nos creen, desde que se enteraron mis padres no han hecho más que estar de buen humor aunque tampoco los he visto mucho. A pesar de que nunca se disculparon por cómo me trataron, no han vuelto a molestarme —respondió su pregunta, sintiendo alivio de que el presente hubiese sido un poco distinto.
— Ellos realmente me aman como tu novio, ¿eh? —la sonrisa de Kylian se tornó pícara y vanidosa. Ella puso los ojos en blanco, luchando con su sonrisa.
— No te voy a decir que no porque mentiría y lo sabes bien —comentó. Su imagen se tornó sombría en solo segundos, y sin quitar los ojos de Kylian preguntó—: Podríamos haber terminado todo esto del compromiso, tuvimos la oportunidad perfecta —admitió, rememorando la impotencia en Kylian cuando su plan no funcionó. La culpa envenenaba su espíritu.
— La tuvimos si —asintió, acercándose a ella, sus ojos llenos de intensidad—. pero no lo íbamos a hacer a costa tuya —no había ni diversión ni burla en él, la seriedad que irradiaba era intimidante. Hanna torció sus labios en una mueca de decepción; pensaba que si acaso fuese fuerte y hubiese hecho las cosas bien, sería otra situación en la que estaban— No te preocupes —le dijo él, sonriéndole suavemente y posando su mano sobre su pelo—. Al menos estamos en esto juntos, ¿imagina si te hubiesen arreglado un matrimonio con Joan y a mí con Mikayla? —inquirió, haciéndola horrorizar y reír al mismo tiempo.
— Tienes razón, eso hubiese sido muy malo —exclamó, sin poder imaginar cuando feo sería estar siendo perseguida por Joan todo el día pidiéndole su atención.
— ¿Ves? Podría haber sido peor, ahora vamos a ver una película y luego estudiamos —le dijo con encanto, tomando su mano para llevarla fuera del departamento.
— ¿No podemos ver la película acá? No quiero lidiar con periodistas y tengo que perder una hora o más peinándome y vistiéndome para que no me llamen una heredera fuera de moda —lloriqueó haciendo un mohín, quiero llegar al lado suave de Kylian, el cual era débil por ella haciendo caras tristes.
Él fingió evaluar la oferta, y ladeó la cabeza.
— Di: por favor, prometido, veamos la película en mi casa —susurró. Hanna lo miró arrogantemente y luchó por no golpearlo, le daba arcadas ser tan dulce.
— Por favor, prometido, veamos la película en mi casa —dijo con un tono monótono que hizo que él meneara la cabeza.
— No sonó perfecto pero tenemos tiempo para practicar —canturreó él—, pero sí, podemos quedarnos —afirmó.
Hanna sonrió, una sonrisa falsa que enmascaraba la mirada venenosa.
— Tú busca qué comer, yo elijo la película —dijo ella, antes de golpearle el estómago como venganza y dejándolo ahí, murmurando maldiciones por lo bajo.
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