Cambios
Llevaban un buen tiempo besándose y acariciándose, como cuando eran dos adolescentes descubriéndose. El sillón les resultaba pequeño pero no les importaba. El sonido de la música de fondo se mezclaba con sus risas y susurros.
— Tenemos trabajo para terminar —dijo ella, separándose apenas de él, tocando su cara y sonriéndole; aunque sus palabras decían una cosa, sus acciones eran otras.
— Dejemos que haga todo Simón, lo merece —susurró él, dejando pequeños besos en sus mejillas y labios, descendiendo lentamente a través de su mandíbula hasta su cuello.
La respiración de ella se tornó irregular, se notaba que luchaba internamente entre sus deseos y su lógica. Cerró los ojos, hundiéndose en las emociones que le generaban los besos y caricias de Kylian, que nadie más generaba; su cuerpo reaccionaba naturalmente a él y no necesitaba sentirse al mando de la situación.
— "Kyl —lo llamó con voz inestable. Lo oyó asentir mientras continuaba descendiendo por su cuerpo. Sus dedos agiles estaban a punto de empezar a deshacerse de sus prendas inferiores cuando ella habló nuevamente—. Sabes que debemos hablar al respecto de Agnes, y quiero creer que no estas usando esto para tapar eso —comentó.
Él gimió con frustración, y la miró con reprobación.
— ¿Por qué tienes que nombrarla justo cuando pensaba darte sexo oral? Ahora la inspiración se fue —respondió, respirando hondo y recostándose junto a ella—. Y sí, pensaba usar el sexo para canalizar mi enojo —agregó.
Hanna se posó sobre él, con sus piernas envolviendo su cintura, y su mirada seria. Él quedó bajo su cuerpo tibio, y el suave tacto de sus manos en su rostro.
— Agnes era la amante de tu padre, y tu madre de nacimiento —sentenció, recibiendo un asentimiento por parte de Kylian—. Pero Vanessa también es tu madre, ella te crio y te quiere más allá de ser el hijo de una amante ni de ser de su propio vientre —agregó, produciendo que él se acomodara inquietamente bajo su cuerpo, posando sus manos en sus muslos para dar pequeñas caricias.
— Vanessa sabe cómo es mi padre, todo lo que ha hecho y lo que es capaz de hacer. Ella me quiere más a mí que a él y es por eso que todo este tiempo ha permanecido a su lado —explicó Kylian, más sereno que antes pero manteniendo la expresión sombría—. Puede ser que el dinero también esté de por medio, pero ella no lo necesita, nunca lo necesitó.
— ¿Y cómo sabes que Agnes necesita el dinero? —inquirió ella, analítica —. ¿Cómo sabes que en realidad no tenía otra opción más que dejarte a cargo de tu padre? Es un hombre y es poderoso, ahí ya tienes dos grandes cuestiones de porque lo hizo —dijo intentando mediar entre sus pensamientos—. ¿Te has dado el tiempo de conocerla? ¿Entender su historia, su punto de vista y las razones?
— Yo... —dijo titubeando, luego suspiró pesadamente y la contempló con entendimiento y tristeza—. Yo solo he oído lo que él me ha dicho o he escuchado a través de sus conversaciones con mi madre —susurró.
— El abuso viene en diferentes tipos, entre ellos emocional, físico, verbal y económico. Cuando usas tu género, tu dinero y posición para generar una asimetría que perjudica a alguien, ahí el juego se vuelve sucio —murmuró, acercándose a él para dejar un beso en su frente que se arrugaba cuanto más pensaba en la situación.
— ¿Y qué propones qué haga? —inquirió tímidamente. Una suave sonrisa atravesó los labios de Hanna.
— Solo ten una conversación sincera con ella, lejos de la influencia de tu padre, con la mente en cero y ajeno a cualquier tipo de prejuicio — recomendó, dejando otro beso sobre su nariz—. Te acompaño si es que quieres o me quedó esperándote afuera también.
Kylian respiró hondo, manteniendo el aire unos segundos y cerrando los ojos, para luego abrirlos. Con un pequeño asentimiento, le hizo saber a Hanna que le haría caso y ella sonrió sin poder evitar sentirse orgullosa de él. Kylian usó una de sus manos para despejar su rostro de su pelo y la atrajo más cerca para besarla.
El beso fue suave y delicado, lleno de sentimientos que no podían expresarse pero los hacía mantenerse pegado al otro. Se necesitaban porque solo el otro podía calmar la ansiedad que poseían y les daba un poco más de liviandad sus problemas.
Los besos tiernos se tornaron desesperados, las caricias buscaban piel y sus manos desaparecían entre sus ropas. La habitación se llenó de susurros y gemidos, hasta que todo se interrumpió ante el sonido de un teléfono.
— Odio mi vida —exclamó Kylian tras gemir de frustración, tapando su cara. Hanna, sentada sobre él, rió suavemente antes de tomar su teléfono.
— Hola Simón —dijo al responder, viendo la mirada iracunda de Kylian y haciéndole señas para que no dijese nada.
— ¿Por qué no me sorprende de él? —dijo en voz baja.
— ¿Has enviado alguna de tus correcciones? Gracias, nosotros en cuanto lo tengamos te lo enviamos así lo revisas —le respondió con amabilidad en su voz que contrarrestaba con la expresión amenazante que le dedicaba a Kylian.
Él puso los ojos en blanco, decidido a no darle a Simón la atención que deseaba. Sus manos comenzaron a acariciar a Hanna suavemente, sus dedos recorrieron su cintura hasta su estómago y terminó en su cuello, rodeándolo con sutileza. Su pulgar hacía círculos en su mejilla y la vio suspirar con inestabilidad.
— Okey —murmuraba, sin estar muy atenta a su conversación, mirando a Kyl con intensidad; sus ojos eran oscuros y fogosos.
El pulgar de Kylian jugueteaba en sus labios y ella sonrió cuando tomó su mano para hundir el pulgar en su boca. Kylian retuvo el aire ante la imagen de Hanna rodeando su dedo entre sus labios con su lengua húmeda sobre su piel. Se movió bajo su cuerpo sin poder mantenerse quieto, sobre todo cuando ella metía y sacaba su pulgar con mayor rapidez como si fuese su...
Un mordisco hizo que él gritara pero quedó ahogado en su mano. Hanna sonrió victoriosa, continuando con la conversación con Simón.
— Está bien, quedamos así, hasta luego —lo despidió con una simpatía que ocultaba la situación en la que estaba metida. Ni bien cortó la llamada, sacó su mano de la boca de Kylian, y dejó un cariñoso beso sobre su frente.
— Hora de ponernos a trabajar, cariño, deja de distraerte tan fácilmente —canturreó levantándose y alejándose triunfal. Kylian respiró hondo, contemplando el techo, sintiendo las palpitaciones desde distintas parte de su cuerpo. Sentía un doloroso placer recorrerlo, lo detestaba pero presentía que podría volverse adicto a esas emociones, así como a la causa de la misma.
******
El ambiente era sereno. El sonido del teclado de las computadoras se entremezclaba con la música que sonaba. Ambos se encontraban en lados opuestos del escritorio; Hanna poseía a su lado un conjunto de papeles bien acomodados y su atención completamente enfocada en la edición, mientras que Kylian suspiraba de vez en cuando, leyendo el trabajo con deseos de terminarlo.
— ¿Crees que se den cuenta si tiene falta de ortografía? —inquirió Kylian, viendo la mirada de oscura que Hanna le dedicaba. Sonriéndole con sorna, le guiñó un ojo—. Es broma, y ya te lo envié —agregó estirándose levemente en su silla.
— Nunca creí odiar este proyecto como lo estoy haciendo en este instante —susurró ella, meneando su cabeza.
— Eso lo dices ahora porque estas cansada, mañana vas a hablar del proyecto como si fuese lo mejor que te paso en la vida —le dijo él con mirada brillante y una media sonrisa que hacía que Hanna olvidara un poco el mal humor.
Ella puso los ojos en blanco, sin poder controlar su sonrisa.
— Mi padre realmente espera mucho de mí con esto, y quiero poder llenar sus expectativas. Ya sabes, que en mi familia mi hermano es el predilecto, pero él... —sus palabras murieron en sus labios, con su expresión llena de tristeza y preocupación.
— Él es un holgazán que solo le importa la bebida y las mujeres —dijo él sin ningún tipo de reparo. Los ojos de Hanna eran grandes sobre él, y parecía querer decir algo para intentar defenderlo, pero no había nada que pudiese decir que cambiara la realidad.
Tanto Kylian como Hanna conocían a Jaebeom; a él solo le importaba pasarla bien, sabiendo que tenía un futuro asegurado con el dinero y prestigio de su familia. Era tan así que ni siquiera se esforzaba por intentar hacer algo por él mismo o querer aprender cómo era el trabajo en la empresa.
Para ellos, él poseía todo lo que odiaban de su círculo social. La arrogancia y el desdén de saber que poseían belleza, reputación y dinero, que no importaba cuan buenas o malas personas fuesen porque la riqueza y el prestigio los hacía ser y hacer lo que quisieran. Pasaban por encima de quienes quisieran, sin culpa ni vergüenza, como si todo y todos les perteneciera.
— Él es mi hermano —murmuró ella con voz queda, como si temiera hablar mal de él en voz alta.
— Eso no quita que no sea un cretino. A nosotros nunca nos ha hecho nada, pero sabemos bien que si tiene que pisar nuestras cabezas para avanzar en lo que quiere, lo va a hacer —sentenció él, notando la forma en que Hanna palideció leventemente, viéndose consternada ante la realidad de sus palabras.
El apreció que le tenía a Jaebeom era igual al temor de que le quitara todo lo que había obtenido solo porque lo quería. Lamentaba desde su adolescencia vivir en un mundo donde las mujeres no fuesen lo suficientemente valoradas y que los hombres fuesen la prioridad.
— Todo va a salir bien Han, has trabajado duro con esto. Todo el mal humor, las pocas horas de sueño y el tener que aguantar a Simón, habrá valido la pena —le dijo él, sonriéndole, con la mirada llena de intensidad y cariño. Las mejillas de Hanna se tornaron rojas, evitando mirarlo para no verse demasiado enredada en sus encantos, luchando para que la sonrisa de sus labios no fuese demasiado evidente.
— Gracias —susurró volviendo a trabajar, pero encontrando muy difícil concentrarse. Y Kylian permaneció mirándola orgulloso y divertido, con una inquietante sonrisa que nadie podía borrar.
Las horas transcurrieron rápidamente entre la lectura y la edición, para cuando habían terminado ambos estaban totalmente exhaustos mentalmente. Querían soledad y silencio, pero lamentablemente, nada de eso fue lo que recibieron.
— ¿Por qué no nos abrían la puerta? ¿No ven que traemos comida? —inquirió Hunter cuando Kyl se decidió por darle la bienvenida a su casa, aunque por su expresión se notaba que no los esperaba y que tampoco los quería allí.
— Quiero creer que ya terminaron el proyecto —canturreó Emme entrando con sus tacones altos resonando en la habitación.
— Han nos dijo que tuviste un día de mierda y vinimos a ayudar, pero quédate tranquilo, no preguntaremos si no quieres —le dijo, acercándose a él y posando su mano sobre su hombro. Kylian respiró hondo, asintiendo.
Si pensaba en todo lo sucedido en el día, lo malo perdía importancia luego de pasar horas con Hanna, hablando de sus emociones y dándose una nueva oportunidad. Y ahora con sus amigos reunidos alrededor de la mesa de la sala de estar, sentados en el sillón, rodeados de comida y películas, era el mejor escenario para erradicar completamente toda la amargura de ese día.
— No hay nada mejor que una película donde todos mueren, pizza y cerveza para mejorar un día —Hunter suspiró, estirándose en el sillón con la mirada sobre el plasma.
— No sé de qué hablas porque si no era por mi estábamos viendo una película romántica y de animación —respondió Emme, mirándolo con severidad. Ella caminó por la sala hasta donde Kyl guardaba las bebidas, para prepararse algo.
La risa falsa de Hunter resonó con histeria, mirando a todos con resentimiento.
— Siempre me sorprende la cantidad de mentiras que salen de tu boca —susurró con expresión ofendida, mirando la pantalla con un poco de reticencia. Emme lo miró brevemente, con aire desdeñoso, mientras mezclaba vodka con jugo de limón.
— Deja de decir tonterías y bebe esto —le advirtió dándole un vaso, deteniéndose frente a sus amigos. Sus ojos se intensificaron con determinación, viéndose altiva—. La semana que viene es la presentación de la nueva línea de ropa de Victoria, y soy una de las caras principales, quiero creer que no tendrán nada para hacer ese día —habló posando sus ojos brevemente en cada uno de ellos, con una amenaza subyacente.
— No nos perderíamos por nada del mundo eso —le dijo Hanna.
— Eso lo dices porque estás obligada a ir esté o no ella presente —susurró Hunter mientras fingía estar por beber de su vaso, ganándose un codazo disimulado de ella. Emme los miró con precisión, ganándose una sonrisa inocente por parte de ambos.
— Creo que hay mucha conversación y poca película, ¿podemos continuar mirándola? —inquirió Kylian, apuntando a la televisión y obligando a Emme a moverse del medio.
La película fue avanzando en la penumbra de la habitación. Los comentarios no podían faltar como forma de que el silencio no se tornara tenso con la tensión de la película.
— ¿Estás cómoda? —le susurró Kyl a Hanna al notar la forma en que se movía a su lado. Ella asintió, apoyándose en el hombro de él cuando estiró su brazo sobre el respaldar del sillón.
Mecánicamente, él dejó un beso sobre su pelo y Hanna cerró los ojos, sintiéndose envuelta en un cálido sentimiento. Entre sus susurros y miradas, ninguno reconoció la forma en que sus amigos los veían de soslayo, notando de algún modo que pese a que todo era igual, algo había cambiado.
Emma y Hunter intercambiaron miradas, sonriéndose con complicidad.
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