Mi corazón se ha detenido, y parece no querer volver a su normal movimiento... y aun así sigo viva. ¿Cómo es posible eso? Quizás mi cuerpo se ha vuelto resistente a los impactos, como el que tengo ahora.
Nunca imaginé que mi amor por Link sería confesado de esta manera, por un tercero, y no me refiero a Nyel, sino a Athan, mi antiguo maestro. ¿El hijo de Azael sabía sobre esto? Quizás sí, y no tiene nada de malo. Sé que mi mentor me amaba, y tengo que reconocer que actuó como un caballero al respetar que yo quisiera a otro que no fuera a él. Sin embargo... ahora Link lo sabe.
Lo observo de reojo, pues no me atrevo a mirarlo de frente. No dice nada, ni siquiera voltea a mí. Él me confesó sentir cosas especiales por mí, pero dentro de una terrible confusión. Al venir de él, sé que lo dice de corazón, porque de no conocerlo, me sentiría ofendida. Ninguna mujer merece ser amada a medias, a pesar de que eso no es exactamente lo que me pasa.
¿Qué es lo que estoy viviendo?
- ¿Qué les ha parecido esta hermosa pieza musical? – preguntó Nyel, esperando una respuesta a su manifestación artística.
Miro al Orni, intentando hablar, pero las palabras no me salen. Sin embargo, me sorprendo al ver que Link muestra esas intenciones.
- Fue espléndida... y te lo agradezco.
¿Lo agradece? ¿Por qué Link hace eso?
- ¿Y a usted le gustó, princesa? – preguntó Nyel. – Me importa demasiado saber su opinión, pues para mi maestro usted fue muy especial.
- No me gustó... – respondí, haciendo una pausa. – Me encantó, me cautivó por completo. Nunca imaginé que mi mentor hubiera escrito algo tan maravilloso, y ni qué decir de tu extraordinaria melodía.
- Gracias, princesa. – dijo Nyel, orgulloso. – Por ustedes me siento el ser más honrado del mundo. Siempre soñé que esta obra fuera escuchada por los protagonistas; lo veía imposible, pero ahora es una hermosa e increíble realidad.
- Claro que lo es... – dijo Link, lanzando un extraño suspiro.
Daría lo que fuera por saber lo que mi caballero está pensando. Quizás el conocer mis reales sentimientos lo terminó por espantar. Una cosa es saber que nos gustamos, que nos queremos... ¿pero amor? No, eso ya es otra cosa.
Las mujeres nunca nos debemos poner en evidencia antes que los hombres...
*.*.*.*.*
¿Cómo le tengo que hacer entender a Link que me deje en paz?
No puedo creer que me haya seguido hasta los Pilares Ancestrales, en la región de Tabanta. La noche anterior le dije que iba a ir sola, pero parece que mis palabras se hubieran ido por el aire. Ahí apareció, robándome el oxígeno y con su cara seria, de nada. A veces no sé cómo analizar sus expresiones, pues esa neutralidad que lo cubre por completo me enerva.
- "Así se enoje... puede golpearme si quiere, princesa... pero, aun así, no dejaré de seguirla."
Link... ¿Qué es lo que te has creído?
- ¡Altanero! – grité, lanzando mi almohada a la pared de mi alcoba. – ¿Cómo se atreve a no seguir mis órdenes?
Ahora lanzo la almohada a la puerta, pero esta vez no toca la madera, sino unas manos. Impa y Prunia han llegado a mi habitación.
- No pudimos evitar entrar sin tocar después de esos furiosos gritos. – dijo Prunia, sonriendo pícaramente. – ¿Qué tiene la princesa?
- Nada...
- ¿Nada? – preguntó Impa, lanzando una risa irónica. – Regresaste de la región de Tabanta, y muy enojada, por cierto. Imagino que te molestó lo de todos los días.
- ¿Qué cosa? – pregunté, mirando hacia otro lado.
- No te hagas, princesa. – se burló Prunia – ¿Por qué no aceptas que te molesta que Link sea tu sombra todos los días? O qué más bien... eso te gusta.
- ¡Prunia! ¡Eso no es cierto!
Prunia se ha vuelto loca. Impa, soltando un suspiro, se sienta en la cama y se une a la conversación, y aunque lo disimule, se muestra igual de interesada. ¿Qué es lo que están pensando? Sea lo que sea están equivocadas.
- Zelda, nosotras fuimos testigos de lo grandes amigos que fueron Link y tú cuando eran niños. – dijo Impa. – Pero desde que regresó eres muy dura con él... y creo que sabemos lo que eso significa.
- Que aún te gusta... – dijo Prunia, usando un tono demasiado sugerente.
- ¡NO! – grité exaltada.
Impa y Prunia me miran en silencio, mientras que yo siento que mi rostro arde ante no poder descifrar lo que piensan. Las hermanas son tan impredecibles.
- No hay duda, mi querida Zelda. – dijo Impa, colocando una mano en su barbilla. – Vemos un genuino caso de enamoramiento...
- ...Y de resentimiento a Link. – continuó Prunia.
- ¡Ustedes son un par de locas! – grité ansiosa. – Yo detesto a Link, no me gusta para nada.
- No mientras, princesa. – dijo Prunia. – Deberías ver cómo te brillan los ojos cada vez que lo ves. Lo que pasa es que el resentimiento no te permite demostrarle al caballero ese amor que sientes por él.
- Y que ni se lo muestre...
Prunia, indignada, mira a Impa, mientras que yo no sé la razón.
- ¿Y por qué, Impa? – preguntó Prunia. – Pienso que, si Zelda reconoce sus sentimientos hacia Link, todo va a mejorar.
- Esperen... – por más que quería intervenir, no me dejaban hablar.
- No es correcto que un hombre se entere de los sentimientos de una dama. – dijo Impa, muy segura de sus palabras. – Una princesa, como tal, debe mantener su sitio. Dejarse querer primero.
- Siempre tan anticuada, y eso que yo soy la mayor. – se quejó Prunia. – Si Zelda habla, se acabarán sus...
- ¡Ya basta!
Al fin mi grito surte efecto. Las hermanas Sheikahs me miran, sorprendidas, mientras que yo respiro con nerviosismo. Mi rostro no deja de arder.
- ¡No vuelvan a decir tonterías! – exigí incómoda. – Yo no le diré nada a Link porque no... no me gusta.
No entiendo por qué bajo la guardia al decir algo como eso... pero no, no pienso cambiar de opinión. Yo no amo a Link.
Le doy la espalda a las mujeres para recostarme en mi cama, deseando evadir toda esta conversación absurda.
- Qué caprichosas pueden ser las princesas para aceptar sus sentimientos. – dijo Prunia, lanzando un suspiro.
- Es mejor que ella conserve su sitio. – continuó Impa. – Nunca hay que ponerse en evidencia con los hombres.
- ¡Tonterías!
De ninguna manera Link puede conocer mi corazón...
*.*.*.*.*
La única diferencia con lo ocurrido hace cien años es que ahora reconozco mi amor por Link, pero este enigma provocado por la canción me consume. ¿Y si lo pierdo? ¿Y si ese sentir repercute en su memoria para que no vuelva a mirarme jamás? No sé cómo manejarme ante un hombre con condiciones tan especiales.
- Princesa...
Estuve tan distraída en mis miedos que no me di cuenta de que Link me estaba llamando. Lo miro a los ojos y no logro descifrar qué piensa con respecto a eso.
- Link... yo...
- ¿¡Pero qué hacen aquí!?
Una gritona voz nos sorprende a todos. Se trata de Amali, esposa de Nyel, y esta vez acompañada de sus cinco hijas, de un color cada una. Ahora puedo verlas bien y me doy cuenta de que son unas pajaritas encantadoras, las que apenas ven a su padre corren a abrazarlo. Se ve cuánto lo quieren y lo extrañaron.
¿Mi padre me habrá querido de esa manera? Lo extraño cada día de mi vida.
- Caballero, princesa, les presento a mis polluelas. – dijo Nyel, cargando a las cinco a la vez. – Notali, Kotoli, Kumeli, Sogeli y Genali. Saluden, hijas.
- ¡Buenas tardes! – saludaron las niñas.
- Y casi noches... – dijo Amali. – Desde que, misteriosamente, Vah Medoh volvió a la normalidad, no hemos dejado de celebrar. Querido, invitemos a los jóvenes a celebrar con nosotros esta velada.
- Me parece excelente idea. – respondió Nyel. – Ellos son nuestros invitados de honor, pues gracias a ellos todo regresó a la normalidad.
- Nyel... – dijo Link, sorprendido. – ¿Cómo sabes qué...?
- ¡Eso ni se pregunta! – exclamó el Orni. – Ahora, lo importante es que se diviertan.
- ¡Papi! – llamó Notali, entusiasmada. – ¿Vamos a vestir a la señorita que está aquí?
- ¿¡Qué!? – pregunté sorprendida.
- Eso es cierto. – dijo Nyel, mientras yo no comprendía nada. – Para esta velada especial que vamos a tener usted, princesa, debe vestir para la ocasión.
- Así es, querida. – dijo Amali, emocionada. – Tenemos para ti el traje perfecto, y te verás como toda una princesa Orni. Ven con nosotras.
Poco después, las niñas y su madre se acercan a mí y me llevan casi a rastras con ellas. Por supuesto, accedí a ir, nunca iba a hacerles una grosería ante un detalle para mí, pero aun así me daba algo de recelo lo que tenían preparado.
Voltee a ver a Link, pero este solo me dio una fugaz mirada, para después comenzar a hablar con Nyel.
...
No me di cuenta cuando la noche llegó. Pude notarlo por la luna iluminando todo a su alrededor.
En estos momentos solo estoy centrada en mi imagen frente al espejo. Mi traje de invierno ahora está hecho de plumas Orni. La túnica es color crema con detalles verdes y rojos, con un fajín de cuero debajo del pecho; el pantalón es café, sencillo, pero cálido para este frío clima, y las botas van en juego con la túnica. El detalle que más me llama la atención es el adorno de plumas debajo de mi espalda, el que le da un toque divertido y elegante.
- ¡Una princesa Orni! – gritaron las niñas. – ¡La señorita Zelda se ve hermosa, mamá! – gritaron las niñas.
- Muy hermosa. – dijo Amali. – Definitivamente, el traje le sienta.
- Muchas gracias. – respondí sonrojada.
- Estoy segura que tu novio se irá para atrás cuando te vea. – dijo la señora Orni, causando en mi verdadero impacto.
- ¿Cuándo se casan? – preguntó Kotoli.
- ¿Se quieren mucho? – siguió Notali
- ¿Ya te pidió matrimonio? – preguntó Kumeli.
- ¿A dónde te llevará de luna de miel? – preguntó Genali.
- ¿Van a tener bebés? – siguió Sogeli.
- ¿¡QUÉ!? – grité, con las mejillas ardiendo.
No sé cómo responder ante preguntas tan comprometedoras... pero... pero tan...
No... pero qué cosas estoy pensando.
- ¡Niñas, por favor! – exigió Amali. – No hostiguen a la señorita Zelda con preguntas tan personales.
- No se preocupe. No lo hacen con mala intención. – dije, tratando de calmar mi acelerado corazón.
- Ya estás lista para que todos te vean. Te aseguro que vas a deslumbrar.
Amali coloca sobre mi cabeza un adorno de dos plumas, cada una encima de mis orejas. Con ese último toque, el traje está completo.
- Estás lista. – dijo la Orni. – La cena está a punto de empezar, así que vamos.
Algo nerviosa, salgo de la casa de Nyel con Amali y sus cinco pequeñas detrás de nosotras.
...
La reunión se está llevando a cabo en la plataforma dedicada a la leyenda de Revali, en donde él siempre vigilaba a Vah Medoh en el pasado. Un farol está en medio de todos los habitantes, entre ellos el jefe Orni, Tyto; Nyel, Teba, Sareli y el pequeño Tureli. Link se encuentra junto a estos últimos y conversa con el guerrero Orni. Siento una inmensa satisfacción al saber que la paz se ha vuelto a respirar en este pueblo, que todos pueden disfrutar de la noche, sin miedo a que un fantasma los lastime.
- Buenas noches...
Saludo a todos, quienes me devuelven el gesto, sin embargo, Link, al posar su mirada en mí, no dice nada, queda enmudecido. La manera en la que me mira causa que me sienta intimidada, mas no incómoda, y ante eso percibo que mi cuerpo se estremece de una manera agradable.
- Con todo respeto, princesa, ese traje le favorece maravillosamente. – dijo Tyto.
- Comparto la opinión del patriarca. – dijo Nyel.
- Gracias a todos.
- Princesa, siéntese con nosotros. – pidió Teba, poniéndose de pie. – Ya van a servir la cena.
- Acá, Zelda... a mi lado. – dijo Link, aun con su mirada encima de mí.
Al sentarme al lado de Link, me doy cuenta de que su vestimenta combina mucho con la mía, lo que me estremece más al estar a su lado, y no puedo decir más al ver sus ojos perderse en la luz del farol.
¿Qué pasa por tu mente, caballero? ¿El canto de Nyel y Athan aún estará deambulando en tus oídos? Porque mi alma todavía sigue perdiéndose entre las notas de mis sentimientos, entre el dulzor de las letras que describen perfectamente el color de los latidos de mi corazón por ti.
Poco después de mis perdidos pensamientos, llega la comida. Un exquisito salmón en salsa de mantequilla acompañado de pastel de trigo de Tabanta con queso. Recuerdo alguna vez haber saboreado este plato hace más de cien años en el palacio, y su solo olor me hace saber que está exquisito.
Todos comenzamos a degustar de la cena, y tal como lo imaginé, es el mismo que recordé, incluso hasta más delicioso. Link se da la oportunidad de cruzar su mirada con la mía en cada bocado que saborea, lo que acrecienta mi ansiedad.
...
Cada habitante de la aldea se despide para ir a sus respectivas casas. Veo que Link le dice algo a Teba, por lo que este sonríe y se retira con su familia. Después voltea a mirarme, sonriéndome.
- Tú y yo aún no vamos a dormir...
Me estremezco entera ante lo que me dice, pero más al ver que empieza a acercarse a mí. El farol sigue encendido, por lo que ver su mirada entremezclada con la luz me atrapa más, y si él no me toma caeré desplomada.
Hace mucho tiempo que no siento algo como esto...
- Link...
- ¿Me amas, Zelda?
Mi corazón vuelve a detenerse, pero esta vez de una manera brutal. Esperé tocar esta conversación de cualquier manera, mas no con semejante pregunta.
¿Esto es fácil de responder? Claro que sí... ¿Pero cómo hacerlo sin ponerme en evidencia? ¿Sin que mi corazón termine destrozado ante una respuesta de confusión?
Ya no quiero eso...
- Estás tan hermosa con ese traje... – dijo Link, dejándome más vulnerable. – Pero en realidad tú embelleces a la vestimenta, no al revés.
Link me sonríe y no entiendo por qué. Se separa de mí y camina hacia el filo de la plataforma, dándome la espalda.
- Como te diste cuenta, cuando te fuiste con Amali y sus hijas, me quedé hablando con Nyel. – dijo Link, matándome con tanta incertidumbre. – Y le agradecí tanto...
- ¿Le agradeciste? – pregunté, sacando por fin la voz. – ¿Por qué?
- Y no solo le agradecí a él, sino también a tu maestro... y al hijo de Azael.
Mi caballero vuelve y me toma de la cintura, acercándome más a su cuerpo. Se saca un guante para acariciar mi rostro, y tanto arde mi piel que sus helados dedos ni se sienten.
- Por fin pude recordar cuánto te amo, Zelda... con toda mi alma.
De no haber sido por los brazos de Link, hubiera caído al suelo, pues no siento las piernas. Los latidos de mi corazón se escuchan por todo lo alto, mientras siento que mis ojos se humedecen ante semejantes palabras soñadas y sui generis para mí.
- Desde hoy supe que te amé desde que desperté de mi letargo, pues tu voz fue lo único que me impulsó a recuperar mi pasado, a querer conocer mi identidad, la que tú mismo me regresaste. – dijo Link, aferrándome más a él. – Y ahora que he descifrado este abismal sentir que me produces, no pienso dejarte ir... nunca.
- Link... – le hablé, ahora sí sin poder contener las lágrimas. – Te amo tanto...
Mi caballero me aferra más a él y atrapa mis labios, devorándolos de una manera que jamás había sentido. Su lengua se adentra a mi boca causando temblores en mi cuerpo, placenteros y abismales que me hacen querer perderme en su piel, hacerme una con él.
Por primera vez sus manos no se quedan quietas, ahora recorren mi cuerpo de la espalda a la nuca, me asfixia encantadora y peligrosamente para devorar más mi boca, hasta que deja de hacerlo y comienza a besar mi rostro, mientras me susurra amor y encanto...
Esto es un sueño, no veo otra razón para estar sintiendo algo como esto, lo que creí muerto para siempre. Me matan sus caricias, me enloquecen sus besos.
Desfallezco por pocos segundos cuando sus besos se trasladan a mi cuello, pero en ese mismo instante se separa bruscamente de mí.
- ¡Perdón, perdón! – dijo Link, exaltado.
Me acerco a él y lo abrazo por la espalda, momento en el que él toma mi mano y la besa.
- No puedo sobrepasarme así, Zelda. – dijo mi caballero, avergonzado. – Debo respetarte como la dama que eres.
- Link, tú tienes derecho a...
- Te llevaré a la casa de Teba para que duermas. – dijo nervioso. – Mañana debemos partir muy temprano a la aldea Kakariko y tenemos que descansar.
- ¿Y tú? – pregunté, extrañada por su comentario. – Los dos vamos a la casa de Teba.
- ¡No, de ninguna manera! – exclamó alterado. – El patriarca Tyto también me ofreció posada, así que le tomaré la palabra.
- Pero...
Link no dice nada y me lleva con él a la casa de Teba... Mis deseos de dormir con él, después de semejante confesión, se esfuman por su dichoso respeto a mí.
Me está cansando ser una dama...
...
Reconozco estar algo molesta con Link por no haber dormido conmigo anoche. Sé que me respeta y aprecio mucho su gesto, mucho más ahora que hemos reconocido lo que sentimos, entre otras cosas, pero... En fin, no voy a seguir pensando en eso, pues nada puede arruinar esta dicha. He recuperado a mi gran amor casi en su totalidad, cuando lo creía imposible.
Veo a mi caballero bajar por las escaleras, listo para partir. Durante la noche pensé en el viaje que nos espera y eso me permitió tomar una decisión. Me da algo de temor, pero es importante para continuar.
- Buenos días, princesa. – dijo Link, colocando su mano en mi mejilla. – ¿Estás lista?
- Sí... es decir, no.
- ¿No? – preguntó sorprendido. – ¿Ocurre algo?
- Lo que pasa es que... quisiera que hagamos un desvío.
Link me mira extrañado, pero dispuesto a escucharme. Espero que tome a bien lo que voy a proponer.
- Me gustaría que antes de ir a la aldea Kakariko vayamos a otro lado. – dije seria.
- ¿A dónde?
- Mi corazón me dice que debemos terminar el proceso de reconocimiento de las fuentes, y nos queda la del valor. – respondí. – Sé que es una salida de camino significativa, pero no puedo retrasar más esto.
La expresión de Link es seria, pero aun así me ofrece una cálida sonrisa.
- Yo haré lo que mi dama me pida.
Le regreso a Link la sonrisa, agradecida porque siempre es tan complaciente conmigo. En ese momento él se acerca para besarme, pero se separa rápidamente de mí al sentir la llegada de unos pasos.
- Es una lástima que tengan que irse.
Teba y Nyel se han acercado a despedirse de nosotros. Siento pena ante eso, pero me voy con la dicha de que a cada uno le hemos llenado un vacío muy grande con nuestra ayuda.
- Volveremos a vernos, eso es seguro. – dijo Teba. – Y ya saben que cualquier cosa que necesiten, estaré siempre aquí. Gracias por todo.
- Yo también les agradezco mucho el haberme devuelto las notas de la canción de mi maestro. – dijo Nyel, emocionado. – Nunca lo olvidaré.
- No hay nada que agradecer, ha sido un gusto. – dijo Link. – Nos volveremos a ver.
Mi caballero y yo nos despedimos de la aldea Orni. Siempre guardaré los hechos de este lugar en mi corazón.
...
Dos días de viaje, más descanso en las posadas del camino, nos permitieron llegar al Bosque de Farone; y cerca de aquí nos espera la fuente del valor.
- ¿Recuerdas por donde estaba la fuente, Zelda? – preguntó Link, apenado. – Ya sabes que yo...
- Link, no tienes la culpa de no recordar. – respondí sonriendo, aunque luego me preocupé. – Pero a decir verdad... yo tampoco recuerdo.
Vaya problema...
Esta tierra ha cambiado demasiado en cien años, a pesar de que la destrucción la ha consumido. Justo en el instante que estoy a punto de desesperarme, unos arbustos cerca de nosotros comienzan a moverse. Link, por supuesto, saca su arma para enfrentarse a lo que sea que pueda atacarnos, pero nos llevamos una gran sorpresa por lo que se nos aparece.
El misterioso lobo...
- Zelda... ¡El lobo gris!
En el momento que Link grita de sorpresa, el animal escapa de nosotros, y decidimos seguirlo. Corre más rápido de lo normal, pero aun así no nos detenemos.
- ¡Se fue por ese camino! – dije señalando a mi izquierda.
Y por ese sendero llegamos al tan buscado sitio... la Fuente del Valor.
- Es aquí, Link...
Lo que acaba de pasar ha sido muy extraño, sin embargo, lo agradezco. El misterioso animal nos ha servido como guía y ahora estamos donde nos corresponde.
Otra vez me toca enfrentarme al pasado, al frío de las aguas a las que, desde niña, tuve miedo. Sin embargo, la protección de Link me ayuda a tener valor, y desde que me acompaña ya no siento el tormento de antes.
Pero... Tengo un presentimiento incómodo. No puedo descifrar si es algo peligroso, pero me tiene muy inquieta.
Link y yo llegamos a la fuente del valor, la única que siempre está protegida por una estatua de dragón. Siempre he pensado que la imagen se trata de Faren, pero mamá, alguna vez, me dijo que no era él, sino de uno de los representantes de una desaparecida tribu. Nunca me interesé del todo en estudiar sobre ellos, pero ahora se me ha despertado la curiosidad. Cuando todo esto termine, hablaré con Prunia y Rotver al respecto. Hasta podríamos explorar los alrededores y buscar pistas.
Como siempre, Link y yo nos adentramos a la fuente. Él se queda en la entrada para protegerme y yo me preparo para ingresar en las aguas, lista para comenzar mis oraciones.
Sin embargo... el solo poner un pie en el agua causa que me detenga por completo.
No estamos solos.
No entiendo en qué momento el ambiente de paz se desmoronó. El arma de Link se encuentra en el suelo, mientras dos seres de contextura gruesa lo obligan a agachar la cabeza hasta tocar el suelo. Mi impacto produce que retroceda, y en ese momento también quedo atrapada por cuatro manos más.
- Link...
Tengo pánico... no puedo hablar. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Acaso el lobo nos condujo a una trampa?
- ¿¡Qué es esto!? – gritó Link, confundido y con el cuerpo entumecido. - ¡Suéltennos! ¿¡Quiénes son ustedes!?
- ¡Impostores! – gritó uno de los hombres sosteniendo a Link. – ¿Otra vez invadiendo este lugar sagrado? Pensé que nos habíamos librado de ustedes hace muchos años.
- Pero parece que este par de idiotas creyeron vernos la cara, como todos que pasaron por aquí. Siempre queriendo usurpar el lugar que no les corresponde.
- Llevémoslos a la aldea... mi señora Saria nos dirá qué hacer con ellos.
¿Saria?
...
Comentarios finales:
Holaaa, nos volvemos a ver después de dos semanas. Espero que se encuentren bien.
Tenemos otro capítulo de transición, pero seguramente muy esperado por todos los fans del zelink. Por fin Link ha reconocido que ama a Zelda de una manera sutil, pero auténtica. Ese era el empujón que necesitaba para poder dar ese acercamiento, y por esa razón le toca reprimir más sus impulsos, ya saben a qué me refiero. Y aun así, esta no puede considerarse una verdadera prueba de amor... recuerden que ese sentimiento solo se mide en los momentos más duros.
Sé que el recuerdo de Zelda se leyó algo anticuado, pero aunque parezca mentira, aún existimos (sí, me incluyo en el relajo jaja), mujeres que aún no somos capaces de declararnos a un hombre por miedo a un rechazo o a que se crea la gran cosa, por esa razón esperamos a que mejor nos lo digan primero. Impa es más recatada, por eso aconsejó a Zelda (y yéndonos al contexto de la época, así se les enseñaba a comportarse a las señoritas) que no se ponga en evidencia con Link; mientras que Prunia, más liberal (sin que eso caiga en el libertinaje), le aconsejó irse con todo para salir de dudas. Comparto que el camino más idóneo es un punto medio, es decir, tomar un poco de la sugerencia de la otra. ¿O qué opinan?
El traje de Zelda está basado en los Mods del juego, pero también de algunos hermosos fanarts de la saga. En lo que respecta al traje de clima frío, no podía decidirme por ninguno, y es por eso que hice que usara los dos.
Y bueno... No diré nada sobre el final. Seguramente sus ojos se han salido como platos, pero todo tiene una especial razón que no tardarán nada en saber. Eso no es un simple cameo.
Muchas gracias por seguirme apoyando y por sus hermosos comentarios.
Un abrazo ^^
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