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29. Corrientes fatales

Teba recupera las fuerzas rápidamente, pues sus deseos de salvar a su hijo son más fuertes.

- ¡Espera, Teba! – advirtió Zelda, alarmada. – ¡No puedes irte así!

- ¡Tengo que rescatar a Tureli! – respondió el Orni, preparándose para tomar vuelo.

- ¡No tienes una estrategia, recapacita! – indiqué serio.

- ¡No necesito una estrategia para salvar a mi hijo! – respondió el Orni, furioso. – ¡Lo rescataré sano y salvo así me cueste la vida!

El guerrero Orni no hace caso a ninguno de nuestros pedidos, así que toma vuelo para ir hasta el Noroeste de la aldea. Quizás a la zona de entrenamiento, como indicó el niño.

¿Qué tan grande es el amor de un padre? Los ojos del Orni, llenos de impotencia y angustia por la seguridad de su hijo, trae a mi mente una escena desgarradora... o quizás un recuerdo.

Aquella noche lluviosa en la que mi vida cambió...

*.*.*.*.*

Anoche nació mi hermanita Abril... y también se fue mamá.

Yo no la vi partir, solo se fue, como esos pétalos de rosa que se lleva la fuerte ventisca de invierno, la que rompe su tallo sin consideración alguna y que solo se esfuma sin dejar rastro.

Ella me explicó, la última vez que estuve en su cuarto, que el bebé ya iba a nacer y que todo iba a salir bien. No sé en qué momento me sacaron de ahí para esperar junto a mi abuelo, y mucho menos cuando varias mujeres vestidas de blanco, unas de ellas médico, creo yo, entraban y salían de la habitación, asustadas.

Mi abuelo me abraza, tratando de mantenerse sereno, y por primera vez puedo verle la cara. Ya las canas y arrugas lo embargan un poco, pero aun así se ve un hombre fuerte y con energía.

También sé cómo se llama... Smith.

De repente, una de las mujeres me toma en brazos y me saca de la casa. ¿Por qué? ¡Yo no quiero irme! ¡Quiero ver a mi mamá!

...

No entiendo por qué dormí en casa de la vecina.

Ella es muy buena y sus hijos jugaron conmigo, pero yo quiero ir a casa a ver a mi mamá y al bebé. Pregunto muchas veces, pero nadie sabe nada, solo veo que mi vecina llora por momentos, pero se limpia las lágrimas apenas me ve.

Horas después, por fin, llega papá, vestido de negro, y me saca de la casa de la vecina. Me lleva a un sitio apartado y se agacha para hablar conmigo.

¿Por qué papá se ve tan mal? Me mira de una manera extraña, además que tiene ojeras.

- Mamá se fue al cielo, hijo. – dijo mi padre, quebrando su voz. – Desde allá va a cuidarnos.

Quedé de piedra... Siempre que escuché esa frase en otros terminaban llorando, y ahora que es para mí, sé lo que significa.

Mamá se ha ido siempre y nunca la volveré a ver.

- ¡No! ¡No es cierto! – reclamé enojado. – ¡Es mentira!

Me voy corriendo, deseando no escuchar más a papá. Sé que mamá está en casa esperándome... pero con el tiempo me doy cuenta de que no es así. Toda la gente de la aldea está vestida de negro, mi abuelo está encerrado en su cuarto, llorando, la casa está decorada con lazos color muerte.

Mamá se fue para siempre...

No lo soporto más y salgo de la casa, llorando, llamando a mi mamá por todos lados, pero ella no responde ni lo hará jamás.

No recuerdo cuántas horas estuve sentado en aquella piedra, abrazado a mí mismo, vacío y con la lluvia cayéndome... hasta que llegó papá a verme.

- Yo siempre estaré con ustedes. Debemos ser fuertes para cuidar a tu hermanita.

¿Hermanita? ¿Es una niña? La había olvidado por completo, y ahora que sé de su existencia, mi deseo por conocerla apacigua mi pena.

- Debemos irnos pronto, Link. – ordenó mi padre. – Vamos a ir a nuestra nueva casa.

- ¿Nueva casa? – pregunté extrañado. – ¿Por qué? ¡Yo no me quiero ir de aquí!

- ¡Obedece! – exigió él. – Tu abuelo nos espera.

Papá toma mi mano y me lleva de regreso a casa... Nunca lo había visto tan enojado. Su mirada risueña y dulce se desvaneció.

...

Un carruaje elegante está afuera, mientras que mi padre sale conmigo en su mano derecha y con mi hermanita en su brazo izquierdo. El abuelo se quedó... no quiso venir.

A pesar de ver a papá enojado, siento en él una angustia por no soltarnos, sobre todo porque, sin lastimarme, sostiene mi mano con fuerza.

- No quiero ir, papá. – dije angustiado. – Yo me quiero quedar con el abuelo.

- Link, no quiero discutir. – dijo mi padre, agachándose a mi altura y con mi hermana en brazos. – El abuelo prefirió quedarse a cuidar la casa, así que lo visitaremos seguido y él a nosotros.

- Tengo miedo...

- ¡No tengas miedo! – pidió mi padre, abrazándome. – Mientras yo viva, siempre voy a protegerlos... Además, debes ser valiente para cuidar a tu hermanita.

- Lo haré, se lo prometí a mamá desde que me contó que llegaría. – afirmé, sin poder contener el llanto.

- ¿Ves? – preguntó mi padre para animarme. – En el castillo estaremos bien.

- ¿En el castillo? – pregunté sorprendido.

- Sí, y ahí serás más fuerte... como no te imaginas. – afirmó mi padre. – Solo siendo fuerte soportarás todo este dolor.

La puerta de la casa se cierra detrás de mí, mientras las manos de mamá aún se sienten cálidas en mí.

*.*.*.*.*

- Link... – me llamó Zelda, acariciando mi rostro. – Te quedaste en blanco, llevo algún tiempo llamándote.

Si Zelda no conociera todos mis antecedentes, seguro pensaría que estoy desquiciado. Los dolores de cabeza ya no han regresado, pero desde que desperté de mi letargo, los recuerdos me hacen perder el contacto con la realidad. Al menos no he estado solo en este proceso, porque sería demasiado difícil para mí manejarlo.

El héroe elegido por la desaparecida espada no es capaz de lograr el total control de sus emociones.

Y es más... ni siquiera tengo el control del arma.

- Recordé la muerte de mamá...

Los ojos de Zelda se abren de par en par ante mi confesión.

- Rememoré el día de su muerte, cuando nació Abril; incluso estuve junto a mi abuelo, al que ya pude ver por completo. – relaté melancólico. – Mi padre no me llevó a su funeral, imagino por evitarme el dolor, pero cuando me confesó que se había ido no lo quise aceptar, aunque luego lo hice con mucha impotencia.

- Solo tenías seis años, Link, es algo normal. – dijo Zelda, comprendiendo muy bien la situación.

- Cuando mi padre me encontró llorando en la lluvia, me dijo que nos iríamos de casa, que ahora viviríamos en el castillo. – seguí contando. – Mi abuelo Smith prefirió quedarse. Nunca había visto a papá tan frío.

- Sir Demetrio siempre fue frío, según recuerdo. – comentó Zelda. – Pero mi madre me dijo que su corazón era noble, solo que estaba herido por la muerte de su esposa.

- Lo sé. – afirmé. – Ver a Teba tan decidido a proteger a su hijo, me hizo recordar a mi padre. Quizás fue extrema la decisión que tomó de abandonar nuestra casa apenas mi madre murió, pero entiendo que lo hizo para huir del dolor.

- Así es. Él solo quiso dejar todo atrás. – dijo Zelda. – Me alegra que entiendas todo eso sin rencor.

- Nunca podría tenerle rencor, pues hizo lo mejor que pudo para amarme y cuidarme... aunque haya sido un poco duro. Tengo mucho que agradecerle.

Guardo silencio por unos segundos, buscando recuperar las fuerzas para continuar con lo que me corresponde. Tengo que tener cabeza fría para el presente, mas no para el pasado.

- Voy a ayudar a Teba. – dije determinado. – No puedo dejarlo solo en estos momentos. Además... Revali es mi problema.

- Nuestro problema, Link. – dijo Zelda, seria. – Ambos iremos a ayudarlo.

- Zelda...

- No vas a impedir que te acompañe.

Discutir con mi dama no tiene sentido, por lo que accedo a que me acompañe.

Camino con ella hasta el final de la plataforma, y en ese momento me preocupo de ver el abismo que se encuentra debajo de nosotros. La única manera de llegar allá es con la paravela, la que hace tiempo no uso... Y mucho menos con Zelda junto a mí.

- Usaremos la paravela para ir a la zona de entrenamiento. – dije a la princesa. – Pero tendrás que abrazarte a mi espalda.

- Link, no creo que aguante nuestro peso. – comentó ella, preocupada.

- Dijiste que querías venir, ¿no? Así que tendrás que armarte de valor. – ordené con sarcasmo. – Ya te dije que mientras estés conmigo, nada va a pasarte.

Zelda me abraza, cosa que le correspondo. Aunque quisiera dejarla aquí, me sentiría vacío sin ella.

- Antes de viajar, es mejor que nos pongamos la ropa adecuada.

- Tienes razón.

No hubo necesidad de ocultarnos para vestirnos, pues la ropa de invierno confeccionada por Apaya podía colocarse por encima de la actual. Por la seriedad del momento, tengo que contenerme de perder la cabeza al ver a Zelda con su abrigo real. No hay nada que no le quede bien.

- Estás linda y lista para esta misión. – comenté sonriendo.

- Igual tú, Link. – dijo ella, sonrojada.

Mi ropa es demasiado llamativa para mi gusto, mucho más por estas orejeras de alas... Pero en fin, es lo que hay.

Me posiciono con Zelda en el filo de la plataforma, para luego sacar la paravela que el rey me dio a pocas horas de mi despertar. Zelda me toma de la mano, y en ese momento me pongo nervioso, pues no me perdonaría jamás que llegue a caerse por el barranco.

- Por lo que más quieras, tómame fuerte. – pedí en tono suplicante. – Porque si llegas a caer, iré contigo hasta el final.

- Nada malo pasará, te lo aseguro.

Zelda y yo retrocedemos para tomar impulso, para después correr y lanzarnos al vacío. Con prisa, la coloco a ella en mi espalda, para así poder tomar la paravela con mis dos manos.

El paso no ha causado ningún descenso peligroso, así que seguimos, dejando que el viento nos guíe.

...

Fue una buena idea habernos vestido con esta ropa abrigada antes de partir, pues esta parte de la región de Tabanta es sumamente fría debido a la nieve que lo rodea.

¿Hace cien años habré tenido contacto con este clima? Quizás, y para variar no lo recuerdo.

- Estamos cerca del desfiladero de Oronen. – comentó Zelda. – Por aquí está la zona de entrenamiento, donde le pedí a Revali que colabore con nosotros.

- Revali debe haber tenido las plumas demasiado gruesas para entrenar en este lugar. – dije sorprendido. – Era fuerte, no hay como negar...

Una explosión interrumpe mi oración. No se ve de donde proviene, pero se visualiza una humareda saliendo de un lugar en específico.

- ¡Vamos, Link! – gritó Zelda. – ¡Es en la zona de entrenamiento!

La princesa y yo corrimos hasta la zona de entrenamiento, lugar que aún seguía con la humareda de la explosión. Me sorprende ver que no se ha hecho añicos.

Subimos en la escalera y encontramos a Teba arrastrándose en el piso, dejando un camino de plumas y sangre a su alrededor.

- ¡Teba! – gritó Zelda, acercándose al Orni. – ¡Déjame ayudarte!

- Ya... ya nada se puede hacer. – expresó el pájaro, con dificultad para hablar.

- No, Teba...

Teba no puede morir, no lo acepto...

Me acerco a la plataforma sabiendo con lo que voy a encontrarme... aunque la imagen resulta ser más de lo imaginado.

- Vaya, el héroe ha venido hasta aquí...

Revali se encuentra parado en la roca frente a nosotros, y junto a él Tureli, quien lo mira fascinado. No hay duda que la influencia de Ganon también ha poseído a ese pobre niño, pues aunque tenga alas, es un sitio peligroso para él.

- Me alegra que hayas venido a ver mi espectacular entrenamiento para Tureli. – dijo Revali, mirando al niño. – Por suerte, está dejando de lado la mediocridad de su padre.

- ¡Cállate, Revali! – grité enfurecido. – ¡Deja al niño en paz, tu problema es conmigo!

- Eres mi principal problema, siempre lo has sido por creerte la gran cosa. – respondió el Orni manipulado. – Pero también ese pajarraco que ha osado a querer imitarme, creyéndose el mejor de la aldea. ¡Yo soy el inigualable Revali, el único, y nadie entre los Orni es mejor que yo! ¡Ni naciendo ni reencarnando mil veces!

- ¡Soberbio! ¡Nadie te ha querido quitar el lugar! – reclamé indignado. – Teba siempre te ha admirado, al igual que su hijo, y por eso lo utilizas para lastimarlo.

- ¿Lastimarlo más? No lo creo... ese ya se va a morir. – indicó el Orni.

Volteo para corroborar lo que dice Revali, pero me sorprendo al ver que las cosas no son así.

- Teba no morirá, Link. – afirmó Zelda. – Yo voy a sanarlo.

Zelda coloca sus manos encima del ensangrentado cuerpo del Orni, causando que una azulada luz resplandezca.

¿Acaso Zelda ha recuperado su poder? ¿Por fin llegó el momento tan anhelado?

En poco tiempo las heridas de Teba se cierran, y a pesar de que aún sigue inconsciente, se lo ve menos perturbado.

- ¿Qué fue eso, Zelda? – pregunté sorprendido.

- No es lo que crees, Link. – respondió la princesa, algo apenada. – Fue Mipha quien lo salvó. Recuerda que ella nos otorgó su don, el que es capaz de salvar vidas cuando se encuentran de gravedad. Solo puede usarse en oportunidades como esta, así que no iba a desperdiciarla.

Gracias, Mipha... aunque estés ausente, sigues demostrando tu bondad.

- ¿Dónde estás, héroe? – me llamó Revali. – ¿Ya te diste cuenta no eres rival para mí?

Sé que el espíritu de Revali está fuera de su control, pero aun así me enfurezco ante su osadía. Dejo a Zelda cuidando a Teba, por lo que regreso a la plataforma para enfrentarlo.

- ¿Quieres luchar contra mí? – pregunté. – Así será, pero entre tú y yo. Deja a Tureli y a Teba fuera de esto.

- ¡TÚ NO PONES LAS CONDICIONES, IMBÉCIL! – gritó Revali, furioso. – El niño es mi pupilo, así que, si quieres enfrentarme, será con él a mi lado.

Revali toma vuelo y Tureli, hipnotizado, lo sigue. En ese momento varias ráfagas de viento comienzan a formarse de abajo del barranco hacia arriba. El Orni y su víctima comienzan a volar entre ellas con tal facilidad que me aterra.

- No... Tureli... – habló Teba, saliendo de su inconsciencia.

- Teba, tranquilo. – pidió Zelda.

- Tureli no está listo aun... – indicó desesperado. – Link... salva a mi hijo.

No puedo negarme al pedido de Teba. ¿Pero cómo voy a salvarlo si prácticamente Revali lo usa como escudo?

- ¿Quieres que te ayude a llegar hasta aquí, Link? – preguntó Revali con sarcasmo. – Lo pregunto porque no sabes volar.

Me cuesta reconocerlo, pero él tiene toda la ventaja. ¿Cómo voy a llegar a él sin poder volar y sin hacerle daño al niño?

A menos que...

Vuelvo a sacar la paravela de mi alforja y a mi cabeza viene una idea. Este instrumento es perfecto con el vaivén del viento, y si puede llevarme a donde quiero en camino horizontal, posiblemente lo podrá hacer en vertical.

- ¡No, Link! ¡Ni lo pienses! – gritó Zelda, conociendo mis intenciones.

Es tarde... voy a tomar mi única alternativa.

Tomo impulso y me lanzo al vacío con la paravela en mis manos, y para mi sorpresa asciendo por las corrientes de aire, pero al mismo tiempo también me muevo verticalmente. Ahora podré acercarme a Revali.

- Inteligente de tu parte, héroe de espaducha. – se burló el Orni. – ¿Pero cómo piensas atacarme? ¡No tienes armas para enfrentarme!

Revali saca su arco con flechas y dispara hacia mí, lo que por suerte pude esquivar gracias al movimiento de las corrientes de aire, pero sé que eso solo fue suerte... la próxima vez puede ser fatal.

El Orni sigue moviéndose por todas las corrientes, con Tureli imitándolo.

- ¿Cómo piensas derrotarme con las manos ocupadas? – preguntó Revali, riéndose. – No eres nada sin alas, y así te crees la gran cosa con esa espada... que no tienes.

Revali comienza a reírse de mí, por lo que me siento intimidado. ¿No soy nadie sin la espada? El título con el que todo el mundo me llama no existe, pues no poseo el objeto de mi fortaleza.

Quiero dejarme llevar por este malestar emocional... pero no puedo.

¿La paravela me estorba? Quizás solo un poco.

Guardo la paravela con prisa, por lo que comienzo a caer al vacío. Escucho el grito desgarrador de Zelda.

- ¡NOOO! ¡LINK!

En ese instante actúo...

Decido devolverle el favor a Revali, por lo que con la mayor rapidez posible preparo mi arco de la guardia, el mejor que tengo, y mi flecha. La disparo hacia Revali y consigo mi objetivo.

El Orni lanza un desgarrador grito por mi ataque, pero se recompone con prisa.

- ¿¡Eso es todo lo que tienes, maldito!? – preguntó el Orni, enojado y arrogante.

Revali comienza a volar con más velocidad por las corrientes de aire, y el pequeño Orni lo persigue. No hay duda que lo tiene manipulado, pues esa velocidad es demasiado para él.

Una vez me encuentro en posición para seguir volando con la paravela, vuelvo a lanzar mi flecha hacia Revali, pero este logra esquivarla, y en lugar de eso él me la regresa... y esta vez no salgo tan bien librado.

- ¡Link! – gritó Zelda.

Caigo por el barranco. La flecha no logró atravesarme el brazo, pero si rozarlo, por lo que ahora tengo que lidiar con una leve, pero dolorosa herida. Sin embargo, tomo fuerzas para que eso no me afecte.

Vuelvo a tomar el control de la paravela para encontrarme con Revali, quien ahora vuela a más velocidad, usando al niño como protección. El movimiento que tengo planeado hacer no puede tener errores, pues me llevaría por delante a Tureli... pero no tengo otra alternativa.

- No puedo fallar...

Vuelvo a sacar mi flecha, pero no una simple, sino la que Azael me dio.

Mi cuerpo se posiciona frente al Orni, justo en el momento en el que no hay nada cerca de él, donde Tureli le guarda la distancia por unos segundos. Saco la flecha bomba y la disparo en el pecho de Revali, atravesándolo dentro de una explosión.

- ¡MALDITO LINK! – gritó el espectro Orni, enfurecido.

Una vez que el humo de la explosión empieza a disiparse, visualizo que el cuerpo de Revali ha desaparecido. Sin embargo, Tureli se detiene en su vuelo y comienza a caer.

- ¡Tureli!

Me dejo caer en el vacío para alcanzar al inconsciente Orni. Logro tomarlo en mis brazos, pero mi impulsividad no me dio oportunidad de analizar cómo iba a tomar la paravela con las manos ocupadas.

- ¡Link!

Por suerte fui ayudado a tiempo. Teba me toma de los hombros con sus patas y me lleva a la caseta, donde Zelda me aguarda.

Una vez ahí, le entrego al guerrero Orni a su inconsciente hijo, al que abraza con angustia y tranquilidad. Zelda también me toma entre sus brazos, aliviada de ver que me encuentro bien. El tenerla así me llena de paz, sobre todo porque creí que no saldría vivo de la pelea con Revali.

- ¿Estás bien? ¿Te hirieron? – preguntó preocupada.

- Solo un raspón sin importancia, no te preocupes. – dije sonriendo. – El frío ha anestesiado el dolor.

Poco después, Teba se acerca a nosotros.

- No tengo palabras para agradecer lo que hiciste por mí. – dijo el Orni, emocionado. – Salvaste a mi hijo, y con eso me devolviste la vida.

- No hay nada que agradecer. – dije avergonzado. – No iba a permitir que Revali cometa una injusticia. Y gracias a ti por haberme salvado en el último momento.

- A usted también, princesa. – dijo el Orni, mirando a Zelda. – Me salvó de morir desangrando.

- Ha sido un gusto para mí poder ser útil. – respondió ella, para luego fijarse en el pequeño Orni. – Pobre Tureli, está inconsciente con todo este impacto. Hay que llevarlo con su...

Un ensordecedor ruido nos espanta, y ante eso Teba se pone alerta. El Orni abre sus alas y vuela muy alto, como si desde la distancia buscara algo.

- ¡No puede ser!

Lo escucho hablar desde abajo, pero no comprendo a qué puede referirse. Poco después baja muy alarmado.

- ¿Qué pasa, Teba? – preguntó Zelda, preocupada.

- Vah Medoh ha regresado...

La bestia divina ha vuelto a aparecer, lo que quiere decir que Revali sigue haciendo de las suyas.

- Debemos adentrar a la bestia como sea. – dije determinado.

- ¿Pero cómo, Link? – preguntó Zelda, preocupada. – Jamás podremos llegar hasta ahí.

- Yo los ayudaré. – dijo Teba.

Teba coloca a Tureli en los brazos de Zelda, para luego mirarme a mí.

- Iremos primero a la aldea a dejar a Tureli con mi esposa, que debe estar desesperada. – dijo Teba. – La princesa irá en mi espalda con Tureli y a Link lo llevaré con mis patas.

- ¿Podrás con nuestro peso? – preguntó la princesa, preocupada.

- Puedo con eso y más. – respondió el Orni, sonriendo arrogante. – Andando.

Y tal y como solicitó Teba, nos posicionamos para irnos con él.

...

Camino a la aldea Orni, pude ver a Vah Medoh volando encima de la aldea, lanzando gritos sin piedad y asustando a los habitantes. Todos estos pobres Orni han pasado noches de miedo por culpa de la presencia de Revali, y ahora les toca afrontar a la descontrolada bestia.

Sareli, con lágrimas en los ojos, toma a su hijo en brazos, agradeciéndonos por haberlo traído sano y salvo.

Ya con Tureli en casa, volvimos a la plataforma principal de la aldea para que Teba nos lleve a las alturas a encontrarnos con Vah Medoh.

- ¿Están listos?

- Sí. – respondimos Zelda y yo.

Ya entre las nubes, puedo ver mejor la magnificencia de la bestia, la que aparentemente se ve en calma, pero nadie mejor que yo sé que las aguas mansas pueden ser las más letales.

Ya más cerca de la bestia, y considerando que me encuentro en una posición estable, le pido a Teba que me suelte para poder usar mi paravela.

- Teba, cuanto me encuentre en el aire colocas a Zelda en mi espalda, por favor.

- ¡Así será, Link!

Cuando Teba me suelta, saco mi paravela, y en ese instante y con mucho cuidado, él coloca a Zelda en mi espalda.

El frío es tenaz, pero toca resistir. Lo más importante es llegar hasta Revali, que sé de qué manera nos espera. El primer encuentro con él no fue más que un entrenamiento... es ahora que viene el verdadero enfrentamiento.

- ¡Link, tú puedes! – gritó Teba, dándome ánimos.

Y con una señal de victoria con su ala, Teba se va entre las nubes, mientras nosotros, poco a poco, descendemos a la entrada de la bestia divina Vah Medoh.

...

Comentarios finales:

Hola, un gusto leerlos de nuevo por aquí.

Este fue un capítulo más corto que otros, pero creo que fue bastante interesante. Primero por el recuerdo de Link, lo que nos hizo conocer a su abuelo, más a su padre, y lo más triste, la muerte de su madre, aunque eso haya traído como consecuencia el nacimiento de Abril. Link recuerda ese trauma con pesar, pero nunca con rencor a su papá, y mucho menos a su hermanita, lo que le permitirá madurar cuando siga recordando más cosas de su pasado.

La escena contra Revali en la zona de entrenamiento se me hizo entretenido narrar, pues creo que solo él es un rival merecedor para tener más de una lucha contra Link (primero ahí, luego en la bestia). ¿Y qué más canalla que usar a Tureli como escudo? Si bien el Orni siempre ha sido de un carácter complicado, en sus cinco sentidos jamás habría actuado así, pero en este caso, saben que Ganon tiene que ver.

Sobre la plegaria de Mipha, consideré que este era el mejor momento para usarla, pues en el juego esta solo sirve cuando Link pierde el último cuarto de corazón que le queda, así que aquí fue algo parecido, Teba se estaba muriendo y Zelda lo ayudó. ¿Alguna vez la usará Link? Ya se verá...

Y sobre la última escena, ya viene la aventura dentro de la bestia. Ya verán qué otra locura se me ocurrió para describir su funcionamiento XD.

Informo que la siguiente publicación llegará el Lunes 7 de Febrero, pues el fin de semana que viene estaré ocupándolo en resolver trámites personales, nada serio. ¡Ya toca el capítulo 30, no puedo creerlo!

Muchas gracias a todos por leerme. Un abrazo.

PD: Mimmary, espero logres leer este mensaje, pero te respondí por PM interno. Deseo que te encuentres bien, amiga. Y tranquila, toma el tiempo que necesites para volver. Te mando ánimos y abrazos ^^.

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