
Recreo
Kyouka Jirou de tan solo ocho años de edad salió de clase animada, por fin era la hora del recreo y podría descansar de las diferentes asignaturas.
Sus amigas comenzaron a hablar de temas aleatorios mientras ella sacaba de su pequeña mochila negra su desayuno de aquel día: un sándwich de crema de chocolate. Sin duda era lo mejor del día.
Su mirada se desvió a una pequeña chica que permanecía en una esquina del patio escolar. Su pelo estaba recogido en una coleta y vestía un delicado vestido, esta se encontraba sola mientras miraba sus manos, como si estas fueran lo más interesante del mundo.
Reconocía a esa chica, iba a su clase, se sentaba al final del todo. Siempre la veía muy solitaria y callada, aunque recordaba que solía destacar en calificaciones y su singularidad también era interesante. La pelimorada se preguntó porque estaría sola.
—¿Por qué creéis que está siempre sola?
Una de sus amigas la miró, una chica de cabello castaño y grandes mofletes.
—Tal vez sea rara, siempre está leyendo y dice palabras extrañas. Dicen que viene de una familia rica— la de ojos marrones se encogió de hombros.
Kyouka no entendió porque aquello tenía que ser malo, como si ser diferente lo fuera. La más bajita miró a su amiga.
—Iré a hablar con ella.
La castaña iba a interrumpirla pero fue en vano. La de ojos oscuros se dirigió a la chica de la coleta, haciendo que esta se sobresaltara, no solía tener compañía.
—Hola.
La pelimorada le dedicó una sonrisa de oreja a oreja. La morena miró hacia atrás. Por un momento pensó que le estaba hablando a alguien más.
—¿Me hablas a mí?
—¡Pues claro!
En el rostro de la chica se dibujaba sorpresa. Agachó la mirada mientras colocaba sus pequeñas manos sobre sus rodillas. No sabía que decir.
—¿Necesitas algo?
La pequeña de ojos grisáceos estaba acostumbrada a que los demás se aprovecharan de ella, normalmente solían preguntarle sobre sus deberes o que le crearan algo con su singularidad. No le sorprendía que los objetivos de aquella chica de posado amable fueran los mismos.
—Solo quería sentarme contigo ¿Puedo?
La pelimorada se sentó a su lado, observando a la chica. Era más alta que ella pero sus facciones eran muy adorables, sobre todo sus cejas levemente curvadas por la confusión de su acción.
—Uh...claro.
La morena miró sus manos de nuevo. La pelimorada la observó con curiosidad, partió su bocadillo de crema de chocolate en dos y le tendió un trozo. Aquella chica no parecía tener nada para desayunar y aquello le entristecía.
—¿Para mí?
Sus ojos brillaron durante unos segundos observando aquel dulce.
—Claro ¿No te gusta?
—Sí, pero hace mucho tiempo que no comía algo así.
Kyouka observó cómo la chica cogía la mitad de su bocadillo y le daba un pequeño mordisco. Una sonrisa se dibujó en sus labios, una sonrisa hermosa. Kyouka sonrió satisfecha, le gustaba compartir cosas que la hacían feliz. Le gustaba hacer feliz a otros con sus acciones.
—Gracias.
—No hay problema, soy Kyouka Jirou, por cierto—le dedicó una sonrisa que hizo que la más alta se sonrojara levemente, hacía mucho que nadie le sonreía—¿Tú?
—Momo Yaoyorozu—agachó la mirada, parecía apenada por su presentación.
La pelimorada la miró durante unos segundos, tenía el nombre perfecto para ella. Siempre solía ponerle apodos a sus amigos y ella no iba a ser una excepción.
—Te llamaré YaoMomo ¿Qué te parece?
Momo alzó las cejas. Nadie nunca le había puesto un apodo, es más, en su familia siempre se había visto mal hacer esa clase de cosas, pero realmente le gustaba.
—Si no te gusta dímelo, Momo también está bien ¿Sabes que significa melocotón? Es mi fruta favorita.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Momo mientras evitaba mirarla con cierta timidez.
—También es mi fruta favorita— dijo con vergüenza, mientras la miraba.
—¿De verdad? ¡Tal vez tengamos más cosas en común!
Kyouka estaba alegre de poder hacer una nueva amiga, además, algo en su interior le dolía al ver como estaba sola en los recreos.
—Tal vez.
—A mí me gusta la música—ella le enseñó los auriculares que colgaban de sus orejas—¿A ti?
Momo la miró con curiosidad. Nunca había pensado si le gustaba la música, posiblemente, pero no tanto como a aquella chica de auriculares.
—Me gusta la música clásica, tampoco he escuchado otros tipos de música, mis padres dicen que son inadecuados para mí.
Sus palabras eran inocentes, tímidas e incluso elegantes, parecía muy madura para su edad. Kyouka abrió los ojos de par en par ante aquella declaración.
—¡Hemos de escuchar música juntas algún día! Te enseñaré como los otros tipos no son inadecuados, además podrías enseñarme música clásica ¿Qué opinas? Podemos ir a mi casa.
Momo jugó con sus dedos nerviosa. Nunca nadie la había invitado a la casa de alguien y no sabía cómo responder a aquella invitación.
—No quiero causar problemas.
—¡Para nada!
—Gracias.
—¡Te he dicho que no agradezcas!
La pelimorada rió un poco, aquella chica era muy dulce. Se preguntaba porque estaría sola, parecía una persona estupenda.
—¿Por qué estabas sola? ¿Acaso tus amigos han enfermado hoy?
Momo agachó la mirada ante su pregunta. Amigos, en realidad desconocía esa palabra.
—No tengo amigos. Mis padres siempre me han dicho que debo concentrarme en los estudios...además, creo que los demás me odian.
Kyouka ladeó la cabeza desconcertada. No entendía cómo alguien podría odiarla, a penas era una niña. Además, tenía ocho años, tenía que disfrutar.
—¿Por qué dices eso?
—A veces intento hacer amigos pero siempre me dicen que no quieren venir a mi casa de niña rica. Tal vez es mejor que esté sola con mis libros.
La pelimorada agarró su mano con suavidad mirándola con una sonrisa radiante.
—Ya no estás sola ¡Seremos amigas!
—¿Amigas?
—¡Sí! Podremos quedar juntas, jugar, comer, incluso ir al parque de atracciones o...¡Podemos formar un grupo! Se llamará...El melocotón es la mejor fruta del universo y la galaxia.
Por primera vez en mucho tiempo una pequeña risa salió de los labios de Momo.
—Es un nombre un poco largo.
—¡Soy horrible en los nombres!
Kyouka sonrió, feliz de haberla hecho reír. Desde ese día supo que no volvería a dejarla sola.
Ante eso Momo juntó sus manos durante unos segundos, un pequeño brillo salió de estas dejando a la de baja estatura sorprendida.
—¿Qué haces?
—Creo algo.
La pelimorada notó como su nueva amiga fruncía levemente el ceño por la concentración.
—¡Es increíble! ¿Puedes crear cualquier cosa? ¿Un avión?
La de ojos oscuros parecía realmente emocionada, había oído hablar de su habilidad pero nunca la había visto en persona.
—Tendría que comer mucho para crear un avión.
—¡Comeremos juntas!
Momo sonrió. En unos segundos, de su piel salió una especie de muñeco de color rojizo, con un adorable rostro.
—¿Qué es?
—Es una muñeca rusa, se llama matrioshka. Es el primer objeto que creé y suelo crearlas a menudo para practicar. Quería darte una cómo agradecimiento por el bocadillo.
Kyouka la cogió emocionada. Era sumamente adorable, la guardaría para siempre. Amaba recibir regalos.
—¡Gracias!
—No agradezcas— sonrió.
La pelimorada se levantó de golpe y rebuscó en sus bolsillos sacando un pequeño llavero de un micrófono. Se lo entregó a su amiga con una gran sonrisa enseñando sus blancos dientes.
—No puedo aceptarlo...yo...no he hecho nada para merecerlo.
—¡Vamos! Es un regalo de una amiga, tienes que aceptarlo o si no me pondré triste ¿Quieres que me ponga triste?
Kyouka le dedicó una mirada de tristeza mientras inflaba sus mejillas. Momo negó con la cabeza y rápidamente aceptó el llavero mirándolo con gran alegría.
Era su primer regalo por parte de una amiga.
—Lo guardaré siempre.
—Yo también guardaré siempre tu matriobra.
—Es matrioshka, no matriobra.
—¡Guardaré siempre tu matriora!
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Momo. Miró el llavero y lo apretó a ella.
Ese había sido su primer recreo en compañía de una amiga.
Momo Yaoyorozu introdució sus llaves metálicas en la cerradura de su apartamento.
El pequeño llavero de micrófono rebotaba de un lado a otro, este estaba algo desgastado pero seguía manteniendo su particular brillo.
Al entrar se quitó los zapatos y dejó su abrigo de lana sobre el perchero.
—¡Ya has llegado!
Una pelimorada salió de la cocina con un delantal y el rostro manchado de harina. Se abalanzó sobre la chica besando sus mejillas con suavidad, mientras la morena la apretaba a ella. La quería más que nada en el mundo.
—¿Un día duro?
La más bajita se separó dejándole su espacio. Momo le dedicó una gran sonrisa asintiendo. Últimamente la criminalidad había aumentado. Kyouka también trabajaba como heroína pero hoy tenía el día libre y había aprovechado para hacer el plato favorito de ambas.
—¿Has hecho pastel de chocolate?
—¡Y mermelada de melocotón!
El corazón de Momo latió con fuerzas ante la dulzura de su novia. Allí estaba ella, con su delantal de un grupo musical y su rostro manchado de harina.
La morena abrazó a su novia alzándola unos centímetros del suelo mientras comenzaba a dar vueltas como en un baile de alguna película. Finalmente la dejó en el suelo, mientras el aroma de ese dulce que tanto le gustaba volvía a sus fosas nasales.
—Gracias, cielo.
—Te he dicho mil veces que no me des las gracias por todo. Te quiero, haré lo que sea para hacerte feliz, ya lo sabes.
Momo sonrió besando su mejilla. Ambas entraron a la cocina. A ambas les gustaba cocinar, sobre todo dulces, así que se pasaban gran parte del tiempo cocinando juntas. Un antiguo matrioshka se encontraba en esta, decorando el lugar.
—Me alegra tanto que ese día me acercara contigo a hablar en el recreo— dijo Kyouka con una dulce sonrisa.
—Yo me alegro de que te acercaras. Ese día empecé a ser feliz a tu lado—Momo acarició sus mejillas limpiandole los restos de harina a la pelimorada—¿Nos comemos el pastel?
—Claro.
Sin duda agradecieron conocerse aquel día, en ese corriente e inocente recreo escolar.
¡Hola! Espero que os haya gustado y muchas gracias por leer. Se me ocurrió esta pequeña idea y decidí escribirla. Se me hizo tierno ver a una pequeña Momo solitaria y a una Jirou más energética.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro