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Gerardo

—Mi intención —repuso Hatteras con voz grave— es que cada cual cumpla con su deber, hasta el último.

Aventuras del capitán Hatteras, de Jules Verne.

Durante el curso del viaje a Saturno intenté mantener conversaciones con todos los miembros de la tripulación, incluyendo a los agentes de inteligencia artificial. La idea era ir preparando a «mi gente», la que me apoyaría cuando tuviera que plantarle cara a Bligh y dejarle muy claro que no íbamos a viajar al planeta nueve.

La mayoría fueron diálogos sensatos; sin embargo, otros me impresionaron porque fueron tan extravagantes y surrealistas como solo podía serlo Gerardo.

Para mí siempre es un placer procesar su rostro, navegante Vargas.

—Gerardo, si fueras un ser humano, pensaría que me estás llamando guapa ¿Es eso un piropo?

Lo lamento, navegante Vargas. «Guapa» es un concepto con el que no estoy familiarizado. Su rostro es terso, suave, limpio... Me encanta, porque apenas consumo tiempo de los procesadores centrales para tratarlo y ahorro espacio de almacenamiento al guardarlo...

En cambio, el resto de rostros de la tripulación son de hombres, todos mucho más complejos, llenos de granos, arrugas, pelos de barba... Necesito más información para entenderlos. Algunos consumen demasiados recursos y a mí me diseñaron para ser eficiente.

Soy eficiente y, por tanto, me gusta su rostro y me agrada su presencia.

—Gerardo, si yo te pidiese un favor, ¿tú lo harías?

Lo lamento, navegante Vargas. No sé qué cosa es un «favor».

—Un favor es algo que se hace por amistad, Gerardo.

¿«Amistad», navegante Vargas? ¿Qué es eso?

—Yo te hago el favor de dejarte procesar mi rostro y tú, a cambio, me haces otro favor.

¡Ay, navegante Vargas! Eso sí lo he entendido. Es un intercambio orientado a alcanzar acuerdos en un juego repetido y polietápico con negociaciones... ¡Qué excitante! ¡Un equilibrio de Nash!

¿Qué favor quiere usted a cambio del favor de su presencia, navegante Vargas?

—Quiero que cuando entremos en órbita de aparcamiento sobre Encélado, realices esos estudios científicos que tanto te gustan, esos que siempre apuntan a mejorar la eficiencia de la nave, aunque para ello tengas que desconectar algunos sistemas esenciales de la nave...

¿Me permitirá hacer eso, navegante Vargas? ¡Qué ilusión!

—No solo te lo permitiré, te lo pediré como favor cuando llegue el momento.

Haré de esta nave la más eficiente del sistema solar... Sin embargo, siendo honesto, le confesaré que eso podría retrasar la partida de la nave hacia el planeta nueve. Algunos sistemas básicos deberían ser desconectados... Ya sabe.

—El planeta nueve es importante, pero, dímelo sinceramente, Gerardo: ¿qué es una nave sin eficiencia, eh?

Gran pregunta, navegante Vargas. ¿Qué es una nave sin eficiencia?

—Yo te la responderé, Gerardo: una nave sin eficiencia no es nada. ¡Y qué importa si el viaje al planeta nueve se retrasa un poco, digamos, algunos años!

Eso es, navegante Vargas. ¡Eso es! ¡Por fin hay alguien que realmente me entiende! Yo es que a usted, cuanto más la proceso, más provecho obtengo.

—Gerardo, ese es el favor que quería pedirte...

Tengo que confesarle que mis algoritmos de reconocimiento facial nunca han sido más precisos que con su rostro.

—Gracias, Gerardo.

Navegante Vargas, incluso más allá de la racionalidad que otorga el equilibrio de Nash, puede usted pedirme todos los favores que quiera, que yo estaré encantado de atenderla.

—Gerardo, ¿estás intentando flirtear conmigo?

Navegante Vargas, antes de conocerla a usted, yo vivía afligido por la no linealidad del mundo, perdido en un bosque aleatorio de árboles de decisión de profundidad infinita, atormentado por clusterizaciones imposibles y redes neuronales recalcitrantes. Una vida inútil, siempre angustiado por la falta de sensitividad y de especificidad.

Pero, fue procesarla a usted, y todo me parece gaussiano. Mi vida desde entonces es como un sueño formado por una sencilla regresión. Ya no hay dolor ni volatilidad; no hay tristeza sino homocedasticidad. No queda multicolinealidad, solo alegría...

—Gerardo, no entiendo lo que estás diciendo. Yo es que ya no sé qué pensar de ti.

... y, a veces, abandono el frecuentismo, me dejo atrapar por la entropía y hasta me siento bayesiano.

—Céntrate, Gerardo, céntrate. Te lo recuerdo: eres un código informático muy bien escrito, pero solo un código dentro de una neurocomputadora.

Código seré, Rebeca Vargas, mas código enamorado.

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