
Día Tres
La cabeza me pesaba. Todo el cuerpo me pesaba. Alcancé el teléfono para ver la hora. Once de la mañana. Habían unos cuantos mensajes y llamadas perdidas. Un mensaje del Puma, ¿a las ocho de la mañana? Se ve que está en casa de sus padres. Me deseaba buen día y me recordaba el partido de basket al que no podía faltar, me decía también que hoy estaría entrenando y que pasaría por la tarde para vernos. Un beso donde más me guste como despedida. Me levanté y obvie el resto de los mensajes y llamadas.
Un baño me vendría muy bien. Preparé algo para desayunar mientras llenaba la bañera y comprobaba quien quedaba en casa. Melania dormía y Carla no estaba, me dejó una nota en la puerta del refrigerador, había ido con Charly de compras. ¿Con Charly? Van mejorando las cosas.
El agua estaba tibia, un poco de gel de rosas y a relajarme. Pero no pude quedarme sin pensar, recordé como conocí al Puma y los momentos que había pasado a su lado.
Lo conocí hace solo seis meses cuando empecé en el Instituto, salía del último turno y me esperaban mis padres en el aeropuerto, saldrían de viaje y no querían irse sin despedirse. Melania me acompañaba y pasamos por el medio de un grupo de jóvenes que no se quedaron callados al vernos, uno de ellos me siguió y me dijo que si pudiera recibir un beso de la muchacha más linda que había conocido. Sonreí y le respondí.
-Solo si tuvieras un avión porque tengo que estar en treinta minutos en el aeropuerto.
-No tengo un avión pero tengo un puma que te llevará en veinte.
Reí y seguí hasta la vía, me despedí de Melania y empecé hacer señas a un taxi. Una moto se adelantó y paró frente a mi. El joven me miraba mientras daba palmaditas en el tanque de gasolina donde estaba dibujado un puma dispuesto a atacar. Sin hablar me monté y en menos de veinte minutos estaba en el aeropuerto. Al bajarme le di las gracias y lo besé. Sus manos me sujetaron y volvió a besar mis labios. Desde ese instante el Puma se apoderó de una parte de mi vida.
El teléfono sonó y me trajo a la realidad.
......
En el Club Campestre se juega golf, hay canchas de tenis, se puede pasear a caballo, en el centro está el hotel de solo cuatro pisos y cerca del lago se podía acampar. Los sábados eran los días que se organizaban eventos para socializar y hacer negocios. Aunque era miembro no participaba en las actividades si no iba con Filippo, aún cuando recibía invitación, me resultaba molesto ir sin él. Aquí se reúne la alta sociedad. Las mujeres exhiben sus modas de campo caras y de marca, pantalones, sayas hasta la mitad de las rodillas, algunas con botines y sombreros. Carla me dio un vestido de fondo blanco con flores azules, sin mangas y escote redondo, escogí una pamela también blanca y le coloqué una cinta azul, en mis pies un modelo de mis botines con hebillas a los lados y tacones altos y finos. Melania volvió a maquillarme y ocultar con sus pinturas la marca en mi espalda.
Entramos al bar donde hay un gran salón con mesas y sillas dispuestas de manera tal que se viera todo el campo de golf y se disfrutara del bello paisaje. Filippo me presentó a tres hombres que estaban acompañados igualmente de muchachas jóvenes. Ellos se sentaron a una mesa para hablar de negocios y las mujeres nos sentamos en la sillas frente a las barandas de la extensa terraza. Un barman nos llevó copas con champán. Una de las muchachas propuso un brindis por la vida y otra porque los negocios de su compañero le fueran bien. Brindamos. Comenzaron hablar de modas, de lo que compraron y de lo que están vendiendo. Sonaban falsas e hipócritas y me pregunté si a veces yo sonaba así también.
Los caballeros se acercaron y nos propusieron participar en las rondas que tendrían Filippo y Enrico o que podíamos disfrutar de una de las albercas. También nos propusieron el sauna o una clase de tenis con un joven muy atractivo. Mis "compañeras" optaron por la alberca sin dejar de mirar al joven. Apostaría que querían ir a la clase de tenis o llevárselo para la alberca. Sonreí.
-No amor - le dije a Filippo.- Prefiero ir al juego contigo.
Recogimos el bolso de los palos, Filippo escogió cinco palos, se echó el bolso al hombro y me tomó de una mano. Cada vez que acompaño a Filippo a jugar golf lo que más disfruto a parte del paisaje, las vistas hermosas del lago y de la instalación, es montar en el carrito. Parece juego de niños tratar de colar la pelota en un hueco, pero no lo es, se tiene que calcular bien la fuerza y el impulso que debes darle para que "corra" una distancia suficiente que te permita dar pocos golpes antes de que penetre en el hueco.
Realmente me divertía y participé en las conversaciones que me permitieron porque hablaban de negocios y de fusión de las dos empresas.
La primera vez que vine al Club fue con mi amiga Tanya y su novio, en ese entonces, ahora su esposo, Darío Rinzzeti. La conocí cuando empecé a salir con Filippo, yo me sentía un poco apenada cuando tenía que asistir a lugares públicos con él. Tanya me hablaba siempre dándome consejos de como debía comportarme, de que nadie debía importarme solo yo. Me decía "Mírame, negra ¿y? Darío se enamoró de mi y soy feliz. Las personas siempre van a hablar, si eres negra y estás con un blanco, hablan, si eres blanca y estás con un negro, hablan, si eres joven y estás con alguien mayor hablan y si estás con un joven, hablan. Si eres gay, hablan y si eres puta también, pero hablan si eres muy rescatada, dicen que te crees cosa, por eso debes hacer lo que quieras y quedar siempre bien contigo". Extraño a mi amiga, se fue a Italia con Darío y aunque me escribe casi todos los días necesito de sus consejos. Ahora tengo a Carla pero es más conservadora, le gustan las cosas " bien hechas" y no está de acuerdo con las parejas "disparejas"; así dice ella, por eso le cuesta trabajo aceptar a Charly. A Melania sin embargo todo le parece bien. Nos conocemos desde niñas de la misma ciudad, íbamos juntas a la misma escuela, decidimos estudiar en la misma Universidad y menos tener sexo hemos hecho de todo juntas. Cuando Tanya se fue lloró mucho porque éramos los tres mosqueteros y me hizo jurarle que nunca nos íbamos a separar.
Cuando empezamos en el Instituto y decidimos buscar alquiler para tener independencia conocimos a Carla. Ella buscaba quién le acompañara para que el alquiler le costara menos y como el apartamento tenía tres habitaciones con baño decidimos compartirlo. Desde entonces volvimos a ser tres los mosqueteros y cuando se lo mencionamos a Tanya ella dijo que entonces ella era Dartagnan.
Ni sé como terminó el juego. Recordaba a mis amigas y lo que habíamos vivido juntas cuando Filippo se acercó al carrito con los palos al hombro y cara de satisfacción.
- Gané- Exclamó en italiano y la expresión de júbilo en sus ojos me hizo recordar a alguien más - Ahora vamos al hotel.
Me abrazó y montados en el carrito recorrimos todo el campo de regreso al hotel.
Cuando abrió la habitación la suave brisa que se produjo hizo mover los globos que la decoraban. Globos rojos y rosados en forma de corazón de diferentes tamaños y variados diseños; a penas podía caminar de la cantidad que habían sobre el suelo. En la cama había uno alargado que terminaba en corazón y dentro se movía algo, quise cogerlo pero Filippo me agarró por un brazo y me haló suavemente al baño. Nos duchamos juntos, quise tener sexo con él mientras el agua nos caía pero se negó besándome y saliendo de la ducha. Lo seguí. Había cogido el globo en sus manos, lo pinchó y atrapó el objeto que tenía dentro.
- ¿Qué es? Déjame mirar- Casi imité a Melania. Él me volteó de espaldas, aún nuestros cuerpos estaban mojados, me puso frente al espejo y observaba mi cuerpo desnudo mientras colocaba en mi cuello una cadena con un dige en forma de corazón y en el centro una piedra azul clara, otra agua marina. Levanté mi mano izquierda y me la puse en el pecho, en mi dedo anular la sortija con una piedra igual al collar.
- Gracias- Me puse frente a él y lo besé. Puso sus manos en mis nalgas y me apretó contra su cuerpo. Nos besamos un rato y me llevó a la cama.
En los tres años de relación hemos tenido sexo solamente en la cama, a veces intentaba tenerlo en otro lugar pero siempre se negaba. Para variar quise ponerme encima de él, le hice un poco de fuerza y me dejó, me resultó sorprendente porque Filippo solo tenía sexo en una sola posición. Me moví suavemente y puso sus manos sobre mis senos, empecé a moverme más rápido sin dejar de mirarlo, agarró fuertemente mis nalgas y empezó a moverme mas rápido hasta que lo sentí jadear. Dejó caer los brazos sobre la cama. Me quedé inmóvil como respuesta a su inmovilidad. No dejé de mirarlo, tenía los ojos cerrados. Me aparté hacia un lado y apoyé mi cabeza sobre su hombro. Estaba realmente enfadada pero no dije nada ¿Cómo podía querer a este hombre? Se podía contar con los dedos de las manos las veces que había sentido orgasmo con él pero aún así seguía aceptando sus invitaciones porque me decía a mi misma que el sexo no era lo más importante, que los detalles que él me proporcionaba pesaban más, lo que me hacía sentir fuera del sexo era más importante. Era la forma que buscaba para justificar continuar con la relación, me mentía.
Mis pensamientos volaron y no me gustaba estar así, necesitaba concentrarme en Filippo y no desear en este momento al Puma. Si tuviera en una película de ciencia ficción inventaría una máquina capaz de mezclar seres humanos que desechara todos los defectos por una tubería lateral y que el resultado fuera la persona perfecta. Mezclaría a Carla con Melania, al Puma con Filippo, y ¿con quién me mezclaría? Quizás Filippo me mezcle a mi con otra persona. Sonreí. Me levanté y fui a ducharme
....
Bajamos al restaurante y el carpetero llamó a Filippo, le entregó una nota que él leyó y le devolvió con un billete y me tomó del brazo.
- Tengo que viajar esta noche a la capital.
- ¿Esta noche?- Pregunté asombrada - Me habías dicho que mañana.
- Se adelantó la reunión para mañana y debo viajar toda la noche. Cenemos algo ligero, si deseas puedes quedarte en la habitación ya está todo pagado.
- No querido ¿Me dejas de paso en mi apartamento?- Asintió con la cabeza y entramos al gran salón lleno de mesas bien preparadas, algunas ya ocupadas. Cenamos ensalada de col y lechugas además de carne de ternera guisada con abundante cebollas. Tomamos solo una copa de vino.
El regreso fue en silencio, no sé si estaba preocupado por algo, no quiso hacer ningún comentario y no le pregunté.
Llegamos al edificio y aunque tuviera prisa se bajó para abrirme la portezuela del auto.
- Nos vemos dentro de dos días- Fue su despedida - Te llamaré.
Lo vi alejarse y subí hasta el vestíbulo, el portero me sonrió al verme y me señaló el ascensor, ya no tenía el letrero de "Roto". Le agradecí y entré con un poco de miedo a quedar atrapada, pero funcionó correctamente. No se sentía a nadie en el apartamento, en la puerta del refrigerador había una nota de Carla " Buenos días, no nos despiertes, toda la noche estuvimos de fiesta con Charly. Besos". Me dejaron la nota pensando que vendría de día y ahora están de fiestas con Charly.
Revisé él móvil que tuve en silencio durante todo el día, solo un mensaje del Puma: " ¿Dónde estás? Dice Melania que en la biblioteca pero no contestas. Estoy en casa de mis padres, extrañándote. Besos donde más te guste ".
Cogí una botella de vino, un platillo con aceitunas y me senté en la terraza. El Puma vino a mis pensamientos, sus besos, sus caricias, todas las locuras que vivíamos día tras días, el corazón se me empezó agitar pensando en él. Por eso ese era el momento preciso para terminar la relación con Filippo, pero no podía hacerlo por teléfono, debía esperar que llegara de la capital y tenía que armarme de suficiente valor y decirle la verdad. "Estoy enamorada de otro hombre" ¿Enamorada? ¿Sentía amor por Rayner? De nuevo la duda. ¿Estaba realmente enamorada de Ray o solo me apasionaba lo que él me brindaba al igual que me pasaba con Filippo? Otra copa de vino. Encendí un cigarrillo. Extrañaba a Ray y de pronto noté mis mejillas húmedas por las lágrimas.
En el cielo brillaban las estrellas y la luna estaba más redonda que nunca.
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