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O1

Lucy prestaba atención en clase de literatura, o al menos lo intentaba. Sin embargo, desde hacía un poco más de dos semanas, su atención se había desviado hacia su mejor amigo, Natsu, el chico de cabello rosa que había conocido desde el segundo año de secundaria y, además, era su crush. Si, todo un drama, aunque el problema no eran sus sentimientos; el problema era que Natsu ahora tenía novia: Lisanna Strauss, la hija menor de la familia Strauss. Lisanna era una chica linda, carismática y amable, y parecía encajar perfectamente con Natsu. Lucy no sentía celos de Lisanna, para nada. De hecho, ambas eran amigas y se llevaban bastante bien. El verdadero dilema de Lucy era que había estado tratando de cambiar sus sentimientos hacia Natsu durante mucho tiempo. Sabía que no estaba bien estar enamorada de su mejor amigo y no quería perderlo. Y el hecho de que Lisanna ahora fuera su novia, le dejaba aún más en claro a Lucy que ya era hora de olvidarse de esos sentimientos.

Soltó un suspiro y volvió a enfocarse en la clase y en su maestra. Luego, sus ojos se posaron en la anotación de la pizarra que decía: "Escribir una carta es la mejor forma de liberar lo que no puedes decir en persona". Lucy se preguntó si esto tenía relación con algo que habían estado estudiando en clase, pero como estaba distraída, no tenía idea de lo que se trataba. Giró la cabeza, esperando encontrar a algún compañero que pudiera explicarle de qué se trataba, pero en realidad no conocía a nadie en esa clase. Había sido su culpa querer cambiar su horario para evitar tener todas sus clases con Natsu, lo que la había llevado a terminar en un grupo con un montón de estudiantes desconocidos. Estaba en problemas.

Sin embargo, la idea de escribir una carta no sonaba mal en absoluto. Tal vez, si escribía una carta confesando sus sentimientos, sería más fácil deshacerse de ellos. Sí, sonaba como una buena idea, eso haría. Tomó su cuaderno y en una nueva hoja comenzó a escribir. Después de todo, no era como si esa carta alguna vez llegara a manos de Natsu, así que no había ningún problema.

Tomó aire y comenzó a escribir. Era difícil, porque la idea de confesar todos sus sentimientos de golpe era algo para lo que no estaba preparada. Sin embargo, estaba decidida a hacerlo por el bien de su amistad con Natsu. Y también porqué tampoco quería terminar influyendo o arruinado la relación de Natsu y Lisanna, se sentiría como una persona horrible si ellos llegaban a terminar por su culpa.

« Querido Dragón:

Sé que esto puede parecer extraño, pero siento que debo hacer esta confesión, tanto por mi propio bien como por el tuyo. La verdad es que me gustas, y esta atracción ha estado presente desde el festival deportivo de hace dos años, cuando ambos aún íbamos a la secundaria.

En aquel entonces, estaba tan confundida y distraída por mis sentimientos que terminé reprobando un examen porque no podía dejar de pensar en ti. Y, desafortunadamente, esos sentimientos aún persisten en mí.

Mi intención al escribir esta carta no es molestarte ni incomodarte, de hecho, dudo que alguna vez llegues a leer estas palabras. No, de hecho estoy segura, esta carta nunca llegará a tus manos. Porqué este es mi ejercicio para olvidarme de mis sentimientos. Porqué no deseo interferir en tu vida, en tu relación. Porqué tu y Lisanna son perfectos y me sentiría como la peor escoria del mundo si algún día arruino su relación.

Finalmente, y como ya he dicho antes, me gustas, Natsu. Me gustas mucho, pero por el bien de ambos. Hasta aquí deben de llegar mis sentimientos.

𝓛. »

Finalmente, cuando el timbre sonó, Lucy se apresuró a guardar sus cosas, observando la carta que aún estaba en la hoja de cuaderno, pensando ligeramente en qué debía hacer con ella. ¿Debería arrancar la hoja y tirarla a la basura? ¿O sería mejor quemarla? Claramente, no tenía intención de entregar esa carta. De hecho, si la carta llegara a caer en manos de Natsu, preferiría mudarse de país antes que enfrentar esa situación. Pero sabía que eso no iba a suceder.

Con cuidado, arrancó la hoja y la dobló. Planeaba pedirle consejo a Levy, su mejor amiga, porque realmente no sabía qué hacer con esa confesión. Suspiró nuevamente y terminó de guardar sus cosas. Tenía 30 minutos para llegar a su próxima clase, y lo último que deseaba era llegar tarde.

Afortunadamente, el salón de su clase de literatura no estaba lejos del salón de inglés, donde tenía su siguiente clase, por lo que no tardó mucho en llegar. Tomó asiento y observó a otros alumnos llegar.

Todo parecía normal hasta que sintió unas manos cubriendo sus ojos y una voz familiar hablándole.

─ Luce, ¿sabes quién soy? ─ Oh, por supuesto que lo sabía. Era Natsu, el mismo chico del que llevaba enamorada durante dos años.

─ Claro que sé quién eres, Natsu ─respondió con tranquilidad. Llevaba dos años lidiando con sus sentimientos, y aunque solía ponerse nerviosa en situaciones como esa, tenía que ocultar sus emociones. Sería incómodo si Natsu descubriera la verdad y poco a poco se alejara de ella.

Natsu destapó sus ojos, y Lucy pudo apreciar su radiante sonrisa. ¿Cómo era posible que ese chico tuviera una sonrisa tan brillante? Lucy no tenía una respuesta, pero amaba ver a Natsu sonreír. Sonrió de forma automática y escuchó atentamente mientras Natsu tomaba asiento a su lado.

Natsu empezó a contarle a Lucy una serie de cosas que parecían no tener mucha relación entre sí. Le habló de cómo Happy, el gato de Natsu, ahora lucía una bandana azul que le quedaba adorable. Luego, compartió anécdotas sobre su reciente asistencia a la reunión de su padre junto a la nueva pareja de este y la futura hermana menor de Natsu. Incluso mencionó que su hermano mayor, Rezef, parecía estar pensando en pedirle matrimonio a su novia, Mavis. Lucy mantuvo su sonrisa y dejó que Natsu hablara, disfrutando de su compañía y la conversación.

Aunque, todo se vió interrumpido cuando el maestro llegó al aula. Lucy sacó sus libros, y Natsu hizo lo mismo. En ese momento, Lucy no notó cómo la carta salía de su mochila y caía cerca de la mochila de Natsu. Y como Natsu es un distraido, pensó que el papel era suyo y lo guardó en su mochila sin prestarle mucha atención.

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