°•༢ 21
"Félix tiene el mejor cuerpo de Corea" HHJ.
Escrito con letras casi ilegibles e imperfectas, dónde la "C" tenía más tamaño que las demás, estaba pintado con aerosol en una de las paredes blancas que aún quedaban en la zona, seguramente el dueño iba a despotricar de rabia, pero eso era cosa del ayer, Hyunjin sólo intentaba hacer sonreír a su pequeño novio, quién para su desgracia no sonrió ni un poco después de la travesura.
El peli-rosa lo miró derrotado, sabía que el alto tenía buenas intenciones, pero no era tan fácil sonreír cuando sentía que había perdido a las dos personas más importantes de su vida.
En el muelle Zhang que daba justo con la calle #17 que conectaba a la avenida principal con el camino a Seúl, estaban dos personas menudas caminando juntos y casi pegados por el frio que hacía en la noche intermitente, a lo lejos se escuchaba músicas de todo tipo, Félix supo de inmediato que aquel barrio no era del todo seguro, pero que más daba, estaba con Hyunjin y seguramente ese gigante lo cuidaría de cualquier peligro.
Hyunjin franqueó a pasos casi agigantados por aquella discoteca sucia y vieja en donde trabajaba antes, evitó que su pequeño peli-rosa viera ese lugar, en general no tenía nada de malo las instalaciones, sino lo que allí vendían, el gigante sabía que ese no era un buen lugar para ellos, pero con sus pocos ahorros había sido todo lo que había podido pagar para conseguir un cuarto en uno de los edificios cercanos después de que sus padres lo echaran de casa y casi le escupieran en la cara por su confesión.
—Si te gusta, ¿verdad? —Hyunjin le acarició el cuello con los labios y un segundo después le dejó un beso en la piel pálida—. Puedo trabajar doble turno para mantenernos a los dos, sólo tendría que dejar algunas materias y... —dijo en un susurro que Félix no logró oír debido a que sus propios pensamientos lo agobiaban—. Aún no quieres hablar, ¿verdad?
El peli-rosa inclinó su cabeza.
—No —Hyunjin lo miró por unos cortos segundos y supo de inmediato que aquella mirada no traía nada bueno—. Me gusta el lugar, pero... ¿Qué voy a hacer con Christopher y Jeongin?
Félix tenía la indecisión escrita en su rostro.
—Jeongin fue muy tonto, no debió meterse con mi padre, eso suena asqueroso porque él tiene la misma edad que yo, ¿no te parece?
Hyunjin soltó una profunda y larga exhalación.
—No creo que sea tonto por querer a una persona, el amor nos vuelve tontos a todos y tampoco creo que sea asqueroso porque se aman, tu padre se enamoró de tu mejor amigo, ¿y qué? Son cosas que pasan a menudo, nadie tiene la decisión de enamorarse, sólo lo hacen y ya, porque no puedes calibrar exactamente la hora, el día y el lugar en dónde encontrarás a la persona que amarás, ni tampoco sabes si está al otro lado del mundo o si sólo necesitas extender el brazo para alcanzarlo y eso es exactamente lo que hace que el amor sea divertido, Félix.
—¡Hyunjin! —El gigante se encogió de hombros, indiferente—. Te juro que si te pones de su lado...
La amenaza del peli-rosa quedó sesgada por las carcajadas de Hyunjin.
—Félix, yo apoyaré lo que tu digas y creas conveniente. ¿Estás más tranquilo? —por un momento la cara del peli-rosa quedó inexpresiva, pero poco a poco en él se formó una mueca de incredulidad y sorpresa—. Pero... quizá Jeongin si ama a tu padre y aunque eso no te guste va a seguir siendo así. ¿Quieres que tu mejor amigo sufra? —le dijo, estrechándole contra él, demostrándole que no tenía ninguna intención de pelear.
—Claro que no, pero...
—Félix, mis padres no aceptan nuestra relación y tú dices odiarlos por eso —el alto suavizó el tono de su voz—. Y tú te estás comportando como ellos.
Sumido en aquellos pensamientos, Félix dejó que Hyunjin le rodeara las caderas con sus brazos, apoyó la cabeza en el pecho duro de novio y caminó con él en silencio.
Al principio le parecía una verdadera traición, pero después notó lo evidente que era la mirada de Jeongin cuando veía a su padre, se culpó de ser idiota ante la situación porque si él lo hubiera notado con anterioridad hubiese hecho todo lo posible por acercar más a Keeho y a Jeongin.
Durante sus pensamientos, el bajito fue consciente de que su padre todo este último tiempo había cambiado su estado de ánimo, se había hecho más feliz. ¿Y si Jeongin había logrado hacerlo feliz?
Pero pronto se deshizo de esa idea loca y absurda para reemplazarla con algo parecido a los celos, tenía celos y rabia acumulada.
Cuando Hyunjin abrió la puerta de una habitación vieja y casi sin color una sonrisa brotó de sus labios, tomó su teléfono celular y notó las más de veinte llamadas perdidas que marcaban en su pantalla, pero las ignoró olímpicamente y sin sentir remordimientos, tecleó un mensaje claro y corto dónde le decía a su padre que no llegaría a dormir y que estaba bien.
—Entonces, ¿te vendrías a vivir conmigo? —le susurró el alto al oído, apoyándole la barbilla en el hombro.
—Siempre.
—Con eso estoy satisfecho —replicó Hyunjin, deslizándole los labios por el lóbulo de la oreja hasta el mentón—. Te amo.
Félix se rio bajito y echó la cabeza hacía atrás, como si se entregara profundamente a un sacrificio pactado.
—Hmm... —gimió en voz alta.
Hyunjin se echó a reír y, repitió sus movimientos, acariciándole el cuello con la punta de la lengua, con tanta suavidad que Félix pensó que moriría en el instante.
Los dedos del peli-rosa se enterraron en los espesos y suaves cabello de su chico, le gustaba acariciarlo, hundirse en él, agarrarlo con fuerza para acercarlo a su boca.
Estaba enamorado de Hyunjin, lo amaba y sabía que él podía darle todo lo que pidiera.
Hyunjin lo volteó para verlo directamente a la cara y comenzó a acariciarle la cadera, deslizó sus manos hasta los muslos del bajito y comenzó a quitarle la ropa, le deshojó cada botón con total tranquilidad, tocó la suave piel de su novio y disfrutó de cada segundo que duraban sus caricias.
Félix no podía dejar de besarlo... ni siquiera para preguntarse en como solucionaría el problema con su padre y, sintiéndose atrevido se soltó del gigante para acomodarse en aquella cama extensa que tenía a sus espaldas, abrió las piernas a modo de invitación y no dudó ni un segundo en el poder que ejercía al hacerlo.
Por el contrario, el alto se deshizo de su ropa también y sin pensárselo mucho caminó a pasos extremadamente largos hasta la pequeña veladora de aquella habitación, tomó el bote del lubricante y se paseó el líquido escurridizo por toda su dura extensión.
El peli-rosa dio un pequeño grito cuando por fin el cuerpo caliente de Hyunjin se posesionó sobre el suyo, el tacto hostil y duro le aumentó la excitación y no dudó en rodearle las caderas con las piernas para evitar más distancia.
Hyunjin sabía que debía ser más cuidadoso con su peli-rosa y no transcurrió mucho tiempo antes de que sus caderas se empujaran hacía abajo, haciendo que ambos jadearan ante cada fricción que sus húmedas erecciones daban.
Escuchó atentamente cada jadeo y brinquito que daba Félix ante sus caricias en ese lugar estrecho. Hyunjin gruñó, empujó su húmeda polla en el peli-rosa, suprimió sus impulsos por unos instantes hasta que él lo recibió entero.
Félix sintió que su dureza le llenaba. Estaba aturdido, como muchas otras veces en que ellos habían hecho el amor, él era demasiado grande y eso era lo gratificante para él.
Después todo fue bizarro, manos sudorosas y besos mojados, sus cuerpos convexos se unieron muchas veces por aquella noche entre aquellas sábanas.
Hyunjin estaba dentro de Félix y eso era lo que importaba en ese momento.
Más tarde, ambos estaban tumbados entre las sábanas y Hyunjin le acariciaba el pelo mientras Félix dormía.
(...)
A la mañana siguiente ambos desayunaron juntos, sonrieron un poco y acomodaron las cosas de nuevo como una verdadera pareja, Félix olvidó sus clases y se quedó en casa acompañando a su gigante mientras lo veía teclear en la computadora, él nunca había pensado que observar por tanto tiempo a una persona era posible, pero allí estaba él.
—¿Vas a hablar con tu padre?
Y allí estaba otra vez el tema.
—No quiero hablar de ese tema.
—Bien, entonces hablemos de ese tal Matthew... ¿Vas a salir con él?
—No es una cita, Jisung y Minho estarán allí.
—¿Qué? ¿Hablas en serio? —Hyunjin despegó la mirada de su pequeña computadora portátil para dirigirla hasta el peli-rosa—. ¿Estás diciéndome que aún vas a salir con ese idiota?
El bajito se mordió el labio inferior y tuvo que utilizar su opción B.
—Voy a hablar con Christopher.
Hyunjin levantó la vista.
—Ajá —dijo con la voz ronca y sensual—. Y le vas a decir que aceptas su relación con Jeongin y que tú te vendrás a vivir conmigo, ¿no es así?
Félix movió la cabeza de un lado a otro.
—Aún no puedo vivir contigo, Hyunjin —le lanzó una reluciente sonrisa—. Soy menor de edad, ¿lo recuerdas? En cuatro meses más podré salirme de casa.
Hyunjin puso cara de desagrado y esa expresión no abandonó su rostro hasta las altas horas de la tarde, justo antes de que el sol se metiese, cuando Félix salió de aquella casa
El bajito había tomado el valor suficiente que necesitaba para volver a ver a su padre y con el corazón latiéndole a mil por hora tomó un taxi para regresar a su casa, con Christopher.
Oyó que el conductor del taxi le hablaba de cosas sin sentido y él comenzó a contestarle con monosílabos. Una vez más fue muy consciente de la traición que le había jugado su amigo, pero... ¿Y si en realidad ellos se querían? ¿Estaba siendo igual que los padres del gigante? Después de todo, Jeongin era su mejor amigo y no veía a nadie más haciendo ese papel, ni siquiera Jisung porque el bajito se molestaba por todo y solía gritarle para hacerle callar, y Minho era punto a parte, él era el mejor amigo del bajito con mejillas regordetas y los mejores amigos no pueden tener otro amigo.
Cuando llegó a la casa de su padre, giró el pomo y abrió la puerta principal. Todo allí estaba a obscuras como si aquella casa hubiese perdido su color, notó un aroma a quemado y supuso que su padre había querido cocinar, luego escuchó un sonido casi mudo que provenía de la sala, caminó hasta el lugar y vio la pequeña chispa de luz de un cigarro, dio otro paso y notó a su padre sentado allí, con sus duras facciones y el traje negro que solía usar cuando iba a un juicio, más allá notó la maleta grande y una pila de papeles en sobres amarillos, entonces encendió la luz.
—Llegas justo a tiempo... —Christopher dejó la frase a la mitad al darse cuenta de la mirada fría de su hijo—. Félix, ¿dónde has estado? —dijo con la voz sobrecargada de seriedad.
El peli-rosa resopló mientras le observaba de lado con la expresión seria—Siento no haber avisado ayer, buenas noches.
Félix giró sobre sus talones para huir.
—¡Siéntate ahora mismo, Félix Bang! —pero la voz gruesa de su padre se lo impidió, se le cayó el alma a los pies al oír a Christopher tan enojado, nunca le había hablado así—. Tenemos que hablar de algo serio.
—¿Jeongin? ¿Vas a hablarme de él? Porque no me interesa saber...
Christopher apretó los labios e hizo una mueca que Félix creyó de preocupación... ¿o tal vez fuera de rabia?
—Cuando tu madre murió una parte de mí también lo hizo, ella era mi florecita, tan fresca y bonita —Félix notó que la voz de su padre se quebraba de a poco—. Cuando mis padres murieron ella estuvo ahí, sosteniendo mis manos y diciéndome que todo iba a estar bien, luego nos enamoramos, pasó lo que debía pasar y en cuanto sus padres notaron que ella estaba embarazada la sacaron de casa. Esa noche, ella vino a mí, me abrazó fuerte y yo prometí que la cuidaría con mi vida, pero cuando el tiempo pasó no pude hacerlo, ella se fue y dejó un vacío en mi corazón que no he podido llenar con nada —Christopher apagó la colilla de cigarro en el cenicero y luego tragó grueso—. Cuando te veo aún la veo a ella y eso me consuela, Félix, he intentado darte lo mejor porque así se lo prometí, prometí que te cuidaría por sobre todas las cosas.
—Pero no lo hiciste.
—Intenté controlarme —dijo—. Tengo la cabeza llena de culpa y me pesa el cuerpo, pero yo lo quiero —Félix tuvo la sensación de que la sangre le bajaba a los pies. La cabeza comenzó a darle vueltas. Incomodo, se dio cuenta de que su padre hablaba muy en serio porque sus expresiones jamás se suavizaron—. Y no puedo continuar evitándolo, sé que está mal, pero...
—¿Desde cuándo? —inquirió el bajito.
—¿Desde cuándo qué?
Félix tragó saliva con miedo sin mirar aún a su padre.
—¿Desde cuándo te lo estas tirando? —exigió saber el peli-rosa—. ¿Lo mirabas de esa forma cuando Jeongin jugaba conmigo en mi habitación? ¡¿Desde cuándo dejaste de verlo como al mejor amigo de tu hijo?!
La desesperación del bajito aumentó al ver la estupefacción de su padre.
—Nunca he tocado a Jeongin sin su consentimiento —masculló Christopher, dejando entrever parte de su rabia a través de su armadura emocional—. Esto empezó hace poco, él y yo... —no dijo en voz alta que se sentía culpable por darle rienda suelta a sus sentimientos, pero se quedó callado por unos segundos—. Sé que sonará ridículo, tengo treinta y tres años y el diecisiete, lo sé... esto te repugna lo puedo notar en tu mirada, pero cada vez que lo veo es como si despertara otra vez a la vida del coma profundo en el que estaba sumido, entiende, ahora me siento vivo otra vez, sé que tal vez suene ridículo, pero lo amo y lo llevaría conmigo a cualquier lugar del mundo.
El dolor y la rabia que sentía Félix se fueron desplazando de a poco y la preocupación por el bienestar de su padre le llenó el cuerpo, estaba convencido de que ya no importaba que más diría, su padre no lo escucharía ni cedería, lo podía notar en su mirada penetrante.
—¿Eres feliz con él? —le preguntó con la voz seca.
Christopher asintió con la cabeza.
—Si tú eres feliz voy a intentar pensarlo.
—Es lo único que te pido.
Apenas fue capaz de controlar el estremecimiento que le provocó el dolor. Dio un respingo y apartó los ojos de su padre para esconderse en su propia habitación y curarse las heridas que la decepción le había provocado.
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