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018| Excursión.

La confianza de los inocentes es la más útil herramienta del mentiroso —Stephen King.

PAUL.

Unos ruidos en la planta baja me despertaron. Abrí los ojos, despacio, registrando el sucio techo de mi propio cuarto. Eso me desorientó, no recordaba haber llegado hasta ahí... ¿cuándo...? Normalmente las lagunas mentales venían acompañadas de una noche intensa con abundante consumo de alcohol, pero no era el caso.

Un quejido escapó de mis labios, me dolía la cabeza en un punto muy concreto, como si me hubiese dado con algo.

Poco a poco me fue ubicando en el espacio y en el tiempo y entonces me percaté de que, en realidad, no estaba solo. Chloe se encontraba tendida sobre mí y a juzgar por el ritmo sosegado de su respiración, estaba dormida.

¿Fue ella quién me trajo hasta aquí?

Pero eso no justificaba ni de lejos su presencia, en semejante situación. Me moví con el cuidado que otorga la práctica hasta que su cuerpo rodó un poco, reposando ahora en el colchón. Crispó el rostro apenas un instante y temí que fuese a despertarse, pero solo se relajó de nuevo, acurrucándose más.

Apenas había luz en la habitación, pero la exigua luz del pasillo lograba iluminar parte de su contorno. Su rostro mostraba una paz inusitada en su persona, ajena a sus frecuentes pesadillas. Su aspecto de indefensión y calma me incordió de forma confusa en el pecho y no encontré fuerzas para mover ni un solo músculo más, temiendo hacer cualquier cosa que pudiera despertarla.

Seguro que estaba agotada después de haberse enfrentado con esos tipos.

De esa manera, sumida en un sueño tranquilo, no parecía la misma persona, cualquier aura de peligrosidad había remitido a su alrededor, aunque no dejaba de ser magnética y atrayente. Parecía tan joven... tan pequeña, que resultaba casi inverosímil asociarla a lo que realmente era. En su piel aún quedaban rastros de las quemaduras que aquellos solados le habían infringido. Aún recordaba su mirada de decisión cuando me pidió, como tal cosa, que le sacase la bala.

Casi vomito durante el proceso, pero ella no se quejó ni emitió el más mínimo ruido.

Antes de racionalizar mis actos y pensar el número de líneas que me encontraba traspasando, mis dedos se apoderaron de su mejilla. Era sorprendente lo tersa que resultaba al tacto. Descendí despacio, hasta su barbilla y mi pulgar se posó sobre su labio inferior. Su respiración me cosquilleó sobre la zona.

Los tenía algo maltratados, resecos, pero eso no colaboró a remitir el instinto primario que se formó en mi interior y me obligó a tomar aire de la impresión.

Tom seguía trasteando abajo, probablemente ultimando los detalles del viaje, que se tornó misión y huida a partes iguales. Estaba claro que no nos podíamos quedar aquí, no después de que el pueblo al completo presenciase la demostración de fuerza de Chloe, de que aquel policía la disparase.

Apreté los labios cuando lo pasado en la tarde se definió en mi mente, como uno de los tantos recuerdos que me perseguía con penosidad y amargura, uno más que añadir a la lista de fallos y cagadas monumentales.

A veces tenía miedo de que jamás fuese a espabilar.

Los sucesos en mi vida seguían una especie de patrón marcado e iba cometiendo los mismos errores con diferentes grados de intensidad, pero ahí estaban.

Una parte de mí se esforzaba por buscar un culpable ajeno, una explicación que no me atacase directamente y acudía a las interminables horas de terapia.

¿Fue mi madre la que me dejó tantas carencias afectivas al marcharse? ¿Mi padre al comportarse como un capullo insensible desde donde me alcanzaba la memoria? ¿Mi primera madrastra al explotar concienzudamente todos y cada uno de mis puntos débiles por su puro disfrute?

Procuraba no pensar mucho en ella.

Todavía tenía problemas para ordenar los acontecimientos, como si esa etapa de mi vida fuese un enorme borrón sinsentido del que solo podía extraer retazos sueltos, ¿serían igual de perturbadores en su contexto? ¿O era la forma que mi mente tenía de alejarme de ellos? ¿Por qué era incapaz de recordarlo con propiedad?

Presioné un poco con el pulgar y su boca se entreabrió, exhalando una oleada de aliento caliente. Chloe parecía ajena al mundo, ¿dónde se había metido ese par de días? ¿Por qué se marchó en primer lugar?

La chica se movió un poco, dejándome congelado, respirando superficialmente, pero tampoco se despertó. Sus manos se alzaron hasta sujetar mi muñeca y para mi completa y total estupefacción se llevó mi palma bajo mi mejilla.

Era una postura mala y pronto la sangre dejaría de circular hacia mis dedos, pero... ¿y qué?

De una forma tan simple había logrado alejarme de una caja de Pandora que no debía abrir bajo ningún concepto. Mi pasado tenía demasiadas manchas como para liberar a los verdaderos demonios.

La puerta de la habitación se abrió y Tom asomó la cabeza por el hueco.

—Paul... —se detuvo, de golpe, cuando sus ojos registraron la situación aún a pesar de la penumbra. Carraspeó, recuperando la compostura—. Tenemos que salir en una hora, prepara tus cosas —se mordisqueó el labio superior antes de atreverse a realizar la siguiente pregunta—. ¿Cuánto tiempo lleva durmiendo?

—No lo sé —admití—. Ya estaba así cuando me desperté.

Tom asintió un par de veces.

—No me extraña que esté rota después de todo lo que ha tenido que pasar hoy —su voz trasmitió el cariño que albergaba por ella. Se recargó en el marco, rascándose el bigote—. Al menos parece que no tiene pesadillas, quizás tu presencia la tranquilice.

Mis ojos se expandieron por la insinuación.

—No te pongas sentimental, viejo, solo está agotada —me incorporé, alejando mi mano de su cara, rehuyendo de su tacto—. ¿Pinta muy mal?

No hizo falta concretar, Tom pilló al vuelo el significado de mi pregunta.

—La verdad es que sí. La gente tiene mucho miedo y han encontrado la diana perfecta. Si el alcalde sabía todo esto, si colabora con ellos... —sus puños se crisparon—. Debía estar enterado de la explosión, del supuesto accidente en la central. Mucha gente inocente falleció allí, ¿o no eran inocentes después de todo? No lo sé, el asunto me repatea la cabeza.

—Es complicado. Incluso tú necesitaste un tiempo para asimilar lo que realmente es y ya la conocías. Se metió en ese edificio y a sacar gente... a una cría de gato, sufrió la explosión en sus carnes y seguro que no es lo más terrible que le ha pasado en la vida.

Tom suspiró, extrayendo un papel arrugado del bolsillo de sus pantalones. Reconocí la fotografía de bebé de la chica. Así que se la había quedado él.

—Es mejor no pensar en todo el sufrimiento que le han causado —acarició la foto con sus enormes pulgares—. Ahora está aquí.

—¿Y cómo nos vamos a permitir la excursión? —la duda me asaltó la mente y la pronuncié, sin más. Crucé los brazos sobre el pecho, echándole una mirada significativa.

Tom sonrió, sacándose la cartera también de los bolsillos, hurgando con sus gruesos dedos antes de pescar una tarjeta de crédito que reconocí al instante.

—¡Es mía!

—En efecto, muchacho, tu padre me la dio. Me dijo que pensabas que la habían destruido, pero tenemos tu fondo de idiota millonario como patrocinador —se rio con ganas—. En fin, vístete.

Cuando se fue, tuve que resoplar irritado. Desde luego, no se parecía nada a su hermano, parecían dos personas tan opuestas que resultaba complicado adivinar su conexión familiar. Mi padre me cerró el grifo después del arresto y me mandó con lo puesto a este tugurio.

Pero, en realidad, mi cuenta seguía intacta, todo ese montón de dinero que ni siquiera parecía real por las facilidades con las que se regeneraban los números.

Ahora, después del trabajo precario, comprendía lo alejado que había vivido de la realidad.

¡Joder!

¿Acaso su plan de espabilarme estaba funcionado?

Sacudí la cabeza, alejando esa ñoñería de pensamientos y saqué la bolsa de viaje del armario, llenándola sin muchas complicaciones. Me pasé una camiseta por el cuello, sustituyendo la que Chloe llevaba puesta, siendo cruelmente asaltado por la visión que me ofreció sin ser consciente de ello.

¿Cómo era posible que existiese alguien tan ingenuo?

Bonnie mostraba sus pechos con suma facilidad, pero comprendiendo el alcance que poseían y las implicaciones de todo aquello, mientras que Chloe... a ella solo le importaba un bledo todo y ni siquiera comprendía lo mucho que podía afectar a los demás.

Solté un suave suspiro, tirando el último par de calzoncillos a la bolsa.

—Te has tirado un pedo.

Me giré tan de improvisto que perdí el equilibrio, aterrizando patéticamente de culo. Chloe se frotaba los ojos con un puño, aún con expresión algo somnolienta, pero con la nariz arrugada en un mal gesto.

—Que va —defendí, de inmediato, todavía shockeado.

La chica me observó con los ojos entrecerrados. Se encontraba sentada con las piernas cruzadas y la espalda reposando sobre la pared. La luz apenas lograba iluminar sus contornos y sus ojos parecían más oscuros de lo habitual, pero seguían siendo igual de intensos y exóticos.

Se encogió de hombros.

—Habrá sido Tom —resolvió y se puso en pie tan deprisa que de nuevo me costó tramitar cada uno de sus movimientos. Se estiró como un felino tras una siesta y aunque no podría asegurarlo, un suave sonido similar a un ronroneo escapó de sus labios entreabiertos.

Se dirigió a la puerta, pero en un arranque tan espontaneo como irreflexivo salté hacia delante, aferrando su muñeca. La chica me lanzó una mirada que se debatió entre la curiosidad y el aburrimiento, afincándose en este último.

Me puse nervioso, liándome con mis propias palabras, soltando un par de palabras inconexas que profundizaron su ceño de incertidumbre.

—¿Te ha comido la lengua el gato? —interpeló.

A pesar de su tono serio y monótono que arrastraba una sílaba tras otras, me hizo sonreír, sorprendido, rebajando la tensión y el incongruente nudo de sentimientos que se había aposentado en la boca de mi estómago.

—¿Desde cuándo bromeas?

Chloe me miró de hito en hito antes de sacudir la cabeza.

—Supongo que la estupidez es contagiosa —se lamentó y de repente se inclinó un poco hacia delante, haciendo saltar por los aires mi burbuja de espacio personal. Su rostro se aproximó al mío hasta que nuestros alientos se entremezclaron y por muy absurdo que suene, mi corazón se aceleró, expectante. Pero solo le bastó un par de palabras para dinamitar el momento—. Te ha salido un chichón. Te golpeé con el marco de la puerta.

Eso explicaba un par de cosas.

—¿Así que tú me trajiste hasta aquí?

Asintió, volviendo a separarse, en parte, lo agradecí, su cercanía no colabora a aclararme las ideas.

—Sí, Tom quería interrogar a Titus y que tu babeases a pocos metros estropeaba la escena —una breve sonrisa tiró de las comisuras de sus labios—. Tenemos que irnos, ¿no? Escucho como Tom está cargando las cosas en el coche.

—¿Titus? —repetí.

Por algún motivo era incapaz de soltarla y mis dedos continuaban firmemente adheridos a su piel, hecho que Chloe parecía pasar por alto.

Se detuvo unos instantes, mordiéndose de forma breve el labio inferior, lo que explicaba lo maltratado que se encontraba siempre.

—Es uno de los científicos que monitorizaba los experimentos en el laboratorio. Me figuro que siempre estuvo al otro lado del cristal. Desde muy pequeña era capaz de detectar su presencia, pero solo se me estaba permitido ver a Padre, era el único que tenía contacto directo conmigo. Sin embargo —tomó aire—. Durante las sesiones de tanque escuchaba otra voz; la suya, de Titus.

Mi cabeza se sacudió de arriba hacia abajo, asimilando la nueva información, esa que me había perdido mientras estaba inconsciente.

—¿Y por qué es tu presa?

Chloe dudó, sus labios se abrieron un instante antes de presionarlos con fuerza. Se distanció de su habitual desinterés para mostrarse cabreada.

—Su objetivo principal es jugar conmigo. Traerme a alguien que hiciese resurgir esos recuerdos en concreto solo es otra manera de... torturarme —escupió la palabra con rabia.

Se me puso el pelo de punta y me sentí... mal, verdaderamente mal por ella, dando con una empatía que no solía recorrer mis venas de forma habitual.

—No me mires así —amonestó, sonando cabreado. Me endiñó con un dedo de la mano que no tenía cogida entre las cejas, sacándome un aullido de dolor—. Que me compadezcas no cambiará nada.

Dicho esto, se soltó de manera enérgica, queriendo dar a entender que nuestra conversación finalizaba justo en ese punto, en ese preciso momento.

—No te compadezco —la frase fluyó a través de mis labios a alta velocidad. Chloe se dio la vuelta, mostrándose confundida—. Lo digo en serio, no lo hago. Solo... me parece impresionante, tú... —me costó soltar eso, tuve que derribar un muro de soberbia y vergüenza que provocó que mi voz sonase algo más baja— me pareces impresionante.

La chica se quedó quieta mientras que su mirada acribillaba la mía. Tuve que hacer acopio de todas mis fuerzas para no retirarme y mantener aquel contacto que cada vez resultó más complicado. La atmósfera pareció verse cargada de electricidad estática.

Esperé una reacción por su parte, por mínima que fuese. Jamás en mis veintidós años de vida había confesado abiertamente que sentía admiración por nadie, ¿por quién? De todas formas, ¿por mi padre por ser un empresario sin escrúpulos que dejó de lado a su propia familia y solo le interesaba mantener el estatus quo?

Chloe fue la primera en apartar la vista, pero solo porque Tom se acercó a nosotros.

—Está casi todo listo —avisó, ajeno al instante que acababa de irse al traste por su interrupción, ¿o tan solo había nacido muerto? Tanto daba. Mi orgullo salió herido de aquel intercambio—. ¿Cómo vais?

—Solo tengo una cosa que hacer antes de irnos —musitó Chloe y enfiló el pasillo.

Tom y yo compartimos un breve instante de incertidumbre antes de seguirla. Me eché la bolsa de viaje al hombro y bajé los escalones de dos en dos, quedándome congelado en cuanto vi al tal Titus con el rostro ensangrentado. Su traje de un brillante rojo escarlata estaba salpicado de manchas oscuras de sangre reseca que le había manado de la nariz.

Mis ojos se detuvieron en los nudillos de Tom.

Conocía a ese grandullón lo suficiente como para saber que no era agresivo, ni tampoco fácil de provocar, ya que, yo mismo, había explorado ese límite, disfrutando de cómo se le inflamaba la vena del cuello. Pero siempre paraba, respiraba hondo y me mandaba a la mierda.

¿Qué había dicho ese tipo como para encender la mecha?

Mi instinto me indicó que algo relacionado con la chica que ahora se encontraba acuclillada frente a él. 

Sacó el mando que controlaba el collar que el hombre aún llevaba el cuello y debió accionarlo, porque se despertó de golpe, gritando.

En cuanto se calmó un poco su atención quedó puesta en Chloe, obviándonos por completo.

—Tú —susurró, con un tono inquietante, tenía el timbre típico de un malo de película, hasta tal punto, que resultó incluso satírico. Esbozó una sonrisa repelente que helaría la sangre de cualquiera—. Por tu forma de mirarme deduzco que te has acordado.

La chica no se alteró en lo más mínimo.

—Sí, lo recuerdo —manifestó—. Por supuesto, ¿cómo olvidarlo? ¿En serio? ¿Tú te verías capaz de olvidar como te introducen en un diminuto tanque completamente a oscuras? ¿De la sensación de ir ahogándote poco a poco? No, porque jamás lo has vivido, pero te has creído en completo derecho de hacerme eso a mí, porque vuestros retorcidas y mal formadas cabezas me consideran un objeto de su propiedad —tomó a Titus por la solapa, atrayéndolo hacia sí misma. Su rostro no varió un ápice en expresión—. ¿Cuáles fueron las palabras exactas? Un prodigio de la genética, un paso hacia delante en la evolución de los seres humanos...

Lo soltó con tanta fuerza que la silla basculó hacia atrás, pero no se cayó, ya que la propia Chloe lo retuvo, posando las manos en sus brazos atados y negando con la cabeza.

—Me designas como monstruo, pero la primera vez que me metiste ahí dentro tenía... ¿cuánto? ¿Seis? ¿Siete años? Ni lo sé, porque jamás supe mi edad, hasta ahora, porque jamás hablé, solo alimenté vuestro patético ego, ¿qué opción tenía? ¿Morir? Ni siquiera lo habrías permitido, porque me necesitáis —sonrió, sin gracia—. Ahora dime, ¿cómo te sentías mientras veíais ahogarse a una niña? ¿Mientras le metíais la misma cantidad de voltios de un rayo en ese dichoso tanque? ¿Más hombre? ¿Más varonil?

Apenas podía respirar, demasiado impresionado, lo que decía era terrible, impensable. Todos esos hombres... la habían estado dañando desde que nació, experimentando con ella de las formas más crueles, sin una pizca de ética, de compasión, ¿alguno la mostró? ¿Qué le harían de haberlo hecho?

Me entraron ganas reales de vomitar.

—Oh, Titus, dime, ¿qué debo hacer contigo? ¿Dejar que te ahogues? ¿Provocarte una centésima parte del sufrimiento que tú me provocaste a mí? Al menos... tienes razón en algo, soy peligrosa y estaré encantada de demostrártelo.

Sus ojos cambiaron al azul inhumano, felino, peligroso.

Desde mi posición pude ver como el hombre entreabría los labios, pero de ellos no salió nada, solo un jadeo ahogado, un soplido insulso y ridículo.

Chloe se apartó, alzando los hombros, regresando a su apariencia normal.

—Ya me parecía. No, quiero que estés ahí cuando destruya vuestro patético proyecto, quiero que contemples como el trabajo de toda una vida se consume en llamas frente a tus ojos y como es expuesto al resto del mundo. Estoy acostumbrada, inmunizada a que me denominen cosas terribles, ¿qué pensará tu madre? ¿Tu familia? —emitió un ruidito de fastidio, blanqueando los ojos—. Ya está, me he cansado. Toma —lanzó el mando de descargas a Tom que estaba ahí, igual de patidifuso que yo—. No merece mi atención un segundo más.

Se marchó, con un aire de triunfo tan potente que fue como si barriese la sala.

Titus se quedó mudo y sus ojos se desplazaron al hombre que tenía en su control el mando. Mi tío aún estaba demasiado impresionado para moverse, pero yo no. Una rabia casi animal me empujó desde dentro tirando de mí y antes de poder racionalizar lo que estaba haciendo mi puño se chocó con su nariz ya rota.

El impacto fue doloroso y escuché un chasquido desagradable. La sangré volvió a brotar a borbotones y me salpicó la mano. La adrenalina fue tal que la voz me salió clara, aunque en mi fuero interno tuviera ganas de chillar de dolor.

—Esto es por lo que le has hecho a Chloe, bastardo.

Me marché, para poder quejarme a gusto sin perjudicar mi momento estelar.

No era la primera vez que golpeaba a alguien, ni mucho menos, pero jamás mis motivos me habían parecido tan lícitos ni tampoco me había sentido tan bien después. Cero arrepentimientos, solo felicidad.

Encontré a Chloe sentada sobre el capó de la furgoneta, como esa vez que me estaba esperando, cuando me chantajeó con revelar mi aventura con Charlotte para que la acercara al cráter. Recordé lo que pensé de ella, en lo extraña y peligrosa que me pareció.

Razón no me faltaba, pero... era mucho más que eso. Y mucho más de lo que sabía ahora, de eso no me cabía la menor duda.

—¿Bastardo? —interrogó cuando me detuve a pocos metros.

Alcé los hombros.

—Me ha salido solo.

Asintió, zarandeando las piernas en el aire, la luz de la luna le otorgaba un aire más misterioso e impenetrable que de costumbre.

—Déjame ver —saltó y en un abrir y cerrar los ojos estaba a escasos centímetros de mí. Me sostuvo la muñeca con una mano y escaneó mis nudillos maltrechos con atención. No se veía una mierda, pero claro, estábamos en ligas distintas—. ¿Te duele?

—Qué va.

Por la mirada que me dedicó supe que no me había creído en absoluto.

Y entonces, volvió a descolocarme. Su lengua se paseó por la zona afectaba. Así, sin más, me lamió el puño, como si fuese lo más normal del mundo, como si lo hiciese todos los días. Solté el aire por las fosas nasales bruscamente, anonadado y un poco... un poco... bueno, ya sabéis.

Se separó y pude comprobar que en sus labios quedaron un poco manchados de la sangre, ¿mía? ¿De Titus? Ni idea.

Iba a preguntarle, lo juro, pero entonces me percaté de que... ya no me dolía.

Me miré la mano, perplejo, comprobando que, en efecto, la hinchazón había bajado y aunque las heridas no habían sanado, exhibían mucho mejor aspecto.

Chloe también lo observó, con esa mirada colmada de curiosidad que ponía cuando algo le resultaba nuevo e interesante.

—Vaya —fue todo lo que dijo antes de darme la espalda.

Tom acababa de salir y tuvo que darme una palmada en la espalda para que me pusiera en marcha y sentase como un autómata en la camioneta. Mi mente seguía demasiado embarrullada como para darle una lógica absoluta a lo que había ocurrido.

Nos quedaban alrededor de nueve horas por delante, más si queríamos cumplir el plan del despiste.

Ni me atreví a preguntarme qué sucedería.

Para no gafarlo.

HI.

Como dije voy a procurar que los capítulos sean algo más largos, aunque no prometo conseguirlo siempre jeje. Así que... 

Opiniones del capítulo AQUÍ.

Llantos, ruegos, reclamaciones AQUÍ.

Teorías, locuras, peticiones AQUÍ.

Parece que Paul va directo a ser una Diana/Emma de la vida, con sus problemitas, pero ahí está. En futuros capítulos nos meterenos un poco en su pasado y en relaciones que lo marcaron bastante. Chloe va a su pedo... like always, BUT ¿qué ha sido eso de la saliva? ¿Cuántas cosas más esconde que no hemos visto con anterioridad?

AVISO A TRIPULANTES: he visto gente algo confusa con la línea temporal, así que... la aclaro en un momentico. Este novela transcurre 6-7 años después que Ruby Tiger y 5 después de Dark Claw. Nuestros bros envejecen muy despacio llegados a un punto, peeeero ¿qué habrá sido de ellos después de ese tiempo? ¿Se llevarán mejor? JE.

Búscame en insta como @comandanteprim.

OS LOVEO.



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