Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

4 (CORREGIDO)

Los doctores exigieron que me quedara un par de días más en el hospital mientras recuperaba fuerzas y ellos realizaban un par de pruebas de rutina cuyos datos no me había preocupado en actualizar por años. Ni bien pude volver a casa, "Chad" comenzó a aparecerse por allí casi todos los días, autoinvitándose a comer o a ver películas con Margaritte y conmigo. Había asumido el rol de un novio atento y perfecto, insistía en que yo debía esforzarme lo menos posible y buscaba ganarse la completa confianza de mi amiga haciendo algunas labores del hogar como lavar los platos o encender el lavarropas, lo que no fue tan difícil considerando que hasta yo habría creído que mi salud le importaba de verdad si no fuera porque en las noches me sacaba "a dar un paseo" a la casa de alguno de sus clientes.

Los pocos momentos en los que podía estar sola eran cuando iba al baño, y pensar en que el programa les informaba a mis captores sobre todo lo que hacía allí dentro lograba que me sintiera acompañada incluso entonces. La privacidad había dejado de existir para mí.

B apareció con su camioneta un día después de la caída del sol en la puerta de mi edificio donde su jefe y yo lo estábamos esperando. Mientras él ponía al tanto a Clet sobre las ganancias que habían generado hasta el momento, a mi me ordenaron que ocupara mi lugar dentro del vehículo haciendo el menor ruido posible. En el asiento trasero había menos lugar que de costumbre, una muchacha pelirroja que aparentaba haber cumplido la mayoría de edad hacía muy poco tiempo se encontraba sentada tan cerca de mí que nuestros hombros se rozaban. No era nada usual que nuestro conductor escatimara en viajes, por lo que instantáneamente confirmé que el cliente había pagado por un trabajo doble.

Fue en aquella época que conocí a Jeremias Scottfield. Un hombre adinerado de unos treinta y tantos años, el único heredero de la compañía de seguros de su familia en la que trabajaba como CEO de ventas. Mentiría si además no dijera que lo encontraba bastante agradable a la vista, se asemejaba a la descripción que daban los cuentos del príncipe azul: alto, musculoso, rubio con ojos del color de las tormentas más terribles y unos dientes que relucían cual perlas. Sin embargo, sus actitudes distaban bastante de ser tan encantadoras como su apariencia.

Hasta que me enviaron a su casa, había estado tan envuelta en mis propios asuntos que no me había permitido reparar en la idea de que había otras como yo, chicas, quizás incluso más jóvenes, cuyas vidas habían quedado marcadas eternamente por el programa. Clet había mencionado tener una "casa de muñecas" el día en el que nos conocimos, así que supuse que la mayoría de las otras vivirían allí, lejos de sus familias, sus trabajos y centros de estudio donde alguien pudiera sospechar que algo extraño les sucedía. El alma se me va a los pies con tan solo imaginar las espantosas situaciones a las que seguramente lo debían enfrentarse en aquel lugar.

Nuestro destino era una enorme mansión antigua que quedaba en las afueras. Un hombre, que no tardó mucho en identificarse como Jeremias en cuanto estacionamos, aguardaba nuestra llegada visiblemente emocionado.

—Si quedo satisfecho con sus servicios, prometo recomendarlos a mis colegas. —dijo agachándose a la altura de la ventanilla para poder tener una mejor vista de nosotras. —Después de todo, este tipo de actividades se disfrutan mejor de forma compartida. —añadió relamiendo su labio inferior.

El proxeneta rió expulsando pequeñas nubes de humo gris oscuro por la boca y nos solicitó a mi compañera y a mí que bajaramos. A partir del instante en el que mis pies tocaron el asfalto y escuché al auto acelerar para alejarse mis recuerdos se vuelven borrosos, como si hubieran sucedido en una película, pero he aquí algo de lo que pasó a continuación:

Mi ropa desapareció ni bien atravesamos el umbral de la puerta de entrada de la mansión. Sentí mis pezones erizarse a causa del frío que me produjo el mármol del suelo y eso pareció llamar la atención de nuestro anfitrión, que sonrió complacido. Scottfield seguía vestido aún, pero se había deshecho de su corbata y abierto los primeros botones de su camisa revelando un pecho blanco que parecía ser comparable al del David de Miguel Ángel. Nos hizo seguirlo por un largo pasillo hasta un cuarto iluminado con luces de neón rojas, el cual estaba segura de que no se trataba de una habitación común y corriente.

—A jugar. —ordenó con voz grave e imperiosa atrapandonos allí dentro.

Pestañeé y la imagen cambió, estaba encadenada a lo que creo era una pared tapizada en cuero sin poder moverme más de unos pocos centímetros. Algo me rodeaba el cuello y lo apretaba un poco, provocando que mi respiración fuera forzada y lenta. Él, ahora reluciente a causa del sudor, movía una pequeña paleta de madera entre sus manos mientras me observaba directamente con sus ojos desorbitados.

Lo único que era capaz de sentir era dolor, mucho dolor, en todos lados. Los gritos de la otra chica, que se encontraba amarrada por una correa a un poste que había en el centro del lugar con las manos detrás de la espalda, que más que gritos parecían jadeos desesperados por lograr que el aire llegara a sus pulmones, suplicándole que tuviera piedad musicalizaban la escena y era evidente que molestaban a Jeremías, quien desvió su atención a ella. No conseguí atreverme a mirar aquella escena, pero si me concentro aún puedo escucharla.

—Limpien este desastre, zorras asquerosas. —Abrí los ojos nuevamente al escuchar el sonido de su voz, ahora me encontraba de rodillas contra la rugosa alfombra, cubierta de distintos fluidos corporales desde el pecho hasta el pelo y sólo podía ver sus piernas.

Luego de eso todo en mi mente se vuelve negro hasta el momento en el que volví a ver a Clet parado en el mismo lugar en el que lo había dejado unas horas atrás. Me dio una rápida revisión y maldijo por lo bajo al notar que su tacto en ciertas zonas hacía que me retorciera de dolor.

—Ve a ducharte en este instante y, más te vale que no salgas del baño hasta que regrese con el maquillaje para cubrir eso que tienes encima. —Si bien esas indicaciones no vinieron expresamente del programa, no podía negarme a lo que me pedía.

Mi piel estaba tan llena de moretones y rasguños que apenas pude notar la marca de mi estómago con sus características gotitas rojas que me hacían llorar cada vez que juntaba las fuerzas necesarias para darme un baño. Me tomé mi tiempo esta vez, Margaritte había salido a cenar con unos compañeros suyos y además cada vez que me movía sentía con lujo de detalles el esfuerzo que debían hacer mis músculos para realizar ese movimiento.

El castaño abrió la puerta de golpe justo cuando cerré el agua. Me envolví en una mullida toalla que deseé no soltar jamás y casi me arrastré fuera de la ducha. Pero él no mostró la menor intención de querer ayudarme.

—Siéntate. —Señaló con un dedo un banquito que había traído y se arrodilló en el piso soltando un suspiro de resignación mientras intentaba abrir los distintos frascos con productos de belleza que estaban desparramados a nuestro alrededor. —No podemos dejar que nadie te vea así.

—¿Puedo preguntar algo? —susurré sin energía.

—Adelante, no tengas miedo, responderé lo que esté a mi alcance. —Bajó la cabeza y se concentró en mis piernas.

—¿Cuántas otras chicas hay?¿A todas las vigilas así? —No podía dejar de pensar en mi pobre compañera de turno a quien seguro nadie se había preocupado por atender de la misma forma en la que Clet estaba haciendo conmigo.

—Creo que ahora tenemos poco más de cuarenta sujetos ingresados en el sistema, algo me dice que no le prestaste demasiada atención a tu número, eres la veinticinco. —Hizo un gesto con las manos para que me quite la toalla y poder continuar con su trabajo. —Con respecto a tu otra pregunta, no nos hemos encontrado con otras chicas rebeldes que sea necesario tener cerca, así que solo tú tienes el privilegio de recibir un cuidado especial de mi parte, cariño.

—No es necesario que actúes cuando nadie puede escucharte, ¿sabes?— Comenté refiriéndome a la última palabra que había utilizado, sonaba como una blasfemia en su boca.

—Los mejores actores son esos que viven su papel, los que realmente no están actuando. —Un escalofrío recorrió mi cuerpo al oírlo y él tuvo que dejar lo que estaba haciendo porque comenzó a descostillarse de la risa.

—No sé qué le ves de gracioso a todo esto, eres un psicópata.

—Gracias por el halago, linda. —Sonrió y se levantó para trabajar en mi espalda, donde ya no podía verlo.

—¿Alguna vez lograste mantener una relación real o todas escaparon después de la primera cita?

—Soy un hombre ocupado, no tengo tiempo para esas cosas sentimentales, si quiero sexo puedo conseguirlo con solo proponermelo. —Bajó el tono de su voz y posó sus manos en mis hombros dándoles un fuerte apretón que fue el comienzo de un masaje. —Incluso ahora, aquí. —Susurró con sus labios junto a mi oreja.

Sabía que cualquier cosa que dijera a continuación sería la incorrecta, así que opté por dejarlo terminar de eliminar los rastros que la noche había dejado sobre mí sin volver a abrir la boca hasta que se fuera. Para despedirse me besó igual que lo había hecho en el hospital, dejándome mareada y vulnerable una vez más. 

******
¡Hola! Espero que les haya gustado este capítulo.

Les escribo esta pequeña nota para "revelarles" que toda la historia es realmente una metafora o un paralelismo con la realidad, si se quiere, pero no les diré de qué hasta la próxima semana.

Habrá un premio para la persona que lo adivine, asi que dejen sus comentarios.













Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro