
❀4. Amapolas
El día en que el padre de la princesa murió,
ella marchó llorando hacia su habitación.
Aquel día la acacia no floreció.
Ni tampoco el alhelí, pues todo se durmió.
Ella solo veía
desesperanza en su corazón.
La tristeza la embargó.
La desolación jugó.
Y el desastre fue y perdió.
Al día siguiente su madre la avisó
que una nueva planta florecía en su rincón.
Ella muy contenta hacia el lugar llegó,
y con gran sorpresa a lo que había se prendó.
Era una amapola, roja de sentimiento,
y consolada ella quedó.
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