08. Las Plagas
Egipto llegó a la zona de construcción en menos de un minuto y parecía que la suerte le sonreía (más o menos) ese día, porque lo visualizo casi de inmediato cerca de un grupo de trabajadores.
—¡Rael!—Gritó tan pronto estuvo a su alcance. Este se dio la vuelta rápidamente, la mirada tranquila en su rostro se tambaleo al notar su creciente preocupación.
—אהובי ¿Qué ha pasado?— Se acercó a él ahora también empezando a temer (y tal vez, en alguna parte de su mente, empezando a sospechar) lo que saldría de la boca del country frente a él.
—Moisés regresó— Y con ellos, uno de sus mayores preocupaciones también. —Estaba a punto de hablar con mi Faraón antes de que viniera a buscarte.—
Y con esas palabras, ambos se pusieron en marcha nuevamente a palacio.
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Cuando llegaron se encontraron con una situación bastante... inusual.
Llegaron en lo que parecía ser el final de uno de los 'shows' de Hotep y Huy, la multitud estaba estallando en aplausos mientras Moisés recogía y una serpiente del suelo y esta... ¿Se convertía en un bastón?
Una mirada a su compañero le indicó que este se encontraba tan confundido ante la escena como él. De todas las cosas que esperaban encontrar cuando volvieran, esto no era una de ellas.
Viendo a Ramsés haciendo una señal para que Moisés le acompañara ambos se encaminaron a seguirlos, no antes de que Egipto les hiciera saber a sus algo tensos sacerdotes que quería saber lo ocurrido antes más tarde.
Entraron en la sala del trono e instintivamente Egipto se colocó a un lado de su Faraón mientras Israel se quedaba semi escondido en una esquina.
Por breve instante creyó que Moisés le estaba mirando directamente y no a través de él, pero eso fue rápidamente dejado a un lado cuando, luego de una corta risa, su Faraón empezó a hablar.
—Escucha Moisés, yo te conozco, ¿en realidad por qué has venido?—Dijo sin dejar de caminar hacia su trono, mientras se quitaba el tocado.
Moisés no respondió, en su lugar se acercó a la ventana, donde se podía apreciar a varios esclavos trabajando en un nuevo templo.
—Míralos Ramsés, dime lo que ves— Y si bien Egipto sabía lo que Moisés quería transmitir con eso pregunta, no pudo evitar resoplar por ello, y un leve sonido detrás de él le dijo que Israel pensaba algo similar. Ellos sabían perfectamente lo que su Faraón iba a responder.
—Un Egipto más glorioso que el de mi padre— Fue su única respuesta. Personalmente, Egipto no se sentía más 'glorioso' solo un poco más alto, pero eso no era importante ahora.
Moisés claramente no estaba de acuerdo con la respuesta de su hermano (¿ex-hermano?). Ramsés continuó hablando al tiempo que se sentaba en su trono. —Moisés no tengo intenciones de discutir contigo sobre esto, debo continuar las antiguas tradiciones, y llevar la carga que mi padre me ha dejado.— Terminó de hablar posando una mano sobre el tocado.
—¿Aún no entiendes lo que era Setí?—Preguntó Moisés con incredulidad.
—El fue un gran líder— Respondió Ramsés sin dudas en su voz.
—Tenía en sus manos la sangre de cientos de niños.— Tanto como Israel se estremecieron ante el recordatorio de aquel terrible día.
—Esclavos— El tono de voz de su Faraón dejaban en claro que no entendía por qué debería de preocuparse por ello.
—¡Mi/Su pueblo!— Fueron las respuestas conjuntas de él, Israel y Moisés, aunque claro su Faraón solo escucho una voz responderle. —Y ya no me ocultaré en el desierto mientras sufren... por tu causa.— La voz de Moisés adquirió un tono decepcionado para el final de su oración.
El dolor empezó a mostrarse en la cara de Ramsés cuando por fin pareció darse cuenta que esto no era especie de broma elaborada de parte del hebreo. —...Oh... ahora regresas... a liberarlos— Dijo con una decepción apenas oculta.
Y como para reafirmar su decisión, Moisés se quitó el anillo que llevaba (aún lo conservaba?), el que hacía años Ramsés le otorgó al nombrarlo 'Arquitecto Real en Jefe' y lo dejó frente a Ramsés. —Lo siento.—
El rostro de Ramsés pasó por varias emociones mientras recogió y sostuvo el anillo frente a su rostro. —...Si, yo , pensé que tú, tal vez...—Su Faraón tartamudeo, pero incluso si no lo expreso con palabras, todos sabían lo que quiso decir.
Pensé que tal vez volverías... porque querías regresar con tu familia.
Pero, luego de unos segundos, Ramsés pareció tomar una decisión, con ira en su mirada, se puso de pie, se colocó su tocado y dijo. —No conozco a tu dios y no dejaré libre a tu pueblo.— Empujo a Moisés fuera del camino, ante las súplicas de este se dio la vuelta en rabia y gritó.—¡Yo no seré el eslabón débil!— Una vez dicho esto se encamino a la puerta, Egipto por detrás de él, consternado pero no sorprendido por el arrebato de su gobernante.
Pero este aún no había terminado.
—Dile a tu pueblo que a partir de hoy, su trabajo se ha duplicado, gracias a tú dios— Ramsés ya estaba saliendo de la habitación, pero antes de que las puertas se cerraran... —Y gracias a ti, ¿o no?— Y con ello las puertas se cerraron, dejándolos a su Faraón, a su compañero y a él mismo separados de Moisés.
Volvió su cabeza hacia su compañero con una silenciosa pregunta "¿Por qué no te quedaste junto a Moisés?" a lo que él le devolvió la mirada con una sonrisa irónica.
—Va a tener que salir por ahí mismo cuando se vaya, así que no el punto en quedarme con alguien que ni me verá o hablara conmigo.— El egipcio aceptó fácilmente esa explicación y empezó a caminar hacia sus sacerdotes junto al israelí para saber qué fue lo que se perdieron.
Aunque al principio confundidos por la presencia de la etnia (que supieran de su existencia y sospecharan de su relación no quería decir que en realidad se hubiesen hablado antes) sus sacerdotes les explicaron rápidamente el por qué comenzaron un 'show' tan de repente, aceptando a regañadientes que sus serpientes fueron aparentemente devoradas por la cobra que Moisés convocó.
Luego de esto la conversación de los cuatro fue un poco más amena, Egipto les presento formalmente a Israel (y de pasó confirmó sus sospechas) y este les advirtió sobre lo que Moisés vino a hacer aquí y los planes de Yahveh, para que, si bien no podían hacer mucho contra la voluntad de un dios, al menos estuvieran preparados para el control de daños que esto causaría.
Para cuando Moisés salió de la sala del trono, ambos hombres se habían ido al lado de su Faraón e hijo y parecían estar proponiendo algo para que este se relajara, y luego de un corto beso con su compañero, Egipto vio a Israel partir tras Moisés y una mujer que le parecía familiar al country pero que no pudo distinguir bien.
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Unas pocas horas más tarde, Egipto se encontraba en el techo de un barco junto a su faraón, su príncipe, sus sacerdotes, unos soldados y, por supuesto un par de remeros, un paseo por el Nilo que, con algo de suerte, calmaran lo suficiente a Ramsés como para lidiar con la nueva situación hebrea con una cabeza más fría.
Por supuesto, Moisés no tenía demasiada paciencia para las cosas importantes y lo siguiente que supo que este estaba en la orilla del río nuevamente exigiendo la liberación de su pueblo, sobra decir que nadie en el navío quedó demasiado impresionado por ello.
Notó rápidamente que muchos otros hebreos se encontraban por los alrededores y ahí se encontraba Israel junto uno que tampoco parecía demasiado impresionado por lo que estaba haciendo el otro hombre. Ramsés ordenó despreocupadamente a los soldados que fueran a por Moisés y estos sin dudarlo saltaron al río para ir a por él.
Y entonces lo sintió.
Como hace 20 años, Egipto se sintió petrificado, era como algo bruscamente lo obligara a quedarse abajo y otra cosa lo quisiera obligar a moverse, era horrible y lo estaba lastimando. Y una breve mirada a Israel le dijo que este se encontraba en la misma situación.
Frente a él vio el agua clara del Nilo convertirse en sangre, a sus tres soldados regresar aterrados a la embarcación y a su Faraón ordenarles rápidamente a Hotep y Huy que lo replicarán. Estos miraron por un segundo a Egipto y, al darse cuenta de su estado, se apresuraron a volver roja el agua que tenían en un cuenco.
No era sangre y los tres lo sabían y su Faraón pareció conforme con el resultado, presumiendo ante Moisés y la parte del pueblo hebreo que se había reunido a las orillas del Nilo.
Luego de esto se alejaron y Egipto poco a poco pudo sentir nuevamente la movilidad regresando a su cuerpo, les hizo una seña a sus preocupados sacerdotes para indicarles que ahora se encontraba 'bien'.
Luego de eso emprendió el vuelo, yendo hacía donde había visto irse a Israel una vez que este también pudo moverse.
Se reunieron en otra parte del Nilo, casi llegando al palacio, ambos con creciente preocupación buscando rápidamente alguna señal de que el otro estuviera herido. Y después de un tenso silencio, Israel preguntó.
—¿Qué fue eso?— Y Egipto, él no sabía que responder, incluso cuando lo mismo le ocurrió hace 20 años, nunca lo había pensado demasiado, lo había descartado como el simple shock de lo que estaba pasando, ahora que eso demostró ser falso, él solo tenía una explicación para ello.
—Creo... que fueron nuestros dioses— Era, en su opinión, la respuesta más lógica ante lo que pasaba, el dios de Israel quería a los hebreos fuera de Egipto y sus propios dioses se oponían a esto, lo que hacía que al querer transmitir sus intenciones con ellos estas chocaran.
Cuando le explico esto a Israel, este no pudo encontrar tampoco ninguna razón para lo ocurrido.
Resignados a que Yahveh no se detendría y que sus dioses tampoco podrían hacer mucho en estos momentos, ambos regresaron al palacio, solo podían esperar a que todo terminara pronto y con la menor cantidad de víctimas inocentes posibles.
A Israel le costó conciliar el sueño y Egipto no pudo dormir en absoluto, solo se quedo acostado al lado del israelí mirando a través de la ventana las crecientes nubes en el cielo.
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A la mañana siguiente el agua del Nilo había regresado a la normalidad.
Nadie en Egipto estaba realmente preocupado por las demandas de Moisés, ¿por qué deberían? no era la primera vez que un hebreo intentaba 'liberar' al resto a veces hablando sobre cómo su dios estaría de su lado, era sólo cuestión de tiempo para que este se cansara o que su Faraón lo 'callará'.
Además, después de tantos intentos y afirmaciones ¿qué hacía diferente las afirmaciones de Moisés fuesen mayores que las otros antes de él? ¿Por qué este dios le daría el apoyo que no le dio a estos?
Pues al parecer para este dios, un hebreo criado por egipcios, que durante años alabó y creyo en dioses que no eran él era más digno de merecer su ayuda que un hebreo criado entre su 'pueblo', con su creencia y fé en este desde la más tierna infancia
Casi podía sentir la ira e indignación de Israel a un lado suyo cuando cayó en cuenta de esto.
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https://youtu.be/jJm4xD-9WHw
Lo que años más tarde sería conocido como las 'Diez Plagas de Egipto' comenzaron cuando cientos de ranas salieron del Nilo, no eran realmente peligrosas, pero eran definitivamente molestas, y aunque sus sacerdotes demostraron poder replicar dicha plaga, les fue posible eliminarla y ahora tenían a sapos y ranas por igual deambulando por todas partes.
Moisés prometió que la plaga desaparecería si liberaba a los hebreos y, para demostrar que esto era realmente una acción divina le dejaba a Ramsés elegir la fecha exacta en que ésta desaparecería.
Ramsés dijo que los dejaría ir al día siguiente, y al día siguiente tanto las ranas como los sapos perecieron.
Por supuesto Ramsés estaba mintiendo y los hebreos no fueron a ninguna parte después de eso.
La siguiente plaga fue menos 'indulgente'.
Un día después de que la invasión de los sapos, cientos de mosquitos y pulgas empezaron a invadir la región.
Rápidamente Egipto con horror se dió cuenta que esto lo afectaba a él también, podía sentir a los malditos insectos en su cuerpo, su ropa, sus alas, incluso juraba que los sintió bajo su piel. Se lastimó intentando quitarlas de encima suyo e Israel fue afectado por estas tan pronto intentó ayudarlo.
Dos días después de esto, la plaga disminuyo, pero porque ahora está también atacaba al ganado que los egipcios de todo el país tenían (Suponía que esto era otra plaga).
Nuevamente Ramsés dijo que liberaría a los esclavos hebreos si esta plaga se detenía y nuevamente se retractó de su palabra cuando esta se fue. Pero, esa noche que Egipto lo miró, parecía diferente, había algo más frío en su mirada y en su actitud que ni siquiera la presencia de Masud parecía poder derretir.
Cómo antes al día después de no cumplir con su palabra, la siguiente plaga vino más despiadada que la anterior.
Todo el ganado desde las vacas y caballos hasta las ovejas y cabras se enfermaron y muchos empezaron a morir. La gente egipcia rápidamente se dió cuenta que ni la plaga anterior ni esta habían afectado el ganado hebreo y en un acto de furia muchos fueron y mataron parte de este.
Habían decidido que si su el dios hebreo lo iba a hacer sufrir, ellos harían sufrir al pueblo hebreo junto con ellos.
Esta vez Ramsés no intento nada para detener la plaga.
La siguiente plaga ocurrió al día siguiente, la piel de gran parte de su gente se empezó a llenar de horribles úlceras y si bien, esta vez esta vez esta no le afectó directamente, durante la horrible semana que esta plaga atacó hasta calmarse Egipto sintió todas y cada una de las muertes que esto trajo a su país, desde niños hasta ancianos, de obreros a sacerdotes (Hotep fue uno de estos).
Nada de lo que Israel (su gente no estaba siendo afectada por esto) intentó hacer pudo calmar el dolor físico y mental que todas las muertes de su gente le trajeron.
La siguiente plaga fue incluso peor que la anterior, Egipto se encontraba en el centro de la ciudad tratando inútilmente de evaluar el daño y las posibles muertes que ese día sentiría cuando de repente el cielo se lleno de negras nubes, por un momento creyó que Yahveh provocaría una inundación hasta que la primera parte de esta "lluvia" empezó a caer.
Del cielo empezaron a caer fuego como lluvia y roca como granizo.
Inútilmente intentó apagar con sus alas tanto fuego como podía, y aunque ninguna bola en llamas lo toco podía sentir quemaduras en su cuerpo (probablemente porque no era solo su capital la que estaba en llamas si no todo su país).
Nuevamente la tierra de los hebreos (E Israel, al menos hasta que intentó ayudarlo, como antes) no fueron afectados y Egipto volvió a sufrir por las muertes que todo esto causó.
Nuevamente su Faraón intentó negociar para la eliminación de la plaga prometiendo que dejaría a los hebreos orar a su dios en el desierto si se detenía, y como en ocasiones anteriores este se retractó tan pronto como esta se fue.
Egipto sentía que no podía más, incluso le oró y rogó al dios hebreo para que dejara a su país, para que lo que sea que la haya hecho a Ramsés (porque para que se comportase tan apático al sufrimiento de su pueblo algo debió haber hecho), para que hiciera algo.
¿Su respuesta? Enviar otra plaga, esta vez en forma de langostas.
Las langosta vinieron, Ramsés no escuchó las súplicas de su pueblo para liberar a los hebreos y terminar y las langostas destruyeron los pocos cultivos que habían sobrevivido a las plagas y se fueron, la gente empezó a morir de hambre. Ramsés redirigió las provisiones hebreas a los egipcios.
Nuevamente prometió libertad a los hebreos y nuevamente rompió su promesa tan pronto las langostas se fueron.
Egipto ya no sabía que hacer, Huy había caído enfermo y era probable que muriera, ya no tenía la más mínima forma de hablar con Ramsés (no es que lo hubiera escuchado) y cuando la oscuridad cayó sobre su país, lo único que le sorprendió fue que no lo afectó, claro podía casi sentir la oscuridad de lo pesada que era, pero no es como si se hubiera quedado ciego por ello.
Pero esto solo sirvió para ponerlos nerviosos tanto a él como a su compañero. Algo malo iba a pasar pronto.
Ese algo, para sorpresa de ninguno, fue Moisés.
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Era un escenario extrañamente familiar, pero tristemente diferente, Ramsés encima de una estatua, Moisés yendo a hablar con él y tanto Egipto como Israel a un lado incapaces de intervenir si algo salía mal.
—Déjame adivinar, quieres que, deje ir a tu pueblo— La burla en su voz ni siquiera trato de ocultarse.
—Esperaba encontrarte aquí— Fue la respuesta de Moisés ante eso. Sintió a Israel moverse incómodamente a su lado.
—¡Lárgate!— Dijo su Faraón al tiempo que le lanzaba la bebida que tenía en su mano al hebreo.
Sin molestarse Moisés continuó hablando. —Ramsés, terminemos con esto de una buena vez.— No hubo respuesta. —Ramsés por favor, ¡hablame!... Siempre pudimos charlar aquí...— Nuevamente, no hubo respuesta a sus palabras.
Suspirando, decepcionado pero no derrotado, Moisés miró a su alrededor (nuevamente sintió su mirada en él) y volvió a hablar. —Este, palacio, me trae tanto recuerdos... Recuerdo cuando tu... intercambiaste las cabezas del templo de Ra— Soltó un corta risa ante el recuerdo, Egipto solo sintió algo retorcerse en su pecho, ese recuerdo se sentía tan lejano...
Con un último suspiro, Moisés se preparó para irse, pero de pronto, Ramsés respondió.
—Pues si mal no recuerdo, tú estabas ahí conmigo haciendo eso exactamente— Su voz tenía un tono de reproche, la ira casi continua que había tenido parecía haberse ido por un momento.
Con una mano en su barbilla, Moisés pareció pensarlo. —No, fuiste tú yo no hice nada— Fue su respuesta a la acusación. Egipto casi podía sentir la esperanza florecer en Israel a su lado (él no se sentía tan seguro, aún).
—A claro que si, pusiste el hipopótamo en el cocodrilo, y el cocodrilo- —Fue interrumpido por un alegre "en el halcón" de Moisés. —¡Sí! El sacerdote creyó que era un presagio y ayuno durante dos meses, ¡Padre estaba furioso, siempre me metías en problemas!— Se dió la vuelta y comenzó a alejarse, Moisés le siguió con Egipto e Israel detrás de él.
Vio a su Faraón detenerse a mitad de camino, observó la tensión que había mostrado en las últimas dos semanas pareció irse por un momento. —Aunque... Siempre estabas a mi lado, para sacarme de los problemas— Lentamente, se dio la vuelta para mirar a Moisés y, por un instante, mientras seguían hablando, Egipto permitió que la esperanza también floreciera en su pecho, esperanza de que todo esto podría finalmente terminarse sin más muertes ni más dolor de ningún lado.
Ya debería de haber sabido a no tener esperanza en esta situación.
—¿Padre?— La temblorosa voz de Masud interrumpió la calma que había caído entre los dos hombres.
Ramsés sin dudarlo fue a consolar al asustado niño. Entonces el príncipe hizo dos preguntas que pusieron los últimos clavos de la hermandad entre ambos hombres.
—¿Qué hace él aquí?— Su infantil voz aún sonaba asustada, pero también había un creciente enfado en esta. —¿No es él quien hizo todo esto?—
Unos pasaron antes de que Ramsés respondiera, y por el fuerte agarre que ahora Israel tenía en su mano, Egipto que él también acababa de perder su esperanza de que esto iba a terminar ahí.
—Si, pero la pregunta aquí es ¿por qué?— Su Faraón miró a Moisés, la furia era clara en su postura y voz.
—... Porque ningún reino debe erigirse en la espalda de los esclavos— Se quedó unos segundos callado, y luego con una determinación mayor proclamó.— Ramsés, tu obstinación esta provocando miseria en Egipto— Egipto asintió distraídamente ante esto mientras intentaba ignorar (sin éxito) otras tres muertes en el país. —Se detendrá solo si dejas ir a los hebreos.—
Finalmente, Ramsés se rompió. —No me digas que hacer, nadie me dice que hace, ¡soy la Estrella de la Mañana y de la Noche, yo soy Faraón!— Había una nota casi desesperada en su voz, pero estaba escondida detrás de capas de ira y frustración.
—Algo peor está por venir, algo peor que lo que se haya visto antes, ¡por favor, haz a un lado tu soberbia y orgullo, porque destruirá todo lo que quieres en la vida!— Moisés estaba gritando ahora, tratando de cualquier forma hacer ver a Ramsés el gran error que estaba cometiendo.— ¡Piensa en tu hijo!— Señaló con la mano al pequeño que seguía en la habitación.
—Eso hago, los hebreos sólo han provocado problemas.— Y con ello dio la vuelta para señalar el mural detrás de ellos.
El corazón de Egipto dio un vuelco al reconocer la maldita cosa y lo que significaba. El sonido ahogado a su lado le dio a saber que su compañero también lo reconoció. Ya no sabía quien estaba sosteniendo a quien ante las siguiente palabras de Ramsés.
—Mi padre supo bien cómo controlar a tu pueblo— Las súplicas de Moisés y las débiles peticiones de Israel y Egipto no hicieron nada para detener la proclamación de Ramsés. —¡Y se escuchará un gran estruendo en todo Egipto como nunca se ha escuchado y nunca más se escuchará!— Y con ello, Ramsés selló el destino del país.
El silencio se hizo presente en el lugar y Egipto no lo puedo soportar más, casi a rastras sacó al israelita de ahí, hacia dónde, no estaba seguro, pero a cualquier lugar donde puedan fingir, aunque sea por un segundo, que nada malo iba a ocurrir. No lo encontró.
Esa noche, en los pasillos del palacio, se escucharon sollozos, y a una maldiciendo al dios que habían traído miseria a un país entero.
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Esa misma noche, ocurrió la última plaga, Egipto no se dio cuenta de cuando pasó (había caído dormido del agotamiento), la única señal que tuvo cuando finalmente ocurrió, fue cuando se despertó al sentir como cientos de niños empezaron a morir.
Luego empezaron los gritos desesperados de cientos de mujeres y hombres, cada uno llorando por sus hijos arrebatados.
Lo único que Israel pudo hacer para brindarle el más mínimo consuelo fue sostenerlo, sostenerlo para recordarle que seguía ahí, que no había muerto junto a todos sus demás egipcios.
Horas después de finalmente haberse logrado controlar (no calmar, ya no sabía si se podía calmar nunca más) vislumbro desde la ventana a Moisés saliendo del palacio y en un ataque de rabia, voló hacia él (Israel se había quedado dormido, no le culpaba).
Aterrizó frente a él y poco importando su evidente angustia dijo.— Bien, espero que estés felíz, espero que te sientas muy orgulloso de saber que tienes en tus manos aún más sangre que la que Seti jamás tuvo, incluyendo la de ese guardia que mataste hace 20 años y la del viejo que intentaste "ayudar".— Moisés alzó la cabeza con sorpresa y confirmó las sospechas de Egipto.
—Así que era verdad, todo este maldito tiempo me has podido ver y no hiciste nada con eso, ya ni siquiera me importan tus razones para ignorarme, ahora que sé que me escuchas te haré saber algunas cosas, para que no las olvides por el resto de tu maldita vida— Egipto no gritaba, pero su voz era dura y firme. —Si, ese viejo hebreo fue ejecutado poco después de que te fuiste, tu no estabas para explicar nada, habías huido, la gente necesitaba a un culpable, felicidades no salvaste a nadie ese día—
Las lágrimas seguían cayendo lentamente por el rostro de Moisés, pero eso poco le importaba a la lívida nación.— Luego, tus plagas, no me importa si fue tu dios quien las mandos, fuiste tú quien actuó como su cara, sus acciones fueron las tuyas, espero que te alegre saber que tus acciones mataron a más de la mitad de mi gente, toda esa sangre derramada está en tí, dime ¿realmente valió la pena al final? toda esta miseria y destrucción ¿lo valen realmente?—
La única respuesta de Moisés fue una mirada de arrepentimiento, pero para Egipto eso no cambiaba nada.
Aún con muchas cosas que decir pero ya con gran parte de su ira disipada Egipto se dió la vuelta, o antes de decir una última cosa.
—¿Sabes? Durante semanas Ramsés te busco en el desierto, casi murió de deshidratación una vez en eso, el solo quería a su hermano de regreso, espero que algún día entiendas el dolor y la decepción que él sintió cuando lo que regreso solo fue una marioneta de Yahveh— Y con eso extendió sus lastimadas alas y emprendió el vuelo a donde estaba Israel.
Si iba a perder a su pareja en unas horas, bien haría que valieran la pena.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Más de 4000 palabras en este capítulo, me duelen los dedos de estar escribiendo.
Y con respecto a lo que les pasó a estos dos, si, los dioses se medio agarraron a golpes y ellos terminaron sufriendo por ello.
La cosa con Ramsés no sabía cómo describirla, hasta buscando de los nombres de las plagas se mencionaba que Dios endureció su corazón para que este no dejara ir a los hebreos. Básicamente, los hebreos pudieron irse mucho antes, pero Dios solo quería hacer sufrir al pueblo egipcio todo lo que podía.
Nota: La razón por la que Moisés podía ver a Egipto era porque con la vara que Dios le dió este tenía el 'poder' de verlo, pero Dios le dijo que no hablara con él para que este no lo "corrompa" como supuestamente este lo había hecho con Israel.
Como sea, ya saben que errores ortográficos y falta de coherencia, pueden avisarme.
Espero le haya gustado, ¡Nos vemos luego!
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