3
—Repite lo que acabas de decir —pidió Seungkwan ingenuamente.
Vernon se encogió ante las duras miradas de los dos chicos frente a él.
—Jamás he tenido un trabajo.
Chan golpeó su propia frente, con más fuerza de la que había planeado, y fue Seungkwan quien terminó sobando al menor.
—¿Entonces qué?, ¿cómo se supone que vivías antes? —cuestionó.
Seungkwan decidió prepararse un café mientras aquellos dos seguían ¿conversando?; más bien se trataba de Chan arrepintiéndose de sus decisiones una vez más y Vernon siendo tan extraño como siempre.
El castaño se alzó de hombros, pero desvió la mirada, repentinamente avergonzado.
—A ver si entendí bien —dijo Seungkwan cuando regresó a la diminuta sala del departamento. Le dio un sorbo a su americano helado y soltó un ruidito de satisfacción cuando la bebida bajó por su garganta —. Llegaste aquí de la nada, sin nada más que un traje caro; tampoco sabes ni cómo usar un microondas porque en tu vida has cocinado algo —señaló dicho aparato, que se había incendiado esa misma mañana cuando Vernon trató de calentar un pedazo de pan que encontró —; y jamás has tenido que trabajar. ¿Se supone que estás huyendo de tu familia mafiosa o algo así?
Vernon sonrío con nerviosismo y Chan lo miró incrédulo. —Yo cambiaría el «huyendo» por «escondiendo»; y también cabe aclarar que mi familia no es mafiosa.
—Definitivamente debimos rogarle a Jun que no nos abandonara —bromeó Seungkwan, ciertamente interesando aún más en el chico bonito.
—¿Quién es Jun? —preguntó Vernon, pero fue ignorado por ambos chicos.
—¿Estás seguro de que podrás pagar la renta a tiempo? —dudó Chan.
—Yo...
—Claro que podrá —interrumpió el mayor, dejó su taza sobre la mesa y sostuvo la mano de Vernon en lo alto —. ¡Porque tenemos el trabajo perfecto para él!
—¿Tenemos? —cuestionó Chan, separando la mano de su amigo de la del de rasgos occidentales.
Seungkwan sonrió de manera maliciosa. —Mingyu lo tiene.
—Uhmm... ¿están seguros de esto? —preguntó Mingyu, un chico alto y moreno, con el cabello castaño hecho una maraña, mientras doblaba el delantal que se acababa de quitar del torso.
—No.
—¡Si!
Chan y Seungkwan se miraron a la vez, y el mayor acabó por hacer un puchero que terminó convencido a Chan de cambiar de opinión.
—Quizá —rectificó el rubio.
—Es que, no lo sé. No se ve muy capacitado para las tareas —murmuró el más alto, incrédulo.
Vernon llevaba tratando de ponerse uno de los delantales por más de cinco minutos bajo la atenta mirada de los tres, y aún así no parecía estar consiguiendo resultados muy alentadores.
—Solamente le hace falta experiencia —aseguró Seungkwan con una sonrisa, yendo a ayudar al chico a entrar en el delantal azulado.
Mingyu vaciló. Hace poco había logrado abrir una cafetería rústica y pequeña, era tan nueva que aún no tenía personal; aunque realmente no lo necesitara momentáneamente. Era poca la clientela que tenía y, en caso de que en realidad necesitara ayuda, Seungkwan y Chan (quien se la pasaba siguiendo al pelirrojo), estaban dispuestos a darle una mano. Pero esa misma mañana Seungkwan llegó a insistirle en que Vernon, el nuevo chico que se había convertido en su compañero de piso, sería un excelente empleado para la cafetería.
—¿Tú que dices? Tienes que ser honesto —exigió el moreno al menor.
Chan mordió su labio y observó a los dos chicos a lo lejos reír entre ellos. Miró después de Mingyu y suspiró.
—Creo que podría funcionar —aseguró, porque al menos de esa forma mantendría al chico nuevo lo suficientemente alejado de Seungkwan.
—Quizá. Parece un buen chico, ¿dices que llegó de la nada? —indagó el moreno mientras se cruzaba de brazos.
—Si, es extraño. Aparentemente está escondiéndose de su familia.
—¿Por qué haría eso?
El rubio se alzó de hombros. —No nos dio detalles.
—¡Ya está! ¿No le queda bien? —Seungkwan llegó a interrumpir la conversación, dando saltitos y arrastrando a Vernon de la mano.
Chan junto sus cejas al observar las manos unidas y Mingyu se burló de manera discreta.
—Ponerlo era más sencillo de lo que parecía en un comienzo —admitió Vernon, luciendo el delantal que ahora llevaba atado a la cintura, y obligando al mayor a soltar su mano.
Cuando Seungkwan trató de volver a entrelazar sus dedos, Chan tomó la oportunidad para apresar su mano en el camino.
—Genial. entonces te vemos en el apartamento después. ¡Nos vemos! —atropelló sus palabras el rubio y salió de la cafetería con Seungkwan quejándose.
—Bueno —Mingyu trató de romper el silencio incómodo con Vernon —,¿prefieres atender las cajas o ser barista?
—¿Qué es lo más sencillo?
El mayor suspiró.
holaa ¡! ₍ ᐢ..ᐢ ₎
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