
23
La luz del anuncio del local de tatuajes en tonos rosados de neón parpadeaba en el charco de agua sobre las grietas del suelo, mis ojos no se despegaban del mismo y mis oídos percibían el sonido de los autos pasar lejos; había seguido a Jungkook hasta una calle poco transcurrida y estaba en silencio, de pie en el mismo lugar mientras el aire frío hacia doler la herida en mi labio.
Se había plantado un silencio sepulcral, en el que mi corazón podía estar más hundido al pasar los segundos, ni siquiera escuchaba si Jungkook aún estaba llorando, tenía miedo de levantar la mirada y no ver emoción alguna en sus ojos o todo lo contrario, demasiada emoción, pero negativa. Que resultara verdad él que sólo estaba conmigo por el agradecimiento y no porque me amara de verdad.
No soy egoísta, no es que no le comprenda, no es que no lo entienda. Sabía y estaba preparado para entender o tener la idea de que Jungkook efectivamente había sido usurpado por esa rata albina de alcantarilla que tenía ganas de descuartizar en pequeños pedacitos con una cuchillo sin filo. Todos estos meses estuve preparandome para cuando Jungkook estuviera listo de decirme, pero no había avances, sólo caímos más profundo en un agujero.
Levanto la mirada cuando lo siento moverse cerca, sus pasos tronando las piedritas que se cuelan por las orillas en los mosaicos de piedra que forman el suelo bajo nuestros pies. Le miro detenerse a centímetros de mi, traga saliva con dificultad, está nervioso y lo sé por la forma en la que muerde su labio, que suelta después, sube su mirada y con ella un segundo después saca el guante que cubre su mano y la sube en puño a la altura de su pecho, en su costado. Su puño se abre y me muestra las palmas de sus manos, heridas de uñas enterradas.
─Sólo te tengo a ti, Jiminssi y no es que esté contigo porque no quiera estar solo. Estoy contigo porque de verdad te amo, sé que estás conmigo porque me amas ─sus lágrimas salieron de sus ojos en grandes gotas que cruzaron sus mejillas y delinearon su nariz ─, pero es muy difícil para mi todo esto. Yo no quiero vivir sin ti, no puedo.
Jungkook es un bebé.
Es un pequeño hombre de gran estatura con miedo de ser lastimado más de lo que ya fue, ha pasado tanta mierda antes de lo del secuestro y ésto fue la gota que derramó el vaso para que mi pequeño colapsara en su control y se desbordara en locura, en querer atraparse a si mismo en una cárcel con máscara de "yo puedo solo", se encerró a mi por el miedo a perderme sin saber que eso hacía que me perdiera. Pero, no está perdiendome, porque, al igual que él, yo no podría vivir sin su presencia. Subo mi mano también, a la misma altura y junto la palma con la de él.
─Vivía en un infierno sin saberlo, Jungkook. No, yo no vivía. Yo no tenía una vida, era un esclavo de la monotonía por la excusa de haber superado la muerte de Chaeyoung. Y te conocí, te tuve, estamos juntos. Probé el cielo al besar tus labios y tengo mi lugar seguro en el inframundo por desear tanto tu cuerpo ─sonreí, sintiendo el picor de la herida en mi labio al estirarse. Observé la reacción de Jungkook para saber que mis palabras no eran un error─. Ya perdí a muchas personas importantes para mi. Sin embargo, todo el dolor de ellas tres juntas no se compararía con perderte a ti. Eres ─mi voz se entrecorto en esta oración, que a pesar de pensar que la diría bien, mi cuerpo fue un traicionero y me jugó mal. Al igual que las lagrimas que retenía en mis ojos ─ lo más hermoso y valioso que tendré. Eres el amor de mi vida. Mi vida misma.
Los labios de Jungkook se movieron con temblores, estirando sus comisuras hacia arriba y arrugando sus ojitos, una sonrisa de labios flacos se abrió paso en aquel rostro delgado y palido, sus ojos brillaron apesar de las ojeras que cubrian los parpados inferiores y me pareció la más bella sonrisa en mucho tiempo, fue como tener agua en el decierto después de días sin beber.
La verdad era que a pesar de no tener comunicación, había estado detrás de él todo lo que se podía, pero no sirvió mucho para evitar qur su estado decallera tan mal como estaba ahora. Mi bebé se veía tan débil, tan enfermo, con sus labios sin color, con su cuerpo más delgado, con manchas oscuras bajo sus ojos. Pero estaba sonriendo y eso me daba la esperanza para poder recuperarlo, aunque estuviera muy por el fondo de todo.
─Antes de despertar y escucharte hablar sobre las personas que habían ido al hospital, vi a mi madre, a Grecia. Ella me dijo que tú y yo eramos el uno para el otro, que estabamos destinados a ser y que te había hecho sufrir mucho. Ella me dijo que tenía un conejito que cuidar y me dio la fuerza para abrir los ojos en ese momento y descansar escuchando a mi novio parlanchín. Nos dieron la oportunidad para ser felices, Jungkook. No sé quien, pero nos dieron una oportunidad de estar juntos y ser muy felices. ¿Ya se te olvido nuestra casa en California?, ¿nuestra escuela de baile? ─guardé silencio un momento. Sus labios se cerraron en una sonrisa aún y mis dedos se entrelazaron con los suyos, juntando nuestras manos ─, ¿nuestro hijo?
Los labios de Jungkook temblaron en su sonrisa, sabía tenía la mandibula dura, gotas saladas se desvordaron sin parar por sus mejillas. Llevó su otra mano hasta mi rostro, limpiando mis lagrimas y acariciando mi mejilla.
─Mi amor, mira como te he dejado ─se acercó por completo a mi, con cuidado y despacio, pero rodeo mi cuerpo con sus brazos, cubriendome con su calor, sacandome de la ínsula en la que me había quedado varado y yo también lo abracé ─. Perdoname, lamento mucho ser así. Herirte tanto, no mereces todo esto. Entiendo que quieras que terminemos y lo haremos si así estaras mejor.
─No estaré mejor sin ti, no puedo vivir sin ti. Seguiremos juntos.
─Me has apoyado mucho y creeme que me está costando infiernos el que nos abracemos, pero te amo y esto se siente mejor de lo que esperaba. ¿Cuando era la cita?
Me separé lo suficiente para ver su rostro, tomar sus mejillas entre mis manos y acariciarlas mientras le miraba a los ojos.
─Aún podemos ir, es amigo de Minho y está en su casa. Nos recibirá sin problema.
─¿Minho sabe todo? ─preguntó nervioso.
─Saben lo que tienen que saber, no más, no menos. Anda, tenemos que ir o la pluvia acentara de nuevo.
Tomé su mano con nuestros dedos entrelazados, pues no me había soltado y comencé a caminar, pero me detuve, mirandolo con seriedad y tratando de transmitirle calma.
─¿Estás seguro que quieres hacerlo?, ¿puedo tomar tu mano todo el camino?
─Dicen que el primer paso para curarse es aceptar que tienes un problema y necesitas ayuda. Estoy dando mi primer paso. Puedes tomar mi mano, pero para los besos aún no estoy listo.
Sonreí y asentí, continuamos camiando por la calle y observandolo él me guiño el ojo, arrugando su nariz después.
─¿Y si yo tengo una adicción y no quiero dejar de tenerla? ─pregunto, me mira confundido y curioso.
─¿Adicción de que?
─De ti, bebé.
─Eres un bobo.
─Bobo por ti, bebé.
[...]
Jungkook movía su pie de arriba hacia abajo contra el suelo por lo aburrido que se sentía, también movía su mano, sus dedos haciendo un circulo por la burbuja que rodaba en el agua de la pecera en el consultorio. Yo lo observaba a pesar de estar supuestamente leyendo el libro en mis manos.
─Él dice que los peces y peceras aumentan el nivel de paz y relajación en una persona, ¿tú lo crees así, Jiminssi?
Jungkook lo había dicho en un tono incredulo pero curioso, conocía ese tono, donde lo que decía era importante pero creía que era tonto para decirlo en voz alta. Cuando saqué la mirada de las páginas de mi libro para posarla en él lo comprobé, la forma en la que sus ojitos brillaban.
─Creo que lo es, Jungkookah. Los peces son bonitos y verlos moverse con tranquilidad en una pecera es relajante. Los niños adoran los peces, yo mismo los veía. Cuando salía a la calle y pasaba por una tienda de mascostas, me quedaba viendo las peceras.
─Sí, bueno. En la casa de mis padres hay un acuario, pasaba mucho tiempo ahí viendo los peces y medusas. Mis hermanas me contaban una historia de un tritón y una marinera.
Volví la vista a mi libro ─. Tal vez debemos tener una pecera en casa, bebé. Para nuestro pequeño.
Vi su sonrisa complacida por la respuesta y que volvía a su intento de no aburrirse, después de un rato, la puerta del consultorio se abrió y un chico decaído salió, se despidió del psicologo y el mismo nos miró. Jungkook entró después de dejar un beso en mi mejilla y yo esperé a fuera, como en todas las sesiones que llevamos hasta ahora.
La primera sesión había sido dura, Jungkook incomodo fingiendo estarlo se movía por la sala de estar del hombre que se ofreció a ayudarnos, aquel en algún momento me había pedido me moviera a su habitación o a la sala de juegos y aunque al principio no quería terminé haciendole caso por el "tengo videojuegos", había sabido leerme el hombre. Y no dude que él iba a ayudarnos, tanto a Jungkook como a mi, el tipo era tremendamente listo y famoso.
Ayudaba a Minho con las victimas y grandes testigos que habían sufrido por los criminales despiadados. Desifraba las mentes más locas y complejas, eramos un caso más para él, pero para mí, era mi vida entera.
Ese día al llegar a su casa, temía porque Jungkook se rindiera, pero no fue así. Sin embargo, no fue fácil, ha sido todo un reto el camino que hemos estado llevando.
Las primeras sesiones fueron duras, Jungkook no hablaba mucho aún, peleabamos por lo irritado que se sentía de no avanzar, él se sentía mal, a veces no quería dar clases, pero siempre, al día siguiente, lo despertaba con todos los ánimos del mundo. Le decía "hoy es el día" y en cada uno de ellos, Jungkook siempre respondía "hoy tiene que ser".
Cuando llegó nuestro primer aniversario, del día en que nos conocimos, que fue en el mes de abril, cuando llegó a mi con el rostro cubierto por un cubrebocas y solo podía ver sus hermosos ojos estrechados. Él, acostado en la cama, mirando al techo mientras yo doblaba la ropa, me dijo:
─Realmente pensaba antes de todo, que nuestro aniversario sería lleno de sexo sin control, con chocolate y fruta. Cosas locas.
Y yo entonces, dejando sus pantalones en el armario y tomando los ganchos para colgar sus sudaderas le respondí animandolo a seguir.
─¿Eso pensabas?
─Sí. Somos una pareja madura que tenía una actividad sexual descomunal. Un atractivo ex gigoló y un apasionado y sexy maestro de filosofía. Sin hijos, con dinero, vivimos bien, sin deudas, tengo el mejor novio del mundo; tengo una buena vida y lo he estado desperdiciando. Hemos perdido tanto tiempo. Todo es mi culpa.
─Hey ─había dejado los ganchos sobre el mueble a los pies de la cama, me había subido a ella y con movimientos rápidos había llegado hasta donde él, besando su nariz y acariciando sus mejillas. Sin abrazarlo, aún no se sentía cómodo ─. No es tu culpa, tampoco mía. No es culpa de ninguno, las cosas solo pasan por algo, Kookie. No te atrevas a sentirte mal.
─Pero, Jimin...
─Nada de peros, por algo estamos yendo al psicologo.
─Yo no quería que nuestro primer aniversario fuera encerrados en casa por lavar ropa.
─Lo importante es que estamos juntos, ¿no?, además, podríamos pensar en que así será cuando seamos ancianos. No creo que duremos ponerle hasta los 80.
─¡iugh!
Luego, en el pasar de los meses y su avance, poco a poco, pasito a pasito, las tomadas de manos besos en las mejillas se convirtieron en caricias por los brazos a los hombros y besos cerca de los labios, eso se convirtió en abrazos sobre el hombro, eso en completos y de pocos segundos, luego en grandes abrazos de oso, en besos de pico, en besoa profundos, en besos de lengua, en caricias por la espalda y palabras bonitas durante todo ello, poco a poco bromas sexuales se abrieron paso en nuestras conversaciones, pero nunca lo apresuré a ello. Hasta el día de hoy, donde mi bebé había bromeado con chuparme la polla por lo aburrido que estaba.
Retomé mi lectura sin preocupación, poco me faltaba para terminar el libro que había estado leyendo. Aunque, Jungkook ya lo había leído para mi, cuando estuve internado en el hospital. Era el único a la mano que había y me negaba a la aburrición que pasaba sin mi bebé a mi lado cada que venía con él, eso al menos hasta que me llamaban para entrar también. Lo que sucedió justo al llegar al otro capitulo, la puerta se abrió y el rostro de mi bebé se asomó.
─Ya puedes entrar, amofo.
Me levanto de donde estoy sentado, cierro el libro y camino con una sonrisa en dirección a Jungkook, él también sonrie, algo bueno, no ha sacado esa sonrisa, hay avances.
─¿Amofo?
─Una vez en vez de amor, te dije amof. Y lo tomé como amor, entonces, amofo porque eres niño y a las niñas se les diría amofa. Significa, chico cool que se hace notar, también sexy dios celestial que las anota todas. Y por anotarlas todas, significa que encuentras el punto dulce como es debido, bebé.
Sí, Jungkook dijo eso.
Me eché a reir, entré al consultorio y sentí mi gluteo siendo golpeado por su mano, mi sorpresa se vio reflejada en mi rostro, cambió a una severa al verlo burlo. No se inmutó.
─Tranquilo, Jimin ─dijo el psicologo ─. Es un ejercicio que le pedí a Jungkook hacer.
Caminé a los sillones ─. Ah, ¿sí? ─tomé asiento en uno y observé a Jungkook haciendo lo mismo a mi lado ─. ¿Golpear mi culo es una nueva forma de relajación o cómo?
El hombre rió y negó, Jungkook se apresuró a explicar.
─Hablabamos de no limitarme. De que he estado cerrando mis necesidades, lo que quiero, comportamientos. Y me preguntó que qué era lo que quería hacer y había estado reprimiendo.
Entendí todo.
─¿Tenías deseo de nalguearme el culo?
─¿Quien no? ─asintió y peinó sus cabellos, me mostró una sonrisa de conejo con la nariz estrujada ─. Obviamente solo yo puedo hacerlo. Porque eres mío y, lo tuyo es mío y lo mío es mío, porque no comparto.
Eso dio pie a que tanto como el otro hombre como yo rompieramos en risas mientras Jungkook seguía soltando disparates graciosos de diva, en algún momento había tomado lugar sobre mis piernas y estampado su boca contra la mía. Un beso tan pasional, que me había quedado sin aire y una hilera de saliva había colgado de nuestros labios.
─¿Debo abrir un nuevo caso para ustedes? ─preguntó el psicologo al que habíamos estado ignorando durante nuestro beso ─. ¿Pongo la etiqueta de ninfomanía?
Me reí y apartando un poco a mi bello novio, miré al ocurrente psicologo, con agradecimiento en mis ojos le respondí.
─No hace falta eso, ni siquiera tenemos sexo, Chen.
Jungkook se movió sobre mi regazo, saliendo de él y mirando a Chen, regresando su mirada sobre mí.
─Sí, desde lo de Yoongi. Ha pasado mucho tiempo desde que hicimos el amor ─sentenció con la mirada perdida, regresando en una brillosa llamarada de fuego ardiente y lujorioso ─. Por eso debemos recobrar el tiempo perdido, ¿no, mi amor?
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