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12


Efectivamente, me había enfermado.

Lo peor de ser una persona saludable y que rara vez se enferma, es que cuando se enferma, la enfermedad le da con todo.

Yo era muy sano, siempre me hacía exámenes, tanto por mi trabajo como por mi cuenta. Estaba claro que a veces no comía como debía ser, pero seguía siendo saludable.

Y ahora estaba enfermo.

La lluvia me había atacado tan mal, que cuando se fue y nos dirigimos a casa sin el traje que usaríamos en la fiesta de compromiso de Minjun, comencé a estornudar. Llegando a casa ya tenía dolor de cabeza y ganas de dormir un largo rato, mi cuerpo me dolía y necesitaba estar bajo tres capas de colcha.

—Pobre, bebé —soltó Jungkook, poniendo su mano sobre mi mejilla.

Estaba acostado en la cama, con el bote de basura junto a mi lado y un royllo de papel adherido a mano. Tenía la nariz roja y tapada, los ojos llorosos, el cuerpo cortado, la garganta seca y la voz ronca.

—Odio enfermarme —me quejé formando un puchero —. Siempre me da así de feo.

—Al menos no tienes fiebre, mi amor. Solo tienes que descansar, ¿ok? —calmó, besando mi frente y levantándose de la cama —. Odio tener que dejarte. Pediré permiso para faltar y cuidarte.

Negué rápidamente, tomando papel enrollado en mi mano y luego sonandome la nariz, lo tiré en el bote después de doblarlo y tocí un poco.

—No seas exagerado, amor. Solo es una gripa, pasará rápido. Tú tienes que ir a aplicar un examen a tus nuevos estudiantes, anda.

Jungkook torció la boca, volvió a mi, besó mi frente y tomó su celular del mueble junto a la cama.

─¿Seguro que estarás bien solo?

─Lo estaré, anda.

Jungkook asintió, sonrió y se giró para salir de la habitación, después lo vi salir por la puerta principal y el silencio se instaló en toda mi casa. Comenzaba a extrañarlo.

Me moví en la cama, intentando acomodarme en alguna forma que no me doliera el cuerpo, aún no hacía efecto la medicina que Jungkook me había dado y me sentía morir.

─Maldita nariz estúpida.

Cerré mis ojos y abrí mi boca levemente para respirar por ella, tratando de irme al mundo de lo sueños. Aunque me costara mucho respirar.

[...]

Estaba oscuro, realmente oscuro, se escuchaba el tronido de una madera y pasos yendo de un lado a otro, también escucha a música ahogada por las paredes. Estiré mi mano, alcanzando el interruptor y encendí las luces de neón, otra vez me había quedado dormido en la habitación de Lovers.

¿Otra vez?

Me levanté rápidamente, moviéndome lejos de la cama y mirando a mi alrededor, el sillón de cuero rojo, la alfombra que recorría gran parte de la habitación, el tapizado desgastado, las cortinas de seda vieja, la puerta por la que mi chico había entrado.

Salí corriendo de la habitación, con nada más que vistiendo unos pantalones, llegué a la recepción, donde Minjun hablaba con su prometida.

─¿Dónde está Jungkook? ─fue lo primero que alcancé a decir por el miedo de haber sido arrastrado de nuevo aquí, lejos de mi novio.

Minjun dejó de jugar con las manos de su novia para acercarse a mi con expresión preocupada, tocó mi frente como si tuviera fiebre.

─¿Estás bien? ─soltó ─. Dios, estás hirviendo. Deberías ir a descansar, cancelaré todas tus citas de hoy.

Negué rápidamente, tomando sus manos y apunto de ponerme de rodillas para implorarle me diera luz de mi amado.

Pero entonces alguien en las filas se movió, me giré, viendo a la gente en el lugar y a un hombre encapuchado, tenía cubrebocas y unos brillosos ojos castaños casi cubiertos por flequillo del mismo color.

─Jungkook ─murmuré.

Y salió corriendo de lovers, con la canción always never -hopeless sonando en todo el lugar.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza en mi pecho cuando yo estaba corriendo detrás de él, el chico encapuchado no dejaba de correr, el cubrebocas salió volando en mi dirección y la gorra sobre su cabeza se escurrió lejos para ir saltando sobre su espalda.

─¡Jungkook, no corras!

Pero no se detuvo, como si yo fuera un ladrón o un asesino en serie, comenzó a correr más rápido, esquivando a las personas sin rostro que pasaban a nuestros lados. Se perdió en una esquina, cuando llegué a ella había un mar de gente y me hundí en ella, buscándolo.

Mi mirada se fijo en un niño de cabello negro, ojos brillosos y sonrisa preciosa.

─¡Papá! ─gritó el niño, sonriendo hacia a mi y saltando.

El mar de gente estaba a nuestro al rededor y poco me importó, me agaché para tomarlo en mis brazos. Rodeó mi cuello con sus bracitos y su olor golpeó mi nariz, olía a vainilla y galletas.

─¡Jeomin!

La voz de el amor de mi vida se hizo presente con eco al rededor de mi, lo busqué con la mirada hasta que lo encontré entrando entre el mar de gente. Su mirada estaba sobre nosotros, sus ojos brillosos, pero su expresión irreconocible.

─Jeomin, ven aquí ─ordenó cuidadoso.

Mi hijo no se movió de mis brazos, se ajustó más, pegando su cabeza en el espacio de mi hombro y cuello.

─¡Jeomin, ven aquí! ─tomó su mano y lo jaló a él, pero no lo sacó de mi agarre.

─Jungkook, relajate. Estás asustando s nuestro hijo con tu comportamiento.

Su cara se descompuso por la impresión, llenándose de incredulidad y algo que decía "éste está loco".

─¿Nuestro hijo? ─preguntó ─. Mira, no sé quien seas ni que problemas tengas, pero por favor deja a mi hijo en paz.

Mis cejas se juntaron ─. No es gracioso, Jungkook. No me da gracia, deja de comportarte así.

─No sé como sabes mi nombre, pero por favor regresame a mi hijo.

La expresión en él era de un padre sobre protector, de un padre que esperaba una persona lo hiciera daño a su hijo. Pero yo no le haría daño, también era mi hijo, porque lo era, ¿no?

Jungkook tomó la mano de Jeomin, jalandolo de mi lado cuando estaba distraído, lo tomó entre sus brazos y comenzó a besar su cabeza, el niño queriendo salir de su agarre para regresar conmigo.

─¡Appa! ─gritó en un chillido agudo, las lágrimas creando ríos en sus mejillas, su cara roja.

Di un paso.

─¡No te acerques a mi familia! ─exclamó otra voz.

Miré detrás de Jungkook, encontrando a una persona que creí nunca volvería a ver, llegando cerca de Jungkook y poniendo su brazo sobre sus hombros protectoramente. La rabia se mostró en mi rostro.

─¡Son mi familia! ─grité.

─Vamos, Jungkookie  ─dijo Mierda Yoongi ignorandome por completo, Jungkook se movió detrás de él, tomó su mano y comenzaron a caminar, no sin antes darme una mirada de advertencia.

Me moví, cerca, tratando de alcanzar la mano de Jeomin, que insistente lloraba por regresar a mis brazos.

─¡Papá! ─gritó ─. ¡No dejes que nos lleve!

─¡No lo haré, mi amor! ─le respondí, corriendo y empujando a las personas, mientras veía como el amor de mi vida se alejaba con el hombre pálido y arrastraban a mi hijo llorando ─. ¡No tengas miedo! ─seguí ─. ¡Voy a encontrarlos!

Mi respiración volvía a difícil, las personas no se apartaban y perdí la vista de mis personas en la penumbra de la neblina blanca. Viendo los dedos de Jeomin intentando alcanzarme y sus ojos brillosos sin dejar de escurrir agua salada a cantaros.

Caí de rodillas en medio de la avenida, cerré los ojos, mis manos sobre mis muslos mientras trataba de regular la respiración, las lágrimas comenzando a salir de las orillas de mis ojos sin ningún permiso. Y escuché lluvia, rodeandome tan mal, llenando todo mi interior y estaba empapándome, un clatzon sonó a la distancia y abrí los ojos, ya no estaba a la distancia y ya no era uno, habían muchos autos alrededor intentando que me moviera con el sonido de sus bocinas.

Un hombre se bajó de su auto y azotó la puerta, comenzando a caminar cerca, no levanté la mirada, otra puerta se escuchó cerrarse.

─¡Hey, tú! ─gritó.

─Appi, no es necesario que hagas esto ─trató de calmar una voz joven y viril, calmada, razonable.

─¡¿Cómo de que no?! ─siguió gritando ─ ¡¿Y cómo quieres que pasemos?!

─Podemos ir por otro lado, relajate.

El hombre no le importó, empujandome el hombro, levanté la mirada, encontrando a los dos hombres. Una versión más madura de Jungkook estaba frente a mi, con arrugas en su rostro que aún así era tremendamente hermoso, detrás de él había un muchacho, un adolescente de cabello alborotado y cara conocida para mi.

El rostro de Jungkook se deformó, mirando mis ropas y mi rostro con desdén, su ceja se curveo ─ Un vagabundo ─espetó con arrogancia en su voz, su ropa era de marca y se veía que había perdido cualquier rastro de la humildad que lo caracterizaba ─. Quitate del camino o matate, cualquier cosa que haga que salgas más rápido de mi camino.

─Appi... ─murmuró Jeomin.

─¡Callate, Jeomin!

Mi hijo dio un salto en su lugar y bajó la mirada.

─¡Quitate del camino, mal viviente!

Estaba siendo pisoteado por el amor de mi vida. No, él no era el amor de mi vida, éste no era Jungkook. Debía hacérselo saber.

Me levanté de mi sitió, tomándolo de los hombros y comenzando a sacudirlo mientras le gritaba en silencio todo lo que era él en verdad, todo lo que lo amaba, todo lo que lo necesitaba a mi lado y lo que deseaba tener a nuestro hijo juntos. Sin embargo, él permaneció asustado y no entendía, pero recibí un golpe contra mi mejilla, cayendo al suelo y golpeando mi cabeza con algo muy duro, terminando inconsciente.

De nuevo estaba oscuro, pero ahora se sentía mojado, escuchaba una gota caer de algún lado y terminando por impactar  contra el suelo, una más, otra más.

Me moví, sintiendo frío, porque estaba en el suelo frío y no habían prendas que me protegieran de aquel. Tenía una venda en mis ojos y las manos y pies amarrados detrás de mi. Me escurrí por el piso, intentando moverme y escuché un llanto, aquel llanto que conocía por haberlo sentido húmedo contra mi pecho después de una locura del bar.

─¿Jungkook? ─murmuré.

Y el llanto se detuvo ─. ¿Jimin?

─¡Sí, mi amor! ─le grité ─. ¡Soy yo!

Me moví, intentando sacar la cosa atada en mi cabeza que me impedía ver, lográndolo con mucho esfuerzo, encontrando con la vista dolida un húmedo y desgastado cuarto, en el suelo estaba Jungkook, desnudo al igual que yo, atado en las mismas partes, herido.

─¡Bebé! ─le llamé.

─¡Callate! ─gritó ─. ¡Estoy aquí por tu culpa!

¡Nos tienen aquí por tu culpa!

¡Sufro por tu culpa!

¡Y ya no te amo!

¡Muerte Park Jimin!

Salté en la cama, con la respiración acelerada y el cuerpo demasiado sudado, empapado, mi ropa se sentía una segunda piel y estaba bajo las mantas, tenía un paño húmero un mi frente, que ya estaba caliente y sentía mucho dolor en la garganta, como si hubiera estado gritando durante horas en el clima helado.

─¡Jungkook! ─llamé ronco.

Escuché que una cuchara caía y luego pasos corriendo, Jungkook estaba parado de un momento a otro junto a mi, viéndome asustado.

¿Qué pasó?, ¿te duele mucho?, ¿te llevo al hospital?, la fiebre no baja, debería meterte a bañar con agua fría. Amor, debemos ir al hospital, déjame llamar por un taxi y preparar una tina con hielos.

Llamaré a la universidad para pedir un poco de esas vacaciones que no he tomado y podré cuidarte.

No te preocupes, amor. Yo me encargo.

─Jungkook ─interrumpí su caminata.

─¿Sí?

─Solo te necesito a ti. Sube sobre mi y dejame abrazarte, por favor ─hablé bajo, con la mirada cansada y las ganas de correr a él sin las fuerzas para volverlo realidad.

Jungkook expresó su confusión, pero se movió rápido sobre la colcha, subiendo arriba de mi y acostándose como un Koala a una rama. Llevé mis brazos mojados a su alrededor y comencé a besar su cabeza, aspirar su perfume, darle caricias.

─Tu corazón va muy rápido ─dijo él.

─Tuve una pesadilla.

Su movió para mirarme.

─¿Qué soñaste?

─Que me dejabas de amar, que te perdía, que te ibas con Mierda Yoongi y no me conocías. Que Jeomin no era mi hijo y era tuyo con Yoongi. Que te volvías un rico prepotente y arrogante.

Jungkook comenzó a reírse, haciéndome sonreír a mi también aunque de verdad la había pasado mal.

─Amor, eso no es posible. Que asco, asco, asco ─agregó una voz infantil y luego me regaló una sonrisa de conejo, calentando mi corazón ─. No me voy a apartar de tu lado y nunca voy a dejar de amarte ─aclaró, besé su frente ─. Aunque ahora estés mojado y apestoso. En serio necesitas un baño, amigo.













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