
150
—Estuve soñando —fue lo primero que me dijo, cuando pudo hablar con tranquilidad, después de un par de semanas—. Soñaba contigo, Axel. Tu y yo estábamos juntos, felices. Teníamos un pequeño bebé y una gran boda. Todo se veía con tanta claridad, que creí que era real. Me pediste que me quedara contigo. Y eso hice.
—No vuelvas a ponerte en peligro —rogué.
—Estaremos bien. Mientras tu mano y la mía puedan estar cerca, todo estará bien —sonrió y yo le creí.
De verdad le creí.
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