Parte Única
El sol estaba comenzando a ocultarse dejando ver el cielo en la hermosa tonalidad naranja rojizo que tanto les gustaba a todos los habitantes de la ciudadela, sin embargo, el ambiente que había en el lugar era totalmente diferente al que normalmente se sentía debido a los acontecimientos recientes.
El joven de piel morena caminaba en silencio observando el lugar que por tanto tiempo había considerado un hogar, aquel lugar que le había devuelto a aquellos que alguna vez considero familia, aunque esta se había agrandado dado que ningún miembro del Date-Gumi se había podido quedar de manos cruzadas e ignorar al resto de personas que estaban en la ciudadela.
Al final los cuatro se habían vuelto cercanos al menos a uno de sus compañeros y eso era lo que sin duda iba a despedazarlos por dentro, porque esta noche era la última que todos estarían juntos, la última donde podrían reír, llorar o enojarse entre ellos o con Aruji.
Aruji, la persona que les había convocado al mundo humano para pelear por la humanidad como alguna vez lo habían hecho en el pasado, cuando en lugar de personas eran simples espadas listas para ser empuñadas por sus dueños para protegerles o para ayudarles a crear una guerra.
Mantuvo su tan conocida seriedad mientras se encaminaba hacia los cultivos a los que les había dedicado tanto tiempo, luego de que este día se acabase no sabía quién cuidaría de ellos y si lo harían de manera correcta, pero tampoco importaba mucho pues ya no habría nadie que dependiese de estos para vivir.
Su mirada ámbar se enfocó en un área un tanto lejana a toda aquella plantación, era una parte que nunca habían aprovechado para plantar nada pues estaba un poco más retirada de lo que a cualquiera le gustaría, pero era justamente por eso que ese pequeño sector era suyo.
No dudó en caminar hacia la plantación de girasoles que apenas llevaba un par de días en su mayor apogeo, estaba feliz de sembrarlas cuando lo hizo, al menos se iría sabiendo que pudo verlas florecer tan hermosamente como lo esperaba.
Aunque nunca estuvo en sus planes el hacerlo hasta que alguien se apareció frente a él con las semillas de girasol, sus ojos jamás subieron del suelo mientras le pedía que le ayudase a plantarlas con cientos de excusas que en este momento no recordaba.
Él se había mantenido distante al joven de cabellos rubios por lo tímido que este era, Ookurikara podía aceptar que era adorable de cierta manera el ver al chico tan nervioso solo por su cercanía como si fuese un pequeño animal y a él le tocase domarlo y tener su confianza.
Y fue justo por esa comparación que aceptó ayudarle, aunque se sintiese raro por la compañía voluntaria que el de ojos cielo le pedía, como si él fuera la única persona con la que pudiese convivir sin problema, lo cual era falso porque había varias personas más en esa casa con las que hubiese sido más fácil relacionarse.
Entonces, ¿Por qué él?
La respuesta a esa pregunta apareció frente a sus ojos cuando su acompañante y él llevaban un par de meses con la tarea de los girasoles, no había sido algo tan complejo de entender, pero eso no quería decir que no lo sorprendiese.
Se habían quedado hablando de sus pasados un poco más de lo usual, ambos eran bastante callados y reservados por lo que llegar al punto de contar las historias que habían vivido con sus dueños era algo monumental para personas como ellos, era un claro signo de la confianza que habían forjado mientras cuidaban de sus flores.
Escuchar las ideas que tenía el otro sobre sí mismo por ser una copia de otra espada le habían dejado bastante en claro al de tatuaje de dragón que la conocida timidez del chico se basaba en sentirse menos que la espada original y su temor a que los demás lo trataran justo así.
Por eso mismo las palabras salieron de su boca antes de pensarlo con claridad, necesitaba entender el motivo de que se acercase a él si tenía tanto miedo de que lo rechazaran, todos en la ciudadela mencionaban que él era bastante distante a todos y que no se acercaba más de lo necesario, entonces...
¿Por qué yo?
No obtuvo una respuesta verbal como tal y mucho menos una notoria en su rostro pues el de ropa rojiza se negó a darle la cara de nuevo, sin embargo, el tono rosado que logró notar por unos segundos en las mejillas contrarias fueron todo lo que necesito para entender la situación que los había llevado a terminar donde estaban en ese momento, para otras personas aquello no hubiese significado nada concreto, pero para él, que llevaba meses conviviendo con el más joven, significaban el mundo entero.
-Perdón, yo... - Los cabellos rubios se escondieron prontamente en aquella tela de color blanco que siempre estaba sobre ellos, la situación era tan vergonzosa que aquello era lo mejor
-Está bien, no necesitas decir nada - El de cabellos castaños negó en silencio mientras apoyaba una de sus manos en el hombro del que físicamente hablando era más joven
-Pero... - La voz del de piel nívea se cortó de nuevo cuando una mano enguantada se alzó pidiéndole que guardase silencio
-No puedo decir que es lo mismo para mí en este momento - El mayor de ambos suspiró mientras cambiaba su mano del hombro a los cabellos del chico a su lado para alborotarlos dulcemente - Pero estoy seguro de que lo será
Sabía que no le mentía del todo al chico, sus sentimientos estaban en una enredadera desde mucho tiempo antes de conocerle, sin embargo, estaba consciente de que el rubio le provocaba cosas que nadie jamás había sido capaz, por lo que solo necesitaba tiempo para corresponderle como se debía.
¿Por qué a él? Esa pregunta no necesitaba respuesta
El ruido proveniente de su hogar se escuchaba ligeramente distorsionado debido a la distancia que existía con este en ese momento, pero aquello no le importaba en lo más mínimo, su atención estaba enfocada en el joven que estaba sentado frente a sus flores con una tranquilidad que no quería abrumar, por ello se acercó en completo silencio, aunque sabía que el contrario ya había notado su presencia.
No tardó mucho en sentarse a su lado en completo silencio mientras observaba los girasoles que tanto habían cuidado, sin duda iba a extrañar tanta tranquilidad que existía entre ellos en esos momentos donde solo eran ellos y las flores que plantaron como si fuesen a vivir sin problema con el invierno que se cernía sobre ellas.
Luego de un par de minutos el de ojos zafiros se acercó a él y dejó caer su cabeza en su hombro sin mucha ceremonia, no necesitaban decir nada para poder entender lo que estaban sintiendo ante la situación por la que estaban pasando todos en ese momento, era realmente un trago amargo tener que decir adiós justo cuando se sentían como si fuesen a vivir por siempre.
Pero lo sabían bastante bien, habían estado peleando por un solo motivo que tarde o temprano vencerían o los destruiría a todos, sus existencias en el mundo de sus antiguos portadores era algo temporal, eso lo tenían claro desde el inicio.
Y aun así ahí estaban, sentados uno al lado del otro observando como crecían los girasoles que habían plantado juntos, a la espera del final de sus existencias a manos del mismo ser que alguna vez los había invocado si todo llegaba a salir bien mañana.
En ese momento solo les quedaba preguntarse, ¿Por qué?
-Así que... - Las primeras palabras de la noche vinieron de parte del más joven de ambos, el cual mantenía su mirada en las pequeñas flores frente a ellos - Mañana acabara todo
-Sí, Aruji dice que será finalmente la última batalla - El de piel morena asintió lentamente a las palabras contrarias entendiendo porque eran mencionadas
-Y después volveremos a ser espadas sin más ¿Cierto? - El de cabello rubio suspiró cerrando sus ojos mientras se acomodaba aún mejor contra su acompañante
-Si - El castaño rodeó con uno de sus brazos al chico de su lado para que este se sintiese más tranquilo - Por eso todos quieren disfrutar esta noche con quienes más quieren
-Si es así ¿No deberías estar con los demás? - El de piel pálida elevó su rostro con duda hasta que su mirada se conectó a la del contrario buscando que sus dudas se aclararan - Me refiero a Taikogane, Tsurumaru y Shokudaikiri
-No, sabemos que tarde o temprano volveremos a estar juntos, aunque no sea así exactamente - El de mirada ambarina señaló su cuerpo para dar a entender que se refería a la apariencia física que tenían - Por eso cada uno decidió estar con alguien más especial esta noche
-¿Qué? - Los ojos azules del contrario se abrieron con sorpresa por las palabras recién mencionadas por el chico que siempre se mantenía estoico y serio, como si nada ni nadie le importase realmente
-Sé que después de aquel día no tocamos el tema jamás, pero me parece un buen momento para decirlo - El de tatuaje de dragón desvió su mirada del joven a su lado a las flores que habían sembrado y trató de animarse a sí mismo a continuar
-No - El mediano de los Kunihiro se separó rápidamente del otro como si este acabara de quemarle, aunque de hecho era el pánico que le daba escuchar esas palabras justo ahora
-¿Yamanbagiri? - El único miembro del Date-Gumi observo entre confundido y preocupado a su acompañante, sabía que lo que iba a decirle era algo que ambos habían deseado exteriorizar desde hace tiempo y ahora este lo detenía, aquello le hizo estar seguro de que algo andaba mal - ¿Qué ocurre?
-No lo digas - La capucha blanca que el chico normalmente utilizaba fue bajada hasta cubrir sus ojos y que así no se notase su llanto - Si lo dices no soportaré lo que pase mañana, no aceptaré el irme y separarnos, así que, por favor, no
-De acuerdo, no lo diré - Entendiendo la situación al mayor no le quedó más que callar sus sentimientos y tomar al contrario para poder mantenerlo en un abrazo que le permitiera desahogar su dolor y su pena, algo que sin duda él también comenzaba a sentir
Mantuvieron el abrazo en el que estaban sin dudarlo un solo segundo, aquellas palabras les habían desgarrado el alma a ambos, pero el más joven tenía razón, era mejor no decir nada sobre lo que querían decir, después de todo ambos lo sabían.
Sabían que se amaban aun si no lo decían en voz alta.
Había amanecido finalmente y con ello todo el mundo estaba arreglando lo necesario para la batalla que tendrían para acabar su misión, finalmente habían llegado a la última de todas ellas y una vez terminada su deber en el mundo acabaría también.
Dentro de todo el grupo estaban un par de chicos que habían terminado en la misma habitación luego de que uno de ellos quedase fuera de combate en medio de la noche, no se decían nada verbalmente, pero las miradas que se daban demostraban cuanto les iba a doler este final.
-¿Todos han entendido? - El de cabellos rosa pastel observó a cada uno de los presentes fijamente para asegurarse de que el plan estaba en marcha, cuando todos asintieron no hizo más que sonreír - Bien, buena suerte a todos
-Hasta pronto Aruji - Todos los presentes le sonrieron a su amo antes de comenzar a agruparse según la estrategia previamente conocida - Volveremos en una pieza
-Los veré después a todos - El joven sonrió con tristeza mientras despedía a todas las toudan que le habían acompañado hasta ese día
Con aquellas palabras cada uno de los grupos se dio una última mirada de despedida, estaban conscientes de que muchos de ellos no volverían, así que esta era la última vez que todos serían capaces de verse y recordarse, poco a poco comenzaron a desaparecer sabiendo que estaban por enfrentarse al mayor de todos los males, aquel que les había tratado de arrebatar su pasado y los había hecho volver a vivirlo en partes iguales.
Luego de unos momentos solo quedaron dos grupos, ambos estaban listos para partir hasta que un rubio se alejó de su formación para encarar al moreno del grupo contrario, sin vacilación ni nada le dio un jalón para acercarle y le besó como había querido desde tantos meses atrás.
Aquel acto fue algo dulce y tan puro como la nieve que caía sobre las cabezas del par de jóvenes, aunque sin duda alguna tenía varios tintes de melancolía y tristeza, ambos se separaron unos segundos después y se sonrieron con total y profundo amor, sabían que sería la primera y la última vez que aquello pasaría, pero no por ello dejaba de ser tan especial para ellos.
Una despedida silenciosa fue la que se dieron ambos grupos cuando se fueron, dejando así completamente sola a una persona, la misma que había estado invocándoles para que tuviesen un nuevo propósito, la que les había dado la oportunidad de ser algo más que simples espadas, la misma persona que en cuanto volvieran les volvería a convertir justamente en eso, en simples espadas.
Aruji observó con cuidado la ciudadela mientras daba un paseo por ella, todo estaba en un silencio tan desgarrador que aterraba, sin embargo, debía aceptarlo lo más pronto posible, todos sus héroes volverían a ser lo que eran y él quedaría solo una vez más, no había más que pensar.
Los ojos ámbar del invocador se centraron en una pequeña área de los cultivos la cual tenía cientos de girasoles que sin duda morirían gracias al invierno, pronto su cabeza albergó una duda bastante razonable sobre ellos, aunque luego sonrió sabiendo la respuesta que los dos jóvenes encargados de esa área serían capaces de darle.
-¿Por qué plantar girasoles cuando pronto va a nevar? Es mejor preguntar ¿Por qué buscar el amor cuando sabes que no durará tanto tiempo? - Sonrió enternecido mientras que cortaba una de las flores y la llevaba adentro para que le hiciese compañía - Porque es mejor que dure poco a quedarte con la resignación de que nunca pudiste verle florecer
Sin importar como acabase aquella batalla por la que todos estaban sacrificando algo había algo que el Saniwa podía confirmar, aquellos girasoles era la respuesta que jamás se dijo a todas las preguntas que la joven pareja nunca preguntó.
¿Por qué? Porque no había necesidad de ello, porque ellos habían sellado un juramento el día en que plantaron el primer girasol, porque mientras aquellos girasoles viviesen, el amor que ellos tenían por el otro seguiría existiendo, y eso era algo que el joven se encargaría existiese durante toda la eternidad.
Siémbrame en tu corazón
Riega con palabras mi amor
Corta la maleza de las dudas
Para que este sentir pueda florecer
Porque quiero ser como un girasol
Y así girar por siempre hacia ti.
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