IV - Then
Then: 15 YEARS OLD
Esa mañana, Helena despertó enredada en los brazos de Justin. Comenzó a reír por lo bajo al escucharlo roncar e intentó alejarse de él a pesar del firme agarre que la sostenía. Al encontrar esa tarea demasiado difícil, optó por empujarlo con fuerza, haciendo cesar los ronquidos del chico y, en su lugar, él emitió un profundo gruñido.
—¡Qué molesta eres! — Se quejó, dejándola libre y girándose para darle la espalda.
Su amiga volvió a reír y se levantó de la cama, tomando su abrigo y dirigiéndose la ventana, para salir a través de ésta.
—¡Levántate ya! Nos vemos en media hora — Advirtió la chica, subiendo a la rama del árbol para luego descender por el mismo.
Justin dormitó unos cuántos segundos más hasta que se removió en el colchón y sus párpados se abrieron. Sonrió cuando vio la ventana abierta.
Treinta minutos más tarde, Helena volvía a encontrarse en la habitación donde había pasado la noche, aunque esa vez había ingresado a la vivienda de su vecino por la puerta de entrada, anunciando su llegada también a los padres del mismo.
Estaba alistándose para ir a la escuela mientras Justin tomaba una ducha. Cepilló su cabello frente al espejo situado en la puerta del armario del muchacho y luego maquilló su rostro, solo con un poco de corrector y arqueador de pestañas. No solía esmerarse en arreglar su apariencia. Tanto ella como su amigo pasaban desapercibidos en la secundaria.
Justin pertenecía al equipo de Soccer, el cual era ignorado por la mayoría de los estudiantes e, incluso, por algunos directivos. El punto fuerte de la escuela era el básquetbol, por lo que las restantes actividades deportivas eran menospreciadas. Mas el chico no tenía ningún problema con eso. Le gustaba el anonimato y la tranquilidad que acompañaba a su bajo perfil.
—Hemos estado practicando unas nuevas jugadas — Comentó él, emergiendo del baño, tapando su anatomía con tan solo una toalla rodeando su cintura. —No puedo esperar al partido del viernes. De verdad vamos a patearle el trasero a Lombard High.
Algunas gotas aún se escurrían por su torso desnudo, pero Helena no le prestó verdadera atención a eso. Se sentó en la cama del muchacho para ponerse sus zapatillas, las cuales había dejado olvidadas allí esa mañana al escaparse por la ventana, ganándose así unos cuantos rasguños en la planta de sus pies mientras descendía por el árbol.
—Las tácticas de Lombard High siempre son las mismas... — Recordó la chica, atando los cordones de su calzado. —Juegan con casi todo su equipo en la defensa. Es patético.
—¡Lo es! ¿Cierto? — Confirmó Justin, sonriendo, mientras dejaba caer la toalla al piso, revelando sus calzoncillos, y se ponía un par de pantalones. —Por eso ahora hemos decidido reforzar el ataque.
—No me puedo imaginar a ninguno de sus jugadores saliendo del área — Expuso Helena, mirando hacia el techo, esforzándose por esbozar esa imagen en su mente. —Creo que hasta se extraviarían si pusieran un pie fuera de ella.
Justin comenzó a reír fuertemente ante aquel comentario. Se puso una camiseta y se sentó al lado de su amiga, inclinándose para buscar sus tenis debajo de la cama.
—¿Tienes ensayo hoy? — Inquirió él, irguiéndose, una vez que encontró su calzado y comenzó a ponérselo. —Las audiciones aún no comienzan ¿Verdad?
—De hecho, hoy es el último día de ensayo. El jueves por la tarde se abrirán las audiciones — Informó ella, sintiendo los nervios florecer ante aquel tema.
Helena pertenecía al club de teatro. Al principio, se había inscrito en las clases de Drama solo porque pensaba que iba a ser divertido, mas aquel simple entretenimiento fue transformándose en pasión cuando descubrió el mundo de la actuación arriba del escenario. Aquella era la época de selección del reparto para la obra de fin de curso. Ella estaba ansiosa por su audición.
—¡Fantástico! Iré a verte — Anunció Justin, mirándola a los ojos —Lo harás genial, Lena — Dictaminó, antes de comenzar a secar su cabello con una toalla.
—Eso espero. Varias chicas se anotaron para el mismo papel que yo, incluso algunas que ni siquiera están en el club — Mencionó, girando sus ojos para delatar su fastidio —Todo porque debemos besar a Ryan Butler en la audición.
El movimiento que Justin estaba haciendo con su brazo para secar su cabeza cesó de repente, cuando él mismo se quedó inmóvil. Con lentitud, asomó su rostro por debajo de la toalla para observar a Helena.
—Disculpa, ¿Qué dijiste? — Articuló en un tono de voz bajo.
—Que muchas chicas se inscribieron a la audición solo para besar a Ryan, y eso es tan injusto porque...
—¿Besar a Ryan Butler? — Repitió Justin, como si no pudiera dar crédito a sus oídos.
—Sí y...
—¿Tú piensas a besar a Ryan Butler?
—Bueno, nuestros personajes...
—¡De ninguna manera! — Sentenció el chico, poniéndose de pie y arrojando la toalla a su cama —¡No! Eso es... Eso es... ¿Ryan Butler? ¡Puaj! — Fingió una arcada, pues no encontraba las palabras adecuadas para expresar lo que sentía, ya que ni él mismo podía identificarlo. Aún así, defendió su postura: —No, no vas a hacer eso, Helena.
—¿Por qué no? Es un requisito para la audición, no es que pueda negarme — Aclaró ella.
—Porque... ¡Porque no! No puedes ir y besar a un chico solo porque eso esté en un guion. No vas a besarlo... De hecho, no vas a besar a nadie. No vas a besar a nadie hasta que tengas cuarenta años — Decretó el muchacho, tomando su mochila y saliendo del cuarto.
Una vez que le dio la espalda, la chica comenzó a reír silenciosamente. Tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no carcajear mientras su mejor amigo le daba su sermón. Cuando Justin se alteraba resultaba demasiado gracioso para ella. Colgó la mochila en su hombro y caminó detrás de él hasta que llegaron a la cocina, donde encontraron a los padres del chico bebiendo café en la mesa.
—¿Van a desayunar algo antes de irse? — Preguntó Pattie.
Sin embargo, su inquisición quedó opacada por la voz de su hijo:
—¡Papá! — Llamó. —Dile a Helena que no puede besar a nadie hasta que tenga cuarenta años — Exigió.
Su madre soltó una carcajada, aunque trató de ocultarla detrás de su taza de café. El hombre a su lado sonrió con gracia, pero acató la orden. Apuntó a Helena con su dedo índice y resolvió:
—¡Nada de besos hasta los cuarenta, jovencita!
—¿Oíste? Caso cerrado — Dictaminó Justin, tomando un paquete de galletitas y guardándolo en su mochila. —Ahora, vamos a la escuela.
Ese mismo día, al llegar la hora del almuerzo, Helena se sentó con su grupo de amigas alrededor de una mesa en la cafetería. Conversaban animadamente entre ellas mientras ingerían las porciones de sus platos, pero el cuchicheo se interrumpió cuando las jóvenes presentes guardaron silencio de repente. Helena no entendió lo que sucedía hasta que sintió un par de manos apoyarse sobre sus hombros.
—Hola, señoritas — Saludó Justin, quien se había acercado por detrás. —Espero que estén convenciendo a Lena de que no haga ninguna estupidez el día de la audición. Nadie quiere que cometa un error que lamentará por siempre — Remarcó, dando un ligero apretón a los hombros de su amiga.
—¿Te refieres a besar a Ryan? — Apuntó una de ellas, divertida por la situación. —¿Por qué eso es un error? ¡Es el chico más lindo de nuestro curso! — Repuso.
Justin gruñó.
—Necesitas conseguirte nuevos amigos, Lena — Exhortó el muchacho.
—Sí — Concordó ella, tomando una papa frita de su plato y lanzándosela al chico. Él comenzó a reír y se alejó, caminando hacia atrás. —¡Pero lo digo por ti! — Agregó la chica, sonriendo.
—Blah-Blah-Blah — Se burló su mejor amigo, mostrándole la lengua antes de girar sobre sus talones e irse.
Riendo, Helena volvió su atención a la mesa, donde fue recibida por las brillantes miradas de sus amigas.
—¿Qué ocurre?
—Es tan obvio que son el uno para el otro — Explicó una de ellas.
Helena se sintió fastidiada por aquella alusión. Últimamente, todos los que conocían la amistad entre Justin y ella empezaban a hacer comentarios de ese tipo, y le resultaba irritante. Había crecido al lado de su vecino, habituada a su inseparable relación, no cabía ninguna posibilidad de que lo viera con otros ojos. No entendía la necesidad que tenían las personas de romantizar la intimidad que la unía a su mejor amigo.
Justin se sentó a la mesa con sus amigos de Soccer y escuchó atentamente las palabras que el capitán del equipo enunciaba. Pero había algo perturbando su atención y lo molestaba. Finalmente, mientras el almuerzo avanzaba, lo soltó:
—Oigan, chicos ¿Alguno de ustedes conoce a Ryan Butler?
Algunos de sus compañeros negaron de inmediato, otros meditaron en ese nombre un par de segundos, intentando identificarlo.
—Butler. Me suena — Caviló el capitán, antes de que su rostro se iluminara y asintiera. —¡Ah, sí! Está en mi clase de Ciencia Política ¿Qué hay con él?
—¿Qué sabes del tipo? — Indagó Justin, mordiendo su hamburguesa. —Me refiero a... ¿Cómo es él? — Intentó esclarecer, aunque fue difícil, pues su boca estaba llena de comida.
—No lo sé. No habla mucho, se sienta adelante y saca buenas calificaciones. Parece tranquilo...
—¡Espera! — Interrumpió otro de sus amigos. —Ya sé de quién hablan. Creo que también está en el club de teatro.
—Oh, entonces Lena debe conocerlo — Conjeturó el capitán, dirigiéndose a Justin. —Pregúntale a ella.
El aludido se limitó a asentir y continuar comiendo, pero la mirada de su compañero no lo abandonó, así que volvió su atención a él para encontrarlo sonriendo con sorna.
—¿Qué pasa, Bieber? ¿Es que acaso te gusta? — Lo acusó, el tono de burla era evidente en su voz.
Justin dejó de masticar de repente, los músculos de su cara se tensaron y sintió el calor acumularse en sus mejillas. ¿Acababa de preguntarle si le gustaba Lena? Eso era absurdo. Quiso negarlo, pero por algún motivo tenía la extraña sensación de que todos los ojos en la cafetería estaban centrados en él, como si hubiera sido expuesto.
—¿De qué hablas? — Logró pronunciar.
—De Butler ¿Es que acaso te has enamorado de él? — Explicó su amigo.
Justin dejó salir un suspiro de alivio, a pesar de que no tenía idea de qué cosa se estaba liberando.
—No. Todavía no lograste pegarme lo homo — Bromeó, haciendo estallar en carcajadas a sus acompañantes.
-TatiaBriggs-
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