Interludio de Torterra
Región de Kanto, poco después del Torneo de Fuchsia...
Las sombras caían sobre el camino de la Ruta 15, justo afuera de Ciudad Fuchsia. La noche ya había descendido sobre las planicies de hierba mientras los Hoothoots y Noctowls tomaban el lugar de sus primos diurnos. Unos cuantos Rattatas se escurrían por el lugar en busca de su siguiente alimento, fuesen bayas caídas o provisiones de viajeros tontos descuidados. Poco se imaginaban que habría algo más esperándolos.
Un susurro hizo eco por las planicies mientras las nubes tapaban la luna. Los arbustos se sacudieron suavemente en el viento que soplaba como si algo pasara junto a ellos. Uno de los Pokémon ratas se acercó lentamente al captar el olor de comida fresca.
Una enorme baya Sitrus descansaba totalmente sola, y completamente sin manchas junto a un gran árbol muerto. El tronco había sido desgastado por el tiempo por la naturaleza tanto que se veía casi antinatural. El Rattata se movió con los ojos entrecerrados fijos en la baya, listo para salir huyendo al primer indicio de peligro. Acercándose más, el roedor la pata hacia la baya. Luego de tocarla, rápidamente retrajo el miembro como esperando que algo emergiera de entre las sombras.
Nada.
Acercándose ligeramente, el Rattata olfateó el aire, atrayendo el complejo aroma de la fruta conocida una vez como la Baya Dorada. La amargura llegaba primero seguido por un sabor agridulce y seco con un toque de flores de las plantas cercanas. No había ningún problema. Ajustando los oídos para que reaccionaran si algo sonaba raro, el Pokémon rata agarró la baya con sus patas delanteras.
La fruta estaba más pesada de lo esperado, y el Rattata tenía problemas para levantarla. Poco a poco, parecía irla moviendo y aun así no era suficiente. Con un gruñido, la criatura llamó a sus compañeros que vinieron a toda prisa a unirse al festín. Pasaron por encima unos de los otros en busca de su siguiente comida, sin importarles que uno de los suyos se tropezó. Todo lo que querían era hincarle el diente a la suculenta piel de su objetivo.
Pero cuando de ellos agarró por la espalda al Rattata líder para ayudarlo a jalar, la fruta fue alzada en el aire con su poder combinado, arrastrándolos a ellos también. Los Rattatas se encontraron colgando en el aire mientras la baya se acercaba al árbol, con un hilo oscuro sobresaliendo al caerse la tierra que lo cubría. Un extremo los arrastraba hacia el hueco y el otro estaba enganchado a su almuerzo. Los roedores se encontraron totalmente paralizados cuando unos ojos carmesís los miraron fijamente con hambre.
Lo que se sintió como varias horas fueron solo unos pocos segundos mientras atravesaban la entrada hacia el interior del árbol hueco. Un enfermo crujido fue lo último que escucharon al desaparecer en la oscuridad, sin dejar nada excepto a un Rattata horrorizado y a un monstruo bien alimentado.
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En otra parte...
Un fuerte rugido hizo eco en el claro bajo la luz de la luna, mientras un golpeado Nidoking se lanzaba contra su objetivo. El cuerno del enorme gigante brillaba con una luz verde etérea que se extendía por su cara. Esta vez ganaría.
- [Patético.] – murmuró su oponente mientras unos fragmentos de piedra emergían con un ligero brillo. Moviendo su pata derecha al frente, el Pokémon continente envió el Filo de Roca hacia el monstruo en estampida que atravesaba su ataque a pura fuerza.
Las piedras parecieron rebotar sobre Nidoking al principio, pero lentamente su asalto comenzó a ralentizarse mientras unos moratones frescos comenzaban a formarse en su piel púrpura. Su cuerno perdió su lustre mientras el Mega Cuerno desaparecía. Una de las rocas lo golpeó en su rodilla, haciendo que Nidoking se tropezara y perdiera totalmente el equilibrio.
- [¡No!] – rugió. – [¡Todavía no!] – Haciendo un último esfuerzo, el gigante se impulsó con su pierna izquierda y se preparó para embestir con el hombro hacia la cara de Torterra.
Sin sonreír realmente, Torterra formó una Bomba Semilla desde su boca y la disparó. El proyectil impactó la nariz de Nidoking, mandando al tirano a volar de espaldas antes de estrellarse contra el suelo con tal fuerza que arrancó varios trozos de hierba y los lanzó por los aires.
- [Maldición... ¡Maldición!] – rugió Nidoking mientras se volteaba sobre su estómago y se levantaba sobre una rodilla. Su oponente todavía seguía sin moverse mientras lo veía con indiferencia. La mirada en blanco enfurecía al futuro rey mientras trataba de volver a incorporarse.
- [Suficiente.] – dijo Torterra. – [El entrenamiento se acabó por ahora. Vuelve con el chico y ve a comer algunas bayas o algo.]
- [¿Te atreves a darme órdenes?] – gruñó el Pokémon Venenoso, molesto de que el Pokémon continente le dijera qué hacer.
- [Lo hago. Perdiste, así de sencillo. A riesgo de sonar redundante, todo tu desempeño fue patético. No piensas, solo te lanzas de cabeza mientras el chico tiene que cubrir tus debilidades. Es cierto, eres muy fuerte eso es más que suficiente para la mayoría de tus oponentes, pero yo no soy como la mayoría.] – Las duras palabras aplastaron el ego de Nidoking mientras volvía a gruñir, listo para darle a otro asalto y demostrarle a su oponente que se equivocaba.
- [¡Ja! Eso fue gracioso. ¿Quién diría que Torterra era capaz de hacer tanto daño con las palabras como con todo lo demás que hace?] – La risotada que sonó hizo que el par mirara arriba para ver a un Murkrow volar acercándose, cuyos ojos brillaban muy divertidos al verlos.
- [¡¿Qué fue eso?!] – Otro gruñido salió de la boca de Nidoking, que cambió de objetivo. – [¡¿Quieres repetirlo otra vez?!]
- Ooh, qué miedo, qué miedo. Es horrible. Es decir, tu daño cerebral. ¿De verdad no entiendes las palabras que salen de mi pico? ¿Quieres que las diga más despacio para que entiendas mejor?
- [Eres un...]
- [Murkrow.] – La voz de Torterra interrumpió la discusión mientras miraba al miembro más nuevo del grupo. – [Creí haberte dicho que fueras a explorar el área y luego volvieras con el amo.]
- [Sí, sí, ya lo hice.] – admitió el Pokémon cuervo, sin darle importancia a las preocupaciones de la criatura más grande. – [Es que me aburrí de no encontrar nada y decidí venir a ver qué hacían ustedes dos. Y vaya, para mi eterna sorpresa, es más entrenamiento. Digo, qué inesperado giro de eventos. Pensar que no hacen más que pelear y entrenar. Qué tipos tan alegres son.]
- [¿Dejaste al amo solo en el bosque?] – Torterra frunció el cejo, crujiendo las hojas por la agitación mientras una luz brillaba envolviendo su boca.
- [Relájate, grandulón, Hypno está con él. Claro, al principio era para asegurarse que el chico durmiera mientras ustedes se mataban uno al otro, pero pareció feliz de vigilar el lugar. Aunque sigo sin creer que pueda haber alguien más aburrido que ustedes dos.]
- [Si tienes tiempo de parlotear, entonces tendrás tiempo de llevar a Nidoking con el amo para que lo curen.] – dijo Torterra dándose la vuelta hacia el par, ya sin seguir interesado en lo que saliera del pico del Pokémon Volador. – [Iré a caminar un poco.]
- [Oh sí, me olvidé que también hacías eso. Qué grandiosa debe ser tu vida.] – le dijo Murkrow burlonamente al Pokémon mientras se retiraba. – [Recuérdame que te busque algo brillante para hacer que tu vida tenga algún sentido.]
- [¿Quieres una ronda conmigo?] – preguntó Torterra, sin mirar al pájaro mientras continuaba su camino. Dicho pájaro lo vio con horror mientras su cara se contorsionaba del shock.
- [¿Y d-dejar que te pierdas de tu fascinante caminata? ¡No puedo hacer eso, sería muy descortés de mi parte! Ahora vamos, grandísimo bobo, nos vamos.]
- [¡Todavía no! ¡Soy un rey!] – rugió Nidoking lanzándose contra Torterra. – [¡Y mi reinado es absoluto!]
Al acercarse a su enemigo, su pie conectó contra algo duro y afilado haciéndolo tropezar de nuevo. Mirando sobre su hombro, la bestia púrpura miró en shock como las piedras de la Trampa de Rocas oculta lentamente levitaban hacia él.
- [¿Qué puede hacer un rey contra una montaña imposible de conquistar?] – cuestionó Torterra mientras abandonaba el claro, sin mostrar la más mínima preocupación por su furioso compañero de entrenamiento.
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Poco después...
Si había una cosa que Torterra disfrutaba fuera de las batallas, eran sus caminatas por la noche. La calma simple del cielo nocturno, la fría brisa, la oportunidad de alejarse de las molestias de sus compañeros. Eran las cosas pequeñas de la vida lo que la hacía disfrutable.
Sin embargo, unos grandes árboles parecían bloquear la luz de la luna mientras el Pokémon Hierba deambulaba por el bosque, con los ojos bien abiertos en busca de cualquier cosa que pudiese a interesarle, o al niño.
- "[Si supiera que lo llamé de ese modo, se molestaría fácilmente.]" – resopló mentalmente Torterra.
Él conocía a Paul mejor que cualquiera del equipo, y quizás mejor incluso que su propio hermano. Conocía exactamente lo que lo echaba a andar, lo que lo molestaba, sus deseos y sus fuerzas. Sabía que el chico probablemente se molestaría de que lo llamasen "amo" todo el tiempo, pero era mejor tener algún tipo de jerarquía, para que los más desordenados no fueran a hacer estupideces.
Además, solo él tenía permitido llamar a Paul "el chico", y lo hacía únicamente en privado.
La idea del chico sobre entrenamiento era interesante, si bien poco convencional, y seguramente no era muy buen vista por otros. A diferencia de algunos de los pocos Torterras que había conocido, él disfrutaba y se regodeaba de la idea de darlo todo con un compañero de entrenamiento. Era amor de tipo duro hasta donde a él concernía. O seguías el paso o te ibas, tan simple como eso.
- "[Una lástima lo de Raichu, tenía una pequeña chispa pese a no ser una peleadora. Espero que el chico la haya curado antes de liberarla.]"
Habían pasado solo unos pocos días desde el torneo en Ciudad Fuchsia, y lo último que había visto de Raichu antes de ser liberada, y ya todo estaba más tranquilo de lo usual. Bueno, a excepción de Murkrow y Nidoking, por supuesto. El segundo no dejaba de quejarse porque no lo eligieron para un encuentro.
Aparentemente, su orgullo de rey demandaba que lo usaran para todos los combates. En serio, puras tonterías sin sentido.
Claro, él mismo tenía su orgullo de ser el más fuerte del grupo, pero sabía cuándo bajarle para evitar que se volviera arrogancia, como el Charmeleon de aquel mocoso.
- "[Empiezo a hartarme de esa especie. Uno no es más que un arrogante lleno de aire caliente, y el otro tuvo suerte con una evolución fortuita. Si no fuera por eso, la verdadera batalla habría sido entre esa Servine y yo.]"
No era odio exactamente, pero sí cierto disgusto hacia la especie de esos Pokémon de tipo Fuego. Sus dos derrotas más grandes fueron en sus garras después de todo. Era normal sentir disgusto hacia ellos por esa razón, pero la próxima vez...
La próxima vez sería completamente diferente. Ahora que entendía cómo peleaban, él saldría victorioso.
Y en cuanto a esa Servine, era muy interesante. Entre ese ella y ese Charmeleon, ella era la verdadera amenaza. Dirigió el asalto, derrotó al inútil de su compañero, bloqueó sus ataques de maneras inteligentes... si no estuviera con aquel mocoso, le habría gustado de compañera.
Quizás más si ella estuviera interesada.
Soltando un resoplido ante ese pensamiento estúpido, Torterra sacudió la cabeza antes de detenerse al oír un ruido rápido que penetró en sus oídos. Movió la cabeza hacia la izquierda viendo un arbusto sacudirse. Entrecerrando los ojos, Torterra se mantuvo en guardia. Algo estaba cerca.
Cerrando la boca, lentamente cargó una Bomba Semilla, listo para lanzarla mientras se acercaba lentamente. No era lo bastante rápido para escapar si algo le saltaba encima, así que un mejor plan era derrotar a la amenaza, y luego volver con Paul.
- "[Odio interrumpir mis caminatas tan temprano, pero no tengo idea de lo que viva en estas partes. Más vale tener cuidado esta vez.]"
Moviéndose tan suavemente como podía, Torterra se acercó sigilosamente, con los ojos bien aguzados incluso en la oscuridad. Cuando el arbusto volvió a sacudirse, reaccionó disparando un proyectil hacia adelante. La semilla voló por el aire hacia su objetivo antes de ser cortada por la mitad por un brillo púrpura y siniestro.
De entre el arbusto emergió una larga y oscura cola, con la forma de una cuchilla que emitió un brillo breve antes de desvanecerse y quedar con un tono carmesí. Torterra miró con confusión antes de observar de donde vino la cola. Sus ojos se ensancharon al ver que la longitud se extendía hacia el follaje del árbol que estaba encima, donde unos ojos carmesís le observaban fijamente.
- [¿Qué?] – preguntó Torterra antes que la criatura saltara bruscamente de entre la espesura. Algunas hojas cayeron alrededor del Pokémon Hierba al encontrarse con dicha criatura enrollándose alrededor de la mitad de su cuerpo, murmurando un siseo siniestro desde su boca. Actuando rápidamente, Torterra se estampó contra un árbol, aplastando al enemigo entre la madera y él mismo, haciéndole gritar de dolor.
Rápidamente desenrollándose, el Pokémon siseó de frustración al revelar su verdadera forma. Una serpiente de color negro y algo gorda le devolvió la mirada a Torterra, viéndolo con cautela. Por toda la cara y el cuerpo, tenía marcas de color dorado y cicatrices de color púrpura por todo su cuerpo escamoso. Dos colmillos del mismo tono carmesí de sus ojos y cola parecían brillar con la baba mientras el líquido goteaba en el suelo.
- [Vaya, vaya, parece que tengo que pelear por mi siguiente comida.] – murmuró una voz femenina y siniestra desde la criatura, que se estiró. Su voz era bastante profunda y revelaba un tormento y dolor desconocidos. – [Y es uno que se ve muy apetitoso. Nunca había visto algo como tú antes.]
- [Podría decir lo mismo de ti.] – replicó Torterra, retrocediendo un poco para mantener algo de distancia entre él y su nueva enemiga. – [¿Qué eres exactamente?]
- [¿Yo? Puedes llamarme Seviper, guapetón. ¿Y tú?]
- [Torterra.]
- [Torterra...] – siseó la serpiente colmilluda, como si saboreara el nombre en sus labios. – [Suena realmente fuerte. Preferiría no tener que pelear por mi siguiente comida. ¿Qué me dices, me dejarías ir?]
Torterra entrecerró los ojos ligeramente. Tenía bastante nervio, de pedirle que la dejase ir luego de que fue ella quien lo atacó primero. Normalmente, darse cuenta que no era una amenaza para él sería suficiente para dejarlo en el pasado.
El problema, era que él no era el único que estaba en el área, y aunque no fuese una amenaza para él, nadie podía garantizar que no iría tras sus compañeros, o peor, tras el chico cuando dejara de mirar. Así que tenía que asegurarse de que eso no fuera a suceder.
Él era el líder del grupo, así como el Pokémon más fuerte de Paul, lo que significaba que debía dar la cara y protegerlos del peligro, si llegaba a eso. Así, avanzó de frente, dejando sus intenciones bien claras.
- [¿Es tu respuesta, muchachote? Bueno, supongo que debo disfrutar un poco de diversión.]
Su cola volvió a asumir el brillo venenoso de color púrpura, antes de lanzarse hacia él. Su respuesta inmediata fue levantar un muro de Filo de Roca para que actuase como un escudo. La escuchó sisear de dolor luego de su ataque fallido, y se deslizó alrededor de la pared de roca tratando de buscar otro ángulo para poder atacarlo.
Si era un tipo Veneno (y probablemente lo fuese), quizás bastaría con un buen Terremoto para dejarla fuera de combate. El problema era que no quería molestar a Paul mientras dormía, o alertar a los demás, y la sacudida de la tierra definitivamente haría eso. Así, continuó levantando pilares de roca filosa en el camino de Seviper.
Para su sorpresa, se movió con gran agilidad, evitando las rocas filosas con velocidad y elegancia, y acercándose para ponerse a tiro muy pronto. Sabiendo que no podía esquivar su ataque inminente, preventivamente activó Maldición para incrementar su defensa, y una vez Seviper se puso a tiro, alzó su cola y se preparó para golpearlo en la cabeza.
Él movió su peso solo un poco, para que la Cola Venenosa lo golpeara en un costado. Pese a que no se vio afectado por el veneno, todavía sintió el piquete del ataque, e inmediatamente disparó una Bomba Semilla a quemarropa directo a su cara para alejarla, seguida de otra ronda de Filo de Roca que esta vez no pudo esquivar.
Seviper volvió a erguirse y él alcanzó a ver lo que parecía una sonrisa en su rostro.
- [Impresionante. No estoy acostumbrada a que mis presas sean capaces de pelear contra mí.]
- [Elegiste la presa equivocada hoy.] – replicó Torterra. – [Y me temo que no puedo dejar que te escapes.]
- [Oh, no planeo hacerlo. Esto es demasiado excitante para dejarlo a la mitad.]
Volvió a lanzarse contra él, alzando de nuevo su cola, aunque esta vez el brillo cambió a una sombra más negra-púrpura oscura. De nuevo, esquivó sus pilares de Filo de Roca deslizándose alrededor de ellos, y él activó una segunda Maldición para soportar el golpe de martillo que le asestó.
Por alguna razón, sin embargo, lo sintió más fuerte que el anterior. No estaba cargado de veneno, pero lo golpeó con más fuerza y hasta lo hizo retroceder un poco. Sin embargo, él la miró desafiante y contraatacó con otra Bomba Semilla hacia su rostro, que ella esquivó serpenteando su cuerpo, y todo el tiempo manteniendo una sonrisa de deleite.
Y con esa sonrisa, de pronto vino un resplandor en sus ojos.
Él sintió una especie de corriente eléctrica recorriendo su cuerpo, haciendo temblar sus extremidades y que se le quedaran entumidas. Trató de moverse hacia adelante, pero sus patas no respondían a sus órdenes.
- [Qué demo...]
- [Sorpresa, muchachote. Nadie me gana en concursos de miradas. Pero te aplaudo por intentarlo.]
Miradas... por supuesto. Había usado el movimiento Mirada de Serpiente para paralizarlo. De inmediato procedió a enrollarse alrededor de su cuerpo una vez más, tratando de estrangularlo. Él se habría deshecho de ella la misma manera, pero con sus miembros paralizados, se vio incapaz de hacerlo.
Eso no quería decir que estuviera indefenso, sin embargo.
Una vez que el cuerpo volvió a responderle, sus ojos se fijaron en la punta de su cola, la única parte del cuerpo de Seviper que podía ver mientras continuaba apretándolo. Se le haría difícil presionarlo de esa manera, pero no quería esperar a que se cansara, así que abrió la boca y la mordió tan fuerte como pudo.
No era exactamente el movimiento de Triturar, pero haría el trabajo. Quizás podía reaprenderlo más tarde, ahora que gracias al chico había roto su límite.
La serpiente volvió a sisear de dolor, desenrollándose de su cuerpo tratando de alejarse, pero él apretó su mordida. Él no podía mover su cuerpo, pero sí sacudir su cabeza de lado a lado lo suficiente para darle su castigo.
Y así lo hizo, hasta que la parálisis lo volvió a golpear, obligándolo a soltarla.
Los dos se miraron desafiante una vez más. Había recibido una buena paliza, pero estaba muy lejos de ser derrotada. Si no fuese porque lo veía como bocadillo, probablemente sería una buena compañera de entrenamiento.
Aunque esta pelea se estaba alargando demasiado para su confort. Si no fuese porque estaba tratando de evitar despertar a Paul, probablemente ya la habría terminado, y tenía que acabarla antes de que cualquiera de los demás vinieran y se burlasen de su pequeño predicamento.
Para compensar por la falta de movimientos antes de romper su límite, Paul le había enseñado cómo utilizar sus ataques de maneras diferentes. Aparte de Trampa de Rocas (que infortunadamente sería inútil ahora), le había enseñado a usar Filo de Roca de dos maneras diferentes. Una era la usual de invocar los pilares rocosos desde el suelo. Esta versión era mucho más fuerte y servía también como una defensa al poder usar los pilares como un escudo contra los ataques físicos.
La otra era invocar las piedras en el aire como fragmentos flotantes, y dispararlos en una ráfaga veloz. No tan dañina como la otra, pero le daba un rango de ataque más amplio, y era útil contra oponentes en el aire (como Murkrow podía atestiguar. Esta vez, eligió la segunda.
No importaba lo ágil que pudiese serpentear Seviper; la ráfaga de piedras filosas aseguraría que lograra acertar algunos cortes. Ella se vio forzada a retroceder y usar su Cola Venenosa para repeler las esquirlas y escudarse la cara. No parecía tener ataques de largo alcance, así que mientras la mantuviese lejos, no podría hacerle nada.
Infortunadamente, la parálisis le golpeó de nuevo, deteniendo su asalto y dándole otra abertura para contraatacar. Todavía con la Cola Venenosa activa, comenzó a acuchillarlo repetidamente, dejando un rastro púrpura detrás con cada golpe. Logró soportar los golpes bien, pero se estaba volviendo demasiado molesto para su gusto.
- "[Lo siento por esto, chico.]" – pensó, levantando sus patas delanteras para un poderoso pisotón.
Como era de esperarse, su Terremoto fue lo bastante poderoso para sacudir todo a su alrededor: algunas piedras se agrietaron, los árboles se sacudieron y despertaron a los Pokémon que dormían en ellos, haciendo que huyeran por sus vidas.
- ¡O sea, oh Dios mío! ¡La tierra está totalmente temblando! ¡Despierta y échate debajo a la mesa, o algo así!
Y si el Terremoto no había despertado a Paul, la voz del dispositivo definitivamente lo hizo. Se preguntaba por qué había empezado a hablar de ese modo.
Pero con toda certeza, una vez que el temblor se detuvo un minuto después más o menos, el chico de pelo morado vino corriendo para ver cuál era el alboroto. Algunos de los otros también venían: Nidoking, Murkrow y Hypno, cada uno con una expresión de sorpresa en el rostro.
- Torterra, ¿qué está sucediendo? – preguntó el humano, antes de dirigir su mirada hacia Seviper, y apuntar su dispositivo hacia ella.
- ¡Oh, ese es un Seviper! ¡O sea, un Pokémon serpiente venenosa de la región de Hoenn! ¡Le encanta estrangular a sus víctimas y envenenarlas con su cola y colmillos, lo que es, o sea, guácatelas!
- Un Pokémon de Hoenn, ¿aquí en Kanto? – dijo Paul, antes de voltear a ver a Seviper, y sonreír de una manera que Torterra conocía muy bien. – Espera, ¿no te habrás escapado de la Zona Safari?
Torterra miró a Seviper, que parecía ligeramente confundida, como si Paul hubiese dado en el clavo. Tendría sentido; después de todo la razón de que su muchacho hubiese entrado a ese torneo en primer lugar, era para acceder a la llamada Zona Safari, y capturar Pokémon que normalmente no se encontraban en la región.
Por supuesto, habían perdido la oportunidad, pero seguramente no vería esto como un mal premio de consolación.
- Y por lo que veo, te estaba dando problemas, ¿no?
Torterra no pudo más que gruñir, pero evidentemente las marcas de la pelea que estaban teniendo todavía seguían allí, así que no podría negarlo aún si quisiera. Entretanto, la sonrisa seductora y burlona de Seviper parecía haberse desvanecido, especialmente cuando vio que Paul sacaba una de sus esferas rojas y blancas y la agrandaba.
Parecía saber lo que le venía y trató de alejarse, pero él le estampó la pata sobre su cola, evitando que huyera. Ella apenas volteó a verlo, y esta vez fue él quien le sonrió.
- [Ni lo intentes.] – le susurró. – [Pero alégrate; si mi amo te juzga lo bastante buena, no tendrás que pelear nunca más por tu alimento.]
Y un segundo después, Paul arrojó la esfera, succionando a la serpiente dentro de ella. Pasaron unos segundos que estuvo tratando de luchar para salir, pero finalmente no pudo más y terminó capturada. Ya que tenía un slot vacío en el equipo, la esfera no se transportó al lugar donde mantenía al resto, e inmediatamente levantó de nuevo el dispositivo sobre esta.
- ¿Oh, qué pasa? Ah, quieres saber qué puede hacer esta larguirucha. Bueno, o sea, conoce Cola Venenosa, como ya te dije, Mirada de Serpiente, que te petrifica, huy, Envoltura, para estrangularte, y Castigo, que entre más te buffees, más daño te hace. Oh, y su habilidad es Muda de Piel, para quitarse de encima cosas como quemaduras y parálisis.
- Hmph, pues no está tan mal. Con algo de entrenamiento y algunos nuevos movimientos podría ser útil. – Paul guardó la esfera en su bolsillo antes de acercársele. – No sé cómo fue que terminaste peleando con ese Seviper, pero me facilitaste atraparlo. Buen trabajo.
Acto seguido, sacó uno de esos recipientes que usaba para curarles las heridas, empezando a rociarlo, mientras los demás solo lo miraban. Seguramente querrían saber lo que había pasado con Seviper. Ya tendría mucho tiempo para contarles después.
Sin embargo, ahora tenía ganas de disfrutar del momento. Especialmente ya que no se veía molesto por haber sido despertado.
(--0--)
Un poco más tarde...
Los humanos que conocían a Paul probablemente encontrarían difícil de creer que él disfrutase de algo tan aparentemente aburrido como mirar las estrellas.
Él no creía que fuese aburrido. Más bien, le daba bastante oportunidad de pensar un poco, algo que no venía mal luego de ser atacado por un Pokémon en busca de un bocadillo nocturno.
- Un Seviper... supongo que uno es mejor que ninguno. – comentó Paul. – Tuvimos suerte de quedarnos un poco más en el área.
Él por su parte asintió. Sabía que Paul no entendía lenguaje Pokémon, pero los dos llevaban suficiente tiempo juntos como para comunicarse en cierto nivel. Aunque generalmente, era el chico quien hablaba, mientras él escuchaba. No que eso estuviera mal; en realidad le gustaba oír lo que tenía que decir.
- Aun así, no tengo ganas de seguir por aquí más de lo necesario. – continuó Paul. Luego sacó de nuevo su dispositivo y comenzó a presionarle sus botones. – Hey, abre la función de GPS.
- O sea, ¿hello? ¿No podrías pedirlo con cortesía?
- Solo hazlo. – insistió el chico. – Y dime cuáles son los gimnasios más cercanos.
- Huy, qué delicado. – dijo el dispositivo. – Ah, veamos, está el gimnasio de Ciudad Matcha, especializado en Pokémon de tipo Luchador. Ese, o sea, estaría entre los ocho mejores de Kanto si no fuera por esos rumores taaaaaann creepy de Saffron. Pero un poco más cerca el de Pico Doncella, aunque ese tiene fama de ser lleno de espantos, digo.
¿Lleno de espantos? Torterra se preguntaba qué podría significar eso. El muchacho parecía sopesar sus opciones, quedándose en silencio mientras observaba la pantalla del dispositivo, hasta que finalmente lo cerró.
- Tal vez podamos ir a ambos. Iremos al de Pico Doncella mañana a primera hora. – Acto seguido, Paul se recostó al lado de Torterra. – No te molesta vigilar mientras duermo, ¿verdad?
- [Por supuesto que no, amo.] – replicó él, aunque sabía que Paul no entendería las palabras exactas, su mensaje era claro.
- Bien, cuento contigo para mantener a raya cualquier intruso. Buenas noches. – dijo antes de cerrar sus ojos.
No pasó mucho antes de que su entrenador volviera a dormirse. Este era un lado de su entrenador que muy pocos, humanos o Pokémon, podían ver. Por lo general, se mostraba frío, duro y totalmente carente de emociones, y al momento de entrenarlos o darles órdenes en batalla se mostraba implacable.
Por eso, verlo de este modo, tranquilo y pacífico, y hasta cierto punto vulnerable, era una vista muy rara. Ese era un lado que no le gustaba que nadie viese, a menos que le tuviese un cierto grado de confianza.
Por esa misma línea, eso le decía a Torterra que esa petición de mantener a raya a cualquier intruso era una forma sutil de decir que confiaba plenamente en él. Y no tenía intenciones de fallarle en ello.
Su entrenador podría no ser la persona más alegre o afectuosa del mundo, pero eso no significaba que no tuviera sentimientos. Había una razón por la cual priorizaba la fuerza por encima de todo, y cuando ellos lograban cumplir con sus expectativas, sabía recompensarlos. Eso desde luego llevaba tiempo, y requería mucho trabajo y sudor; él mismo lo experimentó de primera mano. Pero nunca desfalleció en ningún momento, e incluso las pocas veces que fue derrotado, nunca permitió que su oponente se fuese limpio.
El chico lo notó, y siempre reconoció su esfuerzo. Podría ser duro, a veces hasta rayando en despiadado, pero era justo siempre y cuando fueras capaz de seguir el ritmo de su entrenamiento. No todos podían hacerlo, obviamente; solo los más fuertes como él lo lograban, y quienes no pudiesen seguir el ritmo se quedaban en el camino.
Pero una vez que la confianza se solidificaba, se mantenía a ambos lados. Él confiaba en el poder y habilidades de sus Pokémon, y ellos confiaban en él y su juicio para tomar las decisiones.
Así, él siempre pagaría a su entrenador con lealtad y trayéndole resultados. Debía seguir incrementando su fuerza, y ganando batallas para él. Era lo que intentaba hacerle ver a los otros, era su responsabilidad como líder del grupo.
No se lo había dicho a Nidoking durante el entrenamiento, pero ya iba en buen camino de engraciarse con Paul, desde que derrotó al Pikachu del mocoso, y posteriormente tras su desempeño en el último Gimnasio donde pelearon. Después de los tropiezos de Raichu, pudo darle la vuelta al encuentro y estuvo a punto de ganar antes de caer a manos de ese Venomoth, y dejar el camino para que Hypno sellara el encuentro. Quizás si tenía oportunidad de lucirse al día siguiente podría solidificar la confianza del chico.
Ya el tiempo diría si Paul aplicaría lo mismo con Seviper. Él por su parte, esperaba que sí. Incluso aunque había intentado comérselo, fue una oponente formidable, y eso él lo respetaba. Pelear lado a lado con un antiguo oponente siempre era una experiencia interesante.
Con esos pensamientos, tuvo que luchar para evitar quedarse dormido. Después de todo, tenía que vigilar a su entrenador. Hoy había sido una noche interesante, y mañana quizás amanecería para ser un día igual o más interesante todavía.
FIN
(--0--)
EXTRA (canon): El nuevo rol de Seviper.
Este había sido un irónico giro de acontecimientos.
Ella era una depredadora, acostumbrada a cazar su propio alimento, acechando desde las sombras en busca de su presa cuando menos se lo esperase. A veces, incluso aunque no estuviese hambrienta, lo hacía únicamente por la excitación de la cacería, la sensación de deleite al provocar el miedo en su presa.
De hecho, la razón por la cual se había escapado de ese pequeño confinamiento, en ese espacio que los humanos llamaban "Zona Safari", era porque allí no podía cazar tan a sus anchas como le habría gustado. Aquel viejo humano vigilaba que ella no se saliera de su territorio a buscar nuevas presas, y tenía que conformarse con lo que le dejaban para alimentarse.
Por eso decidió tomar su oportunidad en cuanto pudo escurrirse fuera de los límites y salir al mundo. Para lo que le sirvió, pues apenas unos pocos días después cometió el error de intentar cazar a una presa demasiado fuerte para ella.
- [¿Te lo vas a comer o qué?]
Mirando a su alrededor, vio a los que ahora eran sus compañeros de equipo rodeándola. Todos estaban comiendo de platos que el muchacho humano les había dejado. El que le habló fue Torterra.
Seviper siseó un poco en respuesta, antes de observar su propia ración.
- [¿Siempre comen tan... escasamente?]
- [Para nosotros es suficiente.] – replicó Torterra. – [A menos que tengas problemas con el sabor.]
El sabor no era ningún problema. Viéndolo por el lado amable, no tener que pelear por su alimento significaba que no se moriría de hambre. Por otro lado, el chico decidía cuándo y cuánto les daba de comer, lo que usualmente significaba que les daba solo lo necesario, nada más, nada menos.
Y no atrapar la comida por sí misma definitivamente no era igual de divertido. Sin mencionar que era un poco molesto no poder comer todo lo que quisiera o cuando quisiera.
- [Más vale que te comas tu parte. Si no lo haces, no podrás pelear, y el amo no estará complacido.] – insistió la tortuga.
- [¿Y eso sería algo malo?] – preguntó burlonamente. – [¿Qué es lo peor que podría hacerme, liberarme?]
Si la liberaba, podría irse por su cuenta y volver a cazar como siempre lo hacía, aunque de nuevo, había una ínfima posibilidad de ser atrapada por algún otro humano.
- [Créeme, te irá mejor si aceptas tu nuevo rol. Si tienes un buen desempeño, el amo te recompensará. Si eres capaz de seguirnos el ritmo al resto de nosotros, encajarás muy bien.]
Seviper miró alrededor. Alguna vez, estar rodeada de tantos Pokémon grandes y fuertes habría sido un mal presagio, pues significaba competir por territorio y comida. Podía arreglárselas bien sola.
Pero admitiéndolo, su pequeña pelea con Torterra fue entretenida, y el pensamiento de poder pelear con los otros no era un mal sustituto. Quizás había encontrado un nuevo tipo de excitación.
- "[Quizás pueda acostumbrarme a este nuevo rol.]"
Con eso en mente, decidió comerse su ración como estaba. Aunque no estaba muy entusiasmada con obedecer a un humano, podía quedarse un tiempo y ver cómo resultaban las cosas. Y había algo en el chico que le inspiraba cierto respeto, por razones que no podía explicar.
Con el tiempo, probablemente podría adaptarse a su nueva situación, y quizás hasta le llegase a gustar.
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