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CAPITULO LV. Invitación

Una semana y media había pasado desde la charla con el Hokage. Todo transcurría con normalidad, durante ese tiempo apenas y habían convivido un poco, Sakura tenía mucho trabajo en el hospital y Naruto estaba ocupado ayudando al sexto. La agenda estaba apretada para ambos, y aunque la pelirrosa no tenía asignada ninguna misión próxima el rubio no corría con esa suerte, por el contrario, debía partir al día siguiente.

Como adultos comprendían sus obligaciones como shinobis, pero como amantes deseaban que todo fuese distinto y poder convivir más, como esa última semana.

«Odio la vida adulta»

La médico regresaba a su consultorio por el pasillo de hospital. Miró su reloj de mano, 11:32 PM. Estaba agotada, esa semana había estado llegando a las 6:00 AM y se iba pasada la media noche. Suspiró para relajarse un poco, un bostezo escapó después, tenía sueño. Su estómago gruñó, cierto, se había saltado el almuerzo y la cena, también tenía hambre. Deseaba llegar a su casa y tomar un baño caliente para después dormir un poco. Apenas era lunes, todavía faltaban cinco días más de trabajo para su merecido descanso, ese del que se había tenido que privar la semana anterior por la carga de trabajo.

Justo antes de dar vuelta para toparse con su consultorio escuchó un par de voces que no logró ubicar a la primera, conforme se acercó y logró divisar a los portadores un sentimiento extraño la invadió.

—           Sakura-San, la hemos estado buscando. — Comentó la castaña de ojos aperlados con una sonrisa de alivio mientras se inclinaba en su dirección.

—           Hanabi, Hiashi-Sama, ¿a qué debo su grata presencia?

—           Haruno-San, queremos informarle que ya tenemos todo listo para la cena en su honor. Se llevará a cabo el día sábado a las 8:00 PM en la mansión de nuestra familia. — Dijo el Hyuga extendiéndole un sobre.

—           Oh… Ya veo, pero el sábado no podré, mi turno termina bastante tarde. — Comentó con tranquilidad aunque en el fondo pensó que lo habían echo a propósito.

—           No debe preocuparse por eso, hablé con el Hokage al respecto, alguien llevará a cabo sus labores ese día para que usted pueda disfrutar de la ceremonia. — Expuso con seriedad.

Sakura elevó ambas cejas, vaya que se estaban esmerando en enmendarlo, pero en el fondo sabía que solo era para guardar la apariencia de su clan, así era la rama principal Hyuga.

—           Gracias, no se hubiese tomado tal molestia.— Respondió solo por cortesía.

—           No lo fue señorita Haruno. Es todo de nuestra parte, nos vemos pronto.

Tras una corta referencia salieron del lugar. Los miró perderse entre las paredes del lugar y sin más entró a su consultorio leyendo el papel entre sus manos.

—           ¿Planeas acudir a ese lugar?— La voz del rubio la sobresaltó, no lo había visto.

—           Naruto, ¿qué haces aquí? — La sorpresa era evidente.

—           No nos hemos visto mucho últimamente, pronto partiré a la misión, serán mínimo cinco días sin estar a tu lado. — Explicó antes de rodearla con sus brazos. — Además no me agrada la idea de que vayas a esa casa.

—           A mí tampoco, pero estoy segura que Lady Tsunade tiene algo en mente. De lo contrario no habría insistido solo porque sí. — Argumentó.

—           No lo sé, todo esto ha sido muy extraño. Realmente quisiera que Hinata tuviera un castigo por lo que hizo no simplemente ofrecer una ceremonia costosa. — Admitió con el ceño fruncido. — Además, no sé si podré estar presente para cuidarte.

—           Descuida, la vida misma se encargará de darle su merecido — Le miró— Y yo puedo cuidarme sola, no te preocupes por eso.

Sakura comenzó a tomar sus pertenencias y acomodar un poco los documentos, ya deseaba estar en casa. El Uzumaki no dijo nada, no estaba convencido pero no podía oponerse.

—           ¿Terminaste por hoy?— Interrogó el rubio.

—           Sí, estoy estresada.

—           Te acompaño.

Caminaron juntos a paso lento hasta la casa de la ojiverde, el camino se les hizo corto entre charlas y cumplidos, se estaban entendiendo muy bien. Cuando llegaron a la puerta el rubio dejó de avanzar.

—           ¿Qué sucede? ¿No vas a pasar? — Preguntó la pelirrosa.

—           ¿Puedo? — Dijo el chico rascando su nuca.

—           Vamos Naruto, no actúes como un desconocido justo ahora. — Expuso entonando los ojos con gracia.

—            Oh, es que estos días has estado algo distante, pensé que necesitabas tu espacio. — Murmuró con la vista en el piso.

Sakura frunció el entrecejo, si bien apenas y se habían visto esos días no era por que le irrita el chico sino porque ambos habían tenido mucho trabajo.

—           No digas tonterías Naruto, ambos hemos estado ocupados— Aclaró.

—           Lo sé, pero no me invitaste a dormir contigo. — Dijo por lo bajo. Sakura elevó las cejas.

—           ¿Invitarte? ¿Necesito hacerlo a estas alturas? No seas tonto— Expuso con burla dándole un golpecito en el pecho. — Puedes quedarte cuando quieras. — Dio media vuelta y caminó dándole la espalda al Uzumaki. — Incluso… — Se detuvo para mirarlo sobre su hombro con un ligero rubor.— Incluso podrías mudarte conmigo si lo quisieras…

[…]

Ya había llegado el no tan esperado sábado, la ojiverde se encontraba frente al tocador arreglando su peinado, no faltaba mucho para que partiera a la mansión Hyuga dónde se llevaría a cabo la cena en “su honor”. Naruto había partido el martes por la mañana haciéndola sentir aún más sola. No por el echo de no acudir con ella a la dichosa ceremonia, de cualquier manera el Uzumaki no tenía ganas de ir y no planeaba obligarlo, estaba más que enfadado con esa familia, especialmente con Hinata, no quería verla ni topársela así que fue una fortuna que tuviese su misión asignada.

Aunque no estaría del todo sola pues algunos de sus compañeros y maestros estarían ahí, incluso Ino pasaría por ella para no llegar solas.  Tras un largo suspiró dio por terminado su labor satisfecha con el resultado.

Escuchó sonar el timbre de la puerta principal, se fijó en la hora, ya eran las 7:42 PM, dedujo que debía ser la rubia quien la buscaba. Tomó su bolso y bajó las escaleras, tras un “Voy” se apresuró a abrir. En efecto, era su amiga Yamanaka quien llamaba.

—           Vaya frentona, una ducha puede hacer milagros. Luces como una puritana sensual.

Bromeó alagando a su amiga quien vestía un ajustado vestido rojo de cuello alto y sin mangas con un par de tacones en color nude que resaltaban su blanca piel. Llevaba el cabello suelto con un pequeño recogido lateral que le hacia mostrar su fino perfil.

—           Entonces te hubieses bañado para ver si lograbas verte igual que yo. — Le guiñó un ojo antes de comenzar su andar.

La rubia rodó los ojos mientras se cruzaba de brazos y le seguía el paso. Algunas personas volteaban la vista a ellas, eran jóvenes talentosas y hermosas, más de uno suspiraba por el par de mujeres fantaseando con acercarse a ellas. Ino era la más risueña y coqueta, le divertía ver a los chicos morir por ella sin tener ni una pisca de oportunidad. Sakura solo negaba ante el comportamiento de su amiga pero la gracia del momento no desaparecía.

En cuanto llegaron a la mansión Hyuga algo de incomodidad invadió a la médico y la hizo frenar de golpe, realmente no quería estar en ese lugar. Después de todo había planeado una venganza pero todo se vino abajo cuando los altos mandos se enteraron de lo acontecido. Hizo una mueca de desagrado dispuesta a regresar pero cuando estaba por girar una mano la detuvo.

—           Ah-ah. Ni lo sueñes Sakura, ya estamos aquí, además tú eres la víctima no debes avergonzarte por nada. — Le dijo la rubia.

—           Es un fastidio tener que estar aquí. — Exclamó cerrando los ojos con fuerza.

—           Tengo experiencia en tratar con personas que se fastidia por todo así que no te preocupes por eso. — Expuso con burla al recordar a su ex compañero de equipo. — Andando.

[…]

—           Hinata, hermana, Sakura-San ya está aquí, nuestro padre solicita tu presencia de inmediato. — Informó la castaña desde la puerta.

—           ¿Y Naruto-Kun? ¿Él también está aquí? — Preguntó viendo a su hermana a través del espejo del tocador dónde estaba sentada, un ligero brillo cruzó su mirada.

—           No, él no ha llegado. Realmente no creo que venga. —Respondió con sinceridad.

—           Entonces no me interesa. — Volvió su atención a ella mientras cepillaba su cabellera.

—           Nuestro padre a mandado por ti, no hagas esto más difícil, ya le has hecho pasar muy malos ratos. — Pidió con ojos suplicantes.

—           Nadie pidió tu opinión Hanabi, deja de arrastrarte para quedar bien con nuestro padre. — Dijo con veneno.

—           ¿Arrastrarme?— Preguntó con indignación a quien ella solía idólatras.— ¿Lo dice la que ha cometido crímenes para que un muchacho la voltee a ver? Eres la vergüenza del clan Hinata, deja de humillar el apellido de nuestra familia y obedece a nuestro padre.

La castaña dio la vuelta para posteriormente cerrar la puerta dejando a la pelinegra al borde del llanto. Preguntándose por qué nada salía a su favor. Empuñó las manos con coraje y limpió una lágrima antes de salir.






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