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Capítulo 17

Pero los pensamientos de Ink eran ocupado principalmente por Error, por las ganas de ir con él, se arrepentía un poco de haber escapado de la casa, pero las circunstancias lo requerían, sí o sí. No tenía la consciencia tranquila, no sabía como podría sobrevivir, pero haría todo lo posible, no es tan difícil intentar olvidar las cosas si no piensas en ella. Pero no podía dejar de pensar en Error.

No, no podía permitirse ahogarse en sus sentimientos de querer regresar allí, debía continuar, no podía ser tan débil, no podía rendirse tan pronto. Ya había vivido situaciones peores y había salido adelante, esto no sería ningún reto para él. O eso pensaba. Igualmente, debía luchar por conseguir un futuro y no hacer como cuando vivía en la calle, no podía simplemente espiar a una persona, debía trabajar.

Con eso en la mente, abrió la puerta designada, la veintiuno, mientras veía toda una habitación en oscuridad, no se veía nada.

Con la mano temblorosa, buscó el interruptor con rapidez, moviendo la mano por toda la superficie de la pared, hasta hallarlo. Con uno de sus dedos lo pulsó, encendiendo así las débiles luces que alumbraban la pequeña habitación llena de polvo.

Los ojos de Ink se aguaron al ver el basurero en el que se hallaba. El polvo no era lo peor, sino las condiciones en las que se encontraba. Las paredes eran de un marrón intenso, llenas de polvo con un poco de moho en las esquinas. Unas cucarachas del tamaño de una canica se movían por allí, asqueando al pintor, que esbozó una mueca de disgusto. El suelo tenía unas cuantas manchas junto a polvo que no había sido limpiado.

Era una habitación muy pequeña, con una cama que desprendía un horrible olor a podrido y un fogón junto a un frigorífico en el otro costado. Había una puerta en un extremo, que conducía a un baño que no había sido limpiado en meses. El olor era nauseabundo, pero el pintor debería aguantar allí, con tiempo y dinero podría arreglar esa habitación y convertirla en un agradable lugar.

Pero por ahora, debería dormir en suciedad, con las ganas de vomitar en la punta de la lengua. Con un poco de temor, se acercó al fogón, mientras observaba como ese objeto era el único que estaba limpio, el único que no era víctima del polvo que había sido acumulado allí. Acarició con su mano la superficie del fregadero, mientras notaba como estaba limpio. Suspiró de alivio, no tendría que lavarse las manos por eso. No por ahora.

-Esto será difícil...-Murmura mientras acomoda su maleta en el suelo junto a un armario en el que guardaría la ropa y algunas de sus pinturas. Con lentitud, fue guardando todos los lienzos bajo su cama, no quería que fueran vistos por nadie, así que bajo esa horrible cama sería la mejor opción.

Lo primero que debía hacer sería buscar un trabajo, de camarero quizás. No podía valerse solamente de los cuadros, además ahora con la ropa que poseía alguien lo aceptaría. Pero antes debería comprar comida para sobrevivir esa semana, y eso sería lo que haría. Abrió el maletín y sacó de él unas deportivas y un conjunto color crema. Entonces recordó.

Ese era el conjunto que había utilizado en su primera 'cita' con Error. Con un nudo en la garganta empezó a desvestirse, mientras se iba colocando poco a poco el jersey y los pantalones junto a las deportivas. Intentaba no recordar a Error, pero todo le recordaba a él, era imposible no recordarlo.

Con él se había dado su primer beso.

Ya preparado, tomó la cartera. No podía gastar mucho dinero, por ello solo cogió veinte dólares, con eso debería comer para toda la semana. Suspiró de nuevo, tendría que aprovechar mientras comprase para ver ofertas de trabajo en restaurantes o cosas así. Solamente necesitaba dinero, con el suficiente dinero podría sobrevivir una temporada en ese lugar de mala muerte.

El esqueleto, una vez cambiado de ropa, se levantó de la cama donde se había sentado y se dirigió as la puerta, mientras cerraba con llave. Menos mal que él era muy ordenado y le costaba perder las cosas, aunque no siempre era así. Salió del pasillo en el que se encontraba su cuarto y se dirigió a las desalineadas escaleras por las que bajó y llegó a la planta baja. Allí seguía el tipo de antes, pero ahora estaba dormido.

Tomó la perilla y abrió la puerta que le permitiría poder ir al supermercado más próximo al lugar donde se encontraba ahora mismo. Las personas, es decir monstruos, iban vestidos de forma bastante mala, con prendas bastante mugrosas y rotas, cosa que asustaba mucho a Ink, que intentaba pasar desapercibido, pero su ropa llamaba bastante la atención.

Sus pasos eran rápidos, pero no firmes, temía las consecuencias de meterse en ese barrio tan oscuro, no quería ir por esa zona, pero era su única alternativa, ¿no?

Era complicado ir por allí sin temblar. Hacía años que no vagaba por esos lugares, y eso le hacía sentir incómodo, nunca había sido de ese tipo de personas, no los criticaba pero nunca sería como ellos. Nunca le interesó fumar, beber alcohol o drogarse, consideraba que era muy malo para su salud, la cual cuidaba con todo lo que tenía. Siempre pensó que la vida era el mejor regalo que te podrían dar, y no quería perder ese regalo por unos descuidos que tal vez serían accidentales.

Las calles, aún caminando metros y metros, seguían siendo bastante oscuras y solían estar muy sucias. Ink caminaba con la cabeza gacha, intentando no ver a la gente que lo miraba con odio, incluso sin conocer a nadie. El olor a basura era muy notable, y habían bastantes callejones sin salida, donde Ink no quería ni pisar. De pequeño había leído muchos libros y en ellos solían pasar cosas malas en esos lugares, cosas como bandidos que te atacan o roban, cosa que no le agradaba nada al pintor, que evitaría como pudiera lugares demasiado sospechosos.

A lo lejos, un edificio rojo con grandes ventanales se alzaba, un edificio impecable, pulcro, con una fila de carros de la compra enfrente: era un supermercado. Ink sonrió, mientras caminaba apresurando el paso para poder llegar antes al edificio. Parecía un supermercado de clase media, pero no le daba muy buena espina por estar colocado en un barrio de clase baja, si se puede considerar de esta manera.

Caminó desconfiado hasta llegar a la puerta, que era automática, y entrar con una sonrisa, intentaba demostrar que era feliz, cuando no lo era. No podía ser feliz en las condiciones en las que se encontraba, aunque fingía bastante. Con sus rápidos pasos, entró, sorprendiéndose al ver que en verdad ese supermercado era de clase media, incluso personas que no pertenecían a ese barrio compraban alimentos.

-Menos mal...-Murmuró mientras caminaba un poco menos tenso por los pasillos del supermercado que no era ni grande ni pequeño, era medio, como los típicos que se encuentran en las calles que no son ni muy habitadas ni poco habitadas, uno de los típicos que tenía un montón de alimentos, desde bollería hasta carne, desde salsas a refrescos.

La gente lo miraba de reojo, pero no le decían nada, sabían que algo ocultaba ese esqueleto con una gran sonrisa, una sonrisa que era falsa y todos lo habían notado. No iban a decirle nada ya que no lo conocían, pero la gente es así. Se fija en la vida de los demás y no se preocupan de la suya misma.

Ink no sabía que podría comprar porque no tenía suficiente dinero, debería administrarlo. Con dos botellas de agua no podría sobrevivir toda la semana, debería comprar unas cuantas más, podría comprar también comida preparada, así no perdería tanto dinero y podría comer por toda la semana. Su organización para comprar no era muy buena, que digamos.

-Debí haber preparado la lista en 'casa'.-Gruñe el pintor mientras echa al carro cuatro botellas de agua y cuatro paquetes de comida instantáneo, o bueno, comida ya hecha que solo necesitaba ser calentada en el microondas. Miraba a todos los alrededores, buscando ofertas, buscando lo que fuera más barato, pero aquel día no tenía tanta suerte, casi todo estaba caro, demasiado caro.-No entiendo por qué las cosas me salen tan mal.

Decidió ignorar esos pensamientos y con diez objetos decidió ir a la caja registradora, donde había una corta fila de unas tres personas. El pintor se situó allí, esperando a que llegara su turno. Pero mientras miraba hacia las ventanas vio a uno de los sirvientes de la mansión donde residía Error, y sabía que lo estaban buscando, lo sabía porque los sirvientes nunca salían de la casa, solo las cocineras para comprar alimentos. Ese sirviente miraba hacia todos los lugares, seguramente en busca de algún indicio del escondite del pintor.

Con temor, salió de la fila rápidamente, intentando buscar algún lugar donde esconderse, pero ese lugar era puro ventanal, así que su única escapatoria sería ir a los baños, allí no habrían ventanas y podría esperar un tiempo hasta que se fuera el sirviente.

Corrió sin contemplaciones hasta que pudo observar las puertas de los baños. Había dejado su bolsa al encargado de la caja registradora, quien aceptó guardar sus compras. Abrió con suavidad la puerta que dirigía al baño de los hombres, entrando así para dirigirse a lavarse la cara. Soltó el aire que había acumulado al sentir la presión de poder haber sido descubierto, pero por suerte, había podido esconderse a tiempo.

Pero ahora debía ir a comprar con cuidado, le estarían buscando durante un tiempo, y eso significa no tener tanta privacidad, debería ser más listo que sus cazadores, debía planear siempre que saliera a trabajar, si es que consigue un trabajo, y cada vez que saliera a comprar, sino, tendría el riesgo de volver a un lugar al que no tenía ganas de ir.

El silencio reinaba en ese lugar, era la única persona que se encontraba en los baños de ese supermercado, y lo asustaba un poco, no quería regresar, quería quedarse encerrado allí para siempre, olvidar sus problemas, su situación económica y su amistad rota. Le dolía decir amistad rota, pero era la verdad, no creía que Error quisiera ser su amigo después de esto, o eso pensaba.

Un rato después, tomó aire y entreabrió la puerta, asomando la cabeza y mirando por todos los vidrios posibles. El sirviente no estaba, había podido sobrevivir, no sería llevado de nuevo a esa mansión. El dolor que tenía en el pecho se desvaneció y caminó, saliendo del baño y cerrando la puerta tras él.

En la fila no habían muchas personas, solo dos, y la primera ya había pagado lo que había comprado, así que amablemente pidió al vendedor que le regresara sus compras para posicionarse de nuevo en la fila. El vendedor, como era de esperarse, sacó una bolsa que contenía todo lo que Ink había recolectado y se la pasó al pintor, que sonrió y con paciencia esperó a que el monstruo de delante acabara de colocar su comida en una bolsa de plástico.

Su turno llegó en poco tiempo, y gracias a Dios pudo pagar todo lo que compró, mientras colocaba todo en una bolsa, pues no había casi nada, solo cuatro botellas de agua y seis paquetes de comida preparada o instantánea, para después despedirse y volver a caminar por las oscuras calles, evitando el contacto visual con todo el mundo.

Su corazón latía rápido, no sabía por qué estaba tan nervioso. Quizás por la sensación de poder ser descubierto mientras hacía alguna actividad cotidiana como sería ir a comprar o trabajar en algún lugar, pero tenía que ser fuerte, no podía deprimirse por saber que lo buscaban, pues algún día se rendirían, y no pensaba que pudieran ir a buscarlo por los hoteles o moteles de la zona, y menos en uno como en el que vivía.

El camino se le hacía interminable, y eso molestaba bastante al esqueleto, que ya estaba un poco cansado por llevar esa bolsa y evitar cualquier conflicto. Otra cosa por la cual debía estar atento sería vigilar que ningún sirviente de Error lo descubriera caminando por esos lugares intentando huir de su predecible destino. Además, la lluvia no ayudaba mucho, pues había medio empapado al esqueleto.

Las calles llenas de suciedad volvieron a ser visibles para Ink, que se acercaba cada vez más a su destino: el motel en el que pasaría mucho tiempo hasta que consiguiera un trabajo decente, y con ello mucho dinero y un apartamento en una calle en el centro de París, siempre había deseado un lugar junto a la sociedad y no en un lugar apartado como en el que se encontraba, era incómodo.

Suspirando, agobiado y cansado, al fin el pintor pudo llegar a su 'agradable' hogar, en el que entró con una mueca de disgusto. El encargado de proveer llaves a los visitantes del motel aún seguía dormido, cosa que alivió a Ink, que tenía miedo de tener que hablar con las personas, ya no confiaba en ellas.

Subió los escalones con rapidez, sin detenerse a pensar, no quería quedarse en mitad de un pasillo con toda la gente que podría verlo allí, pero no creía que alguien viviera en ese horrible motel, pensaba que todos preferirían gastar un poco más de dinero antes que quedarse en un lugar así. Pero él necesitaba estar allí, su situación económica no lo ayudaba en nada.

Una vez en la primera planta, se dirigió un poco confundido aún a su habitación, y confundida por no saber por dónde debía ir en ese largo pasillo, y abrir la puerta, mientras encendía la luz soltando un suspiro y guardando la llave en su monedero, cuyo guardó en un pequeño armario que estaba junto la cama. Sus ojos se entrecerraron al sentir el tono de llamada de su celular.

El celular... El que le había regalado Error, ahora sonaba, impaciente, como diciendo que tenía que atender. El pintor tomó ese rectángulo plano mientras miraba la pantalla. Iba a contestar, pero al ver de quién era la llamada colgó de mal humor, no iba a contestar ninguna llamada suya, no lo haría. Sino, sus ganas de volver con él aumentarían.

-No puede ser...-Maldice internamente Ink. Tenía cincuenta mensajes no leídos por parte de Error, y mira que necesitaba olvidarse de él, pero veía que no podía hacer nada. El empresario una vez le dijo que se podían bloquear a las personas para que no te llegaran mensajes, pero nunca le explicó como se hacía, y eso lo enfurecía un poco, deseaba poder bloquear a Error y olvidar todo sobre él, vivir independiente aunque le costara.

En un gesto de enojo, tiró el celular en la cama, calculando el tiro para que el celular no llegara a ser lastimado con el golpe, y por suerte sus cálculos no fallaron. Frustrado, él también se tiro encima del edredón sucio, mientras cerraba los ojos con intención de dormirse, pero aún era demasiado pronto, no tenía sueño en esos momentos, pero quería dejar de pensar, quería dormir y soñar algo mejor que la realidad en la que se encontraba.

No solía enfadarse mucho, pero en esa ocasión tenía ganas de destruir el mundo, pero no podía hacer nada. Tampoco podía hacer alguna estupidez, podrían echarlo del motel, y eso era lo que menos quería.

Un sollozo salió de Ink, no quería ocultar sus sentimientos, se encontraba fatal y ya no tenía a nadie que le brindara apoyo, eso era peor que estar en la calle, pues cuando se encontraba siendo un vagabundo no se preocupaba por sus sentimientos, los había olvidado hace mucho tiempo, pero ahora era diferente, había aprendido a amar, de nuevo, después de tanto tiempo pareciendo una cáscara vacía había aprendido a amar. Lo peor de todo es que dio su primer beso con la persona que le odiaba, o eso creía él.

Lágrimas empezaron a descender por el rostro de Ink con una gran rapidez, sollozaba en voz alta, no le importaban los vecinos, si es que tenía, y sus ojos estaban rojos por decirlo de alguna manera. Intentaba no llorar por alguien, pero era imposible, parecía un bebé llorando. En un acto de consuelo, abrazó sus rodillas aún tumbado, intentando pensar que su madre se encontraba allí, mientras le repetía que la vida se debía vivir, no se debía desaprovechar, pues en cualquier momento puedes morir.

Como le sucedió a ella...

Quería ser fuerte, por sus padres, porque ellos le dieron la vida, lo cuidaron, quisieron la mejor de las suertes para él, y no quería rendirse, pero sus sentimientos eran incluso más poderosos que las ganas de poder vivir en paz y fabricar un futuro, un buen futuro junto a una persona a la que ame y formar una familia. Pero quizás ese no era el destino que le deparaba.

Y sumido ante los pensamientos de su futuro y su presente, fue cerrando los ojos, muerto de cansancio, para caer en un ligero sueño del que no despertaría en horas, pues no deseaba tener que afrontar la realidad, prefería mil veces más estar en un mundo de sueños y nunca despertar.

-

Error se encontraba en la casa, después de haber pedido a todos sus sirvientes que fueran a buscar a Ink. Estaba muy preocupado, no sabía que le podría haber sucedido en el tiempo que ha estado fuera, se preocupaba por él, incluso si no lo demostraba.

Estaba arrepentido, no sabía la razón por la que había gritado a su mejor amigo, a la persona que le gusta, y quería saberlo. Quizás por la opresión de sus padres, quizás por la frustración que tenía guardada en el pecho, habían muchos quizás en sus posibilidades, pero lo que importaba ahora era poder recuperar al pintor.

Él también iba a ir en su búsqueda, pero sus padres lo obligaron a quedarse en casa, no podía ir a buscar a alguien de clase baja, dañaría su reputación. Pero ahora, la reputación, no le importaba nada, odiaba todo eso de la clase baja, la media y la alta. ¿Por qué no todos eran de clase media y ya está? Es una clase que no tiene tantos problemas, no tienen tantos lujos pero sobreviven sin costos, no tenían lujosas mansiones pero si hogares acogedores.

Y aún deseando poder ir en búsqueda de su amado, no podía, sus padres no paraban de meterle en la cabeza lo que pasaría si se juntara con gente de clase baja. Pero Ink no era de clase baja, era de media, y él era su amigo, no podía dejarlo a la intemperie, debía ir con él. Cada vez odiaba más a sus padres, deseaba que tuvieran compasión con él, pero más que personas parecían cáscaras, cáscaras sin nada en el interior, solo ansias de dinero y ganar más dinero.

Error no comprendía por qué la gente de clase media quería ser de clase alta. Ser de clase alta no siempre es bueno, los padres suelen ser... Algo demasiado imperativos, siempre quieren que sus hijos, o casi siempre, sigan sus normas, quieren seguir sacando dinero, más de lo que ya tienen. Aunque quizás también existan padres de clase alta que sean buenos con sus hijos, por desgracia, Error tenía la primera opción de padres. La gente de clase media debería estar agradecida de estar en esa clase y no en otra.

Soltó un gran suspiro, intentando calmar su respiración, pero costaba, necesitaba escabullirse, irse de la casa para poder hallar a su amigo, intentar recuperar su amistad, incluso sabiendo que nunca le podría dar otro beso, seguramente ahora lo odiaba por todas las tontas palabras que él había dicho. Era insoportable el pensar eso, pero no podía pensar en nada más.

Ink era lo único que ocupaba la mente de Error, era increíble como no podía quitárselo de la mente, muy complicado no, imposible. No podía dejar de pensar en si hubiera actuado normal, si hubiera aceptado su compasión, pero lo hecho hecho está, por desgracia. Odiaba no poder regresar al pasado y haber arreglado lo que había hecho mal, pero era imposible.

Sus ojos se cerraban todo el rato, parpadeaba intentando reprimir las lágrimas que tanto le quemaban, intentaba no soltar sollozos y que sus criados pensaran que era débil, aunque sí, sí lo era, solo que no lo demostraba. Pero era débil en aspectos sentimentales, se sentía demacrado cada vez que una amistad duradera se iba al traste. Pero esto no era una amistad duradera, era una amistad de años, una amistad que guardaba un toque de romanticismo y amor.

Sollozos empezaron a salir de la garganta del empresario, que se hallaba en su habitación, encerrado, sin querer salir. No estaba encerrado en sentido que sus padres le impidieron salir, sino que nadie podría entrar en la habitación por la pantalla dactilar que solo funcionaba con la persona que era dueña de la habitación o del propio Error, que tenía acceso a todas las habitaciones sin tener que hacer gran cosa, cada habitación tenía registrada sus huellas dactilares. Ninguna se salvaba de poder ser vista por el dueño de la mansión, aunque a él no le gustaba entrar en habitaciones ajenas, se sentía mal.

Sus ojos empezaban a hincharse por las lágrimas, ya no las retenía, las expulsaba, intentando buscar paz en su cuerpo, pero lo único que podía hacer era llorar incluso más, cosa que le hacía querer dormir sin parar, escapar de la realidad. Quería volver con Ink y disculparse, aunque las cosas no son tan sencillas, las disculpas se demuestran con gestos, no con palabras, pues las palabras solo son algo dicho por nosotros, y no demuestran la realidad.

De vez en cuando miraba a la ventana, como si estuviera esperando a que Ink regresara a casa, pero nadie volvía, solamente algunos criados que ya habían visto la zona que se les había designado que regresaban bastante mojados por la lluvia o solo un poco, pero volviendo al tema, ninguno había visto ningún rastro de Ink.

Nadie menos uno, que había ido al barrio donde Ink se había instalado, el mismo que miró en ese supermercado en el que se encontraba el pintor comprando suministros para toda la semana. Lo había visto de reojo, por lo que no sabía si en verdad era él, pero decidiría informar a su dueño de ese descubrimiento. Aunque primero se cambiaría de ropa por estar completamente empapado.

Error se había relajado un poco, cubriéndose con la sábana negra de su cama, mientras cerraba los ojos y suspiraba, intentando pensar en algo diferente, e increíblemente, lo logró. Se puso a pensar sobre su pasado, el pasado en el que tuvo tantos amigos y aún no había conocido a Ink. Su vida en aquel entonces era feliz, pero cuando conoció a su mejor amigo se podría decir que ya estaba pleno y feliz, demasiado feliz, cosa que sus padres percibieron por los gestos de su hijo, incluso decidieron espiar a su hijo para saber que le pasaba.

Sus padres no eran normales, en vez de preguntar a su hijo, querían espiarlo, no querían sacarle información, querían verla con sus propios ojos y escucharlo de los labios de alguien de confianza, cosa que nunca agradó a Error, que se enfadaba e intentaba contar su vida a sus padres, pero ellos seguían enviando a personas para que confirmaran los hechos.

Era un recuerdo divertido, pues Error solía descubrir a los espías, que no eran muy buenos en su oficio, desde luego. Suspiró divertido al recordar los lugares donde esos espías 'profesionales' se escondían. Un día, yendo con Ink a por un helado, pudo ver a un chico mirándolo fijamente en una esquina del local, y no estaba tomando helado. Solo lo miraba. Fue un poco curioso y le dio un poco de miedo, pero ya estaba acostumbrado a encontrarse gente espiándolo. Incluso, una vez, vio a un monstruo escondido en detrás de una palmera espiándolo en el patio de la escuela.

Esos recuerdos divertidos lo llenaban de felicidad, o bueno, un poco, no tanto porque a veces le quitaban la privacidad, pero no era tan malo porque él se las apañaba para hacerle la vida un infierno a cada espía. Por ejemplo, al del helado, que se hallaba al lado de una papelera, fue allí para tirar una servilleta llena de crema helada y chocó accidentalmente con el espía, llenando su traje, la camisa, de un color rosado. Error amaba todo relacionado con la fresa, helados, batidos, las fresas con nata... Todo relacionado con esas frutas rojizas y rosadas.

Las lágrimas de sus pómulos ya se habían secado, y había esbozado una tímida sonrisa, recordando que todo lo que había hecho en su pasado cuando conoció a Ink fue con él,iban a todos los lugares juntos, enganchados como lapas, siempre se divertían, parecían hermanos o... pareja. Aunque esa no fue ninguna opción en su pasado, ahora le parecía una opción simplemente maravillosa que le había latir el corazón mucho más rápido.

-Siempre estuviste para mí, Ink... No sé por qué te dije eso antes pero... Ahora me arrepiento mucho, nunca quise decirte eso, eres la persona más preciada para mí, eres un gran amigo y creo... Creo que te amo.-Dice hablando para si mismo, estaba haciendo una especie de discurso extraño que nunca diría a nadie, no podía, era demasiado vergonzoso decir eso, aunque no sonaba tan mal si le daba muchas vueltas al asunto, era lo más sincero que podría decir, pero no le daba ilusión decirlo, porque quizás acabaría con un tortazo en la cara.

Podría salir de la habitación y preguntar a sus sirvientes por los resultados de la exploración, pero estaba muy cansado, pero por otra parte no quería dormir. Era muy bipolar, lo sé, no se decide por nada. Ese era un defecto de Error, que a veces, muy pocas veces, le costaba decidir, aunque en su trabajo era diferente, actuaba con firmeza y elegía lo más beneficiador. Era un buen jefe, podríamos decir.

Pero al final, cansado, decidió cerrar los ojos y desconectarse por un momento del mundo, para no tener que lidiar con problemas.

CONTINUARÁ

We, amo a los personajes principales de la historia <3 (claro que son Ink y Error, no serán el dependiente de la tienda y un vendedor de helados espía :v) Me encariñé mucho con ellos y no quiero acabar la historia, pero igualmente se está alargando, así que acabará con 25 capítulos :c (? ¿Por qué pongo esa cara si debería estar feliz? Porque yolo <3

Hoy en mi pueblo, delante de mi casa, hacen dos conciertos, uno que están dando ahora y otro que no será un concierto, sino una orquesta que empezará a las 23:30 y yo no podré dormir :,D (help)

Hoy ha habido capítulo largo ;D

¿Cual es vuestro personaje favorito de la historia? ¿Y por qué? El mío es Ink, como ya dije :P Me encanta su personalidad :'3

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