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Pasaje I- Reencuentro.

El café caliente tocó su lengua y bajó por su garganta en un placentero ardor que siempre era agradecido en esa época del año; aunque la primavera fuera la estación del amor y las flores de cerezo decoraban gran parte de las calles, el clima se mantenía frío. No era que a Seungho no le gustara, simplemente siempre se sentía como si algo faltara cuando llegaba esa estación y el calor del café solía hacerle sentir ligeramente bien.

Miró por la ventana las muchas parejas felices, la forma en que todos iban de la mano de quienes amaban y las sonrisas que portaban; él nunca se había podido sentir identificado con eso, por el contario, solía verlo como una experiencia aislada que se mantenía ajena a todo su ser. Jihwa solía llamarlo monstruo insensible con corazón de piedra, y a veces Seungho le creía, no había otra explicación posible.

—Vuelves a hacerlo —comentó Jihwa, acercándose con una bandeja de dulces que a Seungho se le hacía repulsiva, pero que se había acostumbrado a ver en el joven —. Vuelves a enajenarte en tus pensamientos, debes de lidiar más con el mundo real Seungho, te vas a volver loco si sigues así —explicó el pelicastaño al ver la mirada interrogante de su amigo.

—Ya te he dicho que no hay nada interesante el mundo real, excepto por dos cosas: los objetivos de mi lente y la gente a la que me follo —replicó Seungho, dándole otro trago a su café y lamentando que la cafetería usual a la que iban estuviera cerrada; esa en la que estaban era una de las muchas que tenían prohibido fumar en el establecimiento.

—Tan elocuente como siempre, ya veo que sigues con un humor tan negro como todos tus suéteres de cuello alto —repuso Jihwa, dándole una mordida alegre a uno de sus pasteles de crema.

—No pediré disculpas por eso, prefiero el negro a parecer un arcoíris ambulante que escupe unicornios —rebatió el pelinegro, pasándose los dedos por entre los mechones de su cabello, rebajado en la parte baja de su cabeza y largo en la superior.

—Para ti cualquier cosa que no sea negro y gris es un arcoíris, tu opinión no cuenta —aseguró Jihwa, tomando un poco de su malteada y notando el momento en que el rostro de Seungho cambió de una expresión relajada a una tensa. Giró la cabeza para ver a Min entrando por la puerta, todo risas elegantes y traje de punto verde oscuro —. Mierda, no sabía que este vendría aquí —se quejó, sabiendo la enemistad entre ambos hombres.

—Está bien, no me preocupan las putas resentidas que no saben superar un revolcón de fin de semana —dijo Seungho, terminando su café y estirándose elegantemente en el espaldar de la silla acolchada.

—Supongo que por eso tú y yo pudimos seguir siendo amigos —comentó Jihwa, mordiendo la magdalena de moras que había pedido.

—Te recuerdo que pasamos dos años sin hablarlos porque tú no superabas tu amor infantil por mí —repuso Seungho, alzando una ceja arrogantemente.

—Y eso fue tiempo suficiente para olvidarte y conseguirme a alguien más —afirmó Jihwa con una sonrisa, acomodando sus largos rizos detrás de su oreja.

—Hablando del carnicero, ¿ya regresó de su viaje? —preguntó Seungho, porque, aunque no lo pareciera y él no lo demostrara, su amistad con Jihwa era genuina y le preocupaba el chico; sabía que era de encariñarse fácilmente y el hombre que había elegido parecía tan serio en las relaciones como Seungho mismo, algo que no le daba paz.

—No le digas así —reclamó Jihwa con algo de merengue en su labio inferior que lamió rápidamente —. Regresa esta noche, al parecer los negocios fueron bien —contestó finalmente.

—Pero miren quienes son, mi pareja favorita —la irritante voz de Min llegó hasta ellos mientras este se acercaba a la mesa con una sonrisa que desagradó totalmente al pelinegro —. ¿Cómo has estado, Seungho?

—De maravilla —contestó este totalmente serio —. Por cierto, no recuerdo haberte dicho que podías hablarme.

—Siempre tan arrisco, cualquiera pensaría que no somos amigos —comentó Min con una fingida mueca de tristeza.

—No lo somos, no soy amigo de mis viejas putas —afirmó Seungho, poniéndose de pie mientras tomaba su chaqueta y su bufanda.

—¿Entonces he de asumir que Jihwa todavía folla contigo? —preguntó Min venenosamente, mirando a Jihwa con arrogancia mientras este se incorporaba.

— O puedes asumir que Jihwa tiene más dignidad que tú y no es una puta barata —espetó Seungho, tomando a Jihwa del brazo e iniciando la retirada del local —. No vuelvas a mostrar tu asquerosa cara en mi presencia, Min, los negocios son con mi padre y mi hermano, no conmigo. Tú y yo no tenemos nada que ver —añadió en voz alta desde la puerta de la cafetería, sabiendo que ese pequeño escándalo causaría sensación suficiente para que el padre de Min le prohibiera acercarse a él.

—¡Su cara no tenía precio! —exclamó Jihwa, dejando escapar una carcajada mientras iban camino a sus autos, los habían dejado aparcados a dos cuadras de allí.

—Esperemos que así lo entienda —comentó Seungho, sacando un cigarro y encendiéndolo apenas se vio delante de su auto.

—Por cierto, cambiando de tema, ¿todavía quieres hacer esa exposición sobre un pintor? —preguntó Jihwa de repente, limpiándose las lágrimas de risa que habían escapado de sus ojos.

—Sigue siendo mi interés principal —aseguró Seungho, sabiendo que llevaba deseando hacer la sesión fotográfica sobre un pintor desde que en su último año de preparatoria se enfrentó a su familia y optó por estudiar fotografía, contrario a lo que se esperaba de él como hijo mayor de la prestigiosa familia Yoon.

La verdad era que Seungho nunca había sentido apego por su padre, quien había decidido ignorar activamente que su hijo era homosexual y pretender que eso no pasaba en su familia. Seungho no dependía de su padre, nunca lo hizo, por lo que tomó los ingresos que recaudó en su cuenta bancaria durante su tiempo como accionista de la empresa y se pagó a sí mismo la carrera, emancipándose de su padre y vendiéndole sus acciones a un quíntuple de su verdadero costo; su padre se negaba a tener a su hijo como accionista y Seungho no iba a dejar pasar la oportunidad de molestarlo una última vez. No se habían hablado en años, pero tampoco intervenía en su vida, así que Seungho estaba bien con eso.

—Hay un chico nuevo en el departamento de artes de la Universidad, dicen que es una especie de prodigio de la pintura o algo así, no he visto sus obras, pero al parecer las vende con un seudónimo y me pareció bastante bonito; muy tu tipo, si me permites añadir —explicó Jihwa, quitándole el cigarro y dándole una calada antes de devolvérselo —. Hablé con él al respecto y me dijo que prefería hablar contigo directamente, si te interesa te paso su número y lo llamas en la noche.

—¿Le explicaste que tipo de fotografías serían la sesión? Dices que vende por seudónimo, puede que no acceda a que se vea su rostro —indagó Seungho, terminando el cigarro y apagándolo en el cenicero portátil.

—Hablé con él todos esos detalles, le pasé ese documento que tú escribiste sobre las normas de tus modelos y lo que esperabas de esa sesión en particular. Dijo que le resultaba interesante, aunque su hermana loca parecía altamente alarmada de que su pequeño hermano estuviera pensándolo —comentó Jihwa con expresión pensativa.

—¿No es menor de edad, cierto? —preguntó Seungho alarmado.

—Está en sexto semestre de artes, tiene veinte años, tranquilo, simplemente se ve muy joven y tiene la desgracia de ser hermano menor de la dueña de la cafetería que se encuentra detrás de la Universidad —respondió el pelicastaño.

—¿La cafetería para la elite de los estudiantes? —cuestionó Seungho, viendo el asentimiento de Jihwa —. He tropezado con esa mujer antes, está loca, espero que el hermano sea más pasivo. Envíame el número y yo le llamo en la noche —dijo, abriendo la puerta del auto y despidiéndose de Jihwa, manejando rumbo a su apartamento mientras encendía otro cigarro.

                           🌸

Nakyum estaba acostado en su cama, repasaba sus últimos bocetos para escoger qué sería lo que pintaría próximamente, llevaba mucho sin iniciar un cuadro nuevo. Su Noona había salido esa noche con unas amigas que trabajaban también en la cafetería a celebrar los ingresos tan altos de ese mes, la verdad era que habían mejorado considerablemente la clientela en el último año, y él estaba feliz si Heena era feliz.

El sonido del tono no específico de su celular lo alarmó un poco, casi nadie lo llamaba nunca, menos aún números desconocidos. Se preguntó si debía contestar o no, pero la curiosidad fue más fuerte que él, por lo que se sentó con la espalda recta en la cama y carraspeó un poco para aclarar su voz.

—Buenas noches, dígame —contestó firmemente, aunque lamentó que su voz siguiera sonando suave y juvenil, ya había perdido las esperanzas de que cambiara a una más ronca.

—Buenas noches, ¿estoy hablando con Baek Nakyum? —preguntó una voz grave y rasposa del otro lado, Nakyum sintió como un nudo creció en su garganta unos instantes, el silencio extendiéndose más de lo apropiado debido a ello.

—Sí, soy yo. ¿Quién es este? —dijo Nakyum, intentando mantenerse sereno.

—Mi nombre es Yoon Seungho, mi amigo me dijo que había hablado con usted sobre una sesión de fotos conmigo —informó Seungho.

Nakyum de repente recordó la extraña, pero efusiva conversación que había tenido en la mañana con un estudiante de último semestre de economía sobre un fotógrafo amigo suyo, que ya estaba graduado, y que le interesaba hacer una sesión sobre un modelo que pintara, pero que tenía que ser genuino.

—Cierto, le di mi número para que usted me llamara —afirmó Nakyum, acomodándose boca abajo en la cama y abrazando el cojín esponjoso en forma de gato que tenía a su alcance —. Le comenté a su amigo que prefería hablar con usted todos los términos.

—Él me dijo que le pasó la documentación donde explica el tipo de fotos que serían y las condiciones, lo demás lo podríamos resolver encontrándonos para almorzar si quiere, así discutiríamos los detalles —propuso Seungho, dejando que el aire nicotínico saliera de sus pulmones; Nakyum escuchó la exhalación y supuso que este estaba fumando.

—Me parece bien, podría ser mañana si usted tiene tiempo. No tengo nada en la universidad esta semana —accedió Nakyum, ansioso por ponerle rostro a la voz gruesa que estaba hablándole tan determinadamente por el teléfono.

—Mándeme la dirección de algún sitio donde se sienta cómodo y podamos hablar sin interrupciones y nos encontraremos allí para el horario de almuerzo —indicó Seungho, recibiendo un asentimiento por parte de Nakyum, quien se mortificó consigo mismo al notar que Seungho no podía verle.

—Eso haré, nos vemos mañana, señor Yoon —dijo Nakyum, bajando el tono de su voz unos grados, haciendo que sonara más suave.

—Prefiero que me diga por mi nombre —aclaró y Nakyum deseó que no fuera una locura suya el escuchar su voz más grave y pastosa —. Nos vemos mañana, Nakyum —colgó.

                             💮

Estaba de pie en aquel camino lleno de parejas, había demasiado rosa adornando el sitio, tanto por las flores de cerezo como por las vestimentas de las mujeres. Nakyum le había enviado la dirección enseguida que él colgó la llamada, Seungho no esperó que fuera de uno de los restaurantes familiares que estaban cerca del Camino del amor, aunque igualmente el lugar le parecía irrelevante.

Lo que verdaderamente lo torturaba era esa sensación constante de que había escuchado esa voz antes, cada palabra que Nakyum había dicho el día anterior se había grabado en su interior como si de un tatuaje se tratara y la familiar sensación no desaparecía.

El rosa de repente aumentó, el viento sopló con fuerza y las flores se desprendieron de los árboles, revoloteando alrededor del camino. Incluso siendo quien era, Seungho podía admirar la belleza, por eso no le fue difícil apreciar la manera en que la imagen que hace unos instantes le asqueaba se había transformado en un tornado devoto al color rosado.

Tomó su cámara, que colgaba de su cuello, y enfocó ciertos ángulos diferentes, realizando algunos disparos rápidos que capturaban los árboles, los pétalos, los arabescos que creaban las flores flotantes con la brisa y dejaban a las personas como meros fondos.

El visor de su cámara captó un cabello oscuro que se movía por la brisa, Seungho encontró entrañable los pétalos que se habían enredado en la azabache melena lisa y enfocó el lente en esto, capturando la imagen. Decidió tirar otra fotografía, pero en ese instante el aliento se congeló en sus pulmones.

El chico se giró lentamente, una sonrisa adornando sus labios, el rosa de los pétalos combinando con el rosado de su abrigo, su expresión relajada y suave contrastando con todo lo que Seungho había sentido siempre, y cuando esos ojos de color miel se enfocaron en él, Seungho supo que lo conocía.

No sabía de dónde, no lo recordaba y encontraba poco probable poder recordarlo, pero lo conocía. Todo su cuerpo vibraba ante su presencia, se había incorporado, dejando la cámara a la altura de su pecho mientras sus ojos no se apartaban de aquel angelical rostro y podía sentir los latidos de su corazón detenerse, casi parecía que moriría allí mismo, pero entonces ese joven se giró totalmente hacia él con la misma expresión confusa que él tenía. Ambos buscaban en el rostro del otro la respuesta a ese sentimiento atrayente que los impulsaba juntos, pudiendo sentir ese hilo conector que los envolvía en un campo magnético, como si fuera algo inevitable.

Nakyum sonrió, él ni siquiera sabía por qué sonreía, o el motivo detrás de las lágrimas que se acumulaban en sus ojos y el sentimiento de alivio de su pecho, pero allí, mirando a Seungho, que resaltaba totalmente vestido de negro entre tantos tonos rosados, Nakyum finalmente sentía que esa angustia que había cargado siempre, desaparecía. Avanzó lentamente hacia él, una sonrisa ligera tirando de sus labios; Seungho se quitó la cámara del cuello, bajando ambos brazos, por primera vez en su vida no sintiéndose a la defensiva. Estaban uno delante del otro a unos escasos cuarenta centímetros, y ninguno tenía las palabras.

— Mucho gusto, soy Yoon Seungho —se presentó él, sin saber qué más hacer.

—Un placer, Baek Nakyum —dijo el menor, perdiéndose en aquella mirada fría que empezaba a derretirse.

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Se suponía que sería un one-shot pero terminó abarcando más palabras de las esperadas, por lo que lo dividí en un three-shots. Espero les guste, está inspirado este fanart de @miutaso2degi de Twitter.

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