🌷𓏲࣪ ִֶָ﹫៹ one step, not much but it said enough
Nunca creyó que terminaría al otro lado de Manhattan, en un edificio que no se podría siquiera considerar seguro, en la fachada había graffitis en diferentes colores, se sintió como una paranoica cuando revisó con cautela el cerrojo de la puerta de la entrada.
Roan había sido clara esa noche, expresando lo que sentía, Emma se sintió asqueada cuando se lo dijo, nunca creyó que sería el tipo de persona que dañaría a alguien. Se había quedado estática en el asiento trasero, la chica a su lado decidiendo llevarla a su apartamento, no queriendo dejarla sola en ese estado.
Siguió en silencio a Chappell, quien no había dicho nada desde que salieron del auto e incluso en todo el viaje sus palabras fueron mucho más cortas de lo que habían sido en sus primeras conversaciones.
—¿Me esperarás? — preguntó suavemente, rompiendo el silencio. Chappell se giró, mirándola confundida intentando descifrar sus palabras — ya sabes, a qué yo descubra todo esto — aclaró.
—Oh— murmuró— claro que lo haré. Tomate el tiempo que necesites, estaré aquí— sonrió dulcemente, llevó sus manos a los brazos de la chica intentando reconfortarla.
—Se que estoy ebria y probablemente no me creas, pero lo dije en serio. De verdad me gustas — la miró a los ojos, esperando una reacción, al notar el rubor que se extendió por las mejillas de Chappell, sonrió.
—Hablaremos mañana, tienes que descansar.
Roan se dio la vuelta dispuesta a abrir la puerta, sin embargo el toque de Emma en su mano la detuvo, justo cuando se dio la vuelta sintió los brazos de la rubia envolverse en sus hombros.
—No me dejes, por favor — su voz salió casi suplicándole.
Roan envolvió sus brazos alrededor de su cintura, recargando su cabeza sobre la de Emma, cerró los ojos suspirando. Sintió las manos de la rubia aferrándose a su chaqueta apretándola contra ella, como si tuviera miedo a que se desvaneciera.
—No lo haré — murmuró sobre su cabello, sintió pena por la rubia, conocía a la perfección ese sentimiento — pero deberíamos entrar, tus manos se están poniendo frías.
Claire la soltó después de unos segundos con una pequeña risa nasal, Chappell la miró a los ojos antes de darse la vuelta y deslizar las llaves de su bolso, abriendo con éxito la puerta de madera.
Lo primero que notó Emma cuando entró fue lo acogedor y agradable que era el interior, el lugar no era grande pero la luz cálida proporcionaba a la perfección lo que necesitaba, el sofá color rojo, la mesa de vidrio e incluso las cortinas concordaban muy bien con la personalidad de la castaña.
—Vamos, te daré algo de ropa para que puedas dormir bien — la voz de Chappell se hizo presente a su alrededor.
Emma volvió la mirada, dejando un disco de David Bowie, que había tomado solo para parecer estar ocupada haciendo algo y no tener que ver sus ojos, en la estantería de metal a su derecha. Asintió ante la mirada amable de Roan, siguiéndola por el pasillo.
A diferencia de su propio departamento, pudo ver la falta de fotos de su familia en el lugar, las paredes estaban decoradas con cuadros de pinturas que nunca había visto en su vida, y una que otra foto de ella y otra chica. La curiosidad llegó a ella, queriendo desesperadamente saber más.
—La ultima vez que estuve aquí, no recuerdo haber visto esto — dijo suavemente, señalando un cuadro de un conejo con sombrero de vaquero.
—La última vez que estuviste aquí, saliste literalmente corriendo — la miró con una sonrisa.
Emma bajó la mirada sintiendo sus mejillas calientes, el alcohol todavía haciendo efecto en su sistema.
—No fue mi mejor momento — se defendió — es genial. Te lo cambio por un cuadro de Harry Styles vestido de Danny Zuko — llevó sus manos detrás de su espalda entrelazándolas.
—¡Jamás! — se rio, copiando su pose, viendo el perfil de la chica quien miraba el objeto como si fuera lo más interesante — aunque... conozco a alguien que lo amaría.
—¿Un trato, entonces? — volteó extendiendo uno mano frente a ella. Chappell le sonreía divertida, sabiendo que aún seguía un poco ebria.
—Es un trato — cedió, estrechando su mano contra la de ella. — ahora vamos, es tarde.
Con la mano aún sobre la de Emma, la jaló contra su cuerpo, abrazándola por los hombros con uno de sus brazos. La rubia se pegó más en su costado, sintiendo el calor que emitía de ella, las preguntas curiosas de su mente se esfumaron ante el contacto.
—No quiero que las cosas cambien — balbuceó, sentándose sobre la cama.
Chappell se giró con lentitud, sosteniendo una camiseta en sus manos. La miró fijamente, jugaba con sus dedos mientras los veía, como si tuviera miedo de admitirlo. Se acercó a ella en silencio, acomodándose a su lado, mantuvo el gesto serio pensando en sus siguientes palabras.
—No tienen porque hacerlo, sigues siendo tú — le habló con delicadeza, colocando su mano en su muslo desnudo.
Emma levantó la mirada para encontrarse con la de Roan, sus mejillas estaban rojas y las lágrimas las cubrían ligeramente.
—Pero estoy aterrada— admitió.
—Lo sé. Es un sentimiento completamente nuevo y diferente, es válido tener miedo— respiro ondo, acariciando su muslo con el pulgar — solo necesitas tiempo, aclara todo lo que sientes. Estarás bien — finalizó con una pequeña sonrisa.
Emma asintió, estarás bien, resonó en su mente, tenía razón, había pasado tanto tiempo evadiendo el sentimiento que en realidad no encontraba el final del camino, había hecho de todo y nada cambiaba lo que sentía. Así que si, quizás tenía razón, debía aclararlo, sola. Paso el dorso de su mano sobre su rostro, quitando los restos de las lágrimas.
—Creo que deberíamos dormir — comentó.
—Claro. Toma, es lo único que encontré que podría quedarte — dijo, entregándole una camiseta color gris, la rubia la extendió viendo el unicornio estampado en el medio.
Soltó una carcajada ganándose una mirada confundida por parte de Chappell.
—Lo siento. Es gracioso, nos conocimos en un club llamado así — habló una vez se calmó, reconociendo el logotipo — ¿me ayudas? — preguntó, señalando el zíper en la parte trasera de su vestido.
—Si, ahora mismo — balbuceó torpemente, sus manos fueron ágiles, haciéndolo con rapidez— puedes quedarte con la cama, dormiré en el sofá — anunció mientras se dirigía a la salida, llevando consigo lo que parecía una camiseta perfectamente doblada.
—Quédate — exigió con la voz temblorosa, se aclaró la garganta cuando se dio cuenta de su tono — perdón... no quiero estar sola.
Su mirada descendió al suelo, una típica costumbre que tenía cuando le avergonzaba admitir algo, o simplemente, expresar sus propios sentimientos. Nunca fue buena haciéndolo, venía de una familia en la que preferían guardarse todo hasta explotar, en lugar de hablarlo. Chappell se detuvo en seco.
—No quiero incomodarte.
—Hemos compartido la cama antes... y no precisamente dormimos — murmuró tratando de bromear.
—Es diferente esta vez — la comisura de su boca se curvó en una sonrisa — esta bien — cedió, viendo a la rubia hacer un pequeño puchero.
Una sonrisa se deslizó sobre sus labios mientras desaparecía en la puerta del baño, tuvo un pequeño deja vu cuando se vio en el espejo, con el maquillaje corrido, su nariz roja y el vestido que llevaba esa noche hecho un auténtico desastre, pero a diferencia de ese día, no sentía las repentinas ganas de llorar.
Con cuidado deslizó una de las toallas desmaquillantes en su rostro, dejando su piel libre de color y brillos, la camiseta le cubría hasta la mitad de los muslos, lo suficiente como para no sentirse desnuda. Cuando salió del lugar, Chappell la esperaba en la orilla de la cama, sentada sobre el colchón con sus piernas cruzadas, su maquillaje se había ido y una camiseta similar junto con un pantalón de chandal la cubría.
—Puedo dormir en el suelo, si lo prefieres — comentó.
—Es tu cama, no vas a dormir en el piso — negó con firmeza.
—¿Entonces...
—¿Qué lado de la cama prefieres? — preguntó interrumpiéndola, su mano palmeando las almohadas.
—¿Eh?
Emma puso los ojos en blanco antes de seguir quitando las mantas del lado de la cama que no estaba ocupado.
—¿Izquierda o derecha? — cuestionó de nuevo colocando una mano sobre su cadera.
Chappell quiso reírse ante la vista, no se veía tan impotente como la chica creía, su cabello rubio estaba despeinado, los mechones caían libremente sobre sus hombros y rostro, además tenía las mejillas rojas por, probablemente, el frío, Roan pensaba que se veía demasiado tierna tratando de intimidarla.
—Por ser mi invitada, te dejó elegir primero a ti — respondió mientras se levantaba para ayudarla con las mantas.
—Pero que amabilidad.
—Siempre, cariño.
Sintió su rostro calentarse, ocultándolo mientras fingía acomodar mejor las almohadas. Nunca lo admitiría pero agradecía que Chappell haya decidido llevarla con ella, cualquier otra persona -por no decir que había ocurrido antes- la habría dejado sola, cansándose de su comportamiento.
Sin embargo, ella no lo hizo, Roan la había entendido e incluso ayudado, Emma sabía que estaba siendo egoísta al estar jugando con sus sentimientos al aún no entender bien lo que era, pero a una parte de ella de verdad comenzaba a gustarle, y tener su atención, sinceramente, le encantaba.
—Chappell — habló de pronto.
Estaba rígida y tensa sobre el colchón, lo más alejado que podía estar de la chica, como si al acercarse se encendería el fuego que no podría apagar jamás.
—¿Si?
Se mantuvo en silencio debatiendo mentalmente sus próximas palabras, la castaña pensó que se había dormido debido a su falta de respuesta, hasta que la vio girar levemente la cabeza para verla.
—Yo solo... gracias — murmuró con un tono lleno de sinceridad.
Chappell levantó ligeramente la parte superior de su cuerpo, recargando su peso sobre uno de sus brazos.
—Ven aquí — susurró.
Emma titubeó antes de acercarse, dejó que la mujer la envolviera en sus brazos mientras descansaba la cabeza sobre su pecho. El mero contacto la relajó, se fundió en el calor que emitía su cuerpo, escuchó como los latidos de Chappell se volvieron más intensos, a un ritmo que pensaría que se saldría de su pecho.
Esa noche por primera vez dejó ir todos sus fantasmas, no dejó que su mente se llenara de pensamientos negativos, la voz de su madre diciendo todo lo que estaba mal en eso había desaparecido, lo único que tenía en mente fue lo suave que eran las manos que la sostenían, era solo un paso caminado para salir del laberinto, pero por ahora eso fue suficiente.
La habitación comenzaba a iluminarse por los lejanos rayos del sol que comenzaban a aparecer, las ventanas cerradas y el fro aire del otoño buscaba la manera de entrar. Emma había estado despierta al menos dos horas, temiendo que si se movía, despertaría la chica a su lado, observó con calma cada objeto en la habitación, no había ningún artefacto suyo ahí pero se sentía como en casa, la pila de discos en la mesa de noche, maquillaje esparcido por el tocador, tazas de café sin terminar, todo era tan familiar.
Mirando sobre su hombro pudo notar a la persona detrás de ella, cabello castaño, sus labios ligeramente abiertos, uno de sus brazos sobre su cintura apretándola contra ella, de alguna manera haciéndola sentir protegida.
Volvió a ver el reloj una vez más, era poco más de las siete de la mañana, el alcohol en su interior se había desvanecido haciéndola sentir todo con más intensidad. Unos minutos después se dio cuenta que su mente seguía trabajando y por lo tanto, volver a dormir ya no estaba en su lista de prioridades. Volvió para ver a Chappell, quien dormía plácidamente, la envidiaba por eso.
Con cuidado se deslizó de la cama, al pisar el suelo, sus pies descalzos le permitieron sentir el frío que había en la habitación, se volteó hacia la chica cubriendo su cuerpo con la manta de lana. Salió de la habitación en silencio, aunque sabía que solo estaban las dos en aquel lugar, por segunda vez se dedicó a observar el lugar, tratando de encontrar algo que le permitiera saber más de la castaña.
Sus dedos tocaron con cuidado la fotografía enmarcada que había visto la noche anterior, era Chappell con lo que supuso que era una peluca color rubia, un delineado firme adornaba el contorno de sus ojos azules los cuales brillaban con la luz de la cámara, a su lado una chica morena sonreía, esbozo una pequeña sonrisa al ver la foto, Roan emitía una genuina felicidad.
Siguió con su camino, revisando cada objeto que encontraba, haciendo notas mentales para las cosas de las que probablemente preguntaría más tarde. El sol había salido por completo ahora, abrió con cuidado las cortinas, dejando entrar la luz calentando el interior.
—Te despertaste temprano — la voz femenina la hizo sobresaltarse, había estado concentrada viendo la fila de libros que había en la mesa.
—Si, sentía que mi cabeza explotaría en cualquier momento — soltó una pequeña risa mientras dejaba el libro en su lugar.
Chappell asintió en respuesta dirigiéndose a la cocina. La cual para su sorpresa no estaba muy separada de el salón.
—¿Café? — preguntó, su voz siendo amortiguada por las paredes.
—¡Por favor! — chilló siguiéndola con rapidez.
En cuanto entró a la habitación el olor a café inundó sus fosas nasales, vio con atención a la chica de ojos azules moverse con facilidad en la cocina, colocando los granos de café en la cafetera. Sintió una punzada en su cabeza cuando dio un pequeño salto para poder tomar asiento en la barra de mármol.
—Toma, para tu resaca — Chappell se volteó, entregándole una pastilla color blanco junto a un vaso de agua.
—Gracias. — le agradeció con una pequeña sonrisa.
Pronta la máquina emitió un sonido, demasiado fuerte para la mala suerte de la rubia, Roan siguió su trabajo, sirviendo la bebida en las tazas que anteriormente había sacado.
—Aquí tienes. Es el mejor café que beberás en tu vida — bromeó.
Emma sostuvo la taza, sintiendo rápidamente el calor de la bebida calentar sus manos, soltó un pequeño gemido al sentir el sabor amargo cubrir sus sentidos, se aclaró la garganta cuando escuchó el sonido que salió de sus labios. El silencio se extendió por la habitación, cada una se concentró en la bebida de color café, soplándola de vez en cuando.
—¿No crees que las cosas fueron demasiado rápido? — preguntó, interrumpiendo el silencio, Chappell alzó una ceja, confundida —, entre nosotras. — señaló.
—¿Te gustaría que comenzáramos de nuevo? —replicó, dejando la taza sobre la mesa, Emma asintió con vacilación, temiendo decir o hacer algo mal, sus preocupaciones yéndose al ver la sonrisa de la chica —Mucho gusto, soy Chappell. — extendió una mano.
—Emma. — dijo sonriendo con timidez, respondiendo el saludo.
—Oh, como esa chica rubia que es cantante.
—Si, ¿has escuchado alguna de sus canciones? — le siguió la corriente.
—¡Por supuesto! ¿quien no ha escuchado una canción de Taylor Swift? — exclamó, apoyándose sobre la barra, recibiendo un suave golpe en su hombro por parte de la rubia — estoy bromeando.
—¿Y tú, también eres cantante? — se llevó la taza a los labios, viéndola a través de ella.
—Algo así, el único lugar en donde me eh presentado es en el bar ese, entonces no se si podría llamarme cantante — expresó, copiando sus movimientos.
Emma recordó la noche que se conocieron, creyó que Chappell era una excelente cantante, deseo poder hacer algo para que su talento fuera más reconocido.
—Eres muy buena, Renee cree que deberías de tener más reconocimiento. ¿Has pensado en firmar con alguna agencia discográfica? — interrogó.
—Mhm. — murmuró, tragando la bebida de su boca — estuve con Atlantic Records hace unos años, pero al parecer mis canciones no vendieron lo suficiente. — se encogió de hombros, restándole importancia.
—¿Por qué no lo intentas de nuevo? Conozco a algunas personas, puedo ayudarte.
—Te lo agradezco pero me gustaría hacerlo por mi cuenta, quiero decir, quiero saber hasta donde puedo llegar con mi propia esencia, no quiero cambiar nada de lo que soy — explicó balbuceando, como si no encontrara las palabras adecuadas — ¿me entiendes?
—Lo hago, tranquila — sostuvo su mano, dándole una mirada de empatía — pero si en algún momento necesitas algo, no dudes en llamarme.
Chappell asintió, cambiando el tema; —¿De dónde eres? La mayoría de las personas que conozco tienen un acento, el tuyo es un poco raro.
—Eh vivido toda mi vida en Nueva York, y aunque no lo creas, las personas tienen un acento diferente, es raro — habló ladeando la cabeza, Roan bufo divertida — ¿Qué? ¡Lo juro! ¿Nunca viste gossip girl? — ante el silencio de la chica, entendió la señal —¡¿Nunca viste gossip girl?! — exclamó, abriendo la boca sorprendida.
—En mi defensa... me aburrí después de la primera temporada — se defendió, alzando su mano derecha hasta la altura de su cabeza.
—¿Cómo es eso posible? — dijo en un susurro, la castaña alzó las cejas — ¿tienes alguna película favorita?
—Si, Mulholland Drive — respondió, Emma la miró con confusión, tratando de recordar si alguna vez la había visto — ¿Nunca has visto esa película? — replicó sus palabras con diversión.
—Bueno, perdón por no ser una cinefila — se burló, rodando los ojos —¿Tienes mascotas? — preguntó con timidez, temiendo estar cruzando algún tipo de línea.
—¡Si! — sus ojos se iluminaron ante la mención, se aclaró la garganta antes de proseguir — tengo un conejillo de indias.
—¿De verdad? ¿Puedo verlo? — soltó con emoción, como una niña pequeña.
—Sígueme — dejó la taza sobre la mesa, saliendo de la cocina.
Emma dio un brinco deslizándose con rapidez, siguió los pasos de Chappell, no pudo evitar notar como su cabello se movía en cada paso que daba. Una vez llegaron a lo que parecía una pequeña habitación, Roan se arrodilló abriendo con éxito una pequeña jaula de metal.
—Su nombre es Gogo — se levantó del suelo, cargando un pequeño conejillo color negro con gris.
—Es una pequeña cosita — empezó con una vocecita, estirando sus brazos para poder sostenerlo.
El animal se acurrucó más en sus brazos, Emma sonrió levantando la vista para encontrarse con la de Chappell, quien la miraba fijamente.
—¿Tú tienes mascotas? — cuestionó, volviendo hacia la puerta, que aún tenía a unos centímetros de su espalda, abriéndola.
—Un gato, te lo presentaré en algún momento— musitó intentando no asustar al conejillo en sus manos.
—Créeme, esperaré ese momento — acotó Chappell sin perder la sonrisa en su rostro — ¿te quedarás para el desayuno?
Se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja, su voz sonaba tímida como si esperaba que Emma huyera como la vez pasada, la rubia dejó de acariciar al animal para verla.
—¿Sabes hacer tostadas de aguacate?
Sintió su cuerpo relajarse antes de responder: —Me lastima que creas que no puedo hacerlo — se llevó la mano al pecho, fingiendo estar herida.
—En ese caso... Gogo y yo nos quedamos — habló alzando al pequeño a la altura de su cabeza — ¿cómo es tener este tipo de mascotas? — cuestionó con interés, uniéndose a Chappell en la cocina.
En realidad, sabía cómo era, había tenido uno en el pasado, sin embargo solo quería escucharla, de alguna manera su voz le traía calma.
—Tiene tres estados de ánimo, los cuales son; uno; confundido, dos; comida y tres; lucha a muerte — explicó dulcemente, mientras sacaba cosas del refrigerador.
—Mi gato suele estar en el último estado todo el tiempo — comentó, dirigiéndose a una de las sillas cerca de la isla.
Chappell soltó una carcajada, apoyándose en la isla;—Recuérdame nunca conseguir uno.
Emma bufó, viéndola detenidamente. Roan le devolvió la mirada al sentirla sobre ella, la rubia intentó apartarla pero era demasiado tarde. Notó un pequeño brillo en los ojos de la contraria, la veía tratando de memorizar cada aspecto en su rostro.
Sus mejillas se calentaron pero se negó a retroceder, viendo sus labios, se dio cuenta que estaba cayendo y rápido. No podía pensar en nada más que los labios rosas de la chica, quería probarlos, desesperadamente. Habría pensado que Roan leyó sus pensamientos cuando se acercó mucho más a ella, con cautela se posicionó frente a Emma, comenzó a inclinarse con lentitud esperando una reacción que le permitiera saber que no quería eso.
La rubia se humedeció los labios esperando el contacto, Chappell sostuvo sus mejillas con ambas manos y justo cuando sus labios estaban por unirse, el estremecedor sonido de la tostadora retumbó en la habitación. Emma se sobresaltó incorporándose, su rostro estaba casi como un tomate.
La incomodidad llenó el aire, Chappell se dirigió a el aparato para poder sacar las rebanadas de pan, sin saber que decir o cómo actuar.
—¿Alguna vez has comido tostadas quemadas? — preguntó en un intento de romper la tensión.
Emma soltó una carcajada, que bien podría parecer fingida, negando con la cabeza.
—¿Por qué no llevamos esto despacio? — soltó, con un suspiro entrecortado, se acercó con cuidado a Chappell. —estuve pensando, y tienes razón, necesito aclarar lo que siento primero.
—Así que... ¿amigas? — cuestionó, tensando la mandíbula como si estuviera a punto de explotar.
—Amigas.
Afirmó, Chappell asintió, entendiendo de dónde venía el repentino cambio de actitud. Se recriminó mentalmente por haber llevado las cosas demasiado lejos, debió haber preguntado antes de lanzarse. Emma le lanzó una mirada más, Gogo aún en sus brazos. La mañana pasó con rapidez para su gusto, y aunque las cosas fueron un poco incómodas después de haber hecho eso acuerdo, ambas terminaron aceptando que quizás era lo mejor.
Emma encontró consuelo en la chica, sabía que todo sería diferente a su amistad con Gracie o Renee, dadas las circunstancias. Chappell logró comprenderla de una manera diferente, de una forma en la que nadie lo había hecho jamás, se complementaban tan bien que creyó firmemente que quizás, el tiempo había decidido que era hora de encontrarla.
Sintió que estaba retrocediendo, pero esa vez quería hacer las cosas bien, y si eso significaba comenzar desde cero, eso haría.
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