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"Soy quien es capaz de hacerte reír, pero también se cuando estás a punto de llorar"


Las semanas habían pasado rápidamente para los jóvenes amigos y para cuando notaron la velocidad con la que avanzaba ya solo faltaba un día para la celebración matrimonial que los alejaría para siempre.

La Sawada menor había estado ayudando a la novia con todo lo que ella necesitaba para la boda, hacía llamadas sin parar solo para asegurarse de que todo fuese perfecto para la futura esposa de su mejor amigo, además de que tenía planeada una sorpresa para la pareja, por lo que debía esforzarse en que todo saliese bien.

Por otro lado estaba el novio, Kyoya se la pasaba en compañía de su hermano y del novio de este, iban de un lugar a otro escogiendo las pocas cosas que Tsuna les había encargado a ellos, principalmente porque quería que al menos algo fuese a gusto del Hibari más joven, así que detalles como la lista de invitados y la comida eran cosas con las que debían lidiar. 

Los amigos no habían hablado demasiado desde aquella noche en la que durmieron bajo el cielo estrellado, aunque sus motivos para no hacerlo no estaban del todo claros, parecía que era por la ceremonia que planeaban en contra de sus sentimientos, pero también se sentía como si hubiese un motivo oculto para hacer aquello.

Fue por ello que para la despedida de soltero el Sawada varón decidió planear algo que obviamente el chico ya nunca podría volver a hacer sin que hubiera chismes sobre él o sin que incomodara a su futura esposa.

Aquella noche antes de la boda fue una noche solo para los verdaderos tórtolos, una noche solo para la líder de la mafia más importante del mundo y el mejor estudiante de policía que podría existir en Japón.

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Kyoya suspiró mientras esperaba que las palomitas de maíz estuviesen listas, desde su posición podía ver a la chica que estaba en su sofá escogiendo la siguiente película que verían esa noche, esa había sido su rutina desde la mañana luego de que el hermano de la joven la llevase a su casa apenas despierta.

El de cabello azabache no podía decir que aquello lo había sorprendido, principalmente porque el mayor le había pedido estar despierto para poder llegar a su casa desde temprano, pero tampoco podía decir que la situación no le interesaba, después de todo había pasado un tiempo bastante considerable desde la última vez que ambos adolescentes habían estado juntos.

Sus pensamientos se detuvieron cuando el microondas le avisó que el tiempo para que las palomitas estuviesen listas ya había llegado a su fin, por lo que no tardó en sacar la bolsa ahora inflada para abrirla y servir su contenido en un plato que tuviese suficiente espacio para todas ellas.

Cuando todo estuvo listo se dirigió a su lugar para observar la película de acción que seguramente había escogido la menor, era algo que agradecía en el fondo, pues no se veía capaz de hacer maratones de películas románticas o cómicas, esas películas no eran su estilo en lo más mínimo.


-Deja de monopolizar las palomitas Kyoya - La castaña se lanzó hacia él para tomar las botanas que había traído, sin embargo, él no se lo dejó fácil.

-No lo creo - El azabache alejó el pequeño cuenco para que la chica no fuese capaz de agarrar nada del contenido de este. 

-¡No seas así! - La Sawada estiró un poco más su mano, pero al darse cuenta de que no podía alcanzar nada solo le quedó hacer un puchero - Nunca me dejas en paz cuando se trata de las palomitas.

-Comes demasiadas y luego te sientes mal - El de mirada platinada se movió de su puesto para ser capaz de alejar aún más el recipiente que tenía en su mano.

-Es un sufrimiento que estoy dispuesta a aceptar - La menor llevó una de sus manos a la altura del corazón mientras la otra se apoyaba del hombro de su amigo para así hacer una pose un tanto dramática. 

-No es lo que dirás más tarde - Una sonrisa apareció pronto en los labios del mayor, no podía negar que se estaba divirtiendo mucho con la situación.

-¡Kyoya! - La chica se sentó directamente en las piernas del mayor con tal de agarrar su botín, sin embargo, parecía una misión imposible.

-Si quieres algo deberías luchar más por ello - La mano que no sujetaba las palomitas se dirigió de inmediato a la cintura ajena para darle más seguridad a la chica, no podía permitir que ese juego se les saliera de control y ella se lastimase.

-¿Qué crees que he estado haciendo todo este tiempo? - El ceño de la mafiosa se frunció ante aquellas palabras, por algún motivo ambos sentían que estaban dejando de hablar de la comida como tal.

-Pues yo no veo que pongas mucho esfuerzo en ello - La voz masculina sonó un tono más abajo de lo usual, como si fuese un reproche.


El cuerpo de la castaña se quedó completamente inmóvil ante aquellas palabras y el mayor supo de inmediato que había dicho algo que no debía decir para nada, sobre todo cuando notó como los ojos de la chica perdían brillo y su sonrisa comenzaba a desaparecer de sus labios.


-Tsuna - El menor de los Hibari frunció el ceño con preocupación cuando la joven se movió para quitar su mano de su cintura, algo que le hacía saber que había dicho algo que se había malinterpretado en la mente de su amiga.

-Tranquilo, tienes razón - La Sawada se alejó del cuerpo del varón y aprovechó aquel momento para tomar su celular y responder un mensaje que había entrado unos minutos atrás - Será mejor ver la película.


Ambos se quedaron en silencio viendo aquel largometraje, aquel era uno de los que ya se sabían de memoria, pero no por ello dejaba de ser algo que disfrutaran, además de que "El Padrino" era una forma muy curiosa de ver el posible futuro de la familia que la castaña tendría en sus manos en unos meses.

Ninguno se movía o decía algo, como si el hablar fuese a hacer la situación más incómoda de lo que ya estaba siendo, sin embargo, el moreno notó que la mente de su acompañante estaba en otro sitio, por lo que decidió parar la película poco antes de que llegara al final.


-¿Qué pasa? - La fémina centró su mirada en su amigo, por algún motivo sabía que el parar la película significaba que una charla venía en camino.

-Eso debo preguntarte a ti - El de mirada plateada observó en silencio a su compañera antes de volver a hablar - Algo que dije te molesto y no quieres decirme que fue.

-No es nada Kyoya - Un suspiro abandonó los labios de la castaña mientras cruzaba los brazos en su pecho - Es algo completamente ridículo.

-Sabes que cuando se trata de ti nada me parece ridículo - El ceño se frunció prontamente en el chico, siendo una señal de advertencia - Habla ya omnívora.

-Es solo que... - La menor dejó caer su cabeza contra el sofá y cerró sus ojos - Siento que después de mañana nada volverá a ser lo mismo.

-... - Al futuro policía no le quedó otra más que acomodarse mejor en el sofá donde estaban para ver de mejor manera a la contraria - Lo sé, pero no hay forma de escapar de esto.

-¡Pudo existir una! - Los ojos chocolate se abrieron de golpe y mostraron molestia pura - Solo tenías que dejarme ayudarte.

-Y te dije que no - Esta vez fue el chico quien cerró sus ojos, tratando de mantener la calma - No porque no quisiera tu ayuda, pero...

-¿Pero...? - La voz de la mafiosa tomó un tono mucho más profundo y molesto.

-Sabía que si te involucraba y las cosas salían mal tú nunca te lo perdonarías - Los ojos del Hibari menor se abrieron viendo fijamente a su amiga por unos momentos antes de volver a cerrarlos - Preferí llevar solo la carga de esto aun si eso significaba hacerte sentir impotente.

-¿Por qué? - El ceño de la Sawada se frunció rápidamente, ahora ella era la que estaba molesta - ¿En qué mundo es eso mejor?

-Es mejor para mí - El azabache no abrió los ojos durante aquella afirmación, no quería enfrentar la furia de la joven - No tendría que verte llorar si las cosas se salían de control.

-Lo dices como si no pudiese soportar el fallar - La líder Vongola mantuvo su ceño fruncido, estaba molesta, pero aquella reacción era principalmente porque sentía que estaba hablando con su tutor y figura paterna en vez de su amigo, lo cual no le gustaba para nada.

-Probablemente tú seas capaz de aguantar más que todos los herbívoros que tienes por amigos juntos - Una pequeña sonrisa sarcástica apareció muy ligeramente en los labios del mayor - Pero eso no significa que yo fuese a dejar que quedases en una posición donde pudieses sufrirlo por mi culpa.

-Tú no sabes eso Kyoya - Un suspiró abandonó los labios de la morena, se sentía ofendida por la falta de confianza.

-Sé muchas cosas omnívora - Los ojos platinados se abrieron prontamente y se mantuvieron fijos en la otra figura a su lado - Como el que este matrimonio se lleva a cabo porque le conviene a mi padre, solo a él.

-¿Cómo...? - La castaña centró su mirada en el chico a su lado completamente sorprendida, aquello era algo que no se esperaba escuchar. 

-Es algo que cualquier investigador podría saber si se esfuerza un poco, ese viejo hace todos los movimientos solo por su bien - El de piel pálida se mantuvo serio mientras sus ojos no abandonaban los contrarios - Lo que no entiendo es el motivo que tuvo la herbívora Aria para aceptar esta boda.

-... - La Sawada quiso abrir la boca y decirle todo lo que sabía, pero no era correcto contar una historia que no le pertenecía.

-Sé que tú sabes la verdad coneja - El menor de los Hibari sonrió ligeramente mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja de la chica - No voy a presionarte, quiero averiguarlo por mi propia cuenta.

-¿Aun si eso significa que te debas casar con ella mañana? - A la joven no le quedó más que fruncir el ceño, aquella idea realmente no le gustaba.

-Si llego a hacer mis votos en ese altar será porque el poder de mi padre fue más fuerte que el mío - El azabache tomó su celular y jugueteo con él por un momento - Si eso pasa solo me quedará investigar directamente con esa mujer para saber la verdad.

-Tu nunca paras de sorprenderme Kyoya - La futura mafiosa sonrió divertida y ligeramente enamorada, era esa actitud tan decidida la que la había enamorado en primer lugar.

-Lo sé - El chico le observó con diversión antes de ponerse de pie - Ahora, levántate.

-¿Qué? - Los ojos de la Sawada se mostraron confusos ante la orden recién recibida.

-Saldremos un rato de la casa - Un ligero suspiro abandonó al mayor mientras se estiraba un poco - Necesito hacer las rondas de seguridad y tú necesitas aire fresco.

-¿Me llevaras a tus rondas y peleas? - La castaña observó interesada a su guardián mientras se acomodaba aún más en el sofá.

-¿Tengo otra opción? - El muchacho puso los ojos en blanco rápidamente mientras se volteaba a ver fijamente a su acompañante - No te dejaré aquí para que te deprimas por lo que sea que tu cabeza esté pensando.

-¿Quién lo diría? - Una sonrisa socarrona se dejó ver rápidamente en los labios de la joven mientras el chico la levantaba del mobiliario - El menor de los Hibari es todo un caballero.


Ambos salieron de la casa a dar un paseo, obligándose a olvidar las pocas horas que les quedaban juntos antes de la boda. Este día era solo para ellos y debían aprovecharlo lo mejor posible.

La salida era lo más normal del mundo para ellos, estaban caminando por las calles con la mayor de las calmas, sin hablar entre sí o algo similar, solo disfrutaban del silencio y de la compañía que generaba el contrario. Ninguno necesitaba gritos o demasiado ruido a su alrededor para saber que tenían a alguien a su lado.

El mayor se había separado varias veces de la chica debido a su compromiso con la seguridad de la ciudad, por lo que había ido a morder hasta la muerte a varias personas que afectaban la tranquilidad de su amado hogar. Mientras eso pasaba la castaña se quedaba viendo las vitrinas de las tiendas o en algunos casos entrando a algunas de estas para comprar algo, necesitaba perder el tiempo hasta que el chico terminase de limpiar el área de los infractores.

Poco a poco la tarde fue pasando y dio lugar a la noche, esto ocasionó que ambos jóvenes tomaran rumbo de vuelta a la casa del futuro policía y guardián de la mafia. Estuvieron hablando de varios temas sin importancia hasta llegar a la puerta del lugar, normalmente esa sería su señal para despedirse, pero por esa ocasión no querían hacer aquello.

Las palabras cena e invitación eran unas que no fueron mencionadas para nada, pero solo el choque de miradas que tuvieron entre ellos fue suficiente como para que entendieran la solicitud que el otro les hacía. Fue justo por ello que en cuanto el azabache abrió la puerta no dudó en dejar que la líder mafiosa entrase primero a su hogar.

Preparar la cena fue toda una batalla campal, el de mirada plateada había querido ser quien cocinase, pero la morena fue directamente a la cocina poco después de entrar y había comenzado a sacar las cosas con las que ella prepararía la comida. Al final terminaron acordando que la cena la harían ambos, pero eso no evitaba que estuviesen saboteando de forma sutil a su compañero.


-¿Quieres ver una última película? - Tsuna observó a su compañero mientras terminaba finalmente lo que había hecho para la cena.

-De acuerdo - El dueño de la casa asintió viendo como la chica se alejaba de la cocina para poner algo interesante en la televisión - Pero nada de comedias románticas.

-Por supuesto que no - La Sawada se volteó como si acabase de ser insultada con el último comentario - ¿A quién crees que Alaude y tú le inculcaron el gusto por las películas de acción o terror?


Una vez todo estuvo listo ambos se sirvieron algo de comida y se sentaron en el sofá para poder disfrutar de la película. Normalmente no hubiesen hecho aquello, pero era una noche especial, así que ambos estaban dispuestos a hacer lo que les diese la gana.

En cuanto terminaron de cenar pararon la película y lavaron todo lo que habían utilizado, lo que era una tarea fácil y sencilla terminó siendo una pequeña guerra de agua con jabón que los dejó rápidamente cansados. Sabiendo lo exhaustos que estarían pronto decidieron regresar al salón y acomodarse un rato, lo que terminó con la menor acostada en el pecho de su amigo de la infancia, totalmente en paz. 

Sin embargo, la tranquilidad de la noche prontamente fue interrumpida por los teléfonos de ambos, sonando por mensajes que les llegaban para recordarles todos los arreglos que se tendrían que hacer de último momento para la boda del día siguiente.


-Deberíamos ir a dormir - La chica abandonó rápidamente su posición sobre el pecho de su acompañante y se comenzó a estirar para quitarse la pereza. 

-Adelántate - El joven desvió la mirada a su celular y trató de no fruncir el ceño al ver quién había estado mandándole mensajes en los últimos minutos - Yo subo en un momento.

-De acuerdo - Los ojos caramelo se fijaron unos segundos más en su compañero y sonrió ligeramente mientras se ponía de pie - Buenas noches Kyoya.

-Descansa Tsuna - Para el joven fue imposible no levantarse del sofá y besar la frente de su amiga antes de verle partir de la habitación.


El azabache volvió a sentarse en el mueble para quedarse un rato más en su salón, leyendo toda la información que habían recolectado para él sus contactos en las últimas horas. No había mucha información sobre Aria, pero sin duda existía algo de vital importancia con lo que su padre obviamente estaba amenazándola para que la boda se llevase a cabo.

Al muchacho no le quedó más que suspirar y decidir subir a su habitación a descansar. Con suerte sus informantes encontrarían algo de vital valor y lograrían evitar que su boda se realizara. Así podría tener una oportunidad de salir con su amiga como Dios mandaba.

Cuando el de mirada plateada pasó por la habitación que prácticamente le pertenecía a la menor logró escuchar unos cuantos sollozos, por lo que abrió la puerta con cuidado para no asustarla. Grande fue su sorpresa al notar que la joven estaba profundamente dormida aun cuando sus ojos desbordaban las lágrimas por todo su rostro.

No le fue difícil unir puntos y saber el motivo de aquello, porque al final Kyoya era la única persona que sabía hacer reír y llorar a la castaña. Además de que era el único que podía saber los motivos de ese desborde de sentimientos, y lo peor es que era lógico que últimamente él fuese el único motivo por el cual la joven lloraba hasta quedarse dormida.

Y eso lo estaba destruyendo por dentro.

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Si este capítulo no ha llenado sus expectativas entonces me disculpo. Realmente traté de hacer algo dulce pero desgarrador, pero estos meses han matado mi paciencia y mis deseos de escribir.

Aun así, he tratado de encontrar algo de inspiración para traerles esta historia de vuelta. Cada capítulo nos acerca más al desenlace final.

Feliz martes, cuídense durante la cuarentena y nos leemos pronto (Espero).

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