Capítulo 4
"Mami tú me encantas baby
Un cuerpecito que mi mente envuelve
Estas hecha pa' mi
Tú me resaltas."
Punto de vista de Adriá.
Había llegado casi el primero a la ciudad deportiva para subirme al autobús e irnos al aeropuerto para el partido en Gran Canaria.
No me quitaba el beso con Triana de ayer, y sus ojos al salir corriendo, la había liado pero bien.
—La he cagado. —le hablaba a Jenna, Óliver y Lucas. —No debería haberla besado.
—Yo creo que la has asustado. —dijo Lucas.
—Anda cállate. —le dijo Jenna. —No la has cagado, yo creo que le gustas muchísimo y precisamente por eso salió corriendo.
—Vos no saliste corriendo en nuestro primer beso. —Dijo Lucas.
—Que va, salía corriendo antes del primer beso. —habló Óliver y luego se echó a reír.
—¿creéis que si la llamo le agobio? —pregunté.
—Haz lo que quieras, pero cállate, que Logan ha dado la noche y he dormido una hora. —dijo Jenna bostezando.
—Da gusto así tener amigos. —dije levantándome de la silla.
—¿En qué momento has pasado de querer tener siete hijos con mi mujer a que sea tu amiga? —dijo Lucas con el ceño fruncido. Suspiré, hasta yo estaba sorprendido.
—Creo que desde vuestra boda. —respondí. —Ese fue el día verdadero que conocí a Triana, y me gustó desde el momento que le dije loca al volante.
—Ha sido demasiado cursi hasta para mí. —dijo Lucas.
—Joder. —dijo Jenna. —No vayas a cambiar con ella, si te gusta de verdad, sigue haciéndola sonreír, os he observado y se te da muy bien.
Me quedé pensando en esas palabras, llevaba razón, yo amaba ver reír a Triana, me gustaba la sensación que ella causaba en mí. Ese beso a pesar de que ella saliese corriendo para mí fue maravilloso y la verdad es que llevaba varios días queriéndolo hacer, hasta que ya no pude más.
Al dirigir mi mirada hacia la entrada vi a Triana con Isaac. La chica llevaba unos pantalones negros rotos y una camiseta negra, su pelo rubio recogido en una coleta y llevaba una pequeña mochila.
—Ahora vuelvo. —le dijo Isaac.
Cuando vi a mi ojitos quedarse sola me acerqué hasta ella con la mejor de mis sonrisas, lo último que quería era incomodarla.
—¿Qué tal dormiste? —le pregunté una vez estuve frente a ella.
—Fatal, no dejo de darle vueltas a lo del dinero de la matrícula. —su teléfono comenzó a sonar. —Un momento, es la universidad.
Descolgó el teléfono y el rostro se le volvió por completo de color blanco.
—No, pero eso... si yo no...—suspiró. —claro.
Colgó el teléfono y me miró.
—Adri, dime que no has pagado el dinero de mi matrícula. —preguntó con el ceño fruncido.
—Antes de que me mates, déjame explicarte que no podía dejar que intentaras buscarte la vida en tiempo récord. —aclaré. —Es solo un favor, ojitos.
—Te mato. —dijo ella. —¿Por qué? No soy tu problema y no me debes nada.
—Pero eres una persona importante para mí y no podía dejarte así. —volví a repetir.
—Te voy a devolver hasta el último euro lo sabes ¿verdad? —dijo, me acerqué a ella para tomar sus mejillas mientras le sonreía.
—Lo sé, pero no hace falta.
Después de decir eso la abracé y dejé un beso en su pelo rubio, al sentir como sus brazos me envolvían a mi también tuve nuevamente setenta mil ganas de besarla, pero no lo haría hasta que fuese ella quien estuviese lista.
Al mirarla me di cuenta lo feliz que quiero hacerle.
Joder, hasta más pillado que de Jenna. Es mucho decir.
—Presiento que vosotros dos vais a acabar liados en cualquier momento.
La cara de Triana se sonrojó por un momento y yo negué con la cabeza solo para ayudarla a salir del paso.
—Ya quisieras tú. —me reí y al mirar a Triana ya se la veía un poco más relajada.
Quique apareció por allí en medio para ordenarnos que subiéramos al bus para poner rumbo al aeropuerto. Me encontraba nervioso en realidad porque volvería a ser titular y aunque me encuentro bien, no me veo en buena forma porque hace bastante que no juego.
—Al menos no se la ve distante ni nada, que abrazo más mono. —dijo Óliver sentándose a mi lado, y aunque venía a animarme, también venía el tío cerdo a cachondearse.
—Óliver, ¿es posible y normal y lógico sentir cosas así si hace nada estaba bebiendo los vientos por Jenna? —pregunté confundido, pero realmente necesitaba saber esa respuesta.
—Es que yo creo que en realidad no te enamoraste de Jenna, te enganchaste a ella, y es muy distinto un enganche a lo que estás sintiendo por Triana. De verdad que te he visto mirarlas a ambas y a la rubia la miras como si fuera tu universo. —respondió. —Sé que vas a hacerla feliz, porque quieres hacerla feliz.
Mi corazón empezó a latir de forma muy rápida y dejé escapar una sonrisa nerviosa, mi amigo se dio cuenta y sonrió conmigo.
Desde que Triana había aparecido en mi vida solo quería vivirla al máximo y hacerla vivirla a mi lado, llevarla al fin del mundo, protegerla de todo y ver su sonrisa las veinticuatro horas del día, hacerla llorar pero de felicidad o de la risa.
Llegamos al aeropuerto y todo el equipo se fue montando en el avión con el destino a Gran Canaria, subiendo en una esquina grabando un storie vi a Sara, pensábamos que tras la boda de Jenna y Lucas iba a abandonar su puesto de trabajo, pero en absoluto, ni fue a la boda ni le dirige la palabra a ninguno, pero sigue aquí.
Una vez sentado en mi asiento quedaba un hueco libre en la ventanilla que supongo que sería para Loïc porque siempre es para él.
—¿lo haces aposta? Te tengo hasta en la sopa, Adriá sin N. —Sonreí cuando la vi pasar a la ventanilla.
—Bueno, tranquila eh. Yo era por hacerte el viaje más ameno. —me miró medio sonriendo. —Pero ya vi que no me quieres ver.
—Que es broma... eres más dramático que un bético.
—Eso nunca.
El avión despegó y me pasé todo el camino escuchando música, me ayudaba a concentrarme, de vez en cuando rocé la mano de Triana, pero o disimulaba muy bien o realmente no se daba cuenta de ello.
—Vaya pasada Gran Canaria. —dijo ella viendo por la ventana como sobrevolábamos la isla.
—Ni que nunca hubieras salido de Sevilla, ojitos. —dije sonriendo al verla tan emocionada.
—Si te soy sincera... mi primer viaje fue a Italia, contigo. —dirigió su mirada hacia mí y pude notar como me derretía con su mirada.
—Pues Gran Canaria no va a ser menos. —le dije y en ese momento fue el que aterrizamos.
—¿Por qué dices eso? —preguntó extrañada.
—Tú estáte a las seis en el living del hotel. —le dije y dejé un beso en su mejilla.
—Adri...
Aunque me llamó no le hice caso alguno y estuve durante toda la tarde preparando una ruta y pidiendo permiso para ver Gran Canaria, sé que teníamos que estar concentrados, pero no podía dejar a Triana sin la oportunidad de ver lo bonito de la Isla.
—Me parece una falta de respeto que nos juguemos mañana tres puntos importantísimos y estés haciendo planes para meterle la lengua en la campanilla a la hermana de Isaac. —dijo Suso. Jenna chasqueó la lengua.
—Jesús Joaquín Fernández Sáenz De la Torre no te pongas digno, que te he visto comerte tres Donettes antes. Él lo hace por amor. —habló la chica defendiéndome.
—¿ya te has enamorado de otra? —dijo el gaditano sorprendido. —Joder, yo pensaba que acabarías con Sara en plan despechados.
—Suso, ¿habrá algún día que dejes de soltar idioteces por la boca? —dijo Sergio.
—Es que como no juego me aburro. —bufó Suso.
—Entonces ¿os parece bien Playa del inglés? —pregunté mirando a Jenna y Lucas que asintieron con la cabeza.
—Todo Maspalomas me parece perfecto. —aclaró Jenna. —Nosotros fuimos el año pasado por mi cumpleaños y sino llega a ser porque al día siguiente había partido, me hubiese quedado ahí toda una vida.
—Bueno entonces Playa del Inglés.
—Eso, y os marcáis un perreito como Quevedo. —volvió a decir Suso captando la atención de todas las miradas con una mueca.
—Suso, cállate ya. —le dije, él hizo un signo de cerrarse la boca con cremallera. —Me voy, que son menos cinco y Triana es muy puntual.
Me levanté de la cama.
—No te deseo suerte porque la tienes en el bote. —dijo Sergio.
—Yo sí te deseo suerte. —dijo Suso mirándome. —Para cuando Isaac te mate ¿prefieres entierro o incineración?
—Si no lo maté yo por acostarse con mi mujer, no lo va a matar Isaac.
—Bueno aún me duele el gancho de derecha que me diste.
—Te lo merecías.
—Bueno, ya basta. Adriá vete. No hagas esperar a Triana. —dijo Jenna.
Le hice a la mujer que había ahí y fui en busca de mi ojitos que debía de estar esperándome en living del hotel cual nos alojábamos en Gran Canaria.
La vi sentada mirando con atención su teléfono, me quedé observando las facciones de su cara y algo dentro de mí se removió, no podía apartar la vista de ella y de no ser porque al levantar la cabeza me miró, me hubiese quedado toda la vida así.
—¿Por qué me estás mirando cual asesino en serie?
—No te miro como nada, no seas dramática. —me hice el indiferente.
—Si te llevas dos segundos más yo creo que babeas y todo.
—Anda cállate, que encima que te voy a llevar a turistear.
Ella sonrió antes de pasar mi brazo por encima de su hombro. Seguí la ruta que me ayudaron a hacer Lucas y Jenna, porque ellos vinieron aquí hace un año, de hecho de aquí salió Jenna embarazada.
La verdad que hicimos de todo, caminar, correr, pasear por la playa, comer un helado y que veinticinco mil ventiscas canarias se llevasen mi gorra provocaba la risa en Triana.
Ahora nos encontrábamos en la plaza de Playa del Inglés, Triana estaba intentando dar toques al balón, pero a pesar de ser hermana de un futbolista y futura novia de otro, ojalá, era muy mala. Aunque ahí estaba yo, mirándola como si se me fuera la vida en ella.
—¿Por qué vuelves a hacerlo? —preguntó sonriendo, provocando que volviese a este planeta.
—¿El qué? —dije devolviéndole la sonrisa, acercándome a ella.
—mirarme de esa forma. La de asesino en serie.
—No soy ningún asesino en serie, ojitos. —le dije tomándola de la mano.
—Eso espero, porque si no...
—Te miró así porque tengo muchísimas ganas de besarte otra vez. —Ella se quedó casi sin aliento. —pero me da miedo que salgas corriendo otra vez.
—Adri, yo...
—Shhhh. —le puse el dedo en sus labios para hacerla callar. —No digas nada. Me arriesgaré otra vez.
Me acerqué hasta ella y nuevamente me correspondió el beso, tuve miedo de que saliese corriendo nuevamente, pero entonces sentí su lengua pidiendo permiso y todo lo que pude hacer fue dejar escapar una sonrisa que la contagió a ella.
Creo que te quiero, Triana Romero.
HOLAAAAA.
No merecemos menos que nos quieran como Adri quiere a Triana. 🩷
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro