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CAPÍTULO XXIII




FINALE


VIVAMOS JUNTOS UN FINAL FELIZ...




¿Qué es sentir que el odio te consume? Ese sentimiento que creí haber probado constantemente en mi vida diaria, contra mis compañeros, contra los injustos, contra las personas, contra Daemon... no es nada. Es como arder, en el fuego más insufrible. Es como la peor muerte, una lenta, dolorosa, una que despedaza miembro a miembro.


Mis ojos queman por aquel sentimiento nauseabundo, mientras mi alma es corrompida junto a los recuerdos que alguna vez viví. La maldad que alguna vez aquella chiquilla retuvo para sí, hoy la comparte conmigo. Saboreo como mi esencia se transforma, hasta hacerla una deliciosa mancha sin esperanza... un villano. 


Sonrío ante la criatura que se haya frente a mí. Debo presentar de manera adecuada, a quién está frente a mí, mi nuevo Yo. Ladeo mi cabeza con pereza, el dolor de mis huesos y de mi cuerpo, se hacen sumamente gustosos. Quiero trabajar en la tortura que me proporcionan, enseñarle a otros cómo ser capaces de disfrutarlo, justo como yo lo hago. Rio con voz queda.


- ¿Eres tú Querida? – La voz retorcida de la criatura me hace sangrar. Rio divertida por aquella situación.


- Ella es quién te habla – Me incorporo con tranquilidad.


- Samantha.


<< Ésta persona me llama, pero no lo reconozco. No es como nosotros ¡No es como yo! >>


- Debes tener un trabajo para mí – Mis ojos se enfocan en mi nuevo señor.


- Lo tengo – Sonreímos expectantes.


- Él. Quiero que lo mates.


Mis ojos se dirigen nuevamente con desprecio hacia el demonio que parece ser distinto. El dolor se intensifica en mi cuerpo, y siento que le da energía a mi espíritu. Río con fuerza, tener el honor de eliminar a aquello que estorba mi amenidad. Miles de ideas se me cruzan por la mente, las formas tan esplendidas de poder matar a dicho bastardo.


- Vuelve en sí, Samantha. Tú no eres esto. Tú no quieres hacer esto.


- Sh. Calla de una vez.


- Sabes que no quiero lastimarte – El pensamiento me gusta.


- ¡Eso me agrada! Déjame experimentar, la muerte que me darás. Quizás... - Sonrío más ampliamente – Cortarme en pedazos sea mejor.


- ¡No puedo hacer eso! ¡Deja de jugar y reacciona! – Ladeo despacio mi rostro. Sus ojos muestran dolor y ansiedad.


La imagen me hace querer vomitar. Un maldito como éste no nos sirve. Sin embargo, tengo una orden y deseo acatarla cuanto antes. Él parece no querer herirme, por desgracia, así que, lo único que me queda, es aprovecharme de eso. Herirlo de muchas maneras.


- Esta es la mejor venganza. Ella está lejos de ti – Ríen complacidos, mientras una nueva oleada de dolor al cuerpo me inunda.


- Eres un estúpido inútil – Suelto una carcajada.


- Matarte será muy satisfactorio para mí – Saco dos cuchillas de mi ropa.


- Voy a destruirte por lo que le hiciste – Sus ojos se llenan de odio puro, haciéndose ver más agradable a mis ojos.


Acerco mi cuerpo a mi señor, buscando con lujuria su roce sobre mi cuerpo. Su hedor anega mis olfato, mientras mis manos se pasean por su desfigurado cuerpo. Paseo mi lengua por su cuello, y el deseo llega a mí como electricidad. Él corresponde mis provocaciones con cinismo, aprovechando de usurpar mi cuerpo con sus manos. Los deseos pecaminosos y la supuesta traición dirigida a aquel demonio, quién me observa pasmado, entregarme a otro que no es él, me hacen feliz.


- ¡Malnacido! ¡Ya suéltala! – Ataca hacia nuestra dirección. Me alejo con rapidez y derrapo.


- Deja que te consuma el odio. ¡JA! – Lamo mis labios en provocación.


Grito impaciente y mis dagas chocan contra el suelo donde él se hallaba hace unos instantes. Gruño con furia, él se encuentra a cierta distancia, buscando que no lo lastime, y no hacerme daño a mí. Paso la cuchilla sobre mi brazo, abriendo una herida profunda que da paso a un gran derrame de mi valiosa sangre. Sonrío con deleite ante su rostro contrariado.


Vuelvo a embestirlo, pero este me evade de nuevo. Las risas de burla toman lugar a nuestro alrededor. Ataco seguidamente a su cuerpo, no obstante, él logra esquivar con facilidad cada movimiento, haciéndome enardecer.


- ¡Ataca! Sí no me enfrentas... yo buscaré mis propias laceraciones – Mi expresión cambia a una más severa.


- ¡No!


Tomo con firmeza el cuchillo y la entierro en mi estómago. El malestar se apropia de mí, inspiro con gozo como la vitalidad se desprende de mí al igual que mi sangre. Insatisfecha, hago varios cortes a mi rostro, uniéndome a las risotadas que nos envuelven. Mis fuerzas me abandonan y caigo de rodillas, desprendiendo así, un alarido. Él se acerca a detenerme, justo como lo espero.


<< Eso es... Acércate a tu muerte >>


Me toma entre sus brazos, y antes de permitirle quitarme las armas, le entierro la espada justo dónde se halla su corazón. Nuestros ojos se abren desbordantes ante mi acción, pero mi cuerpo reacciona de modo extraño.


Sus ojos luego se dirigen a la herida, incrédulo, y sujeta con sus manos la mías, para desprender el arma de su pecho. Mi mandíbula comienza a castañear por alguna razón, y de mis ojos comienzan a desasir lágrimas indeseadas. ¡¿Qué pasa?!


Nuestras miradas se cruzan, y la sensación de desasosiego me ahoga. Su rostro se acerca al mío, hasta que sus labios tocan con delicadeza los míos. Poco a poco termino por ir perdiendo más energía, no sé cómo aún puedo permanecer despierta. Gotas caen a mi rostro, calentando mi fría piel. Sus ojos han llorado como los míos.


- ¿Quién eres tú? – Busco apartarme, pero mi cuerpo no responde a mis órdenes.


- Sh. Calla de una vez – Sonríe con cierta crueldad.


- ¿Por qué no quieres matarme? ¿Por qué acobijas sentimientos? – De a poco, su sonrisa desaparece, permitiéndome sentir por algún motivo, vacío.


- ¡MATALO DE UNA VEZ!


Me estremezco al recordar que no estamos solos, que aún existen otras criaturas. Él parece no hacer caso de quienes nos rodean, y su dedo acaricia con suavidad mi mejilla. Mi esencia ahora corrompida y llena de odio, rechaza con vehemencia cada acto que ésta persona realiza ¿Qué tiene? ¿Qué es lo que ocurre?


- Tú eres mía, me perteneces – Intenta sonreír – Desde la primera vez que... te vi, buscando desesperada algo con lo cual vengarte de aquella niña.


De repente, Su cuerpo se desploma a mi lado, con una mirada perdida. Mi corazón comienza a calentarse, y eso me duele. Grito desesperada porque su imagen me atormenta. Vuelvo a tomar entre mis manos el cuchillo, con la intención de terminar con mi sufrimiento, a pesar de eso, mi cuerpo se congela, y mis ojos ven con intensidad aquel ser con poca vida.


- ¡¿QUIÉN ERES?! – Tomo con ansiedad mi cabeza.


- Prométeme que serás feliz cuando regreses...


- ¿Qué? – Respondo incrédula.


- Te. Quiero... Sam – Su mano se alza para tomar la mía, pero su vida se desprende de sus ojos, y su mano cae inerte al suelo.


Mi cuerpo se vuelve tan caliente como las llamas. La mente que alguna vez tuve, cae en la demencia y la desesperación. Grito sin control, y las fuerzas que estaban despidiendo de mí, me alzan con ímpetu. A mí alrededor solo puedo escuchar gritos atormentados que se desvanecen, pero ya es muy tarde. El equilibrio y la paz... se han ido.


- ¡AAAHHH!


(...)



- ¡Reacciona! – Abro mis ojos como platos.


Tomo con desespero la aguja que veo incrustada a mi cuerpo y lo lanzo al extraño que veo frente a mí. Mi mente inestable, explota y vuelvo a gritar desesperada por callarla. Veo a varios que intentan sujetarme, pero lanzo golpes en un intento por alejarlos. Cada vez llegan más y más a inmovilizarme, pero la adrenalina me da fuerzas y golpeo eficientemente a mis atacantes. Mi mente y mi cuerpo hacen "tic", como si fuera una chispa constante que se enciende.


- ¡Agárrenla!


- ¡Suéltenme! – Mi cuerpo comienza convulsionar, dejando pequeños lapsos de tiempo, dónde soy consciente de lo que ocurre.


- ¡Pronto! ¡Está comenzando a tener espasmos! – Me congelo en mi sitio y ellos también. Sonrío con sorna.


- Lo que quiero es matarlos, – Siseo con la mandíbula apretada.


- ¡Ahora! – Gruño, pero mi mente se desvanece.


5 AÑOS DESPUÉS...


- La La La...


- Samantha.


- Hola – Susurro y sé que no me ha escuchado.


- Oye, ¿Dónde estás?


Mis ojos quedan quietos, y despacio, los dirijo hacia las dos siluetas cercanas a la puerta. Qué risa, parecen tenerme miedo, y vaya que puedo hacer mucho daño. Me muevo veloz sobre el techo y me escondo en un área oculta en las sombras. Observo como el doctor comienza a inquietarse por mi ausencia, ¿Quién es la persona que lo acompaña? Me da una sensación de familiaridad.


- ¿Samantha?


- ¿Ha escapado? – Su voz me resulta irritante. ¿Quién es aquella chica que ha venido con el estúpido doctor?


- Eso parece. ¡Samantha! – No respondo al llamado, verlo desesperarse es en verdad complaciente.


- Hay que buscarla.


El doctor desaparece de la estancia, dejándome la oportunidad de estar a solas con aquella chica. Me permito unos segundos para examinarla. Tez pálido, cabello negro, ojos azules, cuerpo delicado, pero a pesar de tan dulces rasgos, tiene un aura cruel, despiadado, incluso su mirada parece fría. Se cierra la puerta y eso sorprende a la invitada.


<< Qué interesante >>


- ¿Hay alguien? - ¿Por qué no puedo recordarla? Siento tanto repudio hacia su persona, que me es difícil no lanzármele encima y quebrarle el cuello.


- Eh... - Susurro lo suficiente para que me escuche.


-¿Samantha eres tú? Soy... Sophie Cullen. ¿Me recuerdas? – Una vez revelada su identidad, todo vuelve a mí como un torrente.


Hubiese preferido no conmemorar...


***


- ¿Pudieron encontrarla?


- Temo que no – Niega con rostro afligido – Y tampoco hallamos a la visitante.


- Habrá que reportar dos desapariciones. Llama a la policía.


- ¿Puede decirme sus nombres?


- Samantha Lesson y... Sophie Cullen.


***


De nuevo, me hallaba en aquel misterioso bosque, el lugar dónde todo comenzó. No sé decir, sí eso me ocasiona nostalgia o tristeza, o tal vez sólo me hace sentir más extraña de lo que soy. Sonrío al recordar a ese estúpido niño con ojos de hielo. Su imagen que me permite experimentar un vacío, como ya no tener un riñón, o un brazo, incluso, algo más vital ¿Cómo estar seguro?


Recuerdo que la idea de verme en la cima era mi más grande ambición, esperaba ser la mejor, y al mismo tiempo, esperé tener personas que me acompañarán en aquel triunfo, personas genuinas, reales. Eso ahora ha quedado como un sueño muerto, porque lo alcancé, y lo perdí también. Lo próximo que me depara, aún no lo sé.


Ya no puedo fingir querer alcanzar las metas vacías que desea todo ser humano, para mí ha perdido todo sentido y razón. En este momento, el único sentido que encuentro, es desaparecer de la vista de todos, inmortalizar las memorias, las palabras y la imagen de aquellos que conocí. Mi tarea será, no olvidar. Intentar ser la antigua Samantha Lesson, es mi deber. Sí permitiese que la circunstancias pasadas me marquen o me den forma, habré perdido ya todo, y eso no lo puedo permitir.


- Quedarás grabado en mi cuerpo entero...


Suspiro con pesadez. No volver a ver a mis padres será demasiado desgarrador para mí, pero en definitiva, a esto me he reducido, sólo podré aspirar que estén bien, y que puedan dejarme atrás y seguir adelante. Una sonrisa triste se instala en mi rostro, será duro dar pasos, sin embargo, me obligaré a darlos. Empiezo a caminar hacia el fondo del bosque, paso tras paso...


Recuerdo tras recuerdo.


EL FIN


POR FIN, ÚLTIMO CAPÍTULO. ESPERO LO HAYAN DISFRUTADO. PRONTO SUBIRÉ EL EPÍLOGO, Y CERRARÁ EL CICLO DE ESTA HISTORIA. SALUDOS MIS LECTORES Y FELIZ NAVIDAD


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