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CAPÍTULO XIV


TIEMPO DE ESPERA



Pelusas... Muchas Pelusas blancas ¿Por qué hay Pelusas blancas? ¿De dónde están saliendo? ¿Por qué obstaculizan mi campo de visión? Abro mis ojos lo más que puedo, pero no logro demasiado, mi enfoque no se expande, por lo tanto sigo viendo lo mismo; siguen estando frente a mí, aquellas volitas blancas, meciéndose de aquí para allá, quizás intentando consolarme, a lo mejor sonriéndome y diciéndome que quizás cerrar los ojos... no siempre es malo.


Se siente como un letargo eterno. Parpadeo con lentitud, adormilada, disfrutando de la dulce danza de aquellas partículas en el aire, que me iluminan. Mi Sonrisa hace acto de presencia, podría estar viendo aquellas cositas blancas pasear de lado a lado, por mucho tiempo.


"- No se preocupe. Ella deberá despertar pronto, tenga paciencia -"


Aquellas palabras retumban como tambores en mi cabeza, resuenan como un ECO ¿A quién esperan? ¿Quién está preocupado? ¿Tiene que ver conmigo? Un dolor en el cuerpo, me hace olvidar lo que ocurre en aquel lugar desconocido para mí, mi organismo cansado me exige volver a reposar por largo tiempo, y eso quiero hacer, dormir por mucho tiempo.


"- Escuche bien Doc. Ella lleva un mes sin despertar, y eso está acabando con mi paciencia ¿Y si fuese un ser querido de usted el que estuviera en su lugar? ¿Esperaría tan tranquilo como profesa que lo haga? ¿AH? ¡Me parece que no! -"


¿Quién aturde mi reposo? Sus gritos me atormentan, quiero decirle que se calle, abro mis labios, pero ningún sonido logra salir de allí, no puedo emitir, ni decir nada ¿Por qué? Suspiro internamente, lo único que puedo hacer ahora, es cerrar los ojos por largo tiempo.


Me recuesto en el suelo de aquel oscuro y solitario lugar, mi único consuelo es poder ver danzar con gran armonía aquellas bolitas iluminadas a mí alrededor. Sonrío con tranquilidad, me parece que quieren que cierre los ojos para al fin estar en paz ¿Debo? Cierro mis ojos con lentitud y el agotamiento vuelve a mí como una piedra.


<< Descansa >>


"- Entienda caballero, entro mucha agua en su cuerpo, y eso la afecto gravemente. Su recuperación no será tan rápida, debe esperar. Ella mejorará si descansa como corresponde -"


"- Haremos varios tratamientos con ella, veremos si da resultado. Lo siento mucho -"


"- ¿Por qué siempre me atormentas Lesson? -"


<< Que voz tan melancólica >>


"- Te encerraría en una bola de cristal, con tal de que no te me fueras nunca -"


<< ¿Qué dice? Que extraña forma de querer >>


"- Pero igual lo haces, te me resbalas de las manos y huyes lejos de mí -"


"- Por favor, quiero tenerte otra vez conmigo -"


<< ¿A quién le hablan? >>


"- Si tan solo, pudiera evitar que... -"


<< ¿Quién es?... ¿Qué quiere? ¿Puedo ayudarlo?>>


"- Si tan solo, yo no tuviera que... -"


<< ¿Qué escondes desconocido? >>


"- Perdóname Sam, pero ya no puedo escapar de las Reglas -"


<< ¡Dime quién eres! >> << ¿Cuáles Reglas? >>


"- Adiós -"


<< ¿Adiós? >> << ¿A dónde vas? >> << ¿Por qué no puedo verte? >> << ¿Por qué no sé quién eres? >> << ¡¿Por qué me dejas?! >> << ¡No me dejes! >> << ¡Por favor no me abandones! >>


- ¡DAEMON! - Grito, levantándome de golpe.


Respiro con agitación, mi pulso acelerado va calmándose de a poco. Recupero con lentitud la compostura y inhalo profundo. Suspiro con cansancio, y cierro mis ojos por unos minutos. 


Los Abro al tiempo, y me dispongo a observar. Ladeo mi cabeza y grabo todo aquello en silencio. ¿Es... un hospital? ¿Estoy en un hospital?


<< Que lugar más horrible >>


Bajo mi vista y logro notar unas pequeñas mangueras conectadas en mis muñecas y brazos. Enarco una ceja, todo este aparataje es molesto. Suelto otro sonoro suspiro, me recuesto en la tiesa y fría cama de aquella habitación. Dirijo mi vista fijamente en el techo por un tiempo indefinido. En algún momento, escucho unas enfermeras llegar presurosas a la habitación.


- ¡Oh Dios! ¡Muévete! ¡Ya despertó! - Que escándalo.


- ¡Ya voy! ¡Ya voy! - Contesta la otra con rapidez. Veo por el rabillo del ojo que se acercan dos chicas un poco mayores que yo, con una bandeja de comida en sus manos.


- Buenas Noches Señorita, ¿Se encuentra mejor? - Las juzgo como unas inexpertas. Hago una mueca de desagrado.


- ¿Dónde está el Doctor? - Pregunto ignorando por completo su pregunta con Indiferencia.


- E-el Doctor ya viene a revisarla, ¿Tiene hambre? ¿Desea comer algo? - Ojeteo lo que llevan en la bandeja, y sin ningún esfuerzo por ocultar mi desagrado, vuelvo a hacer una mueca.


<< ¿Sopa de Ahuyama y Jugo de Remolacha? >> << ¡Maldición! >> << ¡Estas chicas quieren que vuelva inerte a la cama! >>


- Mejor trae al Doctor - La miro sin emoción.


- Pero es que llevas un mes sin poder alimentarte bien, tienes que c-comer algo, aún estás débil, y yo... - La interrumpo.


- Trae, al Doctor - Le ordeno con frialdad.


<< ¿Un mes eh? >>


- Pero Señorita... - La vuelvo a interrumpir.


- ¡¿Acaso eres sorda?! - La chica se espabila por mi grito.


- ¡Vámonos! ¡Vámonos! - Se empujan la una a la otra, con el deseo de retirarse rápido del lugar.


Una vez a solas, respiro hondo. Al fin, sin nadie para molestar. Ahora, ¿Mi padres sabrán que estoy aquí? ¿Les habrán dicho lo que pasó? ¿Estará Chris aquí? ¿Daemon me habrá...? Suspiro abatida, tantas preguntas y no puedo salir de aquí para averiguarlas.


<< ¡Demonios! >>


La estúpida Universidad, un mes entero en este maldito lugar, y no logré realizar la última prueba que me faltaba. ¿Tendré oportunidad todavía? Escaneo todo el domicilio, pero no veo mi bolso ni mis cosas, de seguro quedaron sumergidos en lo profundo del agua. Golpeo con mi puño la mesilla que se encuentra un lado de la cama.


<< ¡Tengo que salir de aquí! ¡No perderé más tiempo! >>


- ¡Doctor! - Vocifero a gran voz. Respiro agitada, produciendo que mis orificios nasales se expandan.


A los segundos aparece un atractivo chico en la habitación, anotando algo en una hoja. Frunzo aún más mi entre cejo. ¿Qué significa esto? ¿Quién es él?


- ¿Dónde está el Doc.? - Exijo saber de forma pedante.


- Lo estás viendo ahora - Aleja su vista del papel sin muchas ganas, para dirigirla a mí.


- Bien. Deseo saber, ¿Cuándo puedo salir de este espantoso lugar? - Directo al punto.


- No sé si entiendes lo lastimada que estás. En este momento tu cuerpo no está del todo recuperado, y debe descansar, por lo tanto, me temo que tienes que permanecer un poco más de tiempo en este espantoso lugar - Presiono mis puños, con un gran deseo de golpear sus bonitos y perfectos dientes.


- ¿De cuánto tiempo estamos hablando? - La ansiedad me sube por la garganta.


- Mínimo, de un mes - Sonríe para fastidiarme.


<< ¡Desgraciado! >>


- No puedo esperar todo ese tiempo - Me quejo.


- Pues lamento decirte, que eso no lo decides tú - Sonríe de lado y comienza retirarse.


- Espere un segundo. ¿Mis padres saben que estoy aquí? ¿Alguien más... lo sabe? - Lo miro con los nervios a flor de piel.


- Ellos han venido a verla todo este tiempo, tuve que convencerlos de que debían descansar por unos tres días por lo menos, así que es muy probable que no los vea hasta el lunes - Asiente, escribiendo de nuevo algo en el papel.


- ¿Ellos únicamente? - Digo impaciente.


- Vino también una chica pelirroja con otro chico a ver como se encontraba, si ya había despertado, de hecho, ellos han venido hoy, pero han tenido que irse ya, es muy probable que vengan mañana, no se preocupe.


- Ya veo... ¿Ningún otro? - Me muerdo el labio inferior a la espera. El Doctor me observa de reojo con detalle ¿No querrá decirme? Baja de nuevo su vista y niega con la cabeza.


- Lo siento, ningún otro ha venido a verla - Presiono la mandíbula y respiro con dificultad. Observo mis manos con gran atención.


- Está bien... Gracias por decirme - Siento la mirada fija del Doctor en mí por unos minutos silenciosos. Al rato se retira, sin agregar alguna otra cosa.


Mi mirada se carga de tristeza y desilusión, podría jurar que Daemon estuvo estado aquí, en algún momento de mi letargo, escuche su voz, o... a lo mejor eso creí, tal vez nunca vino a verme. Cierro mis ojos y me abrazo en posición fetal. Mis ojos se llenan de lágrimas, delatando mi patética debilidad latente, por aquel chico desconsiderado.


- Daemon... Estúpido - Susurro muy bajo.


Duermo por unas horas, pero despierto de nuevo en la madrugada. Suspiro con fatiga, a este paso tendré unas ojeras peores que las de un muerto. Mis ojos quedan fijos en la nada, como los de un ser sin vida, pero de repente, algo bloquea mi vista, parece ser...


<< ¿Una pelusa? >>


Al instante, empiezo a recordar una borrosa imagen, dentro de mi letargo. Son bolitas blancas que se desplazan en el aire, de aquí para allá sin descanso, en un vaivén que no acaba nunca. Entonces, fueron pelusas lo que vi. A los segundos, veo toda la estancia llenarse de pelusas blancas, dando una imagen nocturna bastante mágica.


Dirijo mi vista a la ventana, y vislumbro allí, el origen de las pelusas escurridizas. Río por la situación. Me acerco descalza a mirar hacia fuera, pero solo accedo a ver una noche estrellada con la luna llena en su punto más alto, muy escasas son las noches que uno consigue ver algo así, podría obsevarlas toda la noche.


Bajo mi vista y disfruto del aire helado de un quinto piso. Claro, estando en una ciudad como esta, el hospital es grande y de varios pisos. Entonces ¿Cómo llegaron aquí estás pelusas relucientes a mí habitación? Enfoco mi mirada en cada esquina, pero no obtengo más que calles solitarias y vacías.


<< ¿Una extraña coincidencia? >> << No me lo creo >>


Al fin de cuentas, reconozco el mismo detalle hace muchos años atrás.


Flashback


- Cariño ¿Te encuentras mejor? - Mi madre acaricia mi mejilla con dulzura. Sonrío en agradecimiento.


- Sí. Ya estoy mejor, gracias - Sonríe y muestra en sus ojos alivio.


- Descansa todo lo que necesites, tú tranquila.


- Está bien - Vuelvo a sonreír para tranquilizarla.


- Me retiro entonces bebe, duerme un poco ¿Sí? - Asoma su cabeza antes de irse.


- Seguro.


Cierra la puerta de mi habitación detrás de sí. Suspiro, como de costumbre. Mi madre sufre por mi torpeza, un brazo enyesado, por caer al rio lleno de piedras, intentando escalar por mí misma el peldaño de la cascada, para demostrar mi valor ante los demás niños. Que idiotez de mi parte.


<< Por suerte no fue algo más grave >>


Desvió mi mirada, sintiéndome observada, y me encuentro con esos dos cristales de hielo observarme por mi ventana sin pestañear. Un estremecimiento me recorre de pies a cabeza. ¿Cómo hace eso? ¿Por qué a veces siento que no es el mismo Daemon de siempre? A veces me pregunto, si realmente, no le tengo miedo.


- Lesson.


- Miller ¿Qué haces aquí? ¡Debes dejar de llegar así! ¡Me asustas! - Susurro con fuerza, molesta.


- Cálmate. Vengo a ver como sigues - Se encoge de hombros con Indiferencia. Suspiro en derrota.


- Está bien, entra - Sonríe de lado, y entra de un salto.


- Eh estado pensando en varias prospectas que te suplanten en tu ausencia, necesito a alguien para hacer de las mías, y si estas en cama, no me sirves de mucho - Siento que me golpea con un ladrillo.


<< ¿Qué dijo? >>


- Sí eso quieres - Me encojo de hombros fingiendo lo poco que me importa.


- ¿Qué tal Sophie Cullen? - Se me oprime el pecho, pero sigo con mi rostro inexpresivo.


- Si eso quieres - Nos observamos por largo tiempo sin desviar la mirada.


- ¿De verdad no te importa? - Deja ver en su rostro algo de sorpresa.


- No. Tú eres libre de escoger lo que quieras - Mi vista se dirige a un costado.


- Es tu culpa haberte caído, tonta - Frunzo el ceño y enfoco mis ojos hacia él, indignada.


- ¿Esos son tus argumentos Miller? Patético- Suelto un bufido.


- Recuerda, que soy no soy alguien de fiar - Su rostro cambia de forma radical, deja ver un aire siniestro.


- Eso no se me olvida nunca, Daemon - Acerco mi rostro al suyo retándolo con una sonrisa ácida.


- Me gustaría verte enfadada conmigo por suplantarte como a un juguete viejo - Ríe muy bajo.


- Te quedaras esperando hasta la tumba Miller, no me verás caer tan bajo - Ensancho mi sonrisa de forma arrogante.


- Eres una orgullosa - Muestra una sonrisa de éxtasis.


- Y así moriré - Abre los ojos como platos, y mi rostro se llena de placer.


- Sucia... - Suelto una risotada fuerte.


- No, no lo creo - Sigo riéndome. Daemon suspira.


- Creo que no existe una persona más interesante y excepcional que tú en todo este aburrido pueblo, así que... esperaré con paciencia a que te mejores - Me ruborizo. Su mirada está fija en el espejo, sin mostrar emoción alguna.


- Sabia decisión - Sonrío de lado, altanera.


- Bueno, adiós Fenómeno - Se levanta y camina a paso despreocupado a la ventana.


- Hasta luego, Aberración - Caigo en mi cama.


Lo oigo saltar fuera de la ventana, y cierro mis ojos. Ahora toca cumplir con la orden de mi madre. Oigo ruidos afuera todavía, y frunzo el ceño con molestia. Abro mis ojos, y me levanto con la intención de mandar a Daemon a casa, cuando me quedo helada en mi sitio, la vista es la más hermosa y única que he presenciado.


- Infeliz... - Daemon ríe fuera de la ventana.


Frente a mí, hay miles de pelusas blancas, flotando por toda la habitación, meciéndose a cualquier lado sin tener un rumbo al cual ir. Mi rostro no puede evitar delatar fascinación ante aquello. Una sonrisa se escapa de mi rostro, mi mirada ahora se dirige al chiflado que me sonríe desde la ventana.


- Por favor, no vayas a decir nada cursi - Hace una mueca. Río antes eso.


- Ya quisieras que te dijera algo bonito, Enfermo - Enarco una ceja divertida.


- Se llama Flor de León, de allí provienen estas. Son dientes de León - Muestra una sonrisa engreída por sorprenderme.


- Muy listo Miller - Pongo los ojos en blanco.


- Correcto. Adiós, nos vemos en una semana, Tarada - Asiento, pero Daemon ya se halla caminando lejos de casa.


- Gracias por el detalle... Amigo - Bajo la vista, feliz.


Fin del Flashback


- Imagino, que esta es tu forma de decir "Hola", Petardo - Sonrío con melancolía.


<< Bien. Ahora a enfocarse >>


Me las ingeniare para largarme de aquí lo antes posible. Escaparé de este horrible lugar, con la ayuda de Zoey, y diré "Bye, Bye" al Doctor. Sonrío satisfecha. Terminaré mi último año en "La Universidad Imperial" con honores, daré para molestia de muchos, el discurso de despedida, arruinándoles el momento de llanto, e iré despampanante a la fiesta de despedida, quizás con algún bombón, quién sabe.


- Será un honor para mí... regresar - Río roncamente.


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